CAPÍTULO 7
Si tuviera que buscar lo suficiente, no encontraría a nadie en los Caballeros que favorezca a la Princesa…
«¿Incluso la amiga de la infancia del Príncipe Heredero, Diana?»
—De todos modos, no voy a oír nada más de esto.—Sirius Melville se encogió de hombros y abandonó el salón de baile.
Tras él, Hugo Lothian se rió entre dientes.
—Sirius Melville, pretendes ser un noble caballero. Un pervertido con predilección por las mujeres.
Hugo Lothian no era aficionado a los banquetes, ya que era reticente y brusco por naturaleza.
Pero a éste estaba dispuesto a asistir.
Le bastaba con no tener que ver los desastres de la Princesa Agnes.
A Hugo no le gustaba la Princesa, y no le gustaba que su hermana, Daisy, actuará como su dama de honor.
Daisy decía que la Princesa era buena con ella, pero Hugo no la creía.
—Es obvio que la malvada Princesa le ha lavado el cerebro a la inocente Daisy.
Justo entonces, dos mujeres se acercaron a Hugo y Joshua.
Eran Diana y Hazel, ambas miembros de los Caballeros Blancos.
Diana, con su deliciosa melena pelirroja, era una vieja amiga de la infancia del Príncipe Heredero y subjefa de la Orden.
Hazel Devon era el tipo de mujer que Agnes habría exclamado: “¡La protagonista original!” si la hubiera visto.
—¿Y Sirius, estuvo aquí antes, adónde fue?—preguntó Diana, y Joshua se encogió de hombros.
—Se fue porque no quería escuchar a ninguno de los nobles criticando a la Princesa Agnes, es muy sensible.
—Es él…—murmuró Diana expectante.
Sirius Melville, quienquiera que fuese, era un hombre que odiaba ver a una mujer en problemas.
Es que es muy coqueto, no es que tenga mal corazón.
—A decir verdad, era un poco así.—Diana suspiró.
Desde que era amiga de la infancia del Príncipe Heredero, la Princesa era como una hermana pequeña para Diana.
No estaban tan unidas, pero lo habían estado bastante cuando eran más jóvenes.
Fue entonces.
Una hermosa mujer con un vestido amarillo brillante caminó hacia ellos.
Era Liliana, una Santa llamada la Estrella del Imperio.
—Oh, veo que los héroes de los Caballeros Blancos se han reunido aquí, ¿qué historias interesantes tendrán para compartir?
Su sonrisa parecía iluminar la sala con su mera presencia.
Liliana habló con voz coqueta, y Hugo, que la admiraba en secreto, se sonrojó.
—Hablaba de la Princesa, Santa Señora.—replicó con voz rígida.
Las cejas de la Santa Liliana se fruncieron al oír aquello.
Su cabello negro azabache y sus ojos le recordaron a los de una esbelta hada nocturna.
—Yo también he oído esa historia. Nunca pensé que Su Majestad tomaría tal decisión…
—Lo sé, a mí también me sorprendió.—contestó Hugo en voz baja.
Al ver su cara sonrojada, Liliana puso los ojos en blanco y sonrió.
Objetivamente hablando, Hugo Lothian era un hombre muy apuesto. Era el Heredero del duque de Lothian y gozaba de buena reputación dentro de la Orden de Caballeros.
Pero no a los ojos de una Santa.
Liliana, que se convirtió en Santa de la noche a la mañana, era originalmente una plebeya.
Cuando demostró por primera vez sus poderes, la nobleza la miró por encima del hombro.
Pero cuando purificó por completo a algunos nobles poseídos, su actitud empezó a cambiar.
Hasta el punto de que ahora se dirigían a ella con respeto, llamándola Santa.
Ninguno de los nobles se atrevía ya a faltarle al respeto.
La Princesa, por supuesto, era una excepción.
La Santa, que decía ser plebeya, ni siquiera trataba a Liliana como a una persona.
Pero cuanto más la Princesa se comportaba así, mejor le iba a Liliana.
Cuanto más la trataba mal y la humillaba, más lástima sentían por ella los hombres.
Debido a su belleza y a su condición de Santa, los nobles no podían resistirse a coquetear con ella.
Liliana lo encontraba hilarante y divertido.
Los nobles que la habían descartado como plebeya ahora estaban desesperados por verla.
Era una emoción que le erizaba la piel.
Cada día se desarrollaba como un cuento de hadas y el ego de la Santa subía más y más.
Por supuesto, no lo mostraba exteriormente. Pero en su interior, se preguntaba seriamente.
«¿De verdad voy a convertirme en Princesa Heredera o Duquesa?»
Si alguien hubiera oído sus pensamientos, la habría regañado por su ignorancia, por ser una plebeya y no saber nada.
Pero la Santa tenía talento para fingir una inocencia exterior.
En realidad, Liliana no era tan poco realista.
Estaba tan asentada en la realidad que su reputación crecía día a día.
Casarse con un noble había sido un sueño cuando era plebeya, pero ahora había muchos nobles esperando su mano.
Estaba claro que Hugo también esperaba la oportunidad de proponerle matrimonio.
Ante la sonrisa de Liliana, Hugo inclinó la cabeza enrojecida.
Joshua, que estaba a su lado, no tenía nada más que decir y habló con su habitual tono frío.
—De todos modos, salió bien, ¿no? Es bueno para los Caballeros Blancos tener una carga menos que llevar, y es bueno para ti no tener que tratar más con la bomba de tiempo winchester.
No era ningún secreto que Raymond, el líder de la Orden, siempre estaba metido en problemas debido al implacable cortejo de la Princesa Agnes.
Diana estaba a punto de señalar que era un poco injusto describir a la Princesa como una carga, por no decir otra cosa, pero Joshua la interrumpió.
—Y a ti también te resultará más fácil, ya que no tendrás que lidiar con gente que te arme un escándalo por todo.
—Espera, ¿yo?—Joshua la señaló, y la Santa pareció completamente desconcertada.
—Oh, a mí no me importa; no me extraña que no le guste a la Princesa…
—¿Quizá sería más cómodo para Lord Devon que para mí?—Liliana sonrió bellamente y volvió su flecha hacia Hazel Devon.
Ty: Mirala a la disque santita, que de santa y pura no tiene nada
Hazel, que había permanecido en silencio, miró sorprendida a la santa.
—Ahí estás.
En ese momento, Raymond, que antes había estado al lado del Príncipe Heredero, se acercó al grupo de caballeros.
Cuando le vio, sonrió y le saludó.
—¡Aquí está, Sir Spencer! Estábamos hablando de la incorporación de la Princesa a los Caballeros Negros. Ahora, Lord Devon estará tranquilo.
—¿Lord Devon? ¿Por qué?
¿Qué tiene que ver la Princesa con Lord Devon?
Era una declaración desconcertante.
—Es que Lord Devon quiere que la Princesa… Oh mi, Dios mío, acaso ¿he dicho algo malo?—Liliana jadeó y se tapó la boca.
Robin: baia baia miren esta mosca muerta.
Ty: la mosquita ya cago el pan
Diana la observó, con el ceño fruncido. Era una jugarreta tan transparente que no tenía palabras.
En algún momento, se había vuelto demasiado consciente de Hazel Devon.
Sobre todo delante de Raymond y el Príncipe. A veces incluso era consciente de Diana.
Sutilmente, tenía una manera inteligente de proyectar una buena imagen de sí misma y denigrar a los demás.
Ciertamente los estúpidos no se daban cuenta.
Hugo Lothian era uno de esos estúpidos.
—No me hagas caso, Santa, no se equivocó.
Fue Hugo quien dijo que estaba bien.
La propia Hazel Devon mantenía la boca cerrada.
Liliana parecía a punto de llorar y murmuró.
—Lo siento, no estoy acostumbrada a hablar noblemente todavía… Disculpen mi falta de modales.
—La honestidad es el fuerte del santo, inimitable.—Liliana sonrió satisfecha ante los continuos elogios de Hugo.
Ty: Alto chupa chuchi
—Gracias por tus amables palabras, Sir Lothian.—Liliana continuó hablando con Raymond.
De vez en cuando miraba a Hazel Devon, que permanecía en silencio.
Había una mueca de desprecio en su mirada.
«¿De qué sirve ser noble? No es más hermosa que yo, ni más amable, ni siquiera tiene la capacidad de purificar.»
La mueca de desprecio, cambió rápidamente a una sonrisa satisfecha.
Ty: Ya decía yo que esta iba a ser otra de las santas odiosas…

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN:TY