Capítulo 13. Cherry whiskey sour
«Los Alfas son expertos en hacer cosas vergonzosas…»
Acariciarle la cara a Yuri había sido un gesto excesivamente familiar. Le resultaba desconcertante que un desconocido hubiera hecho algo que ni siquiera su propia familia solía hacer. Aunque el calor de su cuerpo le había transmitido cierta tranquilidad, esa sensación en sí era tan ajena que su cuerpo se tensó. Yuri apartó suavemente la cabeza y retiró la mano de Cheriot de manera natural.
—No exageres.
Para Yuri, “estar herido” significaba algo grave. Si podía conducir sin problemas, estaba lejos de ser una lesión seria, así que no quería mencionar tonterías.
—Duerme un poco. Tenemos un largo camino por delante.
Al soltar conscientemente la tensión en sus manos, Yuri intentó concentrarse en la carretera. Pero Cheriot no lo dejó en paz.
—El copiloto se supone que debe dormir, ¿no?
Tras responder así, Cheriot desabrochó abruptamente el cinturón de seguridad. Encendió la luz interior del coche y, al ver el rostro de Yuri bajo la claridad, soltó un grito ahogado.
—¿Qué demonios te pasa? Detén el coche. ¡Te digo que pares!
La mano que había logrado apartar volvió a extenderse, esta vez agarrándole la barbilla con fuerza. Incapaz de ignorar la presión, Yuri frunció el ceño. Como había notado antes, Cheriot, a pesar de su apariencia delicada, era sorprendentemente fuerte. Podría superarlo en fuerza pura, pensó Yuri mientras forcejeaba.
—Déjame en paz.
—Si vieras tu propia cara, no dirías eso.
Cheriot presionó con los dedos cerca de su pómulo. El dolor punzante bajo la fina piel hizo que Yuri entrecerrara los ojos.
—Ves, te duele.
Aunque no lo revisara, seguramente ya le habría salido un moretón. Le parecía exagerado para una herida sin cortes, pero, preocupado por un posible accidente, decidió detenerse.
—Entendido, suéltame. Pararé en cuanto haya un arcén.
La Carretera 1 casi no tenía arcenes, ya que atravesaba montañas escarpadas. Cheriot, con expresión disgustada, se apartó y cruzó los brazos, clavando la mirada en Yuri. Molesto por esa intensidad, Yuri condujo cinco minutos más hasta encontrar un claro y estacionó.
Apenas apagó el motor, Cheriot se acercó. Tras observarlo con severidad, preguntó:
—¿Tienes un botiquín? Necesitamos tratar esas heridas.
«¿Poner medicina por un moretón?». Yuri torció la boca, como si escuchara una broma.
—¿Ya terminaste de revisar?
—No. Podrías estar herido en otros sitios. Quítate el abrigo. Ese loco antes…
Cheriot se interrumpió, paralizado. Sus ojos se oscurecieron al recordar los disparos.
—…Disparó.
Cerró la boca y se quedó en silencio, mirando fijamente a Yuri. Aprovechando la calma, Yuri relajó su cuerpo. Al recostarse en el asiento, la fatiga lo invadió. Eran las 3 a.m.; llevaba despierto todo el día.
«En el pasado aguantaba noches enteras, pero ahora mi cuerpo se cansa por esto». Decidió dormir unas horas antes de seguir.
—Vamos a seguir. Pararemos en una área de servicio para sacar dinero, y tú buscarás a quien necesites. Yo me quedaré contigo hasta que llegue un reemplazo. Al fin y al cabo, esto pasó porque no me preparé bien…
Conteniendo un suspiro, Yuri se pasó la mano por el pelo. Sus ojos ardían.
—Intentaré evitar que lleguemos a otro momento crítico como en el hotel.
Dudó en decir “lamento lo ocurrido”, pero le sonaría hipócrita. Cheriot, que había escuchado en silencio, respondió:
—¿Por qué sería tu culpa?
Su voz baja resonó en el coche.
—La culpa es de esa escoria que vino a matarme.
Cheriot reclinó el asiento y se giró hacia el maletero. Su gran estatura hizo que su hombro golpeara el techo. Sacó una botella y un pañuelo, mojándolo con agua. Luego, lo aplicó en el rostro de Yuri.
—Pensé que no había heridas abiertas, pero hay sangre.
El pañuelo húmedo, tibio por el calor de Cheriot, no era desagradable. El olor a suavizante, sus feromonas, la loción… Yuri parpadeó, incómodo por la cercanía.
«Si hay sangre, mejor limpiarlo».
Permaneció quieto, pero le costaba tolerar que otro lo tocara.
—Yo no soy muy diferente de esos que te persiguieron.
Cheriot se encogió de hombros.
—Lo sé.
Su tranquilidad dejó a Yuri desconcertado.
—¿No odias tocar a gente como yo?
—Odiarte y tocarte son cosas distintas.
«No lo entiendo. La gente evita lo que le repugna».
—Si algo te asquea, no quieres tocarlo.
—Conmigo no pasa, es mi gusto.
Cheriot volvió a mencionar lo de sus “gustos”. Yuri, aprovechando la situación, decidió preguntarle sobre esa extraña preferencia.
—…No entiendo por qué le dices esas cosas a otro Alfa.
—Solo estoy diciendo la verdad. ¿No te gusta oírlo?
Cheriot lo miró con una sonrisa burlona, como si su guardia se hubiera relajado un poco.
«¿De verdad baja la defensa solo porque lo salvé? Los humanos son capaces de apuñalarte por la espalda en cualquier momento». Yuri sintió un poco de preocupación por su ingenuidad.
—No es algo que me guste escuchar.
—Es un cumplido.
—Si viniera de un Omega, quizá, pero no quiero oír eso de otro Alfa.
Aunque, pensándolo bien, tampoco le interesaba oírlo de un Omega. Pero, en cualquier caso, que otro Alfa hablara así estaba fuera de su comprensión.
—Alfa, Omega… al final todos son personas, ¿no?
—Los Alfas no se tocan así. Con un Omega, quizá, pero no entre nosotros.
Cheriot rio mientras guardaba el pañuelo.
—Jaja.
Su risa resonó grave y baja, como si saliera desde el pecho. Con solo una ligera curva en los labios, lanzó el pañuelo manchado de sangre al asiento trasero. Luego, abrió la puerta del copiloto y dijo:
—Parece que no sabes lo increíble que puede ser la experiencia entre dos Alfas.
Ante su comportamiento repentino, Yuri frunció el ceño y se incorporó. Cheriot, ya fuera del coche, le hizo un gesto.
—Cambiemos de lugar. Yo conduciré. No quiero que alguien herido maneje.
—…Tonterías. Vuelve a entrar.
Cheriot, que en momentos de peligro había seguido sus indicaciones, había vuelto a su actitud caprichosa. Se acercó al asiento del conductor, apoyó el brazo en el techo del coche y se inclinó para mirarlo. Tocó la ventana con los nudillos.
—Yo al menos descansé un poco en el hotel, pero tú no has parado. Sería más peligroso si te quedas dormido al volante, ¿no crees?
Era difícil refutar eso. No era tanto sueño como agotamiento, y la idea de cerrar los ojos aunque fuera un momento se le antojaba tentadora. Mientras vacilaba, rendido ante el deseo de descansar, Cheriot habló con calma:
—Estás cansado, admítelo. Puedes descansar.
En la autopista solitaria, sin otros coches a la vista, solo la voz de Cheriot rompía el silencio. Yuri apretó el volante, movió los labios, pero las palabras de negativa no salieron. Al final, soltó el volante. Cheriot, como si lo hubiera estado esperando, abrió la puerta del conductor.
Así, intercambiaron lugares. Al cerrar la puerta del copiloto, Cheriot encendió el motor. Sacó su teléfono y preguntó:
—Entonces, ¿adónde vamos?
Yuri, hundiéndose en el asiento, se frotó los ojos. Había estado conduciendo sin rumbo, solo con la idea de alejarse de la ciudad. Casi nunca tenía un destino fijo.
—Adonde tú quieras.
Era algo que Yuri no tenía, pero que alguien como Cheriot sí. Un destino.
—¿Qué tal Kelowna?
—Hay demasiada gente.
—Tss.
Cheriot frunció los labios. Con el brazo apoyado en el volante, lo miró y preguntó:
—Entonces, ¿qué tipo de lugar te gustaría?
—Algo con poca gente… donde no haya jóvenes que suban todo a redes sociales solo por verte pasear.
—¿Existe todavía un lugar así?
La conversación lo agotó de repente, y Yuri cerró la boca. Cheriot, al verlo, empezó a conducir en silencio.
Dejó la ventana entreabierta, permitiendo que entrara un suave viento. Manejaba con notable estabilidad. Yuri, tratando de no dormirse por si acaso, miró fijamente el exterior.
Bajo un cielo nocturno sin más luz que la del coche, los faros iluminaban árboles dispersos y altos. El sonido del viento meciendo las ramas lo hipnotizó, y sus párpados empezaron a pesar. Entre la oscuridad que lentamente nublaba su visión, escuchó a Cheriot tararear en voz baja.
«Qué tranquilo está».
Parecía que, antes de dormirse, pensó: «Este tipo, que estuvo a punto de morir, se recupera rápido». Cuando se enojaba, parecía digno; cuando actuaba sin sentido, daban ganas de golpearlo; y cuando se pegaba cariñosamente, soltaba palabras dulces. Era un hombre con matices que Yuri nunca antes había visto. Como una cereza roja que, al morderla, revelaba múltiples sabores.
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### Nota de la autora:
¡Esta parte fue un poco corta porque la anterior fue larga! 😢
¡Prometo traer una más extensa mañana! XD
¡Los comentarios son súper divertidos de leer, jeje…!
Me encanta ver cómo reaccionan a Cheriot: los contrastes de temperamento, las metáforas creativas, incluso cuando rechina los dientes es adorable…
¡Es muy, muy entretenido! ¡Gracias!
PD: ¡La escena hot probablemente llegue en unos 5-6 capítulos más!

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN