Capítulo 9
—¡No, basta! ¡Deténganse!
Koi gritó desesperado. Su mente daba vueltas. Necesitaba detenerlos y echarlos, pero los otros chicos lo tenían inmovilizado. No podía moverse ni un centímetro.
—¡Dije que paren! ¡Dejen todo y váyanse!
—Este mocoso…
Uno de ellos lo agarró por el cuello de la camisa.
—Oye, suéltalo.
La voz repentina de Nelson hizo que el chico que tenía a Koi lo soltara de mala gana. Koi, liberado, tambaleó hacia atrás, y Nelson se acercó con paso amenazante.
—¿Qué dijiste?
Cada paso de Nelson lo hacía parecer más gigante. Koi retrocedió instintivamente. A su alrededor, los demás seguían riendo, comiendo golosinas sin pagar o sirviéndose bebidas sin permiso. Pero en ese momento, lo único que veía era a Nelson.
—¿Qué dijiste? ¿Eh?
Nelson sonrió burlonamente mientras se acercaba. Koi, temblando y con los ojos llenos de lágrimas, no podía articular palabra. Nelson lo empujó con fuerza.
—¡Ah!
Koi retrocedió tambaleándose. Nelson lo empujó de nuevo.
—¿Qué? ¿Que pare? ¿Que nos vayamos?
Otro empujón. Esta vez, Nelson lo agarró del cuello y lo arrastró hacia sí, acercando su rostro con una sonrisa cruel.
—¿Tú me das órdenes? Patético perdedor, ¿quién te crees?
—¡Ugh!
Koi forcejeó, ahogándose, mientras las lágrimas le nublaban la visión. Pero Nelson no cedió. Con los ojos llenos de lágrimas, Koi lo miró fijamente. Nelson lo desafió con la mirada, como diciendo: “¿Qué vas a hacer?”
Y entonces, algo en Koi explotó.
—¡Basta! ¡No pagaron, arruinaron la tienda! ¡Son ladrones! ¡Todos ustedes son ladrones!
—¿Qué?
La voz de Nelson se elevó. Una vena palpitó en su frente, y su mano se alzó para golpear. Koi cerró los ojos con fuerza, preparándose para el impacto.
En esos segundos, mil pensamientos cruzaron su mente:
«¿Qué pasará con la tienda si me desmayo? ¿Cómo limpiaré todo esto? ¿Cuánto costará lo que se llevaron? ¿Mi sueldo de esta semana cubrirá los daños? Prefiero que me golpeen y no despertar nunca…»
Y entonces…
¡DING-DONG!
El timbre de la puerta sonó fuerte.
«¿Un cliente?»
Koi pensó vagamente que, aunque alguien entrara, solo retrasaría lo inevitable. Nadie lo ayudaría. Cualquiera que viera esta escena saldría corriendo…
—¿Qué están haciendo?
«¿Eh?»
Una voz fresca y clara cortó el aire. El silencio cayó de golpe. Koi abrió los ojos con cautela, sin creer lo que veía.
Era imposible. Solo había una persona en el mundo con esa voz.
«No… No puede ser… ¿Ashley Miller aquí?»
Sus ojos se abrieron por completo, incrédulos.
Ahí estaba.
Ashley Miller, de pie en la entrada, mirando la escena con calma.
Todos, incluido Nelson, se quedaron paralizados. Ashley entró con paso tranquilo, como si nada fuera anormal.
«Claro, para él, esto debe ser algo cotidiano.»
Koi sintió un amargo pensamiento, pero la situación no daba para más.
Ashley se detuvo a unos pasos de Nelson y miró a Koi brevemente antes de volverse hacia el matón.
—¿Qué hacen? ¿En serio van a golpearlo?
Nelson, todavía agarrando a Koi, se quedó helado. Demostrar miedo lo enfureció, y gritó:
—¿A ti qué te importa?
“Error.”
Todos lo pensaron, incluso Nelson. En una pelea, lo importante era dominar el ambiente, y él acababa de perder el control.
Ashley sonrió.
—Me importa. ¿Eso que están bebiendo es alcohol?
—¿Qué?
Uno de los chicos escondió rápidamente su lata de cerveza. Nelson tiró la suya al suelo, donde derramó espuma por todas partes.
Ashley miró la lata rodando y luego a Nelson.
—Qué problema. Alcohol para menores… Todos somos demasiado jóvenes para beber, ¿no?
—¿Y qué?
Nelson gruñó. Ashley respondió con naturalidad:
—Nada. Solo voy a llamar a la policía.
Sacó su teléfono. Los chicos se miraron entre sí, aterrorizados. Nelson, con los ojos desorbitados, rugió:
—¿En serio me vas a desafiar?
—¿Desafiar? Solo estoy siguiendo la ley.
Ashley comenzó a marcar. Nelson, furioso, soltó a Koi y se lanzó hacia él.
—¡Te voy a…!
Koi contuvo el aliento. ¡Oh no! ¡Esto se pondrá feo!
—¡Maldito bastardo!
El puño de Nelson voló hacia Ashley. Koi se cubrió la cabeza, esperando lo peor.
Pero Ashley simplemente dio un paso atrás.
—¡Ugh!
Nelson perdió el equilibrio y cayó de bruces contra un estante.
—¡Nelson!
Sus amigos lo ayudaron a levantarse, conteniendo la risa. Nelson, rojo de vergüenza y furia, se levantó y volvió a levantar el puño.
Ashley lo miró con desdén.
—¿En serio quieres pelear? ¿Contra mí?
“Piensa bien lo que haces.”
Koi casi pudo escuchar las palabras no dichas. Nelson vaciló, su coraje desvaneciéndose.
—Eh… Nos íbamos de todos modos, ¿verdad?
Uno de los chicos habló, y los demás asintieron rápidamente.
—Sí, esto es aburrido.
—Vamos, Nelson.
—Déjalo.
Nelson, con el puño aún apretado, finalmente cedió. Con una última mirada asesina, escupió:
—Hoy tuviste suerte.
Y con eso, la pandilla salió corriendo, dejando atrás un desastre y un Koi aturdido.
El silencio llenó la tienda. Ashley miró hacia la puerta hasta que estuvieron seguros de que se habían ido. Luego, volvió su atención a Koi.
—¿Estás bien?
Koi parpadeó, todavía en shock.
—Eh… sí… —Titubeó antes de preguntar: —¿Qué haces aquí?
«¿Viniste por mí?»
La esperanza fugaz se desvaneció cuando Ashley respondió:
—Pasaba por aquí y quería comprar algo.
«Claro.»
Koi señaló vagamente los estantes.
—Pues… elige rápido. Tengo que limpiar esto.
Su voz sonaba plana, sin energía. El desastre era abrumador: estantes volcados, comida tirada, bebidas derramadas…
Ashley miró alrededor y comentó:
—El vestuario después de un partido no está tan mal como esto.
Koi no respondió. Solo quería que Ashley se fuera para poder hundirse en su miseria en paz.
Pero entonces, Ashley hizo algo inesperado.
—Necesitas ayuda.
No era una pregunta. Era un hecho.
Koi lo miró, confundido.
Ashley ya estaba recogiendo una escoba.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R