Capítulo 4
—¡No! —Koi frunció el ceño, firme—. Yo quiero hacerlo bien.
Ashley, al ver su determinación, cambió de táctica y preguntó con tono cortante:
—¿No tienes actividades deportivas o algo?
—Sí tengo.
No mencionó que era maratón. Aunque entrenaban en el mismo campo casi a diario, Ashley ni siquiera lo había notado. Eso le dolía en el ego, pero no ocultó su expresión resentida. Sin embargo, Ashley ni siquiera le prestó atención.
—Uff… —suspiró, exhausto, antes de rendirse—. Bueno, ¿qué quieres hacer entonces?
Mostró las palmas de las manos, como si se diera por vencido. Koi respiró hondo y expuso su plan: investigación, división de temas y reuniones periódicas.
—Yo tengo entrenamiento toda la semana —dijo Ashley, cruzando los brazos y mirándolo con desafío—. ¿Ahora qué?
—Terminas a las 6. Si te duchas rápido, a las 7 podemos empezar —respondió Koi, calculador.
Ashley puso cara de disgusto.
—Oye… ¿no serás mi stalker, verdad?
—¡¿Q-qué?! ¡Claro que no!
Ashley se rio, despreocupado.
—Es broma.
«¡Maldito narcisista!» Koi sintió que la sangre le hervía.
—¡Te lo digo en serio! Yo también hago deporte, por eso lo sé.
—Ajá —Ashley se encogió de hombros—. Bueno, 7 p.m. en el Green Bell.
—¡¿Qué?! —Koi casi salta del susto—. ¡Espera! ¿Para qué ir a un restaurante tan caro? Podríamos quedarnos en la cafetería de la escuela…
—¿A las 7 de la noche? —lo interrumpió Ashley, arqueando una ceja—. La cafetería cierra a las 5.
Koi se quedó mudo.
Ashley lo miró con superioridad antes de que un amigo lo llamara.
—¿Entonces? ¿7 p.m. en el Green Bell?
Koi no tenía opción. Con resignación, asintió.
***
Ashley llegó exactamente a las 7. Koi, que había pedido llegar antes (gracias a su bicicleta, a diferencia del lujoso Cayenne de Ashley), lo esperaba con nerviosismo.
—Llegaste temprano —comentó Ashley al sentarse frente a él.
Koi no había pedido nada aún. Ashley, sin embargo, hojeó el menú tarareando, como si estuviera en su casa.
Cuando el mesero se acercó, Ashley ordenó como si fuera su última cena:
—Sándwich de atún, hamburguesa doble: sin cebolla, con doble queso, panqueques, plátanos fritos, tocino extra crujiente, huevos duros, jarabe de arce… Ah, y otra hamburguesa doble.
—¡Espera! —Koi lo interrumpió, pálido—. ¿No es mucho para dos?
—¿Para dos? —Ashley parpadeó—. Esto es solo para mí.
Koi se quedó boquiabierto. Mientras Ashley seguía pidiendo (¡hasta un filete gigante!), él, con el estómago vacío, solo murmuró:
—… Una Coca-Cola. Sin hielo.
—¿Eso es todo? —preguntó Ashley, sorprendido.
—Ya… cené —mintió Koi, evitando admitir que no podía pagar más.
***
Con el estómago gruñendo, Koi sacó sus notas.
—El proyecto es sobre cultura latinoamericana. ¿Tienes algún país en mente?
—No.
—Bueno, yo pensé en Argentina —propuso Koi—. Podríamos enfocarnos en comida: café y sándwiches, historia, métodos de preparación…
—Vale.
Para su sorpresa, Ashley participó más de lo esperado. Incluso sugirió:
—¿Y si tú investigas el café y yo los sándwiches? Si hay información repetida, la comparamos después.
Koi casi sonrió. ¡Era un milagro!
En 30 minutos, Ashley demostró por qué era tan popular: carisma inteligente, opiniones agudas y una sonrisa que hasta a Koi (un chico) le hizo acelerar el corazón.
Pero entonces… llegó la comida.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R