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Capítulo 11

—¡Uf!

Koi llegó corriendo al comedor apenas comenzó el horario de almuerzo, pero al ver la larga fila que ya se había formado, dejó escapar un profundo suspiro. Después de comer, le esperaba la clase de química. Como era el edificio más alejado del comedor, debía apurarse.

Afortunadamente, la fila avanzó rápido. En un instante, ya había más gente formándose detrás de él. Mientras esperaba su turno, avanzando poco a poco, de pronto alguien le golpeó con fuerza la nuca.

—¡Ay!

Gritó por reflejo y casi se cayó hacia adelante, pero logró recuperar el equilibrio.

«¿Quién fue?» 

Confundido, se dio la vuelta rápidamente y se quedó paralizado al ver quiénes eran: el grupo que había estado evitando diligentemente durante medio día lo miraba fijamente. Bueno, en realidad, solo Nelson lo fulminaba con la mirada; sus secuaces sonreían burlonamente, observando la escena con curiosidad.

—Pequeño imbécil, ¿creíste que podrías evitarme para siempre? —escupió Nelson, rechinando los dientes.

Los demás alumnos apartaron la mirada y retrocedieron. Nadie quería meterse en una pelea y terminar lastimado. Aunque Koi ya estaba acostumbrado a esto, cada vez que ocurría, sentía una soledad abrumadora.

«¿Acaso es posible habituarse a la certeza de que estás completamente solo?» 

El dolor nunca se vuelve familiar. Las heridas del corazón tampoco. Pero Koi lo sabía: este sufrimiento lo acompañaría hasta el día de su muerte.

Justo cuando Nelson lo agarró del cuello y comenzó a arrastrarlo, repitiendo la misma escena de desesperación de siempre, ocurrió algo inesperado.

—¡Koi!

Alguien gritó su nombre. Tanto Koi como Nelson se detuvieron. Los amigos de Nelson, que fueron los primeros en voltear, contuvieron la respiración. Koi notó claramente cómo sus rostros, incluido el de Nelson, palidecían de golpe. 

«¿Será posible?» Dudando, Koi giró la cabeza lentamente y abrió los ojos desmesuradamente. «No puede ser…»

Pero por más que parpadeó, la imagen no cambió: Ashley Miller estaba allí, en otra fila, saludándolo con la mano. Desde su amplio campo de visión, Koi alcanzó a ver cómo Ashley decía algo a sus amigos y luego se giraba hacia ellos.

Mientras todos permanecían inmóviles, Ashley se acercó con paso firme. La escena era tan surrealista que a Koi le pareció un fotograma sacado de una película.

Nadie se movió. Hasta que Ashley se detuvo frente a Koi y Nelson. Todos contuvieron la respiración mientras Ashley levantaba una mano. Koi también lo miró, hipnotizado, hasta que él rompió el silencio con una sonrisa.

—¿Qué haces? Vamos, el almuerzo es corto.

Tras decir eso, Ashley agarró la muñeca de Nelson, que aún sostenía a Koi por el cuello. Sin perder la sonrisa, añadió:

—Si no comemos rápido, no llegaremos a la siguiente clase, ¿no?

Aunque las palabras iban dirigidas a Koi, su mirada permaneció clavada en Nelson. Ashley no dejó de sonreír, pero Nelson ya estaba lo suficientemente intimidado.

La mano que sujetaba a Koi se aflojó, y Nelson retrocedió tambaleándose. Koi lo observó cómo lo miraba con los ojos desorbitados, dando pasos hacia atrás antes de darse la vuelta y huir. Sus amigos lo siguieron de inmediato. Entonces, los demás estudiantes, que habían guardado silencio hasta entonces, comenzaron a murmurar y reírse.

Koi no podía creer que la situación hubiera terminado de manera tan absurda. Ashley no había insultado ni golpeado a nadie. ¿Unas cuantas palabras y agarrarle la muñeca fueron suficientes para ahuyentar a Nelson? ¿A ese Nelson?

Aún aturdido, Koi alzó la mirada y se encontró con los ojos de Ashley. Al ver su sonrisa habitual, sintió cómo sus mejillas ardían de repente.

—G-gracias.

Al tartamudear, Ashley movió la cabeza como si no fuera gran cosa. Y, en efecto, no lo era: solo había caminado hasta allí, dicho unas palabras y agarrado una muñeca.

Pero lo que Ashley Miller nunca entendería era lo significativo que era para Koi. Que alguien y no cualquiera, sino Ashley Miller hubiera intervenido para ayudarlo era algo increíble. Koi no podía creer que esta superestrella hubiera auxiliado a un don nadie como él.

«¿Será todo un sueño?»

Para asegurarse, se dio una fuerte bofetada en la mejilla. 

¡SLAP! 

El sonido resonó, y se frotó la zona adolorida con prisas. Ashley lo miró con ojos desconcertados.

—¿Qué haces?

—N-nada. No es nada.

Negó con la cabeza, pero aún no creía que fuera real. Entonces, ocurrió algo aún más sorprendente: Ashley señaló con el pulgar hacia atrás y dijo:

—Vamos, se nos acaba el tiempo de almuerzo.

—¿Eh? ¿Yo?

Al ver su confusión, Ashley, que ya se había dado la vuelta, volvió a sonreír, radiante como el sol.

—Claro que tú, Connor Niles.

Koi parpadeó y corrió tras Ashley. Aunque trotaba para seguir sus largas zancadas, su mente seguía aturdida.

«Ashley se puso de mi lado. Me salvó. Y ahora quiere almorzar conmigo. Ashley Miller… conmigo.ñ

¡Y esta vez hasta dijo mi nombre correctamente!»

Pero eso no era todo. Los amigos de Ashley, que los esperaban, saludaron a Koi con naturalidad cuando llegó con él.

—Hola.

—¡Hola!

Algunos movieron la mano; otros, la cabeza. Luego, continuaron su conversación como si nada. Koi no podía creer que ahora formaba parte del grupo de seis miembros del equipo de hockey sobre hielo. Él, que siempre almorzaba solo, estaba parado junto a los seis estudiantes más populares de la escuela. ¿Quién podría haber imaginado que esto era real?

«Si anoche, antes de dormir, un ángel me hubiera dicho que esto pasaría, habría pensado que era un demonio.» Porque algo tan bueno no podía ser real.

Rodeado por seis chicos de estatura similar o un poco menores que Ashley, el mundo exterior desapareció. Hasta sus sombras lo cubrían por completo, pero a Koi no le importaba. 

«¡No necesito ver el sol nunca más en mi vida!», pensó, feliz.

—Ponte al frente, Koi.

Mientras aún estaba aturdido, Ashley lo empujó suavemente hacia adelante. Al darse cuenta de que sería el primero del grupo en recibir su comida, Koi se sorprendió de nuevo.

«¿Hoy es mi cumpleaños?

Quizá mañana me muera. Si estoy gastando toda mi suerte de una vez, quizá la Parca sintió lástima y decidió darme un buen día.»

Pero no importaba. Koi se sentía eufórico, como si estuviera en un sueño maravilloso. Ni siquiera sentía sus pies en el suelo. Además, los seis lo rodearon con naturalidad y se sentaron en la misma mesa. Aunque Koi no se atrevía a unirse a su conversación, se limitó a aguzar los oídos y mover los ojos, feliz de estar allí.

Los seis reían a carcajadas y saltaban de tema en tema. 

«Tener amigos es tan divertido.», pensó Koi, sonrojado y escuchando con atención.

—No lo entiendo —se quejó uno, hablando de cómo su padre lo había regañado por sus calificaciones—. Los bebés solo comen y duermen, y los elogian. Mi sobrina solo se acuesta y hace caca, y todos dicen “¡qué bien lo hace!” —Suspiró hondo y añadió: —Quiero volver a esos tiempos.

—¿En qué eres diferente ahora?

El comentario casual de otro chico casi hizo que Koi escupiera su jugo de vegetales. Lo sorprendente era que nadie más reaccionó fuerte, como si este tipo de conversaciones fueran normales. El primero preguntó con seriedad:

—¿Por qué ahora se enojan?

Ashley, con un sándwich en la mano, respondió:

—Imagina ser un espectador que ve el mismo espectáculo por más de diez años. Además, el precio de la entrada sigue subiendo.

A diferencia de Koi, que casi escupe de nuevo, los demás asintieron como si fuera obvio. El primero se quejó, ofendido:

—Eres malo.

Koi ya no pudo aguantar más. Su rostro se enrojeció mientras luchaba por contener la risa. Uno del grupo lo notó y parpadeó sorprendido.

—Oye, ¿qué es eso?

De repente, todas las miradas se clavaron en él. Koi, que apenas contenía la risa, se sobresaltó y miró alrededor, confundido.

—¿Eh? ¿Yo?

Al escuchar su voz temblorosa, el chico que inició todo asintió.

—Tus orejas se mueven. ¿Cómo lo haces? ¡Es la primera vez que veo eso!

En ese instante, Koi palideció y se tapó las orejas con las manos. 

«¡Oh no!.» Entró en pánico, pero los demás ya estaban exclamando con entusiasmo.

—¿Qué? ¿Sus orejas se mueven?

  

—¿Dónde? ¡Muéstrame!

  

—¿Orejas móviles?  

*M.R.: sus orejitas… de seguro se vería muy bonito. Muero de ternura con Koi 



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: M.R


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