Capítulo 53
—Hoy fuiste increíble, Ash.
Koi, de pie al borde de la carretera, habló con el rostro enrojecido. Mientras Ashley le entregaba las bolsas de compras con varias prendas que había comprado para él, frunció el ceño.
—¿Seguro que no quieres que te acompañe hasta casa?
—No, estoy bien. Es justo ahí —respondió Koi, apresurándose a añadir—. El camino es demasiado estrecho para el coche. Mejor nos despedimos aquí.
Podrían haber caminado juntos, pero Koi no lo sugirió. Ante su insistencia en rechazar la compañía, Ashley no lo presionó más.
«No soy el novio de Koi.»
Ashley se lo recordó a sí mismo. Por ahora, solo eran amigos. Solo por ahora. Así que decidió respetar el deseo de Koi.
—… Está bien.
«Uf.»
Koi, sin darse cuenta, dejó escapar un suspiro de alivio mientras sostenía las pesadas bolsas con ambas manos y lo miró. Era casi medianoche, y la oscuridad lo envolvía todo.
El tiempo había pasado como un sueño. Koi había entrado y salido del probador una y otra vez, cambiándose de ropa en cada ocasión. Cada vez que salía, Ashley le arreglaba el cuello arrugado de la camisa o el dobladillo torcido de los pantalones, hasta que finalmente, en un arrebato, intentó seguirlo al probador para ayudarlo.
Pero Koi se negó rotundamente. Su reflejo en el espejo del probador era lamentable. No quería que nadie lo viera desnudo, ni siquiera Ashley. O más bien, especialmente Ashley. ¿Qué pensaría alguien como él, con un cuerpo tan bien definido, al ver el suyo? Quizá ya lo supiera, pero Koi no quería confirmárselo.
Después de las compras, Ashley le regaló un traje para la fiesta de bienvenida, una corbata, un reloj y varias prendas para el día a día. Koi pensó que era demasiado, pero, una vez más, se dejó llevar por las palabras de Ashley y, antes de darse cuenta, ya estaban en el coche camino a un restaurante.
El lugar al que Ashley lo llevó era increíblemente lujoso. Más tarde, al buscarlo, descubrió que era un sitio tan popular que las reservas se agotaban con tres meses de antelación.
Allí, la situación no fue distinta. Mientras Koi miraba fijamente el menú, lleno de nombres en inglés que no entendía, Ashley le preguntó con delicadeza:
«¿Puedo pedir por ti?»
Por supuesto, Koi asintió con entusiasmo. Y así descubrió que disfrutar la comida iba más allá del sabor. Siempre había pensado que todo sabía más o menos igual, pero estaba equivocado. Simplemente, solo había probado cosas mediocres.
Los platos que solo había visto en fotos o que ni siquiera sabía que existían lo dejaron maravillado. Pero lo que más recordaría fueron los postres. Hasta ahora, todos le habían parecido similares, pues nunca había sido capaz de distinguir sabores con claridad. Incluso había pensado que masticar una suela de zapato o un filete duro no serían tan diferentes.
Pero el macarrón fue distinto. La textura al morderlo, cómo se derretía, y sobre todo, el dulzor. Un sabor completamente nuevo para él. Por primera vez, entendió lo que significaba que algo estuviera rico.
Y no fue el único. El chocolate y el cheesecake también fueron deliciosos. Koi se dejó llevar por la suavidad del pastel frío derritiéndose en su boca. Aunque no pudo terminar todo el menú de degustación, devoró los postres: helado y pastel. Ashley, al verlo, llamó al mesero y pidió otro postre para él. Así, Koi terminó dos porciones más, acompañadas de un café caliente.
{—A partir de ahora, tendré que prestar más atención a los postres.} —dijo Ashley, sonriendo al ver a Koi feliz frente al plato vacío—. {Casi no los como, por eso no los tenías en casa.}
Koi, incómodo ante la idea de causarle molestias, se apresuró a rechazar la oferta.
{—No, hoy ya comí suficiente. Está bien.}
{–Yo estoy bien} —respondió Ashley—. {Es algo que quiero hacer por ti.}
Koi se quedó mirando su sonrisa al otro lado de la mesa, sin poder articular palabra. De nuevo, su pecho se agitó y las yemas de los dedos le hormiguearon. Aunque el restaurante estaba lleno, solo veía a Ashley. Sus ojos, sus oídos, todos sus sentidos parecían enfocados únicamente en él. ¿Qué era este sentimiento?
Koi siguió preguntándoselo, pero ni siquiera al llegar a casa encontró una respuesta.
—Gracias por acompañarme, Ash.
Koi lo miró con gratitud. Ashley, frente a él, guardó silencio un momento antes de hablar.
—Koi.
—¿Sí?
Al responder de inmediato, Ashley sonrió.
—¿Lo disfrutaste hoy?
—Sí, mucho.
Koi asintió sin dudar. Entonces, Ashley extendió su mano.
«Oh.»
Una palma grande tocó su mejilla. El aire nocturno era frío, pero donde Ashley lo tocó, su piel ardió. Contuvo la respiración sin darse cuenta. Ashley, al ver su reacción, preguntó:
—¿Sabes lo que esto significa?
—… ¿Eh?
La pregunta inesperada lo dejó parpadeando. Ashley continuó con voz suave:
—Koi, piénsalo bien. Lo que hice por ti hoy, y por qué lo hice.
—…
—Si lo reflexionas, lo entenderás. Porque ya conoces la respuesta.
La mano que le había acariciado la mejilla ahora la cubría por completo. Koi, con la respiración entrecortada, murmuró:
—¿… Yo?
—Sí.
Ashley asintió.
—La respuesta ya está dentro de ti.
Conteniendo las ganas de besarlo, Ashley solo le sonrió. Luego, ante la mirada aún confusa de Koi, se despidió con un adiós y se dio la vuelta.
Al arrancar el coche y mirar por el retrovisor, vio a Koi todavía allí, observándolo. Ashley tuvo que reprimir el impulso de bajarse, abrazarlo y besarlo. En vez de eso, se alejó rápidamente.
«Debo confesarme.»
Mientras conducía por la calle vacía a una velocidad innecesaria, lo decidió. Lo haría en la fiesta de bienvenida. Iría a recoger a Koi, bailarían, beberían ese ponche horrible… Y cuando el momento fuera perfecto, lo llevaría al paseo arbolado detrás de la escuela. Allí le diría: “Eres tú a quien amo”.
Hasta ahora, sus relaciones siempre habían comenzado y terminado de forma natural. Nunca había tenido que pedir que fueran novios, ni había sentido este ardor en el pecho, esta emoción que hacía latir su corazón con fuerza. Pero esta vez era diferente. Quería confesarse, rogarle a Koi que aceptara estar con él.
«¿Y qué haría Koi?»
La imagen de su rostro enrojecido, mirándolo desde abajo, apareció en su mente. Sus orejas se agitarían nerviosas, sin saber qué hacer. Y tal vez, solo tal vez, diría:
«“Yo también te quiero.”»
Solo imaginarlo hizo que su corazón estuviera a punto de estallar. Ashley dejó escapar un gemido ahogado.
«Koi, por favor, date cuenta pronto.»
El rostro confundido de Koi, mirándolo, reapareció en su mente. Ashley, con un suspiro ardiente, suplicó en silencio:
«Déjame abrazarte y besarte pronto.»
***
Afortunadamente, cuando llegó a casa, su padre aún no había regresado. Koi entró con cuidado a la casa rodante apagada y encendió la luz. En la penumbra, buscó un lugar para esconder sus cosas. El espacio era tan reducido que no había muchos sitios.
Al final, sacó una caja vieja y rota de debajo de la cama y la reemplazó con las bolsas de compras. Al cubrirlas con la caja, quedaban demasiado evidentes, pero no importaba. Su padre siempre estaba borracho y nunca notaba si faltaba o sobraba algo.
Después de acomodar todo, Koi suspiró y se duchó rápidamente. Dobló la ropa que llevaba puesta y la escondió con cuidado antes de ponerse su vieja camisa y pantalones deportivos llenos de agujeros para dormir.
En el silencio, los eventos del día volvieron a su mente. Por más que lo pensara, le costaba creer que fuera real.
«Quizá todo fue un sueño.»
Pero al girar la cabeza, vio la caja de ropa sobresaliendo de debajo de la cama, recordándole que todo había sucedido.
Koi, con el pecho agitado, suspiró hondo y se dio vuelta. Su corazón volvió a latir con fuerza. «¿Cómo es posible un día así?»
Aún podía sentir el frío dulzor de los postres en su boca. Al cerrar los ojos y revivir los momentos, una pregunta surgió naturalmente:
«¿Por qué Ashley hizo todo esto por mí hoy?»

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R