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Capítulo 20

—Duerme, pequeño —murmuró Koi, acomodando con cuidado la cabeza de Ashley sobre la almohada.  

Aunque por un instante Ashley sintió el vacío de su ausencia, Koi no se alejó. Le subió las cobijas hasta el pecho y le dio unas palmaditas suaves. Ashley se sorprendió al notar cuánto lo reconfortaba ese gesto.  

—Sí, me quedaré aquí —dijo Koi. 

Solo entonces Ashley se dio cuenta de que le había susurrado algo:  “No te vayas.”  

Una frase que nunca le había dicho a nadie. Ni a sus novias, ni a sus amigos, ni siquiera a sus padres.  

«Porque nunca tuvo sentido.»  

Ashley parpadeó, aturdido, mirando a Koi. Entre su visión borrosa, distinguió su sonrisa.  

«Porque todos se van, aunque los sujete.»  

Con un movimiento pesado, Ashley tomó la mano de Koi, que seguía acariciando su pecho. A diferencia de su propio calor febril, la mano de Koi estaba fresca. Con un suspiro de alivio, Ashley se durmió. Esta vez, sin despertar una sola vez.  

*** 

Koi observó el rostro dormido de Ashley, liberando un suspiro tranquilo. La primera vez que lo vio así, estuvo a punto de llamar a una ambulancia. Parecía tan grave que incluso sintió pánico, como si algo terrible pudiera pasar.  

«Tengo que mantener la calma.»  

Conteniendo el miedo, analizó la situación lo más fríamente que pudo. ¿Cuánto tiempo llevaba Ashley enfermo? La casa estaba vacía, eso era seguro. No había visto ni sentido a nadie más.  

«Primero, haré lo que pueda.»  

Decidido, salió con cuidado de la habitación. Recordó que en el segundo piso había una cocinita y un área de snacks. No necesitaba ir a la cocina principal; solo necesitaba un tazón para la sopa y un vaso para el agua con medicina.  

Al cerrar la puerta tras de sí, volvió sobre sus pasos. La cocina, irónicamente, estaba al otro extremo.  

Tras caminar un buen rato, llegó y comenzó a calentar las sopas instantáneas que había traído. Al abrir la puerta, probablemente despertó a Ashley, pero al menos le dio la medicina. Koi lo miró, pensativo.  

«Veremos qué efecto tiene.»  

No estaba seguro de esas pastillas compradas a la rápida, pero había hecho todo lo posible. Le secó la frente sudorosa con una servilleta y lo acomodó mejor.  

«Cuando Ash despierte, recaliento la sopa…» 

En ese momento, un bostezo escapó de sus labios. El cansancio lo golpeó de repente. Ashley dormía profundamente, aún sosteniendo su mano. Koi miró sus dedos entrelazados un momento antes de dejarlos así y desplomarse sobre la cama. En segundos, el sueño lo venció, y pronto su respiración se volvió profunda y regular.  

*** 

  

El canto de un pájaro en la distancia lo despertó. La brisa fresca de la mañana lo alertó, y el aire limpio llenó el espacio alrededor. Ashley frunció el ceño ante la luz del sol que entraba por la ventana y, lentamente, abrió los ojos.  

«…»  

Al principio, solo estaba aturdido.  

Tumbado, parpadeó y luego, sintiendo algo extraño, miró su propia mano. Sus ojos se abrieron como platos al notar que aún la sostenía con fuerza. Al seguir el brazo hasta su dueño, se quedó petrificado.  

«Koi.»  

Su mente vacía tardó en procesarlo.  

«¿Cómo?»  

Mientras observaba su rostro dormido, los recuerdos volvieron en oleadas: Koi llegando de la nada, hirviendo cuatro tipos de sopa, dándole un puñado de pastillas con agua.  

Y, al final, prometiéndole quedarse a su lado, tomándole la mano.  

Koi había cumplido su palabra. Había arrastrado una silla junto a la cama y se había dormido allí, agarrado a Ashley. Su rostro, medio hundido en las sábanas, parecía tan profundamente dormido que nada lo despertaría.  

Ashley lo miró en silencio un largo rato.  

«Podría haberse ido.»  

Era increíble que se hubiera quedado, durmiendo incómodamente, solo por las palabras febriles de Ashley. Si fuera él, ya se habría ido.  

«¿Por qué?»  

Ashley lo pensó.  

«¿Por qué no se fue?»  

En ese momento, un tono de alarma monótono sonó en la habitación. Ashley se sobresaltó y se incorporó, buscando la fuente del sonido. Al confirmar que no era su teléfono, miró alrededor hasta darse cuenta: venía del bolsillo de Koi.  

Con cuidado, buscó en su chaqueta y sacó el dispositivo. Cuando abrió la pantalla para apagar la alarma, vio la notificación del calendario. Y entonces, todo cobró sentido.  

—¡Koi! ¡Koi! —Agarró sus hombros y lo sacudió con urgencia.  

Koi seguía sosteniendo su mano. No quería soltarla, pero no tenía opción. En su lugar, lo levantó a la fuerza.  

—¡Despierta! ¡Es de mañana!  

—Mmm… ¿eh? —Koi entrecerró los ojos, confundido. Al ver el rostro frente a él, sonrió débilmente—. Ash… ¿estás mejor?  

—¡Enfócate! —gritó Ashley, desesperado—. ¡El examen! ¡Tu examen de ingreso a la universidad!  

Koi solo parpadeó, adormilado. Reaccionó unos segundos después.  

—¿¡Qué!?  

Se levantó de un salto, gritando casi tan fuerte como Ashley.  

—¡Espera, Koi! —Ashley intentó seguirlo, pero un mareo lo hizo tambalearse.  

«Maldita sea.»  

La fiebre no había bajado del todo. Aunque se sentía mejor que el día anterior, su cabeza seguía pesada. Avanzó con dificultad.  

—¡Koi, espera! —Su voz aún ronca lo llamó.  

Koi, que bajaba las escaleras a toda prisa, se volvió. Al ver su expresión de pánico, Ashley se apoyó en el pasamanos.  

—¡Te llevo al lugar del examen! ¿Tienes todo lo necesario? ¡Revíselo primero!  

—¿Eh? Ah, sí. —Koi se detuvo y revisó su mochila.  

—¡Mi teléfono!  

—Aquí está. —Ashley bajó las escaleras con ambos dispositivos en una mano—. Yo lo llevo.  

—Gracias.  

Koi asintió rápidamente y siguió revisando. Afortunadamente, tenía casi todo: el pase de examen, los lápices… excepto una cosa.  

—¡Espera, te daré una calculadora!  

Antes de que Koi pudiera gritar, Ashley ya subía corriendo.  

—¡Sube al auto ahora!  

Su voz ronca resonó mientras desaparecía de vista. Koi, con el corazón en un puño, lo miró irse antes de bajar las escaleras.  

El auto de Ashley seguía donde lo había visto el día anterior. Koi lo tocó con cuidado, temiendo que sonara una alarma, pero no pasó nada.  

La puerta del copiloto se abrió sin problemas. Al subir, vio la llave inteligente tirada sobre el tablero.  

—Toma. —Ashley, ya en el asiento del conductor, le lanzó la calculadora y encendió el motor—. ¿Dónde es el examen?  

—Cerca, por suerte —respondió Koi, tembloroso.  

El problema era la hora punta. Si no llegaban a tiempo, Koi no podría presentarse. Juntó las manos como en una oración y cerró los ojos con fuerza. ¡

«¡Por favor!»  

—¿No deberías rezarme a mí? —Ashley dijo de pronto.  

Koi, con los ojos aún cerrados, respondió:  

—A ti y a tu auto. Por favor, lleguemos a tiempo.  

—Si lo logramos, ¿qué me darás a cambio?  

Su voz aún estaba ronca, pero mejor que ayer. Koi notó que intentaba distraerlo de su nerviosismo.  

—Lo que sea. Lo que pidas, si está en mis manos, lo haré.  

Ashley rio al escuchar su tono sincero.  

—No aprendiste que no debes prometer eso a la ligera, ¿eh?  

Era una broma, pero Koi iba en serio.  

—No importa. Por ti, haría cualquier cosa.  

Ashley desvió la mirada un instante antes de volver a mirarlo.  

—Gracias —murmuró Koi.  

—Agradece cuando lleguemos.  

Con una sonrisa, Ashley giró el volante y se metió en el carril contiguo.



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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