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Capítulo 15

Todos vitorearon y vaciaron sus bebidas. Justo cuando Ashley, que también había terminado su refresco dejando solo hielo, dejó su vaso vacío sobre la mesa, alguien gritó desde el interior de la mansión:

—¡Ash, el refrigerador está vacío!

Ashley se incorporó de su tumbona, empujando sus gafas de sol hacia su frente.

—¿Nada? ¿En serio?

—Solo queda esto.

El chico señaló con la barbilla las latas de bebida que llevaba en sus brazos, como para demostrarlo. Ashley suspiró y se puso de pie.

—Vale.

—¡Espera, Ash, voy contigo! —gritó Ariel, acostada en otra tumbona.

Ashley negó con la mano.

—No hace falta, iré solo.

Dejando atrás a sus ruidosos amigos, se dirigió decidido hacia el garaje. Solo al subir al coche se dio cuenta de que llevaba puestos únicamente unos holgados shorts de surf, pero no le dio importancia. Solo iba a comprar bebidas cerca.

«Con eso bastará», pensó mientras salía de la mansión. Mientras esperaba el semáforo, cambió de idea de repente y giró el volante.

***

—¡Que por qué no lo tienes, maldito imbécil!

El cliente, borracho hasta las cejas, soltaba improperios mientras armaba un escándalo. Koi, nervioso, intentaba calmarlo.

—Lo siento, aún no ha llegado el pedido… La próxima vez lo tendré listo, te lo prometo…

Koi balbuceaba disculpas, pero el hombre, fuera de sí, no le escuchaba. De pronto, lo empujó con violencia.

—¿Te estás riendo de mí, cabrón?

—¡Ah!

Koi tropezó y cayó de culo. Antes de que pudiera reaccionar, el hombre le abofeteó con fuerza. El golpe le dejó aturdido.

—Au, ah…

Agarrándose la mejilla dolorida, Koi gimió mientras el hombre seguía maldiciendo y lanzó otro puñetazo, pero, debido a su ebriedad, falló.

—¡Cof, puaf!

El hombre golpeó el aire, descargando su furia antes de marcharse tambaleándose. Finalmente solo, Koi se levantó con dificultad y frunció el ceño. Un oído le zumbaba, y su mejilla palpitaba, hinchándose para el día siguiente.

«Casi me salen lágrimas, pero no tengo tiempo para llorar», pensó, conteniéndose con una respiración profunda.

Mientras reorganizaba el inventario, sonó el timbre de la puerta. Al volverse, Koi abrió los ojos como platos.

—Eh.

Fue Ashley quien exclamó, deteniéndose en seco. Koi, paralizado, tardó en reaccionar antes de esbozar una sonrisa brillante. Pero solo en su interior.

—¡Ay!

El dolor en su mejilla le arrancó un grito involuntario. Ashley se acercó de inmediato.

—¿Qué pasa? ¿Estás herido?

Koi, cubriéndose la mejilla, miró a Ashley y tartamudeó:

—Eh, no, es solo… Un cliente borracho se puso violento. Nada grave.

—Pero eso… parece que te ha golpeado.

Ashley no se andaba con rodeos. Koi, pillado, desvió la mirada y murmuró:

—Bueno… sí. Solo fue un golpe. ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a comprar algo?

Koi cambió de tema antes de que Ashley pudiera seguir. Su tono animado hizo que Ashley recordara su cara la última vez que lo vio: esos ojos brillantes, esa voz llena de felicidad… Todo igual, excepto por la mejilla roja e hinchada.

—¿Cómo es posible que…?

Ashley cortó su frase. Era obvio que Koi no quería hablar del tema. Además, él tampoco estaba en posición de darle sermones. Solo había venido a comprar bebidas.

«Aunque…», pensó, observando a Koi. Con su uniforme arrugado y la marca del golpe en la cara, parecía patético y miserable.

—¿Dónde están las bebidas?

—¿Eh? Ah, aquí.

Koi abrió la nevera rápidamente.

—¿Qué quieres? ¿Cuántas necesitas?

Ashley, que iba a coger unas latas, se detuvo. «Si vacío esto, él tendrá que reponerlo». Con esa idea, retiró la mano.

—Me llevaré cajas. ¿Dónde están?

—¿Eh?

Koi parpadeó, confundido.

—No estarán frías, ¿no te importa?

—No.

Ashley respondió con ligereza.

—Las tomaré con hielo.

—Ja, ja, ¡au!

Koi rio, pero el dolor le hizo torcer el gesto.

—Espera, te las traigo ahora. ¿Cuál quieres?

Ashley se encogió de hombros.

—Cualquiera.

—Vale.

Mientras Koi se daba la vuelta, Ashley lo siguió. Al entrar en el almacén, Koi buscó entre las cajas y eligió una de refresco de mango.

—Eh.

Cuando iba a levantar la caja, un brazo largo la tomó antes que él. Sorprendido, Koi se volvió y vio a Ashley justo detrás. Pero no solo eso: Ashley cogió tres cajas más y salió. Koi, atónito, lo siguió.

—¿Con eso basta?

—Sí, hazme la cuenta.

Ashley dejó las cajas en el mostrador y le pasó su tarjeta. Koi la deslizó en el datáfono.

—¿Estás de fiesta?

—Algo así… —murmuró Ashley, sintiendo un pinchazo de culpa al ver a Koi, golpeado y trabajando, mientras él estaba en shorts de surf.

«¿Por qué este chico me da tanta lástima cada vez que lo veo?», pensó, observando la cabeza de Koi mientras esperaba el ticket. Su cabello parecía suave y esponjoso.

De pronto, Koi levantó la vista. Sus ojos se encontraron, y Ashley se sobresaltó. Koi sonrió, entrecerrando los ojos.

—¡Suena divertido! ¡Pásalo bien!

—Ah, sí.

Ashley asintió distraído, cogió su tarjeta y las cajas. Iba a cargar dos bajo el brazo y una en la mano, pero Koi tomó la última.

—Yo te la llevo.

—No hace falta.

—En serio, no me importa.

Koi intentó sonreír, pero el dolor se lo impidió. Ashley sintió pena, pero también le resultó gracioso. Cada vez que Koi intentaba reír y se quejaba después, su expresión era contradictoria: el ceño fruncido, pero las orejas moviéndose de felicidad.

—… ¿Te gusto tanto?

La pregunta sorprendió a Koi, que abrió los ojos como platos. No respondió, pero su expresión lo decía todo. Ashley no pudo evitar reír.

—Ajá.

Koi parecía desconcertado cuando Ashley alzó la mano y le acarició la cabeza. Su sonrisa suave lo dejó sin aliento. El tacto de su mano era agradable, su mirada cálida, y su sonrisa lo hacía sentirse eufórico.

Ashley entrecerró los ojos, relajando aún más su expresión. Bajó la mano de la cabeza de Koi y le tocó la mejilla herida.

PUM, PUM. 

El latido de su corazón resonó fuerte. Koi no apartaba la mirada, deseando grabar cada detalle de Ashley en su memoria: el calor de su mano, el sonido de su propio corazón…

TILÍN. 

El timbre de la tienda sonó a lo lejos. El hechizo se rompió. Koi debía volver al trabajo, y Ashley, a su mundo. Con esfuerzo, Koi susurró:

—… Adiós, Ash.

Ashley también habló:

—Adiós, Koi.

Su mano se apartó de la mejilla de Koi, dejando un vacío en su corazón.

—Métete.

Ashley abrió la puerta trasera y colocó sus cajas. Koi le alcanzó la suya.

—Gracias.

Mientras Ashley la guardaba, Koi dio un respingo.

—¡Elifant!

—¿Elifant?

Ashley lo miró, confundido. Koi señaló un peluche atado en el asiento trasero.

—Ese muñeco… ¿Te lo regalé yo?

—Ah, sí.

Ashley asintió, pero luego frunció el ceño.

—¿Elifant?

—Sí.

Koi lo miró con ojos brillantes.

—Es un elefante rosa: elephant, pink… ¡Elifant!

«¿Cuándo le puso nombre?», pensó Ashley, pero algo más le llamó la atención.

—¿Esto es un elefante?



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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