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Capítulo 26.  Cherry and Smoke (9)  

Sin embargo, Yuri pronto se dio cuenta de sus sentimientos contradictorios. Desde el principio, no le había dado importancia a las palabras de Cheriot, pero ahora estaba molesto por lo que él había dicho antes.  

«Qué ridículo. No debería importarme si Cheriot hablaba en serio o no.»     

Después de ordenar sus pensamientos, Yuri apartó la mirada de Cheriot, quien lo observaba con intensidad. Estaba claro que Cheriot había dicho esas cosas para persuadirlo, pero, lamentablemente, el interés de Yuri había disminuido aún más que antes. Una propuesta que ya no le atraía ahora le parecía la peor opción.  

«Si lo piensas bien, Cheriot, fuiste tú quien causó problemas al intentar seducir a un omega.»  

Yuri estuvo a punto de mencionar lo ocurrido en el hotel, pero se mordió la lengua. Este tipo de reproche tampoco era algo que Yuri hubiera considerado normalmente.  

—No.  

Tal vez interpretando el largo silencio como una señal positiva, cuando Yuri finalmente rechazó la propuesta con firmeza, el rostro de Cheriot se tiñó de decepción. Con el ceño fruncido, Cheriot se acercó a él y preguntó:  

—¿En serio?  

—Sí.  

—Te daré otra oportunidad. Piénsalo de nuevo.  

—Me niego.  

Cheriot insistía como un niño, y Yuri comenzó a temer que, si seguía escuchándolo, terminaría permitiendo una salida absurda. Si Cheriot hubiera sido como Alexéi que simplemente salía sin permiso o daba órdenes con actitud desagradable, habría sido más fácil ignorarlo. Pero Cheriot, como si la aprobación de Yuri fuera crucial, seguía preguntando por su opinión.  

«Aunque, técnicamente, si Cheriot sale, yo tendré que seguirlo de todos modos. Es mi trabajo.»  

«No sé si es educado o simplemente honesto. Con ese color de pelo y esa cara bonita, uno esperaría que actuara como un zorro.»  

—¿Y esta es toda la recompensa que me das por un desayuno increíble?  

Al ver que Yuri no cedía, Cheriot lanzó un comentario sarcástico. Pero eso fue todo lo que se atrevió a hacer.  

—¿Quieres que me disculpe?  

—Olvídalo.  

Cheriot tomó el tenedor y se llevó el último bocado a la boca. Luego, al notar el aguacate que quedaba en el plato de Yuri, lo señaló.  

—Pero, por respeto a quien lo preparó, te lo terminarás, ¿verdad?  

«…Esto es absurdo.»  

La repentina obsesión de Cheriot con el aguacate hizo que la expresión de Yuri cambiara. Había mantenido un rostro impasible durante toda la conversación, pero ahora mostraba una leve reacción. Al verlo, Cheriot esbozó una sonrisa maliciosa.  

—¿Acaso… eres melindroso? ¿Como un niño?  

«Parece que, al tratarlo con indulgencia, en estos dos días se ha vuelto demasiado confiado.» 

Molesto por los comentarios de Cheriot, que parecía haber perdido todo el miedo, Yuri frunció el ceño y lo miró con severidad. Pero Cheriot, sin inmutarse, siguió burlándose.  

—Oh, ¿así que es verdad?  

«Estoy a punto de decirle que se callara, pero reaccionar solo probaría que sus provocaciones funcionan.» 

Conteniendo su irritación, Yuri tomó lentamente el tenedor. Sintiò la mirada de Cheriot en su mano. Haciendo como si no notara la atención de su atrevido cliente, Yuri tomó el aguacate y se lo llevó a la boca de un bocado.  

El aguacate tenía uno de los sabores más peculiares que había probado en su vida.  

Si se guiaba por la descripción de Alexéi “mantequilla verde” y su aspecto viscoso y desagradable, jamás lo habría probado. Pero, para su sorpresa, no era ni empalagoso ni repulsivo. Tenía un ligero sabor a nuez, una textura fresca y un toque de dulzura, justo lo suficiente para que no le resultara molesto.  

Masticando en silencio, Yuri miró el plato vacío, un poco sorprendido de sí mismo. 

«¿Será porque siempre evité probar cosas nuevas?.» 

Era la primera vez en mucho tiempo que experimentaba una sensación diferente.  

—¿Te gustó?  

Yuri esperaba que Cheriot pusiera cara de satisfacción, pero, contra todo pronóstico, parecía genuinamente contento. Con la barbilla apoyada en la mano, observó a Yuri comer y luego, al encontrarse con su mirada, soltó una risita.  

—Así que guardas lo que más te gusta para el final, ¿eh, Wolfi?  

—…Tonterías.  

—Tendré que recordarlo. No debo robarte lo que te gusta.  

Al ver que Yuri levantaba una ceja, Cheriot respondió con un guiño.  

—Yo prefiero comer primero lo que más me gusta. Si no, desaparecerá.  

Tras dejar esas palabras enigmáticas, recogió los platos limpios y recuperó su actitud de adolescente quejumbroso.  

—Uf, otro día aburrido lavando platos y haciendo tareas domésticas. Después de esperar un año entero por el verano, mi primer día comienza con amenazas de muerte y casi me disparan. Pobre Cheriot…  

Sin ningún pudor, Cheriot se compadeció de sí mismo en voz baja. Sintiéndose culpable, como si estuviera sentado sobre un cojín de agujas, Yuri lo siguió hasta el fregadero.  

—Yo lavaré los platos. Tú vete a tu habitación.  

—No. Te lastimaste el brazo.  

—No exageres por una herida tan pequeña.  

Cheriot dejó los platos en el fregadero y miró a Yuri. Sus ojos verdes, brillantes y frescos como la mañana, lo observaron con calma.  

—Descansa, Wolfi.  

Aunque no dijo nada más, Yuri sintió que lo estaban regañando como a un niño. 

«¿Lo he tratado con demasiada confianza?.» Una ligera molestia pasó por su mente, pero fue superada por una emoción más compleja.  

«Cuando en realidad, soy yo quien debería protegerlo.»  

A pesar de sus pensamientos, Yuri no pudo seguir discutiendo. Desorientado por su repentina falta de rol, salió de la cocina en busca de algo que hacer. Mientras abría la puerta para revisar las trampas afuera, Cheriot gritó desde atrás:  

—¡Si sales sin mí, haré un escándalo delante de todos! ¡De verdad! ¡Me sentaré en el suelo como un niño malcriado!  

«Esto es realmente absurdo.»  

Dejando atrás la peculiar amenaza del joven de veintiocho años, Yuri cerró la puerta. A pesar de ser un chantaje, no pudo evitar que se le escaparan unas risas ahogadas bajo los labios. 

«¿De verdad alguien amenaza así?.»  

Al salir, la luz del sol brillaba con tal intensidad sobre el lago que los destellos dorados se esparcían por todas partes. Las ramas de los árboles se mecían con la brisa suave, y mientras la sombra era fresca, el sol calentaba justo lo necesario.  

Yuri inspeccionó los alrededores de la casa en busca de rastros de intrusos y, al confirmar que nadie merodeaba, estiró la espalda. Desde la ventana donde había colocado las trampas la noche anterior, miró hacia el lago y finalmente entendió lo que Cheriot había querido decir.  

El lago era de un azul deslumbrante. Tan tentador que daban ganas de sumergirse de inmediato.  

A lo lejos, se veían las salpicaduras de alguien cruzando el lago en un bote de pesca. Desde la dirección del centro del pueblo, llegaban débiles risas.  

Yuri aún no sentía interés por ese panorama, pero por un momento se preguntó cómo sonarían las risas de Cheriot si estuviera allí, divirtiéndose como quisiera.  

Después de unos minutos contemplando el lago, sacó lentamente su teléfono y le envió un mensaje a Alexéi. 

[Llámame cuando lo veas], escribió antes de volver a casa. Aun así, su mirada se desvió varias veces hacia donde estaban las personas antes de apartarla por completo.  

***  

La mañana transcurrió sin incidentes. La falta de respuesta de Alexéi lo inquietaba un poco, pero no había nada que Yuri pudiera hacer al respecto. 

«La protección personal es más frustrante de lo que pensaba.»

Aunque su trabajo era proteger al cliente, cuando no había una amenaza inmediata, lo único que podía hacer era mantenerse alerta sin más.  

Cheriot se portó bien durante unas cuatro horas. Salió de su habitación, merodeó cerca de Yuri sin motivo aparente y luego sacó una laptop con el logo de una manzana blanca, reproduciendo todo tipo de videos. Entre tanto, repetía como un mantra que estaba aburrido, y su postura en el sofá lo delataba.  

Yuri no podía ver la pantalla desde donde estaba, pero el sonido se escuchaba claramente. Cheriot no veía ningún video por más de unos minutos, cambiando constantemente de uno a otro. Aunque Yuri era un hombre paciente, después de casi cuatro horas de escuchar a Cheriot saltar de video en video cada diez minutos, empezaba a irritarse.  

«Parece que, si no está hablando sin parar, tiene que distraerse de otra manera.»  

Pero no era el comportamiento inquieto de Cheriot lo que lo molestaba. Era más bien la duda de si encerrarlo en casa era realmente lo mejor para él. Incluso llegó a pensar que quizás deberían salir un rato, aunque eso lo fastidiaba aún más.  

Sentado en el sofá individual, Yuri observó a Cheriot con expresión impasible. Antes, había estado recostado sosteniendo la laptop como si fuera un teléfono, pero ahora se había dado vuelta y estaba boca abajo en el sofá. Aunque el sofá de tres plazas era espacioso, Cheriot parecía incómodo, y su rostro pálido, mientras navegaba sin rumbo por los videos, carecía de la vitalidad del día anterior.  

«…Hmm.»  

Yuri dejó el libro que sostenía y miró hacia la ventana. Por haber empezado el día temprano, apenas pasaba el mediodía, y el sol bañaba todo con una luz intensa, como si reclamara su estación. El lago brillaba tanto que parecía blanco, y se veía refrescante.  

«Un rato afuera no haría mal.»  

Aunque sabía que era irracional, Yuri ya consideraba salir. No había amenazas inmediatas, y encerrarse no evitaría el peligro. 

«Claro que lo más seguro es quedarse quieto. En una cacería, la paciencia y la decisión firme son lo que marca la diferencia.»  

«Pero mi trabajo es….»  

Entre el pensamiento de «solo debo protegerlo», surgió de pronto el impulso de verlo feliz y tranquilo. Yuri frunció ligeramente el ceño y entornó los ojos. El sonido de sus dedos golpeando la cubierta del libro resonó levemente. Su indecisión duró varios minutos.  

Mientras pensamientos sobre Cheriot, como semillas de diente de león, revoloteaban en su mente, Cheriot finalmente encontró algo que captó su atención. Puso un video de la final de la Copa Stanley y apoyó la barbilla en la mano. Cuando apareció el nombre del equipo, los Red Maple, Yuri, sin darse cuenta, prestó atención. Recordaba vagamente ese partido porque, durante los playoffs, el nombre de los Red Maple había resonado por todo Vancouver.  

Y en el centro de todo eso siempre estaba Cheriot Goodnight.  

Cheriot había debutado en la NHL con los Florida Panthers, luego fue traspasado a los Chicago Blackhawks y, dos años atrás, llegó a Canadá para convertirse en el capitán de los Red Maple. Recordaba las expectativas de que, con su fichaje, el equipo podría aspirar a ganar la Copa Stanley después de una década.  

Eso era todo lo que Yuri sabía sobre Cheriot Goodnight como jugador de hockey. 

«Ah, sí, también lo había visto en anuncios.» Con esa apariencia que podía confundirse con la de un actor o modelo, no era de extrañar que Alexéi lo mencionara como el famoso capitán de los Red Maple. En su momento, Yuri había pasado por delante de tiendas con su imagen, preguntándose con escepticismo cuán privilegiada sería su vida.  

El video destacaba la historia de los equipos en la Copa Stanley antes de pasar a los jugadores más comentados. Líder en goles, ganador del Trofeo Maurice Richard, del Trofeo Hart Memorial, sus habilidades como centrocampista… El narrador enumeraba rápidamente los logros de Goodnight, pero mencionó que lo único que le faltaba era la Copa Stanley.  

Yuri se dio cuenta de que, sin querer, estaba prestando mucha atención. El Cheriot del que hablaban era alguien tan lejano a su mundo que nunca deberían haberse cruzado. Entre el caos de los últimos días, había olvidado que Cheriot era un hombre capaz de gastar cientos de miles en seguridad y amado por el mundo.  

En lugar de sentirse impresionado por compartir espacio con alguien así, la situación le parecía contradictoria e irreal. La incongruencia fue tan abrupta que una ola de náuseas y una depresión aplastante lo invadió.  

Recordó el origen de ese sentimiento terrible. A los catorce años, caminando por los callejones de Sarátov con Alexéi se topó con un cartel de una compañía de ballet. Fue la primera vez que vislumbró un mundo más allá del suyo.  

En esa época, Yuri y Alexéi faltaban más a la escuela de lo que asistían, siempre juntos para ayudar a Igor. La posición de Yuri no era mala, gracias a su padre, un hombre leal bajo las órdenes de Igor. Fue él quien convenció a Igor de perdonar a Alexéi el hijo de un traidor. Pero los padres de Alexéi que intentaron escapar de Sarátov, no tuvieron la misma suerte.  

Igor los ejecutó públicamente como advertencia. Alexéi no vio el acto, pero sí encontró sus cuerpos destrozados.  

Desde entonces, Igor despreció y a la vez admiró la fortaleza de Alexéi sometiéndolo a pruebas crueles. Una de ellas fue recuperar diez mil dólares en medio día.  

Ignorando la orden de que Alexéi debía hacerlo solo, Yuri lo acompañó. Se adentraron en un campamento en las afueras de Sarátov, un lugar fétido y miserable.  

Allí vivían drogadictos esqueléticos, mujeres que mascaban sus propios cabellos enloquecidas y ancianos que defecaban en plena calle.  

Un lugar que habría horrorizado a cualquiera, pero para Yuri y Alexéi ese paisaje era su realidad. En Sarátov, quienes no estaban atrapados en las drogas o las deudas se agrupaban en el sector oeste; el resto de la ciudad respiraba miseria por igual. Por eso, a Yuri no le daba miedo adentrarse allí.  

A pesar de su juventud, ambos eran más fuertes y resistentes que otros chicos de su edad. Caminaron entre adictos reducidos a meros cascarones humanos, pisaron charcos de orina seca sin inmutarse y encontraron al polaco un hombre que fumaba colillas rescatadas de la basura.  

Igor lo llamaba Boris, aunque su nombre real era Wojciech. Para Igor, lo único que importaba era cuánto dinero podía exprimirle.  

Wojciech había empezado comprando drogas con su salario como reparador de trenes, pero pronto cayó en el crédito. La táctica de Igor era simple: ofrecer drogas a crédito hasta que la adicción los consumiera, y luego arrancarles hasta el alma.  

Ese día, sin embargo, Wojciech tenía los ojos inusualmente lúcidos. Mientras encendía un filtro manchado de saliva y ceniza, los vio acercarse.  

—¿Los chicos de Volkov?  

—Si ya lo sabías, ¿por qué no tienes el dinero? —Alexéi fue directo. Tras perder a sus padres, su única opción era complacer a Igor. Tenía que conseguir ese dinero.  

Yuri, en silencio, escudriñó los alrededores. Aunque ellos estaban acostumbrados, ese lugar era peligroso incluso para adultos. Gente sin nada que perder era capaz de cualquier cosa.  

Y Wojciech estaba acorralado.  

—¡Por culpa de escoria como ustedes estoy así! ¡Me prometieron que si pagaba un poco, seguirían dándome más! ¡Seguirían! —Sus ojos claros no eran lucidez, sino abstinencia. El rostro se le desfiguró como cera derretida y, con un alarido, se abalanzó sobre Alexéi.  

Solo tenían catorce años.  

Aunque eran altos y fuertes para su edad, no podían contra un hombre en sus veintes. Wojciech estranguló a Alexéi con una fuerza enloquecida. Si los mato, no tendré que pagar, debió pensar.  

Alexéi no se dejó vencer por el pánico. Forcejeó mientras Yuri buscaba algo para golpear al polaco. Nadie intervino; en ese callejón solo había cadáveres ambulantes.  

Al ver palidecer a Alexéi algo en Yuri se heló.  

Le arranqué la oreja de un mordisco.  

La sangre brotó cuando Wojciech gritó y se soltó. Su mirada, roja como brasas, se clavó en Yuri antes de atacarlo. Un golpe lo lanzó contra el suelo; una bota le aplastó el estómago. El sabor a hierro llenó su boca.  

Alexéi contraatacó. Así, turnándose, lograron escapar: magullados, ensangrentados, con huesos rotos.  

Sin el dinero.  

—Vámonos —escupió Alexéi también sangrando. Yuri asintió. Nadie los ayudó en el camino de vuelta; todos reconocían a los chicos de Volkov.  

Llegaron a un callejón repleto de basura. Al final, una fábrica abandonada servía de guarida a Igor.  

Fue entonces cuando Alexéi se detuvo.  

Un cartel de ballet.  

«Petrushka», decía en elegantes letras. Bailarines con tutús blancos y trajes azules, iluminados como en un sueño.  

—¿Sabes? La mamá de Lerusha era bailarina —murmuró Alexéi. Hablaba de Maxim y Alisa Bélov, la pareja ejecutada junto a sus padres.  

—Sí.  

—Lerusha baila igual que ella. Es lindo haciéndolo.  

Lerusha, a quien todos creían su hermano menor. Valery Sorokin. Alexéi había aprendido a no llorar por protegerlo.  

Y ahora, mirando el cartel, sonreía.  

—Ahorraré mucho dinero. Para sacarlo de esta mierda de ciudad.  

A pesar de los moretones, su voz tenía una determinación que heló la sangre a Yuri. En ese momento, supo: Alexéi escaparía algún día. Lejano, libre.  

Y Yuri…  

«Quédate», quiso decir. Tragó sangre y asintió.  

—Entonces yo te ayudaré a sobrevivir hasta entonces.  

Alexéi rio, un sonido vacío y triste.  

—Sin ti, hoy habría muerto.  

—Sí.  

—Gracias, Yuri.  

Yuri comprendió entonces que eran distintos. Alexéi tenía sueños. Él solo tenía a su familia.  

***  

El recuerdo le rasgó la garganta. Tragó saliva y apartó la mirada de Cheriot.  

—¿Estás bien? —preguntó Cheriot, levantándose. Sus verdes ojos brillaban con preocupación.  

—Sí.  

—¿Quieres agua?  

…Cómo lo supo.  

Cheriot fue a la cocina. Yuri observó cómo colocaba los vasos sobre posavasos. Nunca había conocido a alguien tan meticuloso.  

—¿Qué libro leías con tanto interés? No quise interrumpirte —dijo Cheriot al volver.  

Yuri miró el agua. Le picaban las yemas de los dedos.  

—Pensé que estabas concentrado en los videos de hockey —murmuró.  

—  

Nota del autor:

Ups, parece que Yuri se ha puesto melancólico.  



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN 
CORRECCIÓN: ROBIN


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