Capítulo 18
«Basta de pensar en eso, no puedo recordar nada más.»
Incluso sintió que era una oportunidad divina haber decidido no trabajar el día antes del examen. Koi salió de casa sin dudar, entró en una tienda cercana, encontró algunas sopas instantáneas, las metió en su mochila y sacó efectivo para pagar. También compró medicamentos para el resfriado.
—Ahora voy, Ash.
Mientras pedaleaba con todas sus fuerzas hacia la casa de Ashley, sentía que su corazón se consumía de preocupación.
***
La casa de Ashley Miller se alzaba en lo alto de una colina en el interior del country. La mansión, imponente y solitaria, era tan enorme que se veía a simple vista desde lejos, pero para llegar había que pasar por un estricto control que verificara si estabas invitado. Por eso, por las mañanas, no era raro ver una fila de coches de quienes iban a trabajar allí, mostrando sus identificaciones a los guardias y haciendo llamadas.
En teoría, Koi también debería haber pasado por el control y obtener el permiso de Ashley para entrar al country. Pero no quería molestar a Ashley, que estaba enfermo, y aunque lo descubrió por casualidad, sabía una ruta para entrar sin pasar por el control.
«Aunque fue porque los matones de Nelson me perseguían.»
Koi pedaleó con fuerza, sintiendo algo extraño. Era curioso. Todas las malas experiencias, al entrelazarse con Ashley, terminaban ayudándole. Hasta el acoso de Nelson resultaba útil ahora.
Mientras pasaba por la puerta trasera del country y subía la montaña, Koi jadeaba con fuerza.
«Incluso los matones de Nelson se cansaron y dejaron de perseguirme aquí, así que imagina lo empinada que es esta cuesta.»
Probablemente por eso los encargados del country no esperaban que nadie entrara por ahí. Gracias a eso, logró poner un pie en el country. Mientras corría, recordando aquel momento, el sol comenzó a ponerse.
—Ahí está.
Jadeando, Koi finalmente se detuvo. A lo lejos, en la cima de la colina, la majestuosa mansión donde vivía Ashley se alzaba imponente.
Al tener la mansión frente a él, otra oleada de nervios lo invadió. Koi tragó saliva y respiró hondo. El sol ya se preparaba para ocultarse. Había tardado más de lo esperado.
Conteniendo su pecho tembloroso, Koi avanzó con piernas tambaleantes hacia la mansión. Todo estaba en un silencio sepulcral. En la cima solo estaba la mansión de Ashley, y la casa más cercana quedaba a treinta minutos de distancia, la que había pasado hace rato.
«¿Todo esto es de la familia de Ashley?»
Aunque le daba envidia, no sentía celos ni resentimiento. Solo se daba cuenta de lo lejos que estaba Ashley Miller de alguien como él. Lo único que podía ofrecerle eran unas sopas instantáneas y medicamentos para el resfriado. Koi se rascó la cabeza, pensando en lo humilde que era su regalo.
«Quizá se ría de mí.»
Pero después de llegar hasta allí, no podía simplemente irse. Respiró hondo y avanzó con cautela.
Cuanto más se acercaba a la mansión, más fuerte latía su corazón. La enorme mansión de tres pisos era impresionante, pero no había rastro de vida. En la oscuridad silenciosa de la casa, Koi sintió un escalofrío.
«¿No estará en casa?»
Era posible. Podía haberse ido en ambulancia por estar muy enfermo, o quizá no estaba tan mal y había salido. Hizo varias conjeturas, pero al ver el familiar Cayenne estacionado frente al garaje, descartó que Ashley se hubiera ido.
«Aunque podría haber salido en otro coche».
Al ver solo el Cayenne solitario frente al garaje de cuatro puertas, Koi hizo otra suposición.
«Ahora que lo pienso, no sé cuántos coches tiene Ashley.»
—Primero lo confirmaré.
Decidido, se paró frente a la puerta principal. Respiró hondo otra vez y levantó la mano, pero tardó unos segundos en tocar el timbre.
Finalmente, al presionarlo, sonó una melodía monótona: “La Primavera” de Las Cuatro Estaciones. Mientras la escuchaba absorto, no se percibía ningún movimiento dentro hasta que la música terminó.
«Si recuerdo su voz enferma, quizá sea normal.»
Después de soltar el timbre y respirar hondo, esperó a que el sonido desapareciera por completo antes de agarrar el pomo de la puerta. Un pensamiento oscuro cruzó su mente: «¿Y si está cerrada?» Pero el pomo cedió fácilmente.
—Oh.
Sorprendido, Koi parpadeó frente a la puerta abierta y se quedó inmóvil. No estaba cerrada.
Aunque Ashley le había dado permiso, entrar requería valor. Respiró hondo y, con cuidado, pisó dentro.
«Es raro que una mansión así no tenga sistema de seguridad. Si lo tuviera, ya habría sonado una alarma estridente».
«Quizá Ashley está dentro». Pensó Koi. «O confía mucho en la seguridad del country.»
«¿Quién imaginaría que habría un loco como yo entrando por la parte trasera?».
Y además, mitad en bicicleta, mitad arrastrándola. Hasta él mismo se admiraba de su terquedad.
Al pensar eso, sintió vergüenza, pero ya que estaba allí, quería ver cómo estaba Ashley. Incluso un simple saludo bastaría. En ese momento, Koi lo entendió: solo quería verlo.
«Uy, ¿me estoy convirtiendo en un acosador?»
Aunque lo pensó, no detuvo sus pasos. Cruzó un enorme vestíbulo y subió innumerables escaleras, preguntándose dónde estaría la habitación de Ashley. Desde fuera, la mansión parecía tener tres pisos, quizá cuatro. Respirando hondo, Koi llegó al segundo piso y, al ver el pasillo interminable, se sintió abrumado.
—Debo darme prisa.
Sacudiendo la cabeza para concentrarse, comenzó a moverse rápidamente. El primer espacio que encontró fue una cocina-bar. Las paredes estaban llenas de botellas, copas e ingredientes para cócteles.
«Por lo visto, Ashley no bebe, ya que no hay espacios vacíos.»
Mirando distraídamente, Koi tocó sin querer lo que parecía ser el refrigerador y se sobresaltó cuando se encendió, revelando una gran cantidad de bebidas detrás del vidrio.
—Bueno, aquí no está.
Salió de ese lugar cómodo, diseñado para preparar bebidas y comidas rápidas, y se dirigió a la siguiente habitación. Aunque no había luces encendidas, la luz del sol que entraba por las numerosas ventanas iluminaba suficiente.
La siguiente sala era un cine. Al ver la enorme pantalla y los cómodos sofás en un espacio con cortinas blackout, Koi exclamó:
—¡Guau!
Pero rápidamente cerró la puerta y siguió caminando.
—Si me detengo a admirar todo, nunca terminaré. Date prisa.
Se apresuró hacia la siguiente habitación.
Koi repitió el proceso de abrir y cerrar puertas varias veces. La casa era enorme, los pasillos interminables y las habitaciones parecían no acabarse. Vio una sala de juegos con una mesa de billar, un gimnasio lleno de equipos, una habitación repleta de máquinas arcade y varios dormitorios vacíos, sin rastro de vida humana.
—Jadeo, jadeo.
Finalmente, cuando encontró el dormitorio donde Ashley dormía, Koi estaba exhausto.
***
—¿Quieres ir al oeste?
El hombre habló con un grueso cigarro en la boca. Al cruzar miradas con esos ojos violetas escalofriantes, Ashley reprimió el disgusto de siempre y respondió:
—No quiero estar en esta casa. No tiene que ser el oeste, cualquier lugar sirve.
El hombre entrecerró los ojos. Ashley ignoró su sarcasmo habitual. Sentado profundamente en su sillón de cuero, al otro lado del enorme escritorio de roble, el hombre inhaló el humo profundamente. Ashley esperó su respuesta, de pie frente a él.
El silencio fue largo. Más de lo esperado, tanto que a Ashley le costó soportarlo con paciencia.
—Tengo una casa en el oeste.
Finalmente, el hombre habló.
—La compré para vacaciones, pero está vacía. Podrías quedarte allí.
Con tono lento, el hombre dirigió su mirada a Ashley. Esperaba. Esperaba las palabras de Ashley.
El hombre, que nunca había perdido un juicio, siempre exigía algo a cambio. El precio que Ashley debía pagar por lo que quería era ridículamente bajo para él: solo una palabra. Pero para pronunciarla, Ashley necesitó una respiración profunda.
—Gracias… padre.
La comisura de los labios del hombre se relajó. El dulce aroma de feromonas, mezclado con el humo del cigarro, se espesó a su alrededor.
*M.R.: uyyyy, el diablooo… el hermoso y cruel diablo ♥︎

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R