Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 09. Caer al abismo (1)

En el reino existía una jerarquía piramidal. En la cúspide había un reducido número de miembros de la realeza, seguidos de la nobleza. La realeza estaba por encima de la nobleza, y la nobleza gobernaba las dos clases inferiores. En la base de la pirámide estaban los plebeyos y la clase baja. Los plebeyos eran principalmente los que trabajaban en el castillo o se dedicaban a la agricultura y daban sus cosechas como tributo. También estaban entre ellos los que regentaban* tiendas o trabajaban en la industria del transporte. Y la gente de clase más baja, por debajo de los plebeyos, estaba en lo más bajo de la pirámide del reino, y no había esperanza en sus vidas. Este estatus lo transmitían principalmente a los rateros, los pecadores y aquellos a los que el reino consideraba de clase baja.

*Regentar: Administrar

Nuritas había llevado antes la vida de un plebeyo. No era mucho, pero si trabajaba lo suficiente, podía soñar con algún día poder llevarse a su madre a un lugar tranquilo y vivir en paz.

Pero ahora que se había revelado que era hija ilegítima del conde, ya no podía seguir siendo plebeyo. En el reino, un bastardo no es ni plebeyo ni noble, sino un término medio.

—Quién me iba a decir que caería más bajo que limpiando una pocilga.

Nuritas sacudió su pelo corto y erizado y soltó las duras palabras. Nunca se le había ocurrido que pudiera caer más bajo que tener que recoger la porquería caliente. Apenas podía contener la voz; pensar que todo era culpa del conde era demasiado para ella. Si él no hubiera puesto sus manos sobre las criadas del castillo, la vida de su madre no habría sido tan miserable.

Incluso si eso significaba que Nuritas dejaría de existir.

—Nobleza y todo eso.

Nuritas aún no había superado su vieja costumbre de decir lo que se le ocurría, así que dijo lo que le dio la gana. Estaba a punto de armarse un revoltijo de palabrotas cuando una criada, que la ayudaba a vestirse, oyó su voz enfurecida y dio un respingo.

Sorprendida, la criada, una vez más molesta por estar peinando a una hija ilegítima que no era mejor que ella, sólo apretó con más fuerza el peine. La condesa le había dicho que la tratara como si estuviera sirviendo a Lady Meirin, pero no le nacieron esos sentimientos.

—Ouch.

—Lo siento…

Nuritas agarró la muñeca de la criada sirviéndola con cara de disgusto desde el primer día. La criada usaba hábilmente palabras extrañas que no eran ni respetuosas ni despectivas. No es que Nuritas no pudiera entender sus sentimientos, pero esta no era la forma de hacer el trabajo.

—¿No creerás que estoy jugando a este juego de muñecas porque quiero?

Nuritas era una mujer fuerte para haber pasado casi una década sacando porquería y paja de la pocilga. Miró directamente a los ojos de la criada en el espejo y movió la boca con voz lenta y baja.

—Vas a tener que hacer esto bien.

Mirando su reflejo todavía ridículo en el espejo, Nuritas regañó a la criada. No tenía la energía emocional para discutir con la criada en ese momento. De hecho, los padres de la criada trabajaban en el castillo, y ella también. En cierto modo, estaban en la misma situación.

Nuritas no se había sentido a gusto desde el primer día que se puso el vestido verde gracias a los nobles Romagnolos a los que no les importaba un comino. Tenía que preocuparse todo el tiempo por el bienestar de su madre, y la cabeza le estallaba de estudiar y de lecciones de baile, algo que nunca se había planteado en su vida. Llegó al punto de pensar que era feliz cuando estaba holgazaneando sin rumbo fijo. La vida de los nobles la dejó sin aliento.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

El Conde ha asignado a la gruñona Baronesa la tutoría de Nuritas. La baronesa Bovary era una pariente lejana de la familia de la condesa, una mujer que había perdido a su marido en la guerra y se mantenía dando clases particulares a señoritas.

Nuritas recordó el día en que la conoció.

—Dios, sería más fácil enseñar a los animales.

Su impresión de Nuritas era dura. No necesitaba que se lo dijeran, sabía que era fea.

La baronesa Bovary llevaba un sencillo vestido gris, con un adorno redondo de ónice* en el centro del pecho. Llevaba el pelo peinado de tal forma que no se le escapaba ni un mechón por la cara.

Ónice: Ónix. Una variedad del Ágata.

La lección transcurrió sin ninguna discrepancia respecto a la primera impresión de Nuritas.

La baronesa golpeaba sin descanso a Nuritas en la espalda con una delgadísima vara de madera cada vez que no leía correctamente un texto. Los azotes no eran nada nuevo para Nuritas. El hambre y los azotes eran dos de las cosas más familiares de trabajar en el castillo.

Pero éste era un tipo de azote diferente a los que había recibido de otros capataces por no hacer bien su trabajo. Por supuesto, son los primeros los que más duelen. Pero el latigazo de Madame Bovary se sintió más como un latigazo en el pecho.

—De verdad, esto es demasiado duro, Señorita Nuritas. Intentémoslo de nuevo.

Siempre que Madame Bovary la llamaba por su nombre de pila, había una pizca de sarcasmo. Era una mujer que nunca atacaba directamente a nadie, así que Nuritas no tuvo más remedio que escuchar; tendría que aprender todo lo que pudiera de aquella bruja hasta que pudiera imitar a la noble. Si fuera simplemente desalmada e histérica, Nuritas quizá no habría odiado tanto a su tutora.

El conde Romagnolo las visitaba sin previo aviso entre clase y clase para comprobar sus progresos. En esas ocasiones, Madame Bovary golpeaba a Nuritas como si estuviera azotando a un caballo, luego escondía rápidamente la vara de madera y dirigía la clase con una suave sonrisa, como si de repente se hubiera convertido en una santa. La señora, de aspecto testarudo, miró por encima del hombro del conde de pelo plateado y le dirigió una tímida mirada. Por una vez, Nuritas se sintió agradecida por la presencia del asqueroso y feo conde.

Lilián: Esa señora cree que le está pegando a un bulto de papas o que?

—Señorita Nuritas, al principio es difícil para todos. Pero si lo haces lentamente y con paciencia, podrás obtener los resultados que deseas. Jo, jo.

El Conde los observó un momento, mirando de reojo sus libros de texto. Luego se marchó, y cuando se fue, la máscara de Madame Bovary había desaparecido y volvía a ser un granjero borracho que blandía su bastón contra el ganado.

Nuritas conocía a pocos nobles, pero sus experiencias con el Conde y Madame Bovary le hicieron preguntarse si todos tenían dos caras. Fue entonces cuando Madame Bovary añadió con voz gélida en pleno invierno.

—Si no lo haces bien de aquí a mañana… te voy a dar un auténtico azote, no algo como esto.

«Creo que ya he probado bastante. »

La respuesta a las palabras de Madame Bovary se la guardó para ella misma. Era obvio que si respondía, sólo la golpearía más. Después de clase, a Nuritas siempre le dolía la espalda y le hormigueaba. Cada vez que se movía, su vestido la rozaba, irritando la herida.

Pero no se lo contó a su madre, sino que se limitó a tranquilizarla con la ridícula mentira de que el conde la había acogido como a una hija.

Su madre no lo creyó, pero al ver a Nuritas con su vestido y viviendo en el castillo, empezó a creer que era verdad. Su madre no podía estar más preocupada.

—Madre, el Conde también me ha puesto el nombre de Nuritas.

—¡Dios mío!

—Hasta tiene una criada para atenderme.

Aquel día su madre lloró mucho, repitiendo su nombre una y otra vez. Hasta el final, no quiso decirle a su madre que la habían dado en matrimonio a un hombre cruel en lugar de a Meirin. Toda su vida había sufrido por culpa del Conde. Había hecho un trabajo tremendo criándole como a un hombre para protegerla a ella, una joven.

No quería añadir más daño a su frágil corazón que parecía a punto de colapsar en cualquier momento.

En el momento en que Leonie vio a su hija con un vestido, le empezó a doler el corazón. Ella sabía muy bien cómo era el conde. No podía alegrarse al ver el rostro luminoso de su hija y regocijarse, porque sabía muy bien que él no era una persona que mostrara compasión por su hija ilegítima sin motivo alguno.

Lamentaba haberle dado a luz ilegítimamente. Apenas podía soportar que recién nomás pudo probarse un vestido, a pesar de haber nacido con una cara tan bonita. No podía pronunciar palabras largas, sino que sólo las susurraba entre lágrimas.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

Nuritas aprendió a montar a caballo con Abio el día en que Madame Bovary enfermó y tuvo que tomarse un día libre de sus lecciones. Generalmente a los jóvenes nobles se les enseñaba equitación y técnicas sencillas de caza desde muy pequeños.

—¿Por qué los nobles aprenden tanto?

Dirigiéndose hacia los establos, Nuritas refunfuñó y escupió al suelo.

«Ah, sí Madame Bovary me hubiera visto así, me habría azotado con un látigo de cuero. »

Nuritas sonrió amargamente y apresuró sus desganados pasos. Se dirigía a encontrar a la persona que menos quería ver en este castillo, y él la estaba llamando.

—¡Por aquí, hermanita!

Lilián:

«¿Por qué me llamo hermanita si él y yo tenemos la misma edad, diecisiete años? »

Pero daba igual. No importaba cómo la llamara Abio, estaba claro que lo odiaría todo. Aquel día la guió a caballo durante una hora. A diferencia de otras lecciones que le enseñaban en la sala, montar era bastante interesante. A Nuritas se le daba bien. Aparte de dar instrucciones para montar a caballo, Abio no dijo nada innecesario ni hizo ningún contacto físico. Aunque era extrañamente molesto e incómodo para Nuritas, centró toda su atención en aprender primero.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

Los problemas llegaron después de la lección de equitación, cuando cada uno llevó su caballo a los establos para atarlos, y Nuritas se preguntó por qué no había sirvientes allí, pero se limitó a atarlos rápidamente, le dio una palmadita en la cabeza al caballo para despedirse, y se dio la vuelta para ir a ver a su madre.

«¿Dónde estará limpiando ahora?»

Pero justo detrás de ella, Abio, a quien no vio cuando había llegado, la atrapó con sus brazos y exhaló un aliento muy pegajoso.

—El tiempo de juego entre hermanos ha terminado por hoy.

—Sí, gracias por hoy.

—Bueno, ¿entonces qué me vas a dar?

—¿Qué?

—¿Crees que ponerle un vestido a un trozo de basura y un lazo la convierte en princesa?

A Abio siempre le había llamado la atención aquella joven, y se enfadó consigo mismo por tener en mente algo tan rastrero. En ese entonces pensaba que era un chico y se desanimó mucho al creer que podría ser un sodomita. La última vez había manoseado a un joven cubierto de inmundicia  y se masturbo con eso.

Pero cuando se dio cuenta de que era una chica, se alegró tanto de no ser un sodomita y a la vez tuvo una epifanía. Ahora podía divertirse con ella como era debido. Un estremecimiento de excitación le recorrió, y la giró lentamente para que se pusiera frente a él.

Lilián: 

Nuritas pudo ver algo más feo que la inmundicia en sus ojos.

Abio tragó saliva cuando su mirada recorrió el pecho de Nuritas. Flaco y feo, pero había algo en ella que le aceleraba el corazón.

Abio acarició la oreja de Nuritas con una extraña mezcla de rabia y expectación.

—Qué suave tienes la piel a pesar de ser tan basura.

Por un momento, Nuritas sintió que las piernas le flaqueaban al darse cuenta que su tono de voz se parecía al mismo tono que atormentaba a su madre por las noches. Sólo algunas moscas revoloteaban alrededor de los establos, donde no llegaba nadie.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: LILIAN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 8

    Next Post

  • CAPÍTULO 10
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks