CAPÍTULO 110
Unas horas más tarde.
El templo acudió corriendo a él, afirmando que había ocurrido algo milagroso.
Las ondas que emanaban de la fuente de la grieta habían desaparecido de repente, decían, que los dioses les habían bendecido.
Pero ni una sola persona sonrió ante esta buena noticia.
El sacerdote que trajo la noticia pensó que se trataba de una circunstancia extraña.
Hasta que escuchó la noticia de la muerte de Agnes.
***
POSDATA.
Y que conste que los frikis son invencibles.
Si te dijera hasta dónde llegaría por mi favorito, la mayoría de la gente pensaría:
—¿Eh…? ¿No es demasiado?
Pero hay mucha gente en Twitter que podría hacerlo peor.
Así que me voy a morir ahora.
Pero…
De lo que no me había dado cuenta es de que el camino hacia la muerte era más duro que morirse.
«Cuántos días han pasado…»
A este paso, se iba a encontrar con Kylo en la cima, que iba a estar muy por detrás de ella.
Agnes lanzó otro hechizo de calentamiento en sus pies congelados.
Aunque iba abrigada como un gato gordo, seguía sintiendo el frío.
Era una marcha agónica.
—Frío, frío, frío.
Nunca había sido montañera, y escalar una montaña nevada le resultaba demasiado difícil.
Pero ella tenía una clave para hacer trampa.
Su poder mágico, y el bastón mágico que había conseguido de un maestro herrero en la Ciudad Imperial.
De hecho, había estado tentada a pensar que podría ser invencible con él.
Pero no era suficiente.
Incluso con todos los trucos que había utilizado para llegar hasta aquí, incluida su magia de calentamiento, aún le quedaba mucho camino por recorrer.
Pero por el lado bueno, había otra meseta a la vista.
Agnes comenzó a caminar de nuevo, tratando de no mirar hacia atrás.
«Lo que debe haber pasado por la mente de Kylo para caminar de esta manera.»
Con cada paso, ella podía sentir el dolor que él debía sentir.
Kylo no tenía a nadie en este mundo en quien pudiera confiar.
No tenía a nadie en quien apoyarse, ningún lugar donde descansar.
Había estado solo toda su vida, así que no le importó subir por este camino.
Tal vez no le importó porque estaba acostumbrado.
Si no, sintió una soledad mucho peor que cualquiera que hubiera sentido en su vida.
Habría sentido el frío clavándose en su carne.
Pero, de algún modo, el dolor de su corazón debía de ser mayor que el dolor de su cuerpo.
Y sin embargo, caminó y caminó y caminó.
Porque él es así.
A cada paso, el pecho de Agnes se hinchaba y le costaba respirar.
No era por la altitud. Su magia ya se había encargado de eso.
En cambio, su corazón seguía hinchándose en su pecho por Kylo.
Sólo un poco más rápido.
Quería subir más rápido.
Quería terminar todo antes de que se fuera a este lugar.
Entonces, en esta vida, él no tendría que escalar este camino.
Tenía que apurarse para que él no tuviera que sentir esta soledad.
Siguió caminando.
Una y otra vez, se hacían diminutas huellas donde ningún pie humano había tocado jamás.
Y luego volvían a cubrirse de nieve, y las huellas desaparecían en un instante.
Agnes respiró entrecortadamente mientras sentía que su mente se apoderaba de su cuerpo.
«X… Debería haber habido una escena de Kylo escalando esta montaña.»
El original había mostrado el resultado, no el proceso. Qué lástima.
Habría hecho que el sacrificio de Kylo fuera aún más notable para que todo el mundo lo viera.
Pero también entendía por qué.
Había maldecido cientos de veces mientras subía hasta aquí.
No creía que a la gente le hubiera gustado verle jadear y repetir la frase: “Esto es tan jodidamente duro.”
Era duro, pero nunca le sentó mal estar en el camino de su favorito.
En esta vida, en cambio, estaba contenta de recorrer este camino.
Siguió adelante con el entusiasmo de una ilko.
Pronto, Agnes estaba frente a una estatua gigante.
Una gigantesca montaña nevada con leyendas de dioses antiguos.
Era la primera vez en miles de años que unos pies humanos tocaban la montaña, también conocida como la Montaña de la Muerte.
—Ha…—Agnes se tumbó y jadeó durante un rato.
Cuando por fin recuperó el aliento, pudo contemplar lo que la rodeaba.
No era una vista que mereciera el esfuerzo.
El cielo estaba oscuro, y la nieve seguía cayendo, difuminando el entorno.
Sin embargo, alrededor de la estatua de piedra gigante no había nieve.
Quizá por eso, al llegar a la cima, el frío había desaparecido.
Agnes se despojó de su pesado abrigo.
Cuanto más ligera se sentía, más se relajaban sus cansados hombros.
Tras un breve descanso, volvió a levantarse.
Se acercó a la extraña estatua y a la grieta en el aire y miró más de cerca.
Algo es espeluznante…
Una grieta negra se abría con fuerza, como si el espacio se hubiera desgarrado.
Dentro había una oscuridad tenebrosa.
Agnes la contempló con ojos sombríos y luego miró a su alrededor.
Entonces notó algo extraño.
—¿Qué es esta lata?
Apartó la mirada del objeto de aspecto extraño y vio un diminuto Golem de Mado.
La cámara del centro brillaba en rojo y parpadeaba.
Tenía impreso el símbolo de un templo, así que debía de ser para sus investigaciones.
—Así es como anunciaron la existencia de la fuente de la grieta en el original.
Agnes miró fijamente al Golem de Mado y luego lo apartó de un golpe.
No sabía si la cámara grabaría su muerte.
De alguna manera, no creía que fuera una muerte bonita, y no quería que nadie la viera.
Agnes se acercó de nuevo a la estatua del antiguo dios y levantó la cabeza.
Vestida con largas túnicas, la estatua del dios antiguo tenía la cara de un perro con un largo hocico en lugar de un rostro humano.
Agnes sacó el colgante que llevaba al cuello como si fuera un tesoro.
Los lectores de la historia original especularon con que aquel objeto sagrado podría tener el poder de invocar a un dios antiguo.
Sentía como si un rompecabezas encajara en su sitio.
Confiaba en poder eliminar el origen de la grieta de una vez por todas.
Tras un momento de vacilación, Agnes cogió el papel y el bolígrafo que había traído.
Tenía las manos heladas y le costaba escribir, pero se las arregló.
Había tantas cosas que quería decir sobre su viaje hasta aquí.
Como si escribiera sus memorias, Agnes registró el final de su vida.
Había tantas cosas que quería decir… Pero cuando se puse a ello, no era muy larga.
Agnes dobló la carta y se levantó.
Ahora no había tiempo ni motivo para dudar.
Con el colgante en la mano, levantó la varita y se plantó ante la grieta.
No sabía cómo, pero sabía que tenía que destruirla.
Respiró hondo, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho.
Pensar que había renacido para este momento aumentó su excitación.
El pasado pasó por su mente como una linterna.
Los recuerdos relampaguearon en su mente, devolviéndola al momento antes de partir hacia este lugar, cuando escribió su nota de suicidio.
En su nota a la corte imperial, Agnes no había mencionado a Kylo.
Fue una decisión que tomó porque no quería agobiar su corazón, pero de alguna manera se arrepintió.
Era la primera nota de suicidio que había escrito.
En su vida anterior, no había tenido tiempo de escribir una. Su muerte había sido inesperada.
Agnes volvió a meter entre sus brazos la segunda nota que había escrito antes.
Esta vez estaba escrita enteramente para Kylo.
Pero esta probablemente nunca vería la luz del día.
Sería sellada con la fuente de la grieta al mismo tiempo que su propia muerte.
Quería grabar sus pensamientos por última vez, aunque no pudiera mostrárselos a él.
Sólo en retrospectiva sentía un poco de arrepentimiento.
Se preguntaba si Kylo estaría decepcionado de que su nombre no estuviera en la primera nota de suicidio…
Pero se alegró de no haberlo hecho.
No quería ser especial para él.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN:TY