Capítulo 1
*Esta novela contiene elementos ficticios para mayor dramatismo, por lo que las instituciones, personajes y eventos presentados no guardan relación con la realidad.
“Te haré arrepentirte de haberme abandonado.”
La carretera hacia la escuela, como siempre, estaba atestada de coches en fila. Eran los vehículos de padres que dejaban a sus hijos justo a tiempo para las clases.
Koi, como de costumbre, pedaleó con fuerza, esquivando los autos detenidos en el semáforo, y cruzó la calle rápidamente. Un coche que se aproximaba en la distancia redujo su velocidad al ver la bicicleta de Koi. Él, a su vez, movió las piernas con más vigor hasta entrar al recinto escolar. Otros estudiantes bajaban de sus coches, saludándose entre sí.
—¡Sara, por aquí!
—¿Viste Eternity ayer? Lloré con esa escena. ¿Cómo pudieron terminarla así?
—Mi papá quiere ir de camping otra vez. Qué aburrido.
Después de estacionar su bicicleta en el área designada, Koi pasó junto a los grupos de estudiantes charlando y se dirigió a su casillero. Aunque todos conversaban en sus círculos, nadie lo saludó o le dirigió la palabra.
Era una situación tan habitual que, sin pensarlo mucho, abrió su casillero y sacó los libros de texto. Mientras cerraba la puerta con los materiales para la primera clase bajo el brazo, un murmullo repentino lo hizo volver la cabeza. La atmósfera se había electrizado, y pronto entendió por qué: los seis titulares del equipo de hockey sobre hielo avanzaban por el pasillo, riendo a carcajadas.
Como era de esperar, acapararon todas las miradas. Los seis, que solían ir juntos a todas partes, destacaban no solo por sus imponentes físicos, sino también por sus rostros atractivos.
Y entre ellos, el que más resaltaba era, sin duda, Ashley Dominic Miller. Caminando en el centro como si fuera lo más natural, ignoraba con facilidad las miradas de sus compañeros mientras bromeaba con sus amigos. Pero, a pesar de su indiferencia, todos lo observaban embobados. Koi, por supuesto, no era la excepción.
«Se ve aún más guapo cuando sonríe.»
Koi contuvo la respiración por un instante mientras lo miraba. Todos en la escuela lo conocían. Bueno, cualquiera que siguiera el hockey sobre hielo sabía quién era. Siempre había pensado que su apodo era ridículo y hasta cursi, pero en ese momento, por más que le fastidiara admitirlo, no podía negar su razón de ser.
“El príncipe del hielo.”
—Ugh.
Koi hizo una mueca como si fuera a vomitar. Le repugnaba aceptar que, por un segundo, había coincidido con esa descripción. Pero, bajo la luz matutina que acariciaba su deslumbrante cabello plateado, incluso su ceño ligeramente fruncido era absurdamente perfecto. Sus ojos gris azulado, de mirada profunda, sus labios gruesos y bien definidos, su nariz recta como si nunca se hubiera roto y su mandíbula angular. Su rostro, de sombras marcadas, parecía esculpido en mármol.
Y eso sin mencionar su físico. Con casi 1.90 m de altura, incluso con una simple camiseta y jeans, sus hombros anchos, su pecho musculoso, sus muslos firmes y sus caderas bien formadas lo hacían parecer una obra maestra.
Claro, es el capitán del equipo de hockey del instituto Buffalo, que nunca ha perdido un campeonato.
Para Koi, cuyo cuerpo apenas tenía el mínimo de músculos necesarios para sobrevivir, admirar a alguien tan perfecto era casi un pecado. Solo podía resignarse a sentirse insignificante.
Fue entonces cuando Ashley giró la cabeza y, al notar a Koi, le sonrió radiante y agitó la mano. Koi, que intentaba esconderse, se quedó paralizado, confundido por el gesto inesperado.
«¿Eh? ¿A mí?»
Dudando, señaló su propio pecho con un dedo. Ashley, con los ojos llenos de diversión, le sonrió aún más.
«¿Ashley Miller me conoce?»
Compartían la mayoría de las clases avanzadas, aunque Ashley siempre estaba con sus amigos, mientras Koi se limitaba a ocupar un rincón, casi invisible. Pero que una estrella del hockey lo reconociera, y encima lo saludara primero, era… inesperado.
«Bueno, tenemos varias clases juntos.»
Mientras Ashley se acercaba, esos pocos segundos se sintieron como una eternidad.
La sonrisa del rubio capitán del equipo de hockey, dirigida exclusivamente a él, era suficiente para dejar a cualquiera sin aliento, incluso a otro chico. Que el estudiante más popular de la escuela lo saludara primero lo tenía emocionado.
—Hola… —empezó Koi, levantando la mano con expresión atontada.
Pero en ese momento, alguien pasó a su lado como un vendaval, desviando la atención de Ashley hacia ella.
—Hola, Ash.
La chica que le plantó un beso cariñoso era, por supuesto, su novia: la capitana del equipo de porristas. Al ver a la típica pareja de estrella deportiva y animadora, Koi comprendió su error.
«Ah. Estaba sonriéndole a ella.»
El rubor le quemó las mejillas. Siempre se había consolado pensando que su presencia era menos notable que el polvo en un rincón, pero ahora le agradecía por eso. Al menos así evitaba que todos se rieran de él.
Mientras luchaba contra la vergüenza, uno de los chicos del grupo pasó junto a él y gruñó:
—Apártate, imbécil.
Lo empujó sin más, haciéndolo chocar contra los casilleros. Nadie le prestó atención; todas las miradas seguían al grupo que se alejaba. Koi se frotó el brazo dolorido y bajó la vista, mortificado.
«Ashley Miller ni siquiera me conoce.»
Era lógico. Para él, Koi solo era uno más entre los estudiantes anónimos. Mientras se rascaba la cabeza, incómodo, intentó cerrar su casillero, pero alguien le dio un violento golpe en la nuca.
—¡Ay! —gritó, encogiendo los hombros.
Pero no fue todo. Otro chico le golpeó los libros que llevaba, haciéndolos caer al suelo. Koi intentó atraparlos, pero solo rozó sus páginas antes de que se esparcieran por el piso.
—Patético.
—Despierta, idiota.
Nelson y sus amigos se alejaron riendo. Koi solo miró los libros desparramados, suspiró y los recogió a toda prisa. Las clases estaban por empezar.
Corrió por el pasillo y llegó al aula, donde ya casi todos los asientos estaban ocupados. En el centro, como siempre, estaban Ashley y sus amigos. Aunque solían ser seis, hoy solo había tres, incluido Ashley. Aun así, su presencia era abrumadora. Koi los miró de reojo antes de dirigirse a su asiento habitual en la esquina.
Sin querer, captó fragmentos de su conversación:
—¿Entonces qué harán? ¿Encontrarán a alguien nuevo?
—No creo que cambien la coreografía. Dijeron que buscarían a alguien que encaje.
—¿Tú sabes algo, Ash?
Ashley se encogió de hombros.
—Me preguntaron, pero ¿quién podría unirse al equipo de animadoras a mitad de temporada? Será mejor que cambien la coreografía.
—¿Y qué? ¿A Ariel no le gusta?
—Dice que esa parte es esencial.
—¿Tan importante es?
—No sé. Pero si no funciona, Ariel tendrá que ceder.
Mientras decía esto, Ashley giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Koi, que pasaba por ahí. Pero, como antes, solo fue un cruce casual de miradas. Ashley le dedicó una sonrisa automática antes de volver a hablar con sus amigos.
«Claro. Qué más podía esperar.»
Con un dejo de decepción, Koi se sentó en su rincón mientras ellos seguían hablando de trivialidades: resultados de partidos, peleas con hermanos menores… Él ignoró sus voces y se preparó para la clase.
Poco después, la profesora entró. El aula se silenció, y la lección comenzó con normalidad. Era una mañana como cualquier otra.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: M.R