Capítulo 24
Era la primera vez. La simple idea de que Ashley le hubiera llamado lo tenía completamente nervioso.
—¿P-pasa algo? ¿Aún no te has dormido? —preguntó, notando lo forzado que sonaba su voz.
Su rostro se calentó de vergüenza y bajó la cabeza. Del otro lado, Ashley respondió:
[—Me voy a dormir… Solo quería asegurarme de que habías llegado bien.]
Hubo una breve pausa antes de que añadiera la segunda parte. Koi, sin captar el matiz, respondió con voz animada:
—¡Sí, llegué bien! Estoy justo frente a mi casa.
[—¿Frente a tu casa?]
—Sí… —admitió, sincero—. Mi padre ha bebido. Si entro ahora, no será bueno. Pero no pasa nada, se dormirá pronto. Y no hace tanto frío.
Mentira. El viento nocturno lo hacía tiritar. El calor del pedaleo se había esfumado, dejando solo el aire gélido de la noche.
[—¿Qué?]
«Maldición.»
Koi se sobresaltó al escuchar el tono de Ashley. «Se está preocupando.» Rápidamente intentó arreglarlo:
—Bueno, es que… cuando mi padre bebe, siempre me agarra para quejarse. Es molesto tener que escucharlo, así que prefiero esperar.
[—Pero quedarte en la calle…]
—¡No pasa nada! En serio. Entraré pronto, no te preocupes.
No quería que Ashley supiera que su padre lo golpeaba. Hizo todo lo posible por mantener la mentira.
«Necesito cambiar de tema.»
—¡Gracias de nuevo por hoy, Ash! —dijo, forzando entusiasmo—. Fue una cena increíble. Nunca tendré otra igual. El atardecer fue precioso, la comida deliciosa…
«Y tú estabas ahí.»
Su rostro se calentó al instante. Se tocó las mejillas, ardientes.
[—Eso no es cierto, Koi] —Ashley negó con firmeza—. [Tendrás muchos más días increíbles. El año que viene, y al siguiente, y al otro…]
«Pero tú no estarás en ellos».
El corazón de Koi se encogió. Sus palabras eran reconfortantes, pero la idea de un futuro sin Ashley lo entristeció.
—… Gracias, Ash —susurró.
Ashley guardó silencio. Koi buscó algo más que decir, pero fue él quien habló primero:
[—¿Cuándo llegan esos muñecos de edición limitada?]
—¿Eh? ¿Los muñecos? —parpadeó, confundido, antes de recordar—. ¡Ah, esa serie!
Se apresuró a buscar en su memoria.
—Mmm, creo que la próxima semana… No estoy seguro. Lo siento.
Ashley respondió sin dudar:
[—Avísame cuando lleguen. Iré a comprarlos.]
Los ojos de Koi se iluminaron.
—¿En serio? ¿Vendrás? ¿A la tienda donde trabajo?
Ashley rio por teléfono.
[—Sí.]
En ese momento, un estallido de fuegos artificiales resonó en los oídos de Koi. Se dio cuenta de que era el sonido de su propio corazón acelerado y cerró los ojos con fuerza.
—¡… Me encantaría!
Las palabras le salieron como si hubiera estado conteniendo la respiración.
«¡Ah!»
Se tapó la boca, horrorizado.
«¿Qué acabo de decir?» Parpadeó, su mente en blanco.
—E-eh, bueno… —tartamudeó, intentando recuperarse—. Somos amigos, ¿no?
Ashley hizo una pausa antes de responder.
[—Sí.]
Koi soltó un pequeño suspiro. Ashley continuó, indiferente:
[—Bueno, Koi, hablamos luego.]
—Sí, nos vemos. Gracias otra vez por hoy.
Ashley respondió:
[—Yo también te agradezco. Por traerme la medicina.]
—Ajá.
Koi sonrió, orgulloso, las mejillas sonrojadas. No quería colgar. Quería seguir hablando, pero sabía que no podía. Con el corazón apretado, murmuró:
—Bueno, entonces…
Ashley fue quien terminó la llamada.
[—Buenas noches.]
—Buenas noches.
Koi contuvo la respiración, esperando. Ashley no colgó de inmediato. Ambos permanecieron en silencio, como si esperaran que el otro lo hiciera primero. Finalmente, Ashley fue quien cortó.
Koi esperó unos segundos más antes de susurrar:
—Ash… ¿Sigues ahí?
No hubo respuesta. La llamada había terminado.
«Uf.»
Dejó caer el teléfono. Sus mejillas seguían ardiendo.
«¡Haaaaah!»
Respiró hondo para calmar su corazón acelerado. Justo cuando iba a tomar otra bocanada, el teléfono sonó de nuevo. Al contestar, una voz inesperada llegó al otro lado.
[—¿Koi?]
—¿A-Ash? —se sorprendió, mirando la pantalla.
Era él.
Ashley tosió antes de preguntar:
[—¿Quieres venir a mi casa mañana? Si no tienes planes.]
—¿A tu casa? —Koi parpadeó—. ¿Me estás invitando? ¿Otra vez?
[—Sí. ¿T-tienes trabajo?]
Koi se mordió el labio. Claro que tenía. Pero no iba a perder esta oportunidad por algo así.
«Haré lo que sea para ir.»
—Sí, pero puedo ir después —dijo rápidamente.
Ashley rio.
[—Bien. Nos vemos mañana. ¿Sobre la tarde?]
—¡Ah! Sí.
Mañana trabajaba todo el día, pero asintió de todos modos.
—Iré antes del anochecer.
[—Bueno. Buenas noches.]
Ashley se despidió con suavidad, añadiendo:
[—Esta vez sí es un adiós.]
—Sí.
Por dentro, gritaba: «¡Puedes decirlo otra vez! ¡Diez, veinte veces más!» Ashley rio y colgó.
Koi miró fijamente la pantalla, esperando otra llamada que no llegó.
«Uf.»
Suspiró y alzó la vista. La caravana apareció ante él. Al acercarse, no escuchó ningún ruido dentro. Respiró hondo y abrió la puerta con cuidado. El chirrido siniestro lo hizo encogerse.
No había sonido. Su padre estaba tirado en el suelo, roncando, rodeado de botellas vacías. Koi pasó de puntillas hacia su cama, evitando la ducha. Solo se lavó los dientes y la cara antes de acostarse.
«Me bañaré cuando él se vaya».
No podía ver a Ashley sucio y oliendo mal. Se lo prometió una y otra vez, abrazando el teléfono mientras se dormía, ansioso porque llegara el día siguiente.
***
¡JADEO, JADEO!
Koi pedaleó con todas sus fuerzas. Hoy había entrado por el portón principal, pero la subida a la colina seguía siendo igual de agotadora.
Un deportivo lo adelantó con un rugido. Aunque le costaba, no le importaba. Solo quería ver a Ashley.
Finalmente, la mansión apareció en la distancia. Koi casi lloró de emoción.
«Un poco más.»
Al llegar a la entrada, estaba tan sin aliento que temió desmayarse.
¡JADEO, JADEO!
Se agarró el pecho, intentando recuperar el aliento. De pronto, la puerta principal se abrió de golpe.
—Koi.
Alzó la vista. Entre su visión borrosa, distinguió el rostro que tanto anhelaba. El dolor en su pecho desapareció, reemplazado por una alegría abrumadora.
—Ash.
Sonrió, feliz. Ashley también le sonrió.
—Pasa.
—Sí. —Asintió, añadiendo en un susurro: —Te extrañé.
Solo había pasado un día, pero lo sentía como una eternidad. Las palabras no bastaban.
Ashley respondió:
—Yo también.
En ese instante, toda su tristeza se desvaneció.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R