Capítulo 38
—Todo listo.
—… Sí.
Koi tosió rápidamente, temiendo que su voz temblara.
—Gracias.
—De nada.
Ashley respondió brevemente mientras se calzaba sus patines. A diferencia de cómo había atado con cuidado los cordones de Koi, el terminó el proceso rápidamente. Al ver esto, Koi preguntó:
—¿Desde cuándo patinas?
Ashley se adelantó hacia la pista mientras respondía:
—Hmm, ¿desde los cuatro años?
—¿Qué?
La voz sorprendida de Koi salió justo cuando Ashley ya se había alejado bastante. Koi, sentado en el banco, observó cómo Ashley se deslizaba libremente sobre el hielo. Después de dar una vuelta de prueba por la pista, el regresó y se detuvo frente a Koi.
—Vamos, inténtalo tú también.
Ashley extendió su mano. Koi inhaló profundamente, reunió valor y se levantó. En un instante, perdió el equilibrio, pero Ashley rápidamente lo sostuvo.
—G-Gracias.
—No hay de qué.
Ashley, quitándole importancia, tomó ambas manos de Koi y retrocedió. Guiado por él, Koi avanzó lentamente, paso a paso. Y justo cuando finalmente logró mantenerse sobre el hielo con ambos pies…
—¡Aaaah!
—¡Koi!
Con un grito, Koi cayó de golpe. Su cuerpo quedó pegado al hielo, pero afortunadamente sus manos estaban a salvo, gracias a que Ashley las sostuvo firmemente.
—Koi, está bien. Ven, te ayudaré, despacio…
Ashley se inclinó y lo ayudó a levantarse poco a poco. Koi intentó ponerse de pie por sí mismo, pero su cuerpo no respondía. Cada vez que intentaba apoyar los patines, las cuchillas resbalaban y sus piernas se extendían. Cuando lograba equilibrarse, los patines se inclinaban hacia los lados.
Después de repetirlo un par de veces, Koi perdió por completo la confianza.
«¿Cómo se supone que debo bailar con estos patines puestos?
¿Podré unirme al equipo de cheerleading así? Si no lo logro, ¿qué pasará con mis puntos de actividades extracurriculares? Sin ellos, no podré entrar a la universidad. No importa cuánto me esfuerce, si no tengo la habilidad, no hay nada que hacer. ¿Realmente voy a fracasar sin siquiera tocar la puerta de la universidad?»
Incluso con la ayuda de Ashley, verse incapaz de mantenerse en pie y seguir cayendo una y otra vez lo hacía sentir que todo era inalcanzable. Su expresión se endureció mientras la desesperación lo invadía. Fue entonces que…
—Koi, Koi, Koi.
Ashley lo llamó por su nombre repetidamente, como si quisiera que reaccionara. Mirando el rostro de Koi, que había caído en pánico, él habló con calma:
—Está bien, tranquilo. Te ayudaré, tú puedes.
Aunque Ashley lo consoló con suavidad, Koi frunció el ceño y negó con la cabeza.
—No puedo…
La frustración por su torpeza le hizo brotar lágrimas. Tal vez por estar frente al comprensivo Ashley, sus emociones fluyeron más rápido. De pronto, todos los recuerdos del pasado vinieron a su mente, y palabras llenas de resentimiento salieron de su boca:
—Es que realmente no soy bueno para los deportes. ¿Por qué esto tiene que contar para mi calificación? Hay personas buenas para los deportes y otras que no, ¿no? Yo no soy bueno para socializar ni para moverme. Esto es demasiado cruel. ¿Acaso no merezco ir a la universidad? Es injusto…
Enojado, avergonzado y triste, terminó llorando desconsoladamente.
«¿Acaso esforzarse no es suficiente? A pesar de mi difícil situación familiar, he dado lo mejor de mí, he aguantado hasta el límite, pero todos dicen que no es suficiente. Que debo hacer lo imposible, pero incluso si me mato intentándolo, no lo lograré. Mira, ni siquiera puedo mantenerme en pie con estos patines que todos usan. ¿Qué es esto? Todo está perdido. Estoy completamente arruinado.»
Todo era un desastre. Mientras Koi lloraba, Ashley no dijo nada. Simplemente esperó en silencio a que sus lágrimas cesaran.
Cuando finalmente Koi, exhausto de llorar, solo lograba sollozar, Ashley habló lentamente:
—¿Te sientes un poco mejor?
—… Sí.
Koi asintió. Al calmarse, la objetividad lo invadió y sintió remordimiento. Ashley estaba ocupado y cansado, y aún así le había dedicado tiempo, mientras que él solo había sido una carga. No podía ni levantar la vista.
—Lo siento, Ash…
Ashley negó con la cabeza ante su disculpa en voz baja.
—No pasa nada, todos nos frustramos a veces.
—¿Todos?
Koi levantó la mirada. Ashley rio al ver su nariz enrojecida.
—Sí, todos.
Koi sabía que Ashley Miller no estaba incluido en ese “todos”, pero no lo mencionó. Ya no era momento de quejas ni lágrimas.
—Lo siento, Ash. Ahora estoy bien.
Koi respiró hondo y dijo:
—Lo intentaré de nuevo.
—Bien, pero primero…
Ashley deslizó sus manos bajo las axilas de Koi y lo levantó. En un instante, Koi estaba de pie, desconcertado, parpadeando.
«¿Qué acaba de pasar?»
Pero eso no fue todo. De pronto, Ashley lo cargó en brazos.
—¿Q-Qué…?
—Un momento. No te muevas, es peligroso.
Koi, que instintivamente se había agitado, se encogió ante la advertencia de Ashley. Él se deslizó con habilidad sobre el hielo, regresando al punto de partida.
—Aquí.
Ashley lo sentó en el banco y le alcanzó una botella de agua. Koi, otra vez agradecido, la tomó y bebió. Su garganta estaba seca por el llanto. Al terminar, Ashley dijo:
—Cuando recuperes el aliento, empezamos de nuevo.
—… Sí, gracias.
—Bueno, ya sé que estás agradecido, así que no hace falta que lo repitas. ¿Entendido?
Ashley lo miró, esperando una respuesta. Koi asintió rápidamente.
De su teléfono sonó una música diferente. Ashley la apagó y lo dejó a un lado. El silencio regresó. Koi, aún recuperando el aliento, habló:
—¿Cómo empezaste a patinar? A esa edad.
—Por una razón tonta—dijo Ashley—. Mi papá me obligó.
—Ah…
Koi intentó imaginarse al estricto y exigente abogado del este, padre de Ashley. Ashley añadió, como para sí mismo:
—Al principio fue patinaje artístico.
—¿Qué? ¿Arte? ¿Tú?
Koi no podía creerlo. Ashley rio al ver su reacción.
—Sí, ¿no me crees?
—N-No.
Koi, confundido, preguntó:
—¿Por qué lo dejaste?
Ashley se encogió de hombros.
—Me crecí demasiado.
Era una razón válida. Koi, convencido, cambió de tema:
—¿Y el hockey? ¿Cuándo empezaste?
—En cuarto grado. Un poco tarde.
—Pero como ya sabías patinar, fue más fácil, ¿no?
Contrario a lo esperado, Ashley negó.
—No, las cuchillas son diferentes en cada disciplina. Tuve que aprender de nuevo. Fue difícil.
—¿En serio?
Koi miró sus patines, y Ashley respondió antes de que preguntara:
—Los tuyos son de artístico. Los míos son estos.
Ashley levantó su patín, mostrando una cuchilla claramente distinta. Koi, fascinado, la examinó.
—¿Ahora te sientes mejor?—preguntó Ashley.
—¿Eh? Ah, sí.
Al darse cuenta, notó que ya no estaba sollozando.
—Sí, estoy mejor.
—Bien, entonces levántate.
Ashley sonrió.
—Ya lloraste lo suficiente. Ahora toca recuperar el tiempo perdido.
«Guau.»
Koi sintió que la sangre abandonaba su rostro al mirarlo.
«Por eso no cualquiera entra en equipos deportivos.»

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R