Capítulo 9. Cherry whiskey sour
Las palabras de Cheriot, que repasaban sus propias acciones, hicieron que Yuri frunciera el ceño por un instante. No entendía por qué había dicho algo tan abrupto, pero se preguntó si su actitud habría parecido amenazante para los demás. Al fin y al cabo, un hombre corpulento como él agarrando a una mujer no debía de ser una imagen muy agradable.
—¿Eh? Qué tono más raro, Cheriot.
—Pues claro.
Cheriot mantuvo la mirada fija en la mano de Yuri mientras hablaba.
—Pensaba que a Yuri no le gustaba estar en contacto físico con los demás por mucho tiempo.
Las mejillas de Heather se sonrojaron por la confusión, y Yuri soltó su muñeca. En lugar de perder el tiempo con tonterías, decidió que sería mejor hablar directamente, ya que ambos estaban allí.
—Basta. Entremos a la habitación. Hablaremos allí.
—¿Estás seguro, Yuri?
Heather, aún preocupada, volvió a confirmar, pero Cheriot, como si hubiera estado esperando, rodeó suavemente el hombro de Heather y la guió hacia la suite.
—No hablemos aquí. Mejor adentro. Aunque no lo parezca, estoy en peligro.
—Cierto. Pero para alguien en apuros, tienes muy buen color, Cheriot.
—Cuando escuches lo que me pasó, cambiarás de opinión.
Yuri se detuvo un momento al ver que Cheriot, después de criticar su propio contacto físico, ahora envolvía el hombro de Heather.
«Quizás haya algo más entre ellos, algo que no sabía. De lo contrario, no tendría razón para tocarla con tanta familiaridad.»
Pero Yuri dejó de darle vueltas al asunto.
«En unos minutos, el cliente sabrá que no estoy calificado para este trabajo, y no tendré que volver a verlos.»
Cheriot, habiendo distraído a Heather, entró a la suite charlando animadamente con ella. Mientras los seguía, Yuri echó un vistazo a su alrededor, por si alguien los escuchaba. No había ruidos de puertas cerrándose ni personas escondidas…
Finalmente, Yuri miró fijamente la cámara de seguridad frente al ascensor, tragó saliva y se dio la vuelta.
«No me gusta haber mostrado mi cara tan claramente, pero si cambio de lugar mañana, no pasará nada.»
Al abrir la puerta y entrar, vio a Cheriot sentando a Heather en un área tipo sala de estar mientras sacaba una botella del minibar. Al mirarlo de reojo, distinguió botellas en miniatura y snacks, algo que nunca había visto en los hoteles baratos de la carretera. Deben ser caros. El costo de esta habitación ya supera el alquiler mensual que Yuri apenas podía pagar antes.
—¿Qué pasa a esta hora, Heather?
—Vine a ver si estabas bien. Me preocupé cuando Alexéi me dijo que hoy vinieron personas sospechosas al condominio.
—¿Te preocupaste por mí? Qué dulce.
Cheriot sonrió, feliz, y sirvió whisky en la copa de Heather antes que en la suya. Ella soltó una risa incrédula al ver su vaso lleno.
—¿En serio tienes tiempo para beber? Pensé que estarías asustado.
—Bueno, es que tengo a un guardaespaldas increíblemente guapo y talentoso, gracias a ti.
Ambos volvieron su mirada hacia Yuri. Heather, aún avergonzada por lo ocurrido antes, se sonrojó y se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.
—El señor Yuri es realmente hábil. ¿Recuerdas lo que te conté? Una vez derrotó a varios matones como si fuera una película de acción.
Cheriot, que había estado observando a Heather mientras jugueteaba con sus gafas, se sentó frente a ella, estirando sus largas piernas. Con una expresión intrigada, miró a Yuri.
—¿Eres gentil con las mujeres, Yuri? A mí me torció el brazo apenas me vio.
—¿En serio?
Heather los miró alternativamente, sorprendida, antes de señalar a Cheriot.
—Apuesto a que tú lo provocaste primero.
—¿Ahora te pones de su lado y no del mío?
—Te conozco desde hace mucho, sé cómo eres.
Parecían llevarse mejor de lo esperado. Heather, con su bata dejando ver su piel y escote, no parecía incómoda, y Cheriot se quejaba como si estuviera acostumbrado a que no lo defendieran.
—…Es tarde. Será mejor que resolvamos lo necesario.
Yuri se dirigió a Heather con cortesía antes de dejar la maleta que había recibido de Alexéi en el suelo.
—Tus cosas están aquí. Heather, escuché que investigaste sobre el grupo que lo está buscando. Sería útil un resumen.
—¡Ah, cierto! Con Cheriot me distraigo y olvido las cosas. Lo siento.
—No hay problema.
Heather se enderezó y se disculpó, mientras Yuri negaba con la cabeza. Cheriot, recostado en la silla con actitud desafiante, escuchaba hasta que, al terminar Yuri, se quejó.
—¿Por qué tan formal? Puedes llamarme Cherry, como antes.
—Eso fue una excepción.
—Habrá más situaciones así. Mejor acostúmbrate.
«No habrá más situaciones.»
Pero Yuri decidió que era mejor revelar su verdadera identidad ahora. Tragó saliva, pensando en cómo decirlo.
«Lo siento, pero…»
«No, no hay por qué disculparse. Nunca tuve intención de aceptar este trabajo.»
«Aunque sí me siento mal por Heather. Ella confió en mí y me recomendó.»
Al no responder, ambos lo miraron. Los ojos marrones e inteligentes de Heather, sinceros y educados, y los ojos verdes transparentes de Cheriot, que no ocultaban nada, lo hicieron sentirse repentinamente incómodo. Esa vergüenza que sentía al enfrentarse a ciudadanos “normales”, gente que vivía en un mundo completamente distinto al suyo, lo invadió de nuevo. Le ardía el estómago.
—Heather, antes en el ascensor mencionaste que Cheriot odia a la gente de mala calaña.
—Ah, sí.
Ella asintió, confundida. Cheriot, sorprendido por el cambio de tema, inclinó la cabeza y sonrió.
—¿Hablan de mí? Pregúntenme directamente.
—No. Yo lo mencioné porque pensé que el señor Yuri estaría confundido.
—¿En serio? Heather, siempre tan considerada.
Sí, así era. Por eso, antes de causarle más problemas a alguien realmente bueno como Heather, debía aclararlo de una vez.
—Si esa es la razón por la que me recomendó, entonces… creo que no soy el candidato adecuado.
Yuri decidió no mencionar a Alexéi. Eso era un asunto entre él y Heather. El problema aquí era su presencia junto a Cheriot. Además, Alexéi… era diferente.
Yuri había soportado trabajos sucios solo para sobrevivir, pero Alexéi había sido arrastrado a ese mundo por sus debilidades. Los padres de Alexéi habían intentado escapar de la organización para evitar matar a gente inocente, y por eso fueron ejecutados. Alexéi era alguien que, con sus propias manos, había destruido esa organización. Que Yuri siguiera con vida se lo debía a él. Le debía demasiado.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
—Yuri, ya aceptaste el trabajo hace rato. En vez de alejarte, ¿por qué no te acercas un poco? Así no me lastimas.
Cheriot, sin tomar sus palabras en serio, siguió bromeando. Heather parecía inquieta, pero más que preocupada por la verdadera identidad de Yuri, parecía pensar que él se estaba culpando a sí mismo. Yuri decidió definirse claramente para evitar más confusiones.
—Soy un criminal. En el pasado, hice muchas cosas deplorables.
Su propia voz le resultó ajena, tan fría que le erizó la piel. Escuchar su pasado en voz alta era espantoso.
Un silencio pesado llenó la habitación. Heather, atónita, se cubrió la boca con una mano. Cheriot, que lo miraba desde su asiento, parpadeó lentamente, su sonrisa desvaneciéndose. Yuri aguantó ese silencio asfixiante, respirando apenas, tan suavemente que ni él mismo podía oírlo.
—…¿Es una broma?
Tras un silencio que se sintió eterno, Cheriot rompió el hielo. Aunque aún sonreía, sus ojos se habían vuelto fríos como el acero.
—No. No pareces del tipo que bromea con esto. Mmm…
Murmurando para sí, Cheriot alargó la mano hacia su copa. Heather observaba el rostro de Yuri, tratando de entender sus palabras. Él esperó en silencio a que lo procesaran.
Cheriot humedeció sus labios, más rosados que los de un alfa común, con el whisky, pero no bebió. Finalmente, soltó una risa seca.
—Qué incómodo.
Su voz, siempre teñida de jovialidad, ahora sonaba plana y fría. Bebió un trago largo, el sonido de su garganta al tragar resonando en la quietud.
Heather seguía sin decir nada. Yuri sentía un profundo remordimiento por ponerla en esa situación, pero se negó a abrir la boca para consolarla. Ser educado, fingir bondad, actuar como si le importaran los demás… todo eso carecía de sentido ahora que sabían lo que era.
—¿Delitos menores? Como… conducir ebrio, o… no es bueno, pero bueno, algo así. ¿O robo?
Cheriot intentaba entenderlo, preguntando por la naturaleza de sus crímenes. Yuri recordó en silencio todo lo que había hecho.
«Nunca toqué a civiles.»
Su organización se dedicaba a distribuir drogas y endeudar a la gente, pero él no participaba en eso. Su madre había caído en desgracia con Ígor Volkov, el jefe, y Yuri había sido marcado. Entre esa escoria humana, aunque no sabía por qué se dividían en clases, él era el más despreciable.
Ígor nunca le permitió manejar dinero. En cambio, lo usó para trabajos brutales. Si hubiera que definirlo, era un perro de ataque. Uno que se lanzaba por su amo a cambio de migajas. No cometió crímenes por dinero. Solo tenía una correa alrededor del cuello.
Sus objetivos solían ser otras organizaciones que amenazaban sus intereses. O guardias en negociaciones. Cuando no hacía eso, vigilaba el club de Ígor, echando a borrachos problemáticos.
Nadie lo superaba en combate, pero, por ser hijo de una traidora, siempre fue tratado como basura. Vivió en la pobreza, sobreviviendo con las sobras que Ígor le arrojaba. Ni siquiera Alexéi sabía todo esto. Eran amigos cercanos, aliados, pero nunca compartieron sus miserias. Las heridas solo generan más heridas.
Pero todo eso eran solo excusas patéticas. El solo pensarlo lo hacía sentir hipócrita y asqueroso. Tanto que le dieron ganas de reír. Cuando algo le repugnaba demasiado, Yuri solía reírse en lugar de enfurecerse. Incluso frente al espejo, a veces se reía así.
—No.
Cortó sus recuerdos inútiles y negó con firmeza. Solo bebía cuando tenía que esperar horas en el frío, y nunca si debía conducir. Había pasado hambre, hasta el punto de rebuscar en la basura, pero nunca robó.
Aunque había hecho cosas mucho peores.
—¿Peores que eso?
La voz de Cheriot se volvió más grave. Cualquier rastro de simpatía había desaparecido, reemplazado por una expresión fría y distante. La distancia incómoda. Ya no había rastro del hombre que bromeaba y pedía que lo llamaran por su apodo. Ahora, Cheriot fruncía el ceño, su mirada dura.
—No tengo por qué decírtelo.
La respuesta de Yuri puso fin al diálogo. Su tono cortante dejó claro que no daría más explicaciones. Cheriot cerró la boca.
El aire en la habitación cambió. Como cuando hablaban del oráculo, las feromonas de Cheriot se volvieron pesadas y densas. Aunque su rostro era inexpresivo, su aroma revelaba su furia. Heather, como Beta, no lo percibía, pero Yuri sintió náuseas por la hostilidad que lo inundaba.
«Sí, así se siente entre Alfas. No es ese deseo de acercarse, sino esto.»
En el silencio, Cheriot dejó su copa sobre la mesa con un golpe seco. Sus feromonas golpearon a Yuri como un látigo, una reprimenda sin palabras.
—Entiendo.
Cheriot enderezó su postura, cerró su bata y se levantó lentamente. Yuri alzó ligeramente la cabeza para mirarlo. Cheriot se detuvo frente a él, su alta estatura proyectando una sombra sobre Yuri. Sus ojos verdes, bajo esas pestañas doradas, lo traspasaron.
Tras unos segundos de silencio…
—Así que eras basura, Yuri.
De esos labios finos, que jamás parecerían pronunciar insultos, salieron palabras cortantes.
—
**Nota del autor:**
Esto no es una glorificación del crimen. Por favor, tómenlo solo como ficción.
¡Gracias por los comentarios! Los leo todos y me dan mucha energía.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN