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Capítulo 51. Banderas ondeando sobre Heathfield

Quienes llegan a Heathfield, independientemente de su estatus, permanecen en tiendas de campaña durante el partido. Es una tradición centenaria, y algunos dicen que se debe a que los padres fundadores eran nómadas, mientras que otros dicen que se debe a que es ineficaz construir y mantener edificios en un lugar que sólo se utiliza durante cortos periodos de tiempo.

Nuritas y Lucious fueron escoltados hacia la tienda de Morciani por un hombre de mediana edad con barriga.

La gran tienda del rey ocupaba la posición principal, y a su alrededor había hileras de tiendas, ligeramente separadas entre sí.

A primera vista, las coloridas tiendas parecían caóticas, pero estaban estrictamente divididas en zonas según el estatus.

Los nobles y la realeza se situaban en la parte más alta, y sus colores eran brillantes. Por otro lado, las residencias de los plebeyos y los empleados se ubicaban en terrenos ligeramente más bajos, y los alojamientos comunales estaban provistos de tiendas de campaña de colores sencillos.

—Así que incluso si llueve mucho, las tiendas de nuestros nobles no sufrirán daños.

El oficial se acarició el bigote con ambas manos y explicó el sistema de tiendas con orgullo. Nuritas no dijo nada por fuera, pero por dentro dejó escapar un pequeño suspiro.

«¿Cómo diablos se creó la lógica de que no importa si mueren personas de bajo estatus?»

Mientras reflexionaba sobre ello, el oficial se detuvo frente a ella, se inclinó casi hasta el suelo y señaló una tienda con ambas manos.

—Este es el lugar que Su Majestad ha encargado especialmente para usted, Duque.

El exterior de la tienda era azul y poco llamativo, salvo por el hecho de que era más pequeña que la del rey. Pero Nuritas, que nunca antes había visto una instalación hecha de tela como ésta, se sintió un poco fuera de lugar, y vaciló, con los ojos desconcertados.

—Por aquí.

Lucious levantó primero la cortina, luego entró en la tienda y le hizo un gesto a Nuritas para que lo siguiera. Nuritas se quedó fuera un momento mirando entre el oficial y el Duque, que la miró antes de darse la vuelta para entrar en la carpa.

Quería evitar quedarse a solas con el Duque si era posible, pero no podía dejar que nadie viera su negativa cuando él le hizo señas para que entrara.

Cuando entro nerviosamente, el telón cayó y se oscureció, y el interior que miro a su alrededor fue más simple de lo que esperaba.

El suelo estaba lleno de lo que parecían pieles de animales, y había un pequeño fogón para hacer fuego. Aún no había sido amueblada con nada de la propiedad del Duque, por lo que parecía muy sencilla.

Lucious ordenó a los criados, que esperaban fuera, que se apresuraran a traer las mercancías. Parecía preocupado de que el frío del interior enfriara a Nuritas.

—¡Primero enciendan el fuego!

Tras dar la orden, Lucious llevó a Nuritas de la mano a una silla y habló con preocupación.

—Me preocupa que no vayas a estar cómoda aquí.

Lucious estaba acostumbrado a este tipo de vida en la tienda, después de haber pasado tanto tiempo en el campo de batalla, pero parecía duro para la frágil Nuritas. En retrospectiva, deseó haber traído consigo una cama y todos los demás muebles y enseres domésticos que una mujer usaría normalmente.

Pero contrariamente a los temores del Duque, su primera impresión del lugar no fue demasiado mala. Sorbiendo de la taza de té que le habían proporcionado las criadas, Nuritas volvió a echar un vistazo al interior de la tienda. No era muy espaciosa, pero sí acogedora, y los asientos forrados de cuero resultaban bastante confortables.

Ocasionalmente se había quedado dormida en los establos mientras trabajaba en el pasado, pero a diferencia de allí, aquí no había corrientes de aire con las que lidiar, y no tenía que soportar el asqueroso olor de los excrementos del ganado, pero sacudió la cabeza, sin atreverse a mencionarlo al Duque.

—Gracias por su preocupación, pero estoy bien.

De todos modos, Nuritas se había sentido un poco mal desde antes de entrar en la tienda. Sólo había una gruesa piel que parecía ser una cama, y le preguntó al Duque con cautela.

—¿Es esta mi propia tienda?

En respuesta, el Duque estiró tranquilamente los brazos hacia atrás.

—No puede ser. En Heathfield, incluso Su Alteza sólo se aloja en una tienda. Como puede ver, el espacio es pequeño… ¿Hay algún problema?

Nuritas sintió que sus ojos se oscurecían ante sus palabras.

Ya era difícil estar juntos incluso en la amplia cama de su dormitorio, pero dormir uno al lado del otro así, donde sus cuerpos prácticamente podían tocarse, era casi imposible.

¿Y si accidentalmente se da vuelta mientras duerme y choca contra su pecho o su cara…?

Era divertido pensarlo, pero ahora iba en serio.

«¿Ahora me estoy volviendo loca? »

Por alguna razón, no podía pensar con claridad en nada que tuviera que ver con el Duque. Cada vez que pensaba en él, dos pensamientos tan extremos dominaban su mente.

«Tengo que salir de aquí».

Si se escapa cuando el Duque esté dormido, encontraría algún lugar al aire libre donde refugiarse. Debe haber un campo, un granero, un establo. Solo tendría que procurar que no la vean y estaría bien.

Nuritas asintió, resuelta.

Al ver su expresión decidida, Lucious añadió, como si hubiera olvidado algo importante que decir.

—Ah, sí. Aquí acechan los lobos por la noche. Hablando de eso, ni se te ocurra pensar en dar un paseo sola a la luz de la luna.

Nuritas jugueteó con el asa de su taza de té, tratando de ocultar su sorpresa ante las palabras del Duque. Se preguntaba si él podía ver sus pensamientos de escaparse.

«¡Lobos! »

Nuritas no tenía miedo a muchas cosas, pero había visto la ferocidad del gran animal una vez antes, cuando el Conde y Abio habían traído uno como trofeo de una cacería. Aunque estaba muerto, recordaba claramente el terror que le producía su enorme cuerpo.

Y si le mordiera una de sus muelas…

Lucious sintió un poco de lástima por ella al ver cómo sus hombros se hundían ligeramente.

No podía haber animales tan feroces en el alojamiento del Rey. Aunque hubiera perros salvajes o algo por el estilo, la zona estaría vigilada con seguridad por soldados de la vanguardia.

«¿Es codicioso tratar de mantenerte conmigo? »

Lucious necesitaba algún pretexto para mantenerla a su lado, aunque fuera uno bastante vano e infantil, ya que a menudo le daba la espalda e intentaba desaparecer.

Cuando los sirvientes se marcharon y terminaron de ordenar, el aire de la tienda se volvió bastante cálido mientras la leña crepitaba en el fogón.

Un calor rojizo comenzó a extenderse, tiñendo las mejillas de Nuritas, rozando sus orejas y pareciendo ampliarse. Parecía tan misterioso que no podía quitarle los ojos de encima, y no podía ocultar su desconcierto ante el repentino cambio en su cuerpo.

«Qué cosa tan vergonzosa a plena luz del día».

—Saldré un minuto, y será mejor que descanses.

Lucious alzó su taza de té, tiró el contenido al suelo y cruzó a toda prisa la tienda, sabiendo que si se quedaba más tiempo, seguramente haría algo que le avergonzaría enormemente.

Él se sentía así mucho últimamente, por haber estado perdiendo el control de sí mismo. La fría brisa del exterior de la tienda le rozó las mejillas y le devolvió la cordura. Recordó lo que tenía que hacer.

—Tengo que ir a ver al Rey.

Debía de haberse enterado de su llegada hacía tiempo.

No quería hacerlo, pero el recuerdo de la mujer en la tienda lo impulsó, pues no ganaba nada disgustándolo.

Nuritas se levantó de la silla al recordar la repentina desaparición del Duque de la conversación. El aire del interior de la tienda parecía calentarse por las llamas del pequeño fogón.

—Esto está sofocante.

Llamó a Sophia, que la esperaba fuera, y se volvió a bajar el velo.

Se sentía un poco solitaria estando sola en un lugar desconocido. Sentimientos que no había conocido antes empezaban a apoderarse de ella.

Cuando estaba con el Duque, ya era doloroso, y cuando estaba sin él, el tiempo pasaba tan lentamente que era difícil de soportar.

«¿Qué voy a hacer…?»

Incluso si se lo preguntaba durante innumerables horas, no podía encontrar una respuesta.

Nuritas levantó la cabeza y empezó a mirar alrededor de las tiendas con curiosidad. Tiendas de diferentes formas, tamaños y colores se extendían como setas en el bosque.

Nuritas nunca había pasado tanto tiempo en un lugar que no fuera el castillo del Conde o del Duque. La emoción de las nuevas experiencias le aceleraba el corazón.

«Nunca pensé que vendría a un lugar como este.»

Nunca se había imaginado estar en la arena de justas que había visto en las ilustraciones de las lecciones de Madame Bovary sobre cómo convertirse en noble. Fue una sensación muy extraña, como si se hubiera metido en un libro.

En ese momento, sus labios rojos se curvaron en una sonrisa amarga mientras su velo blanco ondeaba al viento.

¿Quiénes son las personas que construyeron estas numerosas tiendas de campaña?

¿Quiénes son los que recogieron esos pilares de madera y los arrastraron hasta aquí donde otros comen y beben en la comodidad de su propio sudor, y pelean hasta que uno de ellos muere?

Quizá ninguno de los propietarios de estas numerosas tiendas comparta la preocupación de Nuritas.

«Porque ellos son la verdadera nobleza.»

—¿Va más lejos, mi señora?

Sophia, que la había seguido sin decir palabra, pareció ligeramente asustada cuando la procesión de tiendas terminó y llegaron a un claro vacío. Nuritas, sin embargo, se sintió atraída por el nuevo lugar.

Los guijarros crujían bajo sus pies y las hierbas irreconocibles la saludaban. Unos pocos soldados montaban guardia con lanzas, vigilando el límite entre las tiendas y el campo, por lo que parecía improbable que ocurriera nada.

Nuritas caminó hacia el centro del campo, manteniendo cierta distancia entre ella y los soldados, y una ráfaga de viento que sacudió todo su cuerpo la hizo sentir como si todos sus problemas se hubieran borrado de golpe.

—Maldita sea.

Cuando creía que nadie observaba, las palabras que solía utilizar brotaban naturalmente de sus labios. Sin embargo, era curioso que ahora sonaran tan extrañas.

En su opinión, los nobles eran un grupo verdaderamente agotador. ¿Por qué vivir tan consciente de la mirada de los demás? Jugar a ser noble le hizo sentir lástima por ellos.

En ese momento, una fuerte ráfaga de viento le arrancó el velo y lo elevó hacia el cielo.

Nuritas, con el rostro inexpresivo, observó aturdida cómo el velo se alejaba. Su fina cabellera plateada, descubierta por completo, comenzó a ondear de un lado a otro como la hierba salvaje.

Lo observó un instante y se movió demasiado tarde para atraparlo. La larga hierba le tiraba de los tobillos por debajo del vestido, lo que le dificultaba ganar velocidad. Detrás de ella, Sophia empezó a perseguirla, pero el velo flotó en el aire.

—¡Uf!

El viento se calmó y Nuritas soltó un pequeño aullido al ver que su velo aterrizaba suavemente en las manos de un hombre.

El desconocido era alto, con el pelo turquesa colgando hasta la cintura y los ojos como amatistas. Era el hombre más hermoso que Nuritas había visto nunca. Vestía una túnica de color blanco puro, como alguien de otro país, con una faja dorada alrededor de la cintura. Ella apartó la mirada y se fijó en la piel pálida que asomaba a través de la túnica.

¿Quién llevaría un atuendo así en un campo abierto y sin un solo sirviente?

Era su primer encuentro con aquel extraño hombre.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: JOAN


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