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Capítulo 7. Apple crumble cherry pie

—…¿Qué?  

La extraña palabra que resonó claramente en sus oídos hizo que Yuri frunciera el ceño hasta parecer aterrador. 

«¿Acaba de llamarme “cariño”? ¿A alguien que acaba de conocer hace unas horas, y encima siendo un Alfa?» 

Aunque sabía que Cheriot era atrevido, nunca pensó que cruzaría tanto los límites. Sin embargo, al recordar cómo le había dado un apodo apenas conocerse, de alguna manera le pareció posible.  

—Mi amor, no pongas esa cara tan seria. Este caballero tan guapo también es de Estados Unidos, así que estábamos charlando amistosamente.  

Su predicción no deseada se cumplió. Cheriot se levantó de su asiento, se acercó con un paso desgarbado que no encajaba con su complexión y, tomando la muñeca de Yuri, sonrió con descaro. El calor de su piel se extendió por el brazo de Yuri. ¿Cuándo fue la última vez que alguien lo tocó así? Probablemente nunca desde que llegó a Canadá. Por eso, este contacto íntimo le resultaba tan extraño que le erizaba la piel.  

Lo que más deseaba era apartarlo de un empujón, pero la razón lo detuvo. Después de haber recurrido incluso a llamarlo con un apodo ridículo para no llamar la atención, no podía causar más escándalo. Era mejor soportar un momento incómodo que fallar en su misión.  

Aunque eso no significaba que tuviera que seguirle el juego a esta locura.  

—Recuerdo haber dicho claramente que te quedaras en el lobby.  

Yuri solo desvió la mirada y murmuró en voz baja. Su tono era tan grave que casi sonaba a amenaza.  

—Me estaba portando bien. Pero me dejaste esperando demasiado, Yuri. Estaba sentado tanto tiempo que las piernas me empezaron a dormir, así que di un pequeño paseo.  

El tiempo que Yuri había tardado en hacer el check-in y volver no superaba los quince minutos. Ante la exageración de Cheriot, Yuri apretó los labios y puso cara seria.  

—No pudiste esperar ni diez minutos. Tienes menos paciencia que un niño.  

—Exacto. Por eso, como soy un niño, Yuri debería cuidar de mí.  

Cheriot, diciendo eso, bajó los hombros y susurró al oído de Yuri:  

—Si no quieres dejarme con ese tipo, págale el cóctel. Todavía no he recibido mi billetera de parte de Alexéi.  

Una réplica desordenada subió hasta su garganta, pero, para salir de ahí, Yuri decidió seguirle la corriente. Con expresión de disgusto, caminó hacia la barra y Cheriot lo siguió como una sombra.  

Yuri echó un vistazo al Omega, que los miraba confundido, sacó cuarenta dólares de su billetera y los dejó junto al cóctel recién servido.  

—Mi acompañante ha sido descortés. Yo pagaré su bebida.  

—Ah, entonces… ¿por qué no se la toman? ¿O se unen a nosotros?  

¿Beber algo que un extraño le ofreció? Imposible. Con una sonrisa fría que apenas merecía ese nombre, Yuri declinó con cortesía pero firmeza.  

—Tengo cosas que hacer. Me retiro.  

Sin dejar espacio para réplicas, Yuri giró y agarró el brazo de Cheriot, que saludaba al Omega. Al tirar con fuerza, Cheriot soltó un “¡Ay, cariño, no seas tan brusco!” y lo siguió.  

Quizás porque lo que acababa de ocurrir en esos pocos minutos estaba tan alejado de su vida normal, el ya pálido rostro de Yuri se tornó aún más blanco mientras caminaban hacia el ascensor. Incluso estar de guardia todo el día bajo un frío glacial y pelear sería menos agotador que esto.  

Finalmente, cuando el ascensor llegó al lobby, Yuri arrastró a Cheriot adentro. Presionó con impaciencia el botón del piso 12, pero no se encendió. Frunció el ceño, preguntándose si estaría descompuesto, cuando algo pesado se apoyó en su hombro.  

Al volverse bruscamente, vio la nariz y la mejilla blanca de Cheriot. Estaban tan cerca que casi rozaban sus labios. Este hombre no tenía ningún respeto por el espacio personal y no dudaba en invadirlo una y otra vez.  

—¿Qué diablos haces?  

—Yuri, tienes la llave del hotel, ¿no? Debes pasar la tarjeta ahí para subir.  

—Dámela —susurró Cheriot, con un tono tan cosquilleante que Yuri se estremeció. Lo apartó con el hombro, sacó la tarjeta de check-in y la dejó sobre el pecho de Cheriot.  

No tenía ganas de ser amable, pero Cheriot bajó la mirada lentamente y, al ver la mano de Yuri sobre su pecho, curvó los labios en una sonrisa. Con una expresión fresca y alegre, fingió timidez y murmuró en voz baja:  

—Si querías tocarme el pecho, solo tenías que decirlo. Podemos subir y… después de bañarme, especialmente…  

Después de lo ocurrido antes, Yuri ya había aprendido una cosa: Cheriot era el tipo de persona que soltaría tonterías sin importar la situación. Antes de que pudiera seguir hablando, Yuri lo interrumpió.  

—Es la habitación 1201. Sube tú solo. Yo iré a buscar tus cosas.  

—Le pedí muchas cosas a Alexéi, así que tardará un rato. Como eres mi guardaespaldas, deberías quedarte pegado a mí.  

Dicho esto, Cheriot estiró el brazo deliberadamente hacia donde estaba Yuri. Con un movimiento familiar, pasó la tarjeta por el lector y presionó el botón del piso 12, que esta vez sí se iluminó. Yuri lo observó en silencio. Aunque era una acción simple, una extraña incomodidad lo recorrió.  

¿Cómo describirlo? Los únicos hoteles que Yuri había conocido eran lugares viejos donde ni siquiera necesitabas tarjetas magnéticas. Saratov era un páramo desolado donde no llegaban turistas, y el único hotel en la ciudad… Ni siquiera había ido por voluntad propia. Solo porque un Omega con el que había quedado para lidiar con su rut lo había invitado.  

Nunca había llevado a nadie a su casa. Solo Alexéi, como amigo, se quedaba a veces. Cuando se trataba de Omegas, nunca se fijaba en el lugar. Podía ser un motel en las afueras o una habitación en un club. Así era su vida. No había razón para pisar un hotel lujoso.  

Y después de dejar Saratov, cruzar la frontera y llegar aquí… Ni siquiera he estado con un Omega. La última vez que estuvo en un lugar así fue hace más de tres años. Desde entonces, había usado supresores para controlar su rut. Cuando ni siquiera podía pagar las pastillas, se encerraba y bebía vodka barato para aguantar.  

Y así seguirá siendo.  

Los Omegas con los que se había mezclado nunca fueron de buena calidad. Nunca tuvo una relación con una persona normal. En su situación, donde podía recibir un balazo en cualquier momento, no quería arrastrar a un civil inocente a su mundo. Los únicos que lo buscaban eran Omegas que vendían su cuerpo por drogas o aquellos que disfrutaban del libertinaje en los bajos fondos.  

Todos ellos compartían una cosa: vivían en el fondo de la sociedad, por eso no le temían a alguien como él. Solo aquellos que ya lo habían perdido todo podían entenderlo. Como Yuri Kiselev.

Pero aquí era diferente. En esta ciudad común y cómoda, la gente con la que se cruzaba era demasiado normal, demasiado alejada de alguien como él. Desde el primer momento… huirían en cuanto vieran su verdadero yo.  

—Yuri.  

Había estado tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que ya habían llegado al piso 12. Al escuchar su nombre, parpadeó sorprendido y vio a Cheriot observándolo con preocupación.  

—¿Estás muy cansado? No respondías cuando te llamaba.  

Ese rostro perfecto inclinado para mirarlo a los ojos le provocó una sensación extraña. Esos ojos verdes, tan claros e inocentes, llenos de preocupación, eran justo el tipo de mirada que Yuri siempre había evitado.  

—…Sal.  

Tragando la incomodidad de estar en un lugar donde no pertenecía, con alguien con quien no debía mezclarse, Yuri salió primero del ascensor. Por costumbre, escaneó rápidamente el pasillo, pero no había nadie. Gracias a que habían elegido la habitación más cercana al ascensor, la 1201 estaba justo ahí.  

Después de asegurarse de que no hubiera amenazas, Yuri se acercó a la puerta y pasó la tarjeta. Incluso después de escuchar el clic del pestillo, esperó unos segundos antes de girar el picaporte. Abrió con cuidado y revisó el baño y el armario, pero no había nadie.  

No era necesario ser tan precavido para un trabajo así… Pero los hábitos eran difíciles de romper. Había vivido demasiado tiempo en un mundo donde el menor descuido podía costarle la vida.  

—Wow, eso sí que fue propio de un guardaespaldas.  

—¿No es para eso que me contrataste?  

—Eres diferente a los guardaespaldas que he tenido antes. Por cierto, ¿tú también eres un resolutor, como Alexéi? Supongo que sí, si son compañeros.  

Cheriot recién ahora hacía la pregunta que debería haber hecho desde el principio. ¿Contrató a alguien sin siquiera saber qué hacían?  

…Aunque tampoco tenía forma de saberlo.  

—¿Ahora lo preguntas? Si querías verificar nuestros antecedentes, no deberías habernos contactado.  

—Es que Heather casi nunca recomienda a nadie con tanta seguridad. Por eso confié.  

Ah, sí. Heather había pedido que le recomendaran buenas personas. No gente competente, ni discretas, sino buenas personas.  

Desde que escuchó esas palabras, sintió como si una espina se clavara en su pecho, hundiéndose cada vez más. No importaba qué definición de buena persona tuviera Cheriot, Yuri sabía que jamás encajaría en ella. Ni siquiera su amigo de toda la vida conocía las cosas que Yuri Kiselev había hecho para sobrevivir.  

—¿Cómo te enteraste de Heather?  

—La conocí después de mudarme a Vancouver. Un amigo suyo es periodista deportivo y nos hicimos cercanos. Así conocí a Heather. Todos son buenas personas, así que después de unas copas nos volvimos cercanos.  

Para Cheriot, conocer gente nueva y construir relaciones que podrían exponer sus debilidades parecía algo cotidiano. Para Yuri, acostumbrado a esconderse en círculos cerrados, sonaba completamente ajeno.  

Sin nada más que decir, Yuri calló. Nunca había sido bueno para las conversaciones triviales. Incluso con sus amigos de toda la vida, solía ser el silencioso.  

—¿No tienes curiosidad por mí?  

Por supuesto que no. Lo único que deseaba era que cerrara la boca. Estaba a punto de ignorarlo cuando recordó lo que había pasado en el bar. Sería mejor advertirle ahora.  

—No bebas lo que te ofrezcan extraños. Podría estar adulterado.  

—Nunca he tenido problemas hasta ahora.  

—Has tenido suerte.  

—Pero si pasa algo, tú me protegerás, ¿no?  

—Será difícil si te alejas sin avisar como antes.  

Cheriot frunció la nariz y sacó el labio en un gesto que, en un Alfa tan grande, debería haber sido grotesco, pero de alguna manera lograba que se viera tolerable. Sus delicados rasgos compensaban su complexión.  

Antes de que pudiera soltar otra tontería, Yuri añadió:  

—Y lo de antes…  

No podía obligarse a repetir esa palabra.  

—No uses ese apodo asqueroso otra vez.  

—¿“Cariño”?  

El solo escucharlo le provocaba náuseas. Yuri asintió con el ceño fruncido.  

—Sí. Y deja de hablar de forma tan rara.  

—Me llamaste Chery, así que es justo.  

—Fue porque “Cheriot Goodnight” es un nombre ridículamente único. No quiero que descubran quién eres. De ahora en adelante, usaremos un alias.  

—Mmm… —Cheriot resopló, molesto, mientras se quitaba la máscara y la gorra y las lanzaba sobre la cama. Era impresionante que el Omega del bar lo hubiera abordado, considerando que apenas se le veía la cara.  

—Si usas un alias, puede que no reaccione a tiempo. Soy pésimo actuando.  

—Dices eso, pero no tuviste problema en fingir que éramos pareja. Incluso me hablaste informalmente.  

—Ah, eso fue medio en serio.  

A estas alturas, Yuri se preguntaba qué tan superficial era el en serio de Cheriot.  

—No parecía muy sincero cuando también le tiraste onda a ese Omega. Sin vergüenza alguna.  

—Eso también fue en serio. Tenía una estatura perfecta para abrazar, y su perfume combinaba bien con sus feromonas. Olía bien.  

Yuri, acostumbrado a ver Alfas que cambiaban de pareja cada día, no era ajeno a ese tipo de situaciones. Pero por lo general, esos tipos solo buscaban satisfacer sus deseos, no perdían el tiempo con halagos innecesarios.  

Pero Cheriot no parecía cansarse de coquetear con él a cada respiro. Al principio pensó que era porque los Alfas que se relacionaban con Alfas eran raros, y quizás su apariencia realmente le gustaba. Pero ahora parecía que sus estándares eran… extremadamente amplios.  

Había oído de gente así. Esos que se enamoran fácilmente, se aburren y siguen adelante. El tipo de persona que jamás entendería, ni aunque renaciera.  

—Qué sincero tan ligero.  

—Ja, ja, me lo han dicho antes.

Aunque el comentario era grosero, Cheriot se rió con ligereza y lo dejó pasar. Estirándose, bostezó y dejó su chaqueta sobre la gorra tirada en la cama. Al quitarse la chaqueta, quedó al descubierto una camiseta negra de manga corta que revelaba su complexión musculosa. Los contornos de sus pectorales anchos y hombros robustos eran visibles bajo la tela.  

—Pero no te preocupes. Es cierto que coqueteo cuando alguien me gusta, pero no soy del tipo que insiste en una relación.  

Yuri, que inconscientemente había estado mirando el torso de Cheriot, levantó la vista. Sus ojos se encontraron, y Cheriot, con una sonrisa tranquila, explicó:  

—No tengo intención de salir con nadie. Si hay conexión, prefiero que sea algo casual.  

Eran palabras incomprensibles para Yuri. Ver a alguien repetidamente implicaba formar una relación, y si llegaban a la intimidad, era inevitable que surgieran sentimientos.  

La sinceridad que Cheriot mencionaba era distinta a la que Yuri conocía. En su mundo, preocuparse genuinamente por alguien era como una promesa. Poner al otro antes que los propios deseos, buscar su felicidad. El amor que había visto en su vida el de Vasili, que solo amó a una mujer, Yekaterina, y el de ella misma, que se aferró a la vida en un mundo peligroso por su esposo tenía esa forma.  

—Voy a desvestirme, ¿quieres mirar? —preguntó Cheriot en tono juguetón, aunque ya estaba levantando su camiseta.  

Antes de que Yuri pudiera reaccionar, el torso definido de Cheriot quedó al descubierto. A diferencia de su rostro delicado, su abdomen estaba marcado con músculos firmes. Yuri, incómodo, desvió la mirada. La piel lisa y sin cicatrices le resultó extrañamente ajena.  

Él mismo rara vez se desvestía frente a sus amantes, avergonzado por las cicatrices que cubrían su cuerpo desde la infancia.  

—Me quedaré afuera.  

—¡Ey, se supone que debes quedarte conmigo!  

—Estaré en el pasillo. Llámame cuando termines de bañarte.  

Sin esperar respuesta, Yuri salió y cerró la puerta. Finalmente a solas, apretó los ojos, agotado. El cansancio lo embargó. Sus párpados pesaban, y el vacío en su estómago, ignorado todo el día, ardía con un dolor sordo.  

Presionó su costilla con la mano, sintiendo las cicatrices ásperas bajo su camisa. Marcas que se extendían desde las costillas hasta el ombligo. Su cuerpo estaba lleno de ellas, mucho más grotescas que esta.  

Apoyado contra la pared del pasillo, deseó fumar. Pero en esta ciudad limpia y reluciente, algo tan salvaje como fumar en interiores estaba prohibido.  

Como aquel día, hace tres años, cuando entendió que lo normal para él era bárbaro para el mundo.  

Porque para él, palabras como guapo, cariño o amor eran sagradas. Solo podían ser dichas si eran verdaderas.  

—

Nota del autor:  

¡El final de un día turbulento! XD  

Los comentarios de los lectores me dan mucha energía. ¡Gracias! 💙



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN 
CORRECCIÓN: ROBIN


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