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Capítulo 41

Mientras caminaban hacia el coche de Ashley estacionado, Koi sintió, por alguna razón, como si lo arrastraran a la fuerza. Era lógico. Ashley avanzaba tomando su mano entrelazada, mientras Koi seguía con pasos reticentes, titubeando detrás.

Intentó liberar su mano con disimulo, incómodo por la gran mano que la sostenía, pero Ashley, al notarlo, la apretó con más fuerza. Al levantar la cabeza, sobresaltado, Ashley habló sin mirarlo:

—Dije que no te soltaría.

«Prometí que no huiré más», fueron las palabras que llegaron a la punta de su lengua pero no lograron salir. En la práctica, era un culpable capturado en el acto. Hasta él mismo desconfiaba de sus propias palabras, así que Koi no tuvo más remedio que bajar la cabeza de nuevo.

Le resultaba incómodo y extraño este ambiente, pero, por otro lado, era peculiar sentirse aliviado por el calor de la mano de Ashley que no lo soltaba. 

«¿Así son las amistades? ¿Acaso siempre es así de voluble el estado de ánimo, con tantas emociones mezcladas a la vez?» 

Koi no lo sabía. Ashley era su primer amigo, después de todo.

«Quizás esté pasando por una pubertad tardía.»

Eso pensó Koi. Aunque ya había pasado la edad, había aprendido que esos cambios podían ocurrir incluso en la adultez. Durante la pubertad, no solo hay cambios físicos, sino también una confusión emocional abrupta. 

«¿No es exactamente lo que estoy experimentando ahora?

Tal vez la manifestación y la pubertad sean similares.»

Era una idea bastante plausible. Al fin y al cabo, ambas implican grandes cambios. La mayoría lo experimenta antes de la pubertad, pero a veces aparece en la adultez. 

«Entonces, ¿la pubertad no sería, en cierto modo, como la manifestación que experimentan los betas? Hasta podría escribir un ensayo o artículo interesante sobre esto.»

Encontrar material para un ensayo fue un buen hallazgo inesperado. Pero evadir la realidad solo duró hasta ahí.

Koi miró con cautela a Ashley. Él seguía de perfil, imposibilitando leer su expresión. Durante todo el trayecto, Ashley no lo miró ni una vez.

«Debe estar muy enfadado.»

El miedo lo invadió de golpe. Era lógico. 

«Huir a toda velocidad al verlo dejaría a cualquiera perplejo y molesto.» 

Además, Ashley había esperado en la escuela por los resultados de Koi, a pesar de no tener entrenamiento hoy. 

«Mi actitud fue como apuñalarlo por la espalda.

Quizás no me esperaba a mí.»

De pronto, otro pensamiento surgió. 

«No, él dijo que me esperaría.» 

Negó con la cabeza para ahuyentar la idea negativa, pero la duda, una vez planteada, no se desvanecía fácil.

«Si me esperaba, pero también esperaba a Ariel, ¿no tendría sentido?»

La ansiedad regresó. 

«Podría haberle preguntado a Ariel si pasé o no. Si no pasaba, no habría necesidad de seguir practicando. Si pasaba, me habría llevado a casa como siempre.

Tal vez quería reconciliarse con Ariel en esta oportunidad.

Claro, eso es.» 

La sospecha se convirtió en certeza. 

«Ayudar a un amigo y reconciliarse con su novia es una idea brillante.» 

También era bueno para Koi. 

«Recibí su ayuda y, a la vez, le fui útil.

Todo salió bien»

Koi bajó la mirada, desanimado. 

«Entonces, ¿por qué me siento así?»

Por más que lo pensó, esta vez no encontró respuesta.

—Vamos, sube.

Ashley, que ya había llegado al coche, soltó su mano y abrió la puerta del acompañante.

«Ah, así que ya supo que aprobé.», pensó Koi. Al verlo vacilar, Ashley preguntó:

—Dije que subas.

—No, es que… —Muchas palabras acudieron a su mente, pero lo más inútil salió de su boca—: Tengo que llevar mi bicicleta…

—Ya está —Ashley interrumpió—. Yo la traeré.

Ante el tono urgente, Koi no pudo resistir más. Finalmente, se acomodó en el asiento, y Ashley cerró la puerta. Un clic sonó, y las puertas se trabaron.

—¿Eh? ¿Eh?

Desconcertado, Koi miró alrededor. Cuando alzó la vista, Ashley levantó su llave inteligente con aire de suficiencia y se alejó rápidamente. Koi solo pudo quedarse boquiabierto, observando su espalda.

«No puede ser…»

Nervioso, agarró el tirador de la puerta, pero solo se oyó un clac sin que se abriera.

«¿Qué pasa?»

No lo entendía. 

«¿Que no se abra desde adentro? ¿Este coche tiene eso?» 

Miró alrededor frenético, intentando abrirla varias veces, pero falló. No le quedó más que aceptar la realidad.

«Ash me encerró.»

*M.R.: vengo del futuro, y esto escaló hasta hacer cabañas. 

***

Ashley no tardó en regresar. Cargando la bicicleta de Koi al hombro, volvió con paso firme, la guardó en el maletero y se dirigió al asiento del conductor.

—Bueno, Koi. Habla.

Ashley volvió a trabar las puertas y se giró hacia él. El interior del Cayenne, que antes parecía espacioso, ahora se sentía asfixiantemente estrecho. Koi se reclinó instintivamente, alejándose al máximo. Ashley frunció el ceño al verlo. Un silencio incómodo se extendió.

—… Koi.

Ashley habló con calma. Koi se tensó, pero la emoción en la voz de Ashley no era enojo, sino algo más.

—Koi, ¿te asusté?

—¿Eh? ¿Eh? —La pregunta inesperada lo hizo tartamudear. Ashley continuó, viéndolo parpadear rápidamente—: ¿Por qué huiste de repente? Incluso en el camino, intentaste escapar de nuevo. ¿Por qué? ¿Hice algo mal?

—Eh… —Las palabras inesperadas lo dejaron con la mente en blanco. Había reflexionado mucho, pero esto no lo esperaba. Ashley arrugó la frente al verlo paralizado—: ¿Acaso fue algo tan grave que no puedes decirlo?

—¡N-no, para nada! —Koi negó frenéticamente, hasta marearse. Jadeante, insistió—: No es eso, Ash. No fue por eso.

—¿Entonces?

El rostro de Ashley se oscureció aún más. 

«Le hice preocuparse por nada.» El arrepentimiento lo inundó, pero aclarar el malentendido era prioritario.

—Es que… verás… —Titubeó, sin encontrar palabras. ¿Cómo explicar una emoción que ni él entendía?

Afortunadamente, Ashley esperó pacientemente. 

«¿Cómo puede ser tan comprensivo?» Sintiendo respeto por él y lástima por sí mismo, Koi respiró hondo.

—Verás…

—Dime.

Al abrir la boca, Koi encontró la mirada seria de Ashley, que lo escuchaba con atención.

«Tranquilo.» Su ansiedad se calmó un poco. «Puedo decírselo a Ash.» Sintió que Ashley no se burlaría, sin importar lo que dijera. Respiró hondo y confesó:

—Creo que… me llegó la pubertad.

Calló después de decirlo. Ashley seguía mirándolo. Por segundos, no hubo reacción.

—… ¿Qué?

Finalmente, Ashley torció el rostro. Era lo único que podía hacer. No entendía lo que acababa de escuchar. ¿Pubertad? Estaban en undécimo grado. Hasta el comentario de Ariel sobre vestirlo de mujer para ahuyentar la mala suerte era menos absurdo.

Pero Koi parecía convencido. Con entusiasmo, comenzó a enumerar sus razones:

—Dicen que puede llegar tarde, ¿no? Como la manifestación. Claro, después de los 20 se llama otra cosa, pero creo que es eso.

—¿Te manifestaste?

—No, pubertad —insistió Koi—. Como la manifestación de los betas.

—Ay… —Ashley suspiró, esforzándose por entender—. ¿Y por qué crees que es la pubertad?

Koi abrió la boca para responder, pero, de pronto, el rostro de Ashley llenó su visión.

En ese instante, su cara se enrojeció por completo.



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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