CAPÍTULO 79
Kylo estaba confuso.
¿De verdad le gustaba a la Princesa Agnes?
Si no, no había forma de que el Emperador le dijera algo así en persona…
En su cabeza, por supuesto, pensó que era imposible.
Pero cuando miró a la Princesa Agnes, cayó en una profunda ilusión.
«¿Realmente le gusto?¿Por qué me mira así?»
Más allá de la ilusión, se preocupó por ella.
Ella debe haber sentido un poco más de peligro.
Si tenía segundas intenciones e intentaba aprovecharse de la situación… Se vería arrastrada con ella.
La Princesa Agnes le miró con ojos favorables, tal vez incluso afectuosos.
De hecho, había algo más que lo desconcertaba.
La noche del Baile Internacional.
¿Por qué la Princesa Agnes se le acercó tan inesperadamente?
Incluso corrió hacia él y lo besó.
Al principio, pensó que era un error, que ella lo había confundido con Raymond.
Pero, ¿y si no era…?
El recuerdo de aquel día le hizo aún más iluso.
Como un hombre afligido por la enfermedad del Príncipe, Kylo estaba confundido.
Pero la única vez que deliraba era cuando estaba con la Princesa Agnes.
Una vez que regresó a sus aposentos y estuvo solo, pudo recuperar la compostura.
No había forma de que le gustara.
Entonces, ¿cuál era la razón de su comportamiento?
Cuando lo pensó con calma y frialdad, pudo hacer una deducción razonable.
La Princesa Agnes estaba tratando de aprovecharse de él.
Tal vez ella está mintiendo acerca de la pérdida de su memoria.
Lo que ella quiere es…
«Raymond Spencer.»
Seguramente Raymond Spencer utilizaría al hombre que ella tanto despreciaba e ignoraba.
Si era así, era bastante fácil.
Si ella lo usaba a él, él podía usarla a ella.
Pero no tenía sentido, aunque él intentara sacar esa conclusión.
Y no importaba lo que él concluyera.
Cuando volvió a estar frente a ella, todos sus pensamientos se volvieron borrosos.
El corazón se le aceleró, la respiración se volvió agitada y la garganta y las orejas se le pusieron rojas.
Cada vez que ella sonreía dulcemente, cada vez que hablaba con una voz tan suave como el algodón de azúcar, le invadía un impulso.
Quería preguntarle.
—¿Por qué me besaste entonces?
Pero no quería una respuesta.
Sólo quería hacerla responsable del acto.
La Princesa Agnes era responsable de haberlo llevado a un engaño.
CHASQUIDO, CHASQUIDO,CHASQUIDO.
Fue entonces.
Mientras Kylo estaba sentado en la mesa de su despacho, perdido en sus propios pensamientos, recibió una visita.
Era uno de los sirvientes de la Princesa, que siempre venía a esta hora.
—Buenas tardes, Lord Grey. La Princesa le busca… Y pregunta si está disponible, y solicita respetuosamente que le traigan.
Era el mismo patrón todos los días.
Pero el comportamiento del sirviente hacia él se volvía más cortés cada día que pasaba.
No era sólo él.
Todos los que se encontraba en el palacio eran educados con él, a diferencia de antes.
Las miradas despectivas que había sentido a menudo habían desaparecido como una mentira.
Se le ocurrió que tal vez todo formaba parte del plan de la Princesa Agnes.
Kylo se puso rápidamente la camisa del uniforme y siguió al criado hasta la puerta.
Nunca se acostumbró al camino hacia el palacio. No le resultaba familiar, aunque hacía tiempo que lo recorría a diario.
Estaba claro que, una vez más, la Princesa Agnes lo adormecería en una ilusión.
Se ponía nervioso tener que enfrentarse de nuevo a ella.
Se preguntaba si hoy podría despreocuparse.
Ayer fue posible, pero no estaba seguro de que lo fuera a ser hoy.
De algún modo, esta mañana se sentía más nervioso que ayer, tal vez debido a su reunión privada con el Emperador.
Y así fue como llegó al palacio de la Princesa.
El sirviente que estaba frente a los aposentos de la Princesa habló de manera muy compungida.
—Le pido disculpas, Lord Grey. Tuvimos un visitante inesperado mientras yo estaba fuera sirviéndole…
—¿Un invitado?—Kylo se alegró de tener un momento para liberar su tensión.
Pero su semblante se endureció ante las siguientes palabras del sirviente.
—Sí, Lord Spencer ha venido a verle, y le ruego que me disculpe, pero ¿le importaría esperar un momento en el otro salón?
—…
«¿Raymond Spencer había venido a verle?»
Su mandíbula se tensó por sí sola, los músculos de su mandíbula se crisparon amenazadoramente.
Ty:HOMBRE CELOSO, HOT.
El criado, nervioso, lo condujo a otro salón.
Le sirvieron té caliente e incluso postre, pero…
Kylo apenas podía quedarse quieto y esperar.
«Maldito… Raymond Spencer. ¿Qué demonios hacía aquí ese bastardo desvergonzado? Sobre todo a estas horas.»
Sus intenciones estaban a la vista.
Era obvio que Raymond Spencer había venido a esta hora a propósito.
Era imposible que no supiera que esa era la hora a la que la Princesa le llamaba todos los días.
—Despreciable bastardo…
Estaba atónito, pero también divertido.
Se había tratado a sí mismo tan bajo y la había ignorado, pero ahora que ella estaba tan cerca de él, ¿se mantenía a raya?
Sus verdaderas intenciones estaban a la vista.
Kylo se paseaba nervioso por el salón.
Se sentía como si lo estuvieran siguiendo, y le vino un pensamiento despreciable.
La Princesa Agnes estaba claramente a su favor.
Tal vez estaba enamorada de él.
Si eso fuera cierto…
Sería fácil seducirla si se lo proponía.
Robársela a Raymond Spencer, que ahora mostraba interés por ella… ¿Por ella?
Nada podría ser más satisfactorio.
Tenerla en su poder, vengarse de aquellos que le han faltado al respeto.
Sería el yerno del Emperador, y nadie volvería a despreciarle.
Pero el pensamiento fue sólo fugaz.
Kylo conocía su lugar.
La Princesa Agnes podría sentirse atraída por él, pero de ninguna manera se casaría con él.
Una vez que las secuelas del accidente hubieran pasado, ella volvería a su ser normal.
Era una mujer noble a la que él nunca se atrevería a mirar como un hijo bastardo.
No había forma de que la Princesa más noble del imperio lo eligiera.
Raymond Spencer lo sabría muy bien.
—Maldita sea…
Fue doloroso, como si alguien le hubiera agarrado el corazón.
Kylo cayó en el agujero de inferioridad que él mismo se había cavado.
Kylo había tenido algo de razón.
Ty: Me duele tanto ver como se infravalora y menosprecia.
***
Raymond Spencer había elegido deliberadamente este momento para visitar a la Princesa.
—Dígale a la Princesa que estoy aquí.—el sirviente tartamudeó ante la petición de Raymond.
—Yo… Ya, pero Lord Spencer… La Princesa acaba de enviar a alguien a buscar a Lord Grey.
—¿Y?
Ty:
—Bueno… Lord Grey debería llegar en cualquier momento…
—No importa, sólo dile a la Princesa que me quedaré aquí y la esperaré hasta que pueda reunirme con ella.—dijo Raymond con firmeza, como si no tuviera intención de echarse atrás.
El sirviente quedó desconcertado.
En todos los años que llevaba sirviendo a la Princesa, podía contar con los dedos de una mano el número de veces que Raymond Spencer había venido aquí.
«¡Por qué haces lo que no haces…!»
Venir ahora, cuando la Princesa ni siquiera se acordaba de él.
El criado temía que la Princesa hiciera llover fuego sobre él.
«No es como si no tuviera suficientes problemas…»
La Princesa le sonríe todos los días…, ¡Sin darse cuenta de lo aterrador que es!
El sirviente estaba resentido con Raymond Spencer.
Pero no podía dejar que Raymond Spencer continuará así.
Al final, el sirviente no tuvo más remedio que entrar en los aposentos de la Princesa y decir en voz baja.
—Vaya… Princesa, hay un visitante fuera… Es, Sir Raymond Spencer.
—Eh, ¿no será Lord Grey?—las cejas de Agnes se entrelazaron en una expresión suave.
El sirviente respondió nerviosamente.
—Sí… Sir Raymond Spencer.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN:TY