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CAPÍTULO 61

—¡Ay, Princesa…, Por qué de repente…!—murmuró sorprendido el sirviente, y Agnes levantó la vista de inmediato. 

—Shhh.—advirtió, llevándose el dedo a los labios.

—…—el sirviente se tapó la boca y asintió.

Agnes dejó escapar un pequeño suspiro.

—Ja, casi me meto en problemas…

«Casi me vuelvo a encontrar con Raymond Spencer. Damien, ¿es este gilipollas de verdad…»

Era obvio lo que pretendía: llamarla al Despacho Oval para enfrentarse de nuevo a Raymond.

Después del último baile, Agnes había jurado no volver a enfrentarse a Raymond.

Incluso Hazel Devon le había hablado de él, así que era necesario tomar medidas extraordinarias.

«Es más fácil no verle en absoluto.»

Así que en el momento en que lo vio, Agnes se escondió.

Perdió un poco de su forma… Pero estaba desesperada. Si conseguía poner distancia física entre ellos, ya nadie la mencionaría.

Agnes suspiró y se levantó.

Sus ojos se encontraron con los de Joshua, que parecía sorprendido.

—… ¿Ha sido demasiado?—la mirada de vergüenza de Joshua hizo que Agnes se sintiera tranquila, así que se excusó—. Es que… No quería encontrarme con él…

—…—Joshua arrugó la frente.

A pesar de los rumores sobre ellos dos, Joshua seguía pensando que la Princesa estaba enamorada de Raymond Spencer y que lo acosaba.

Pero por la forma en que la Princesa Agnes actuaba ahora, no parecía que estuviera enamorada de alguien.

Nadie se asustaría y huiría así de alguien de quien estuviera enamorado.

A pesar de su vergüenza, Joshua se las arregló para hablar.

—Su Alteza el Príncipe Heredero me dijo que te llevara a su oficina, estará aquí pronto…

—Pero… Creí que Sir Raymond Spencer había llegado primero.—dijo Agnes, y Joshua no pudo negarlo.

—Quizás debería volver más tarde, y podria decírselo a su hermano de parte de Sir Raymond.

—… Pero…

—Lo siento mucho, pero no quiero encontrarme con Sir Spencer.—la expresión de Joshua se torció ante las francas palabras de Agnes, y el sirviente que estaba a su lado también parecía desconcertado—. Es que… Si vuelvo a involucrarme con Sir Spencer, seguirá viéndose envuelto en malas historias… ¿Entienden los dos lo que quiero decir?

El criado asintió varias veces mientras Agnes suplicaba comprensión.

Asintió varias veces, porque sentía que la Agnes de hoy tenía razón. Pero a diferencia del sirviente que veía a la Princesa todos los días, Joshua no estaba muy convencido.

—De todos modos… Dale a mi señor una buena palabra de mi parte, entonces.

Agnes hizo un gesto al sirviente para que se diera prisa. Con eso, los dos se escabulleron fuera del palacio del príncipe heredero.

—…—Joshua, solo, se quedó mirando el pasillo por el que había desaparecido la Princesa.

Ya no era la Princesa revoltosa que conocía.

Parecía más bien una presa asustada y vulnerable que huye.

—¿Son ciertos esos rumores?…

Ella no habría huido en tal pánico a menos que Raymond Spencer la hubiera herido profundamente.

«Entonces es algo bueno.»

Joshua pensó que, finalmente, la Princesa había entrado en razón. En muchos sentidos, era algo bueno.

Pero la imagen de la aterrorizada y temblorosa doncella de hacía un momento permanecía en el fondo de su mente.

***

El paso de Damien era ligero cuando regresaba a su despacho tras una tranquila negociación con su padre.

Joshua, de pie en la puerta, saludó al Príncipe Heredero.

—Entonces, ¿están Agnes y lord Spencer dentro?—preguntó el Príncipe, y Joshua tartamudeó.

—Bueno… La Princesa me dijo que tenía un asunto urgente y me pidió que volviera a agendar la cita en otro momento.

—¿En serio?

—Sí, le pido disculpas. Alteza.

—No, pero ¿y Sir Spencer?—preguntó el Príncipe, y el criado que estaba a su lado le contestó.

—Sir Spencer ha estado aquí desde antes y está esperando dentro.

—¿De verdad?—Damien sonrió generosamente ante las palabras del chambelán.

Los había reunido deliberadamente para que se reencontraran, pero menos mal. 

Damien entró directamente en el despacho.

Vio a Raymond sentado en el largo sofá.

Se acercó a su querido amigo y sirviente y sonrió.

—¿Cuándo dijiste que te ibas de misión dentro de dos días?

—Sí, estoy aquí por algo que me pediste la última vez.

—¿Qué era, ah…?—los ojos de Damien se iluminaron mientras parpadeaba aturdido.

En los últimos días, Damien había notado que Raymond estaba un poco raro últimamente.

Extrañamente, su mandíbula se apretaba cada vez que el tema de Sirius Melville salía de su boca.

Así que, para estar seguros, Damien le había ordenado a Raymond que investigara por su cuenta.

Averiguar sobre las relaciones de Sirius Melville con las mujeres.

De hecho, la razón por la que había llamado a Agnes hoy era para comprobar la reacción de Raymond.

—Pensé que ella no te interesaba en absoluto. Supongo que me equivoqué de nuevo.

La comisura de la boca de Damien se torció mientras examinaba los papeles que tenía en la mano.

Había docenas de ellos.

La expresión de Damien se arrugó por un momento ante los gruesos papeles.

Un instante.

La expresión de Damien se volvió seria y leyó rápidamente los papeles.

—¿Estas… Estas son todas… Estas son todas las mujeres con las que se ha estado viendo?

—Sí. Alteza.

«No…»

La expresión de Damien pasó de seria a pálida mientras hojeaba cada página.

«¡Sirius Melville, lunático… Hijo de puta mujeriego!»

Era seguro decir que había conocido a todas las mujeres en edad de casarse en la capital.

Por supuesto, todavía había familias conservadoras que comprobaban la castidad de cada una en el momento del matrimonio, así que no se habría pasado de la raya con todas ellas…

«¡Eres más mujeriego de lo que pensaba, cabrón…!»

Era su amigo de la infancia, pero no conocía su vida personal.

«¿Pero tanto…?»

Damien volvió a ojear la lista con incredulidad, nervioso por si veía algún nombre que reconociera.

Afortunadamente, el nombre de Diana Lennox no aparecía por ninguna parte.

«Sí, esa no podía ser Diana…»

En ese momento, Damien dio un gran suspiro de alivio.

—¿Estás seguro de que quieres seguir adelante con el compromiso en vista de esto?—preguntó Raymond Spencer en tono cortante. 

Damien jadeó para sus adentros, pero le miró con indiferencia.

—¿Ves? Estás reaccionando.

El rostro de Raymond estaba tan inexpresivo como siempre. Pero había un atisbo de ira en sus ojos.

Sinceramente, no había razón para que Raymond se enfadara. 

Si odiaba tanto a Agnes, ¿qué importaba con quién se casará?

Pero Damien estaba seguro.

Raymond estaba agitado ahora.

Damien se encogió de hombros y preguntó.

Era uno de los muchos talentos que Damien y Agnes, y sus hermanos, tenían en común.

—Hmmm… Pero, bueno… No creo que Sirius lo haga hasta que estén casados. Diana dijo que una vez casados, nadie se atrevería a tocar al marido de Agnes. Tengo que estar de acuerdo con ella.

—… Sirius Melville es definitivamente el tipo de chico que causará problemas incluso después de casado.

—Hmm… ¿es así?—el ceño de Raymond Spencer se arrugó mientras Damien respondía con ligereza. 

Raymond no entendía por qué su señor estaba haciendo esto.

Por muy inútil que fuera su hermana…

Damien no parecía tener ningún afecto por su hermana, Agnes, pero había momentos en que secretamente se preocupaba por ella.

Eso lo hacía aún más incomprensible.

Era obvio que Agnes sufriría si se casara con semejante mujeriego.

«…Por qué no.»

Raymond pensó en su madre, siempre sola, incapaz de aferrarse al corazón de su padre.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN:TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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