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Capítulo 17

En lugar de hacer más preguntas, Ashley agarró la bolsa de plástico que Koi le había preparado. De pronto, un libro de texto llamó su atención. 

—¿Tienes exámenes de ingreso a la universidad?  

—Ah, sí. La próxima semana.  

Koi asintió y luego preguntó:  

—¿Tú ya los hiciste?  

Eso sí podía contestarlo. Todos lo sabían de todas formas.  

—Sí.  

—Qué suerte. Yo estoy nerviosísimo.  

Koi se frotó el pecho, exhalando profundamente. Ashley lo miró y dijo:  

—Si no te va bien, puedes volver a intentarlo.  

«Pero tendría que pagar otra vez.» 

Koi tragó esas palabras y sonrió incómodo.  

—A ti te fue bien, ¿no?  

—Bastante.  

Koi insistió, curioso.  

—¿Puedo preguntarte tu puntaje?  

—No fue nada especial —respondió Ashley, evasivo.  

—¿Cuánto sacaste?  

Koi no soltaba el tema. No era tanto por interés en su calificación, sino por alargar la conversación. Ashley se rascó la nuca antes de contestar:  

—Puntaje perfecto.  

—¡¿Qué?!  

Koi abrió los ojos como platos, casi como si se le fueran a salir. Ashley no pudo evitar soltar una risa.  

—No es raro si no cometes errores graves.  

—Bueno, eso es cierto…  

Era algo común entre los estudiantes de clases avanzadas, pero para Koi, que tenía el examen a la vuelta de la esquina, le parecía increíble.  

—Qué envidia. Ojalá a mí me vaya bien.  

—A ti te irá mejor.  

Koi inclinó la cabeza, confundido.  

—¿Cómo puede ser mejor que un puntaje perfecto?  

No era un comentario sarcástico; realmente no lo entendía. Si alguien más lo hubiera dicho, se habría reído, pero viniendo de Ashley, casi parecía posible. Claro, Ashley era solo un estudiante como él, sin nada especial.  

En vez de explicar, Ashley evitó la pregunta.  

—Bueno, me voy.  

—¡Ah, espera! ¡Ash!  

Koi salió corriendo de detrás del mostrador. Ashley se detuvo, preguntándose qué quería, hasta que vio el horrible peluche que le extendía con una sonrisa radiante.  

—Te olvidaste llevarte esto.  

Ni siquiera se le había ocurrido que Ashley lo hubiera dejado a propósito. Alternando la mirada entre el peluche y la expresión esperanzada de Koi, Ashley no tuvo más remedio que aceptarlo.  

—… Gracias.  

—¡Sí!  

Koi estaba tan feliz que sus orejas no dejaban de moverse.  

—Bueno, me voy. Échale ganas.  

—¡Sí! ¡Nos vemos pronto!  

Mientras Ashley se despedía, Koi agitó las manos con entusiasmo desde detrás del mostrador. Desde que su jefe lo regañó por dejar su puesto, ya no podía salir a despedirlo.  

—¡Cof! ¡Cof!  

De pronto, Ashley tosió con fuerza. Koi lo miró con preocupación, pero él levantó una mano para indicar que estaba bien antes de dirigirse a su auto.  

Arrojó la bolsa al asiento del copiloto sin cuidado y miró el peluche que llevaba en la otra mano, soltando un suspiro.  

Abrió la puerta trasera y, como siempre, acomodó al feo muñeco en el asiento, abrochándole el cinturón junto a sus otros horribles compañeros.  

***  

Koi observó desde la tienda cómo el Cayenne se alejaba. Cada vez que Ashley se iba, sentía una mezcla de felicidad y soledad, pero hoy era distinto.  

«¿Estará enfermo?» 

Recordó cuando Ashley tuvo gripe durante aquel proyecto grupal. Quizá no era tan fuerte como aparentaba. Algunas personas eran más propensas a enfermarse. Además, hoy sus mejillas habían estado más rojas de lo normal.  

Con el ceño fruncido, Koi se sumió en sus pensamientos.  

***  

Ashley tosió de nuevo, reconociendo los síntomas.  

«Es un resfriado.»  

Siempre se había considerado saludable, excepto por esto. Desde pequeño, los problemas respiráticos lo habían acompañado. Con los años, los episodios eran menos frecuentes, pero nunca se iban del todo. Y este año, ya era la segunda vez que le daba una gripe tan fuerte.  

Jadeando, estiró el brazo hacia la mesa de noche. Bebió un sorbo de agua, pero le costó tragar por el dolor de garganta. Finalmente, dejó el vaso y se envolvió en las cobijas como un capullo.  

«Mejoraré en unos días.»  

Los medicamentos acelerarían el proceso, pero ni siquiera tenía fuerzas para buscarlos. El personal de la casa, por mala suerte, estaba de vacaciones. Habían dejado comida preparada, pero de nada servía si ni siquiera podía tragar.  

Justo cuando el calor y el mareo la hacían cerrar los ojos…  

♪♪♬♩♩♪…  

Un sonido familiar pero lejano lo sacó de su sopor. Tardó en darse cuenta: era su teléfono.  

El timbre se volvió más claro. Ashley abrió los ojos con esfuerzo y vio el dispositivo en la mesa. Quería ignorarlo, pero era demasiado molesto. Con un gruñido, sacó un brazo de las cobijas y lo alcanzó.  

—… ¿Sí?  

Su voz ronca apenas era audible. Al otro lado, alguien aspiró bruscamente, alarmado.  

[—¡Ash! ¿Estás enfermo?]  

La voz acelerada tardó en ser reconocida. Ashley parpadeó, medio dormido, y susurró:  

—… ¿Koi?  

[—¡Sí, soy yo! Ash, ¿qué te pasa? ¿Otra vez gripe? ¿Estás muy mal?]  

Koi hablaba a mil por hora, como si hubiera estado esperando esta llamada. Ashley, en cambio, no respondió. Su mente estaba demasiado nublada.  

—… Estoy bien.  

Finalmente logró articular esas palabras, pero un acceso de tos las hizo poco convincentes. Koi, aún más preocupado, insistió:  

[—¡Pero si toses mucho! ¿En serio no es grave? ¿Qué tal la fiebre? ¿Tomaste medicina? ¿Has comido?]  

Demasiadas preguntas. Ashley solo atinó a murmurar:  

—Mejoraré pronto.  

[—¡Pero hasta entonces seguirás sufriendo!]  

Koi calló de repente, como si estuviera considerando algo. Su respiración agitada sonaba como una canción de cuna para Ashley, que ya cerraba los ojos de nuevo… hasta que Koi habló.  

[—Ash… ¿puedo ir a tu casa? Solo quiero asegurarme de que estés bien.]  

«¿Qué…?»  

Su mente no procesaba bien las palabras. Mientras trataba de entender, Koi continuó:  

[—Vives solo, ¿no? Seguro no has tomado medicinas ni comido… ¿O hay alguien contigo?]  

La última parte sonó tímida. Ashley solo reaccionó a eso.  

—No, estoy solo.  

[—¡Entonces voy!]  

Koi lo dijo con una determinación inusual. Esa firmeza despejó un poco la mente de Ashley.  

—… ¿Qué?  

Entre jadeos, volvió a preguntar. Koi respondió:  

[—Es peor estar enfermo y solo. No molestaré, solo te llevaré medicina y me iré. ¿Puedo ir?]  

Ashley no tenía energía para pensar. Con un hilo de voz, murmuró:  

—Haz lo que quieras.  

[—¡Bien!]  

Koi colgó de inmediato. Ashley, medio inconsciente, apenas registró un último pensamiento antes de caer rendido:  

«De todos modos, no podrá entrar.»  

El acceso a la urbanización requería verificación de seguridad o confirmación del residente. Y Ashley no estaba en condiciones de ayudar.  

Pero Koi pareció leer su mente.  

[—No te preocupes, puedo entrar. Siempre que esa casa que me mostraste sea la tuya.]  

Ashley solo atinó a responder:  

—Sí, lo es.  

[—Entonces… ¿puedo ir?]  

Koi le preguntó una última vez, pero Ashley ya había caído en un sueño febril.  

***  

Koi miró el teléfono, confirmando sus sospechas.  

«Era un resfriado.» 

La ausencia de Ashley en la tienda lo había inquietado, y ahora tenía la certeza.  

«¿Y si empeora?»  

Él también sabía lo que era estar enfermo y solo. Por eso entendía esa soledad.  

«Mañana es mi examen de admisión.»  

Un día crucial para él, pero no podía dejar a Ashley así. Quería ayudarlo, y esta era su oportunidad. 

«Solo serán medicinas y algo de comida», se dijo. «No tomará mucho tiempo.»  



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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