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Capítulo 16. La orden del Emperador (1)

​Mientras revisaba los documentos del día en mi despacho, Anzu vino a entregarme un informe.

​—Tal como ordenó, todos los caballos de los establos han sido trasladados.

​—Buen trabajo.

​Al fin y al cabo, en esta enorme mansión, si falta un establo, basta con construir otro y ya está.

​«Sigo sin entender por qué vigila tanto a Miau.»

​O tal vez, soy yo quien está siendo demasiado blanda.

​«Aun así, darme un regulador de maná…»

​Teniendo en cuenta que incluso me entregó un objeto cuya entrada está estrictamente prohibida en la capital, parecía que Weitz, aunque no le gustara que cuidara de un monstruo, estaba siendo generoso conmigo.

​Apoyé la barbilla en la mano, sumida en mis pensamientos por un momento. Recordé las palabras que él había dicho: ​{—No haré nada que realmente detestes.}

​«Tal vez solo esté respetando mi voluntad.»

​Para haber sido un encuentro impulsivo de una noche, la otra parte resultó ser bastante decente. Tendría que decir que tuve suerte.

​«Aunque tiene un estatus excesivamente alto y siempre es el centro de los rumores…»

​Cuanto más lo pensaba, menos sabía si eso era una ventaja o una desventaja.

​—Excelencia.

​—¿Sí?

​—Ha llegado una carta del Palacio Imperial.

Mientras estaba distraída.​ Anzu me tendió un sobre de color verde oscuro Tenía el sello del Emperador; era una carta personal de Su Majestad.

​«¿Qué será?»

​Tras perder a nuestros padres, mi hermana y yo solíamos frecuentar el palacio, pero eso era solo para que el Emperador mantuviera su imagen de “benevolente” con las pobres hermanas Johannes, no porque realmente se preocupara por nosotras. De hecho, cuando íbamos, solo veíamos a Catherine y al Príncipe Kanzel.

​«Pero, ¿una carta personal a estas alturas?»

​Al abrirla, el contenido era breve:

​[Tengo algo que preguntarte. Preséntate en el palacio mañana.]

​Considerando que envió una carta en lugar de a un mensajero oficial, no se trataba de una audiencia formal. ¿Qué podría querer preguntarme el Emperador en secreto?

​«Será sobre Weitz.»

​No hacía falta pensarlo mucho. El objetivo del Emperador era ese hombre.

​«Como pensaba, involucrarse con él es un fastidio.»

​Solté un largo suspiro.

 

✧ ➷ೃ༄*ੈ✩ ✧ ➷ೃ༄*ੈ✩ ✧ ➷ೃ༄*ੈ✩

 

​—¡Lili!

Apenas llegué al palacio imperial y bajé del carruaje, alguien me estrechó en un abrazo repentino. Una abundante cabellera roja ondeó suavemente y se esparció frente a mí.

​Al ver nuestro abrazo, una dama de compañía del palacio empezó a regañarnos con voz chillona: ​—Princesa, debe mantener la compostura…

​Pero la princesa Catherine no era de las que se quedaban calladas escuchando sermones. Ella respondió frunciendo los labios con desdén: ​—Nadie tiene por qué enterarse si tú mantienes la boca cerrada, ¿no es así?

​—¡Princesa!

​Una risa vibrante resonó en el aire. En todo este Palacio Imperial, solo había una persona capaz de actuar con tal desenfado. Me encogí de hombros.

​—Sigues igual que siempre, Catherine.

​—¿Y por qué no habría de serlo? Nada ha cambiado.

​El talento de Catherine consistía en decir cosas que podrían sonar frías de una forma alegre y ligera. Esbocé una sonrisa silenciosa. Catherine entrelazó sus dedos con los míos; era un gesto más propio de niñas pequeñas, pero le entregué mi mano dócilmente. Después de todo, éramos muy buenas amigas.

​Catherine hizo un puchero con sus labios rojos y carnosos mientras se quejaba: ​—¿Cómo puedes venir sin mandarme ni un solo aviso?

​—No tuve opción, Su Majestad me citó mediante una carta personal.

​—¿Su Majestad? ¿Es por el Duque Rohard?

​—¿Probablemente?

​Ante mi respuesta, los ojos de Catherine brillaron intensamente. Parecía que ella también tenía muchísimas cosas que quería preguntarme.

​—¡No sabes qué sorpresa me llevé! ¿Cuándo conociste al Duque? ¿Y desde cuándo se volvieron tan cercanos?

​—No somos tan cercanos.

​—¡¿Cómo que no?! ¿Acaso eres tú el tipo de persona que dejaría que un hombre se te acerque tanto si no hubiera confianza?

​—…

​Si ella hubiera insistido usando a Weitz como excusa, habría tenido algo que responder. Pero ante el argumento de que “no estaba actuando como yo misma”, me quedé sin palabras.

​«Es cierto que me he portado con demasiada familiaridad.»

​Incluso yo pensaba que no estaba actuando de forma normal.

​«Desde el primer encuentro, ni una sola cosa ha sido como la Lilianne de siempre.»

​Emborracharme sin control y permitir que un extraño se sentara a mi mesa… e incluso ponerme a llorar frente a él.

​«Si vuelvo a tocar el alcohol, dejaré de ser humana.»

​Me lo prometí a mí misma una y otra vez. Luego, solté una respuesta lo más clara posible.

​—Él me está enseñando cómo debo comportarme como Duquesa. Solo estoy aprendiendo de él.

​Como él me estaba mostrando cómo era la vida de los plebeyos, no era una mentira total. Ante mi respuesta, Catherine estalló en carcajadas.

​—¿El Duque Rohard? Eso es aún más gracioso.

​—¿Por qué?

​—Porque ese hombre no hace absolutamente nada de lo que se espera de un Duque. Yo pensaba que ni siquiera era una persona real; creía que era una especie de leyenda urbana difundida por los tiempos de mi abuelo.

​—¿Qué?

​A ver, ya sabía que vivía aislado en el Norte, pero no esperaba que incluso Catherine, siendo miembro de la familia imperial, hablara de él en esos términos.

​Mientras la miraba con ojos asombrados, Catherine arqueó una ceja.

​—Piénsalo. En los ciento cincuenta años desde la fundación del Imperio, nunca se ha mostrado oficialmente en la vida social. Pensé que era un cuento de terror, como ese monstruo enano que viene a llevarse a los niños si no obedecen.

​—¿Y por qué difundirían un rumor así?

​Incluso si no fuera una persona real, ¿qué ganarían inventando una tierra llena de monstruos, un dragón astuto y una familia de Duques que lo mantiene sellado?

​Ante mi pregunta, Catherine respondió con su característico tono cínico: —Es para vigilar que el poder del Norte no crezca y evitar que los ciudadanos escapen hacia allá. Si les dices que hay monstruos aterradores, nadie en su sano juicio intentaría huir en esa dirección, ¿no crees?

​—Ah…

​Nunca lo había pensado de esa manera.

​«Definitivamente, mi pensamiento crítico es muy débil.»

​Creer sin dudar en las cosas simplemente porque me dicen que existen era una de mis debilidades. Pensé que debía corregir ese aspecto. Sin embargo, una cosa era que yo lo pensara y otra muy distinta que Catherine lo dijera tan abiertamente.

​—Por cierto, ¿está bien que digas estas cosas así como así?

​—Soy la Princesa Imperial, ¿qué van a hacerme?

​Aunque eran palabras que fácilmente podrían considerarse un insulto a la familia imperial, Catherine era de lo más directa.

​—Sea como sea, fue asombroso. No solo el hecho de que sea una persona real, sino que además dicen que controla la Macura.

​—Sí. Yo también lo vi.

​Asentí con la cabeza. El momento en que Weitz blandió la Mácula era algo que todavía podía recordar con total nitidez, como si lo tuviera frente a mis ojos ahora mismo.

​—En el instante en que lo vi, no pude negarlo. Supe que aquello eran las “Cadenas de Luz”.

​—Pensar que un objeto legendario como ese existía de verdad… Definitivamente, el mundo es un lugar muy amplio.

​—Jajaja.

​Me resultó gracioso que una de las pocas princesas imperiales que existen en el mundo dijera algo así.

​Al verme reír de forma tonta, Catherine me dio un codazo juguetón en las costillas.

​—¿Y bien? ¿Qué son realmente el uno para el otro? ¿De verdad no hay nada entre ustedes?

​—Te lo juro por el cielo que no. Incluso prometimos que solo actuaríamos con cercanía mientras el Duque permanezca en la capital.

—“¿Mientras permanezca en la capital?”

​No podía decirle que habíamos acordado ser amantes temporales solo durante el mes necesario para confirmar si estaba embarazada o no, así que simplemente respondí con vaguedad: ​—Dijo que regresaría al Norte pronto. A más tardar, en tres semanas.

Valk: Pero que pillina me saliste Lili 😏

​—¿Ah, sí?

​Ante mis palabras, Catherine se cubrió los labios con sus dedos delicadamente cuidados y comentó: ​—Últimamente hay muchos rumores en la capital diciendo que el joven Duque Rohard subió hasta aquí para buscar una esposa. Si dice que regresará tan pronto, ¿significa que su objetivo no es el matrimonio?

​—Quién sabe.

​Al escucharla, su teoría también me pareció plausible. Quizás le resultaba difícil encontrar una novia en el Norte tras ciento cincuenta años de aislamiento y por eso había salido.

​«En realidad, ni siquiera sé si él regresará al Norte de verdad en un mes. Lo único seguro es que nuestra relación se terminará entonces.»

​Al pensar en eso, sentí que mi corazón se congelaba de repente. Sacudí la cabeza. No era nada bueno experimentar este tipo de sentimientos. Con un tono frío, tracé una línea clara.

—No tiene nada que ver conmigo.

 

✧ ➷ೃ༄*ੈ✩ ✧ ➷ೃ༄*ੈ✩ ✧ ➷ೃ༄*ੈ✩

 

​—Parece que tienes una relación bastante cercana con el Duque Rohard, Duquesa.

​Fue desolador que, justo después de haberme preparado mentalmente, las primeras palabras que escuchara del Emperador fueran precisamente esas.

Me presioné el entrecejo con el índice antes de responder: —En absoluto, Su Majestad.

​—¿Ah, sí?

​No había ni rastro de credibilidad en su tono de réplica. Suspiré para mis adentros.

​«Debí haber entrado con Catherine, tal como me lo ofreció.»

​Me arrepentí en menos de un minuto de haber rechazado con tanta firmeza la compañía de Catherine para entrar sola.

​«¿Tan famosa es esa persona?»

​No lograba entender por qué incluso Su Majestad el Emperador se mostraba tan susceptible al respecto.

​Sin importarle mis quejas internas, el Emperador continuó interrogándome sobre Weitz:

​—¿Cuándo exactamente conociste al Duque Rohard?

​Recité exactamente la misma excusa que Weitz había usado en el último banquete: —Solo intercambiábamos correspondencia; vi su rostro por primera vez hace apenas cuatro días.

​—Hmm…

Incluso ante esa respuesta, el Emperador parecía disgustado. Tras observarme de arriba abajo por un momento, frunció el ceño y preguntó: —¿Por qué ha subido el Duque a la capital? Nunca antes lo había hecho.

​—Para celebrar mi sucesión como Duquesa…

​—¿Solo por una razón como esa?

​«¿Y si no es por eso, por qué entonces?»

​«Si no vas a creerme, mejor ni hables.»

​Si cualquier otro noble me hubiera replicado así, lo habría puesto en su lugar de inmediato, pero como era el Emperador, me contuve. Respondí con el tono más carente de emoción posible: —El Duque tiene previsto regresar pronto al Norte. Ya ha presenciado mi ceremonia de investidura.

​—…¿Es eso cierto?

​—Sí.

​Incluso si no regresara, no parecía que fuera a quedarse merodeando frente al Emperador, así que supuse que no pasaba nada por soltar esas palabras.

​El Emperador me miró fijamente durante un buen rato con expresión dubitativa. En su cabeza, el sonido de las cuentas de un ábaco chocando* era estruendoso, pero yo no mostré ninguna reacción.

*Es una metáfora coreana muy común para decir que alguien está calculando rápidamente sus beneficios, intereses o pérdidas en una situación.

​Solo después de que pasó bastante tiempo, el Emperador esbozó una sonrisa suave y dijo: ​—Duquesa Johannes. Tú eres mi leal súbdita, ¿verdad?

​—Por supuesto, Su Majestad.

​Esto lo decía de corazón. Si el Emperador no nos hubiera dado la razón a mi hermana y a mí, el título de Duque de Johannes ya sería del tío Glaste desde hace tiempo. En ese sentido, yo tenía una deuda con él.

​—Para ser sincero, no sé nada sobre Rohard. Solo confirmo de vez en cuando, a través del comercio de piedras mágicas, que Rohard realmente tiene el control del Norte. Aun así, no hay nadie entre mis súbditos que haya visto el Norte con sus propios ojos.

​¿Tanto así de cerrado era ese lugar? Me sorprendió sinceramente.

​«Tiene sentido que Catherine sospechara que era un montaje de la familia imperial.»

​Justo cuando me sorprendía internamente, el Emperador apoyó la barbilla en su mano y dijo con una risita: —Por lo tanto, Duquesa Johannes, es una orden imperial: ve a inspeccionar el Norte y averigua si Rohard realmente me es leal.

​—¿Perdón?

​Ante esas palabras, no tuve más remedio que levantar la cabeza de golpe.

​—Pero, ¿cómo voy a ir yo al Norte?

​¿No acababa de decir que no había nadie que lo hubiera visto con sus propios ojos?

​Ahora el Emperador me estaba pidiendo que hiciera algo que nadie había logrado en los últimos ciento cincuenta años. Señalé lo absurdo del asunto, pero la respuesta del Emperador no pudo ser más relajada: —El Duque Rohard es muy afectuoso contigo, ¿no es así? Me pareció que él accedería si tú se lo pides. Es una oportunidad para demostrar tu lealtad, ¿no te resulta gratificante?

​—…

​Qué situación tan desagradable.

​Por primera vez, eché de menos a mi hermana Mimi, quien solía ser la cara pública de los Johannes en mi lugar.

 

 



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: VALK
RAWS: ACOSB


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