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Capítulo 29

—A partir de ahora, présta más atención. 

—Ah… sí.  

Koi asintió, pero no podía dejar de lamentarse por el pan que había terminado en la basura.  

«Qué desperdicio… Si solo hubiera quitado la parte con moho, podría haberlo comido.»  

Aunque estaba lleno de arrepentimiento, ya era demasiado tarde. Pronto, su mente se llenó de otros pensamientos.  

—¿Estás bien? Debes tener mucha hambre.  

Era cierto. Ashley estaba tan hambriento que le retorcía el estómago, pero aún tenía cosas que hacer.  

—Más bien… ¿Qué haces aquí a esta hora?  

Debía comprar las entradas y marcharse, pero sus palabras no iban en esa dirección. Sin tener idea de la lucha interna de Ashley, Koi respondió de inmediato:  

—Es el inicio del semestre, así que estoy ocupado. Me faltan horas de actividades extracurriculares y servicio comunitario…  

Su voz se apagó, como si le diera vergüenza admitirlo. Ashley asintió distraídamente. No esperaba encontrarse con Koi en la escuela a esta hora, así que estaba desconcertado y no sabía cómo reaccionar. Quizás era el hambre. Aun así, en lugar de ponerse tenso, se sentía cada vez más relajado. Además, tuvo que hacer un esfuerzo para contener una sonrisa, presionando los labios mientras intentaba ordenar sus pensamientos.  

«Debo comprar las entradas e irme. Esa es la mejor opción.» 

—Dos entradas.  

—¿Eh?  

Koi parpadeó y lo miró. Ashley repitió lentamente, separando cada sílaba:  

—Las entradas. Para la fiesta de bienvenida.  

—Ah, ah.  

Finalmente entendiendo, Koi asintió. Ashley esperaba que corriera hacia la caja, pero por alguna razón, Koi se quedó allí, vacilante.  

—Oye… lo siento, pero ya se agotaron.  

—¿Qué?  

Esta vez, Ashley no lo entendió. Koi respiró hondo y lo dijo con más claridad:  

—Se vendieron todas. No quedan.  

Ashley lo miró en silencio, inmóvil, sin siquiera parpadear. Koi empezó a preocuparse al verlo así.  

—¿Ninguna? ¿Ni una entrada?  

Pasaron unos segundos antes de que Ashley finalmente gritara con voz ronca, como si estuviera liberando una frustración contenida. Koi se sobresaltó y asintió con dificultad.  

—S-sí… las últimas dos se vendieron hace media hora. Una chica de décimo grado las compró para ir con su novia… Debí haber puesto un cartel de “agotado”, pero pensé que nadie vendría a esta hora… Lo siento mucho. Si hubiera sabido que vendrías, no las habría vendido…  

Se disculpó repetidamente, pero era inútil. Lo que Ashley necesitaba no eran disculpas, sino entradas. Algo que lo devolviera a la normalidad.  

Pero todo su plan se había desmoronado desde el principio. Desde su decisión de evitar a Koi hasta esto, nada había salido como esperaba. Además, estaba hambriento hasta el punto de la desesperación.  

«¿Cómo terminó todo así?»  

Ashley cubrió sus ojos con una mano y ladeó la cabeza, dejando escapar un gemido de frustración.  

«¿En serio voy a sufrir por algo tan trivial como una fiesta de bienvenida?»  

—… Uf.  

Pasaron unos segundos antes de que Ashley aceptara la realidad. La verdad era simple: estaba jodido.  

Dejó caer la mano, se ajustó la mochila y se preparó para huir de esa maldita escuela.  

—Adiós, Koi.  

Se dio la vuelta con un adiós débil, pero entonces…  

—¡E-espera, Ash!  

Koi, que hasta entonces había estado tímido, gritó de repente. Ashley se volvió, preguntándose si acaso le ofrecería leche agria esta vez, pero en cambio, Koi sacó algo de su bolsillo y se lo extendió.  

—Toma, esto.  

—… ¿Qué es?  

Ashley lo dijo con desinterés, pero Koi insistió en dárselo. Con reluctancia*, Ashley tomó el papel doblado y comenzó a desplegarlo. Primero vio la palabra “fiesta”, luego la fecha, luego “bienvenida”.  

*Renuencia.

Con cada pliegue que abría, su expresión cambiaba. Koi observaba con alegría. Cuando finalmente desplegó la entrada por completo, Ashley lo miró sorprendido.  

—¿Cómo es que tienes esto?  

Koi solo sonrió, orgulloso.  

—Dijiste que se agotaron. ¿Me estabas engañando?  

Ashley contuvo su irritación mientras preguntaba, pero Koi seguía sonriendo.  

—Me la regalaron.  

—¿Regalaron?  

Koi asintió.  

—La profesora Bacon me la dio como agradecimiento por ayudarle en la cafetería.  

—Pero te la dieron a ti.  

—Bueno, sí…  

Koi se ruborizó ante el comentario de Ashley.  

—No tengo novia, ni ropa para ir… —Lo admitió con honestidad, luego continuó con naturalidad: —Así que tendrá más sentido si la tienes tú.  

—No, espera… —Ashley levantó una mano, confundido.— ¿Estás diciendo que me darás la entrada que te regalaron? ¿Sin pedir nada a cambio?  

—Sí, claro. —Koi asintió como si fuera obvio.— Si es para ti, no me duele en absoluto.  

—…  

Ashley lo miró en silencio. Koi, nervioso por el silencio, se tocó la oreja y murmuró:  

—Oye… de verdad no sabía que el pan estaba malo. Lo siento.  

—No importa.  

Ashley murmuró, forzando las palabras. Sabía que Koi no lo había hecho a propósito. Solo quería darle algo.  

Sin pedir nada a cambio.  

Ashley abrió la boca. Koi brilló de emoción, esperando sus palabras.  

—… ¿De verdad te gusta tanto hacerme favores?  

—¡Claro! —Koi respondió sin dudar.

—¿Por qué?  

Ashley volvió a preguntar. La respuesta de Koi fluyó de inmediato, pero para Ashley, el momento pareció moverse en cámara lenta.  

Con ojos brillantes, una sonrisa radiante y mejillas sonrojadas, Koi dijo:  

—Porque me gustas.  

Ashley se quedó paralizado, como si lo hubieran golpeado. Sintió que su corazón caía y luego rebotaba. Su pulso se aceleró, su rostro se calentó, y un estruendo de fuegos artificiales resonó en sus oídos.  

«Ah…»  

Lo entendió. No podía negarlo más.  

«Me gusta este chico.»  

Todo había empezado por lástima, pero ¿cuándo había cambiado ese sentimiento?  

Ashley reflexionó.  

«¿Tal vez aún lo compadezco?»  

Pero sabía que era mentira. La lástima no hacía latir su corazón así.  

Una risa desesperada escapó de sus labios.  

«¿Alejarme de él? Qué estupidez.» 

Cuanto más lo pensaba, más ridículo le parecía. Todos sabían que Koi era un chico. Era un hecho obvio.  

Pero ¿qué importaba?  

«Este corazón que late, esta respiración agitada, esta mirada temblorosa… todo es por ti.»  

—… Koi.  

Finalmente, Ashley habló. Koi reaccionó al instante.  

—¿Sí?  

Parecía dispuesto a no perderse ni una palabra. Ashley no pudo evitar sonreír.  

—¿Quieres ir conmigo? A la fiesta de bienvenida.  

—¿Q-qué?  

Koi gritó, sorprendido. Ni siquiera si Ashley hubiera confesado ser un asesino en serie habría reaccionado así. Con ojos como platos, dio un salto y retrocedió, luego volvió a acercarse.  

—¿Ir a la fiesta de bienvenida? ¿Conmigo?  

—Sí.  

Ashley asintió.  

—A menos que ya tengas a alguien…  

—¡No, no tengo a nadie! ¡Soy Connor Niles!  

—Lo sé.  

Ashley se rió. Koi, aunque avergonzado, insistió:  

—Ashley Miller quizá tenga opciones, pero Connor Niles jamás ha tenido a nadie.  

—Qué suerte.  

—¿Qué?  

Koi parpadeó, preguntándose si había oído mal. Pero Ashley siguió sonriendo.  

—Así tendrás que conformarte conmigo para siempre.  

*Robin: no jodas que capitulos!!!

* M.R.: es que ni envidia siento… de verdad que amo que se amen ♡



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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