Capítulo 12
Los chicos grandotes seguían hablando a gritos, y Koi se quedó aturdido. No podía procesar nada mientras ellos seguían riendo y hablando al mismo tiempo. Estaban hablando en inglés, pero no entendía ni una palabra. Koi, nervioso, encogió los hombros y solo movía los ojos de un lado a otro, paralizado por el miedo.
{—¡Mira esto, perdedor!
—¡Es un mono, un mono!
—¡No, es un perro! ¡Vamos, perdedor, camina en cuatro patas!
—¡Guau, guau, guau! ¡Vamos, hazlo! ¡Guau!}
Las carcajadas resonaban en sus oídos. El sudor frío le corría por la espalda y sentía que el mundo giraba a su alrededor.
Había bajado la guardia y su maldito hábito lo había traicionado. Recordaba lo mucho que lo habían torturado la primera vez que lo descubrieron. Desde entonces, la pandilla de Nelson lo perseguía cada vez que lo veía.
Y ahora…
Justo cuando por fin había logrado integrarse a un nuevo grupo, la misma situación se repetía. Koi sintió ganas de llorar. Ni siquiera se atrevía a mirar a Ashley. Si él también empezaba a burlarse de él como Nelson, Koi estallaría en lágrimas allí mismo.
Apretó los labios, temblando, cuando de repente escuchó la voz de Ashley entre el alboroto.
—Koi, ¿en serio?
«Todo está arruinado.» Por culpa de este maldito tic, todo se había ido al infierno.
«Claro, Connor Niles. ¿En qué momento pensaste que tu vida mejoraría? Deberías saber tu lugar. ¿Por qué te emocionaste tanto y arruinaste todo? Como siempre, nada te sale bien. ¡Idiota!»
Mientras se llenaba de reproches y odio hacia sí mismo, Ashley volvió a hablar.
—Chicos, tranquilos. Lo están asustando. ¡Dije que se calmaran!
Después de calmar a los demás, se dirigió a Koi.
—Koi, está bien. Lo siento, a veces estos idiotas olvidan lo intimidantes que pueden ser. Son grandes, pero no piensan.
—¡Oye, ¿y tú qué?!
—¡Exacto! ¡Ash Miller, eres el más alto de todos!
Los chicos volvieron a gritar entre risas. Koi, que hasta entonces había estado temblando de miedo, notó que el ambiente no era para nada lo que él esperaba.
«¿Eh…?»
Con cautela, levantó la mirada y vio que Ashley y los demás seguían hablando y burlándose entre ellos como si nada hubiera pasado. Ninguna de las terribles situaciones que Koi había imaginado estaba ocurriendo.
Confundido, bajó lentamente las manos que cubrían sus orejas. Cuando alzó la vista con timidez, sus ojos se encontraron con los de Ashley. A diferencia de Koi, que estaba paralizado, Ashley sonrió como si no fuera gran cosa.
Poco a poco, la tensión en los hombros de Koi comenzó a desaparecer.
«¿Está bien…?» Mientras observaba con cuidado, otro chico intervino rápidamente.
—¿En serio puedes mover las orejas?
Koi se sobresaltó, y otro chico protestó de inmediato.
—¡Yo lo vi! ¿Acaso me ven como un hipopótamo cagando?
Nadie le prestó atención al quejoso. Todos miraban a Koi con los ojos brillantes.
—¿En serio? Muéstranos, queremos verlo.
—Vamos.
—Por favor, solo una vez. ¿Sí?
Era la primera vez que recibía este tipo de reacción, y Koi no sabía cómo responder. Pero el ambiente no era malo en absoluto. Incluso Ashley lo miraba con curiosidad. Tomando valor, Koi movió con cuidado una de sus orejas.
De inmediato, estallaron exclamaciones.
—¡Wow!
—¡Mierda, eso es genial!
—Oye, ¡en serio mueve las orejas! ¡Es increíble!
—Es la primera vez que veo algo así. ¡Guau, es asombroso!
—¿Cómo lo haces? ¿Es entrenamiento? ¿Siempre pudiste hacerlo? ¿Es genético?
—¿Puedes moverlas por separado? ¡Pruébalo! ¿Puedes moverlas juntas? ¡Guau, lo está haciendo!
Las palabras se amontonaban, pero ninguna era de burla o menosprecio. Solo admiración y diversión. Con un poco más de valor, Koi movió ambas orejas a la vez. Los chicos aplaudieron y rieron, algunos incluso intentaron mover las suyas, arrugando la cara sin éxito.
—¿Cómo se hace?
Ashley, que también había fracasado, frunció el ceño y preguntó. Koi, con las mejillas rojas, balbuceó:
—S-Simplemente… siempre pude hacerlo desde pequeño.
—Es increíble. ¿Puedes hacerlo cuando quieras?
Otro chico preguntó, y Koi, aunque nervioso, respondió con una voz un poco más firme.
—A veces, pero también se mueven solas… depende de mi estado de ánimo. Es como un hábito… cuando estoy muy feliz o muy asustado.
—¡Wow, eso es genial!
—Estas cosas son de nacimiento, ¿verdad?
Los chicos siguieron hablando, incluso silbando, antes de cambiar de tema. Koi nunca imaginó que su complejo se resolvería tan fácilmente. ¿En serio era algo tan insignificante?
Aturdido, intentó tomar su jugo de vegetales, pero uno de los chicos, distraído en su conversación, agarró el de Koi por error y lo bebió de un trago.
—Eh…
Koi intentó detenerlo, pero ya era tarde.
—¡Ugh! ¿Qué es esto?
El chico hizo una mueca y miró el vaso con horror. Koi murmuró, sintiéndose culpable sin razón.
—Intenté avisarte…
—El que no miró bien fue él, no te preocupes.
Ashley lo dejó pasar como si no fuera importante. Aun así, el chico le devolvió el jugo con cara de disgusto.
—¿Cómo puedes beber esto? Sabe a calzoncillos usados remojados en agua de alcantarilla.
—¿Los has probado para saber?
—Tú también lo sabrías si lo probaras.
Los chicos siguieron quejándose, pero Koi, haciendo un esfuerzo por mostrarse indiferente, respondió:
—A mí me gusta.
Rápidamente, otro intervino.
—Nadie bebería eso a menos que estuviera haciendo músculo.
—Los que lo bebieron ya deben estar muertos.
—Oye, ¿y tus panqueques no eran un arma mortal?
La conversación derivó naturalmente hacia otro tema. Al ver a Ashley reír y hablar con normalidad, Koi suspiró aliviado en silencio.
Había pasado varios momentos de tensión, pero los superó. Koi, en sus pocos años de vida, sintió que había enfrentado dos de las mayores crisis seguidas y se alisó el pecho con alivio.
Después del peligro, llegó una sensación de satisfacción. Aún no podía creer que estuviera almorzando con los seis estudiantes más populares de la escuela.
Antes de devolver la bandeja y dirigirse a la siguiente clase, Koi llamó a Ashley por lo bajo. Al escuchar su nombre, Ashley se detuvo y giró. Koi buscó en sus bolsillos el dinero que había llevado toda la mañana.
—Oye… por lo de ayer.
—Ah, ¿faltó dinero?
La respuesta inmediata de Ashley hizo que Koi levantara la vista de golpe.
—N-No, es que…
Al encontrarse con sus ojos, Ashley inclinó la cabeza.
—¿Sí?
De repente, las palabras no salían. Koi lo miró un momento, luego bajó la vista rápidamente y sacó el dinero.
—Ups.
El billete de la suerte que siempre llevaba consigo salió junto con el dinero que había preparado para Ashley. Antes de que Koi pudiera recogerlo, Ashley se agachó y tomó el billete de dos dólares arrugado.
—Toma.
Con una sonrisa, Ashley se lo devolvió.
—Parece que lo has tenido por mucho tiempo.
—S-Sí…
Había una razón para eso. Koi desvió el tema.
—Lo de ayer… fue demasiado.
Intentando que su voz no temblara, eligió sus palabras con cuidado.
—Incluiste las cosas que ya no servían, ¿verdad?
Era obvio que Ashley había dejado dinero extra a propósito. Claro, no eran amigos cercanos como para justificar ese gesto, y Koi no estaba en posición de fingir indiferencia. Pero, aun así, con vergüenza, devolvió el cambio para mantener un poco de dignidad. No olvidó agradecer.
—… Gracias.
Ashley sonrió como siempre.
—Yo fui el que te debía primero.
—Ya lo pagaste con creces.
—Me alegra escuchar eso.
Ashley guardó el dinero en el bolsillo del pantalón sin ceremonias y se alejó hacia sus amigos, que lo esperaban. Koi lo observó durante un buen rato, con el corazón latiendo fuerte.
*Robin: qué bonito 🥹😍

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R