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Capítulo 50. ¡Sus manos unidas estaban cálidas!

Amaneció la mañana del torneo de justas.

El Duque y Nuritas subieron al carruaje de Morciani con todo lo que habían preparado el día anterior. Los tres carruajes comenzaron a moverse lentamente.

Nuritas decidió olvidar por un momento que había oído los verdaderos sentimientos del Duque. Si lo recordaba, no sería capaz de sentarse cara a cara.

Si no fuera por la historia de que un noble casado nunca aparece solo en un torneo, no estaría allí con un sentimiento tan confuso.

«Por ahora, sólo debo pensar en el honor de la familia Morciani.»

El carruaje comenzó a acelerar, dirigiéndose directamente a la arena donde se celebraría el torneo.

Lucious miró a Nuritas, que evitó su mirada, y empezó a fruncir el ceño a medida que se acercaba la hora de llegada.

«Un torneo de justas.»

Debido a que había estado en el campo de batalla durante tanto tiempo, había podido saltarse el temido evento durante los últimos años. Esta vez, sin embargo, había recibido un mensaje del rey que le obligaba a asistir. Por muy poderoso que fuera un Duque, desafiar las órdenes del rey equivalía a traición.

A Lucious le disgustaban los bailes, en los que se compraban y vendían niños de familias nobles en el mercado, pero también despreciaba las justas, en las que se utilizaban vidas humanas como entretenimiento.

El propósito de las justas era poner a prueba las habilidades de los caballeros y prepararlos para la guerra que se avecinaba. Tal vez en sus primeros años hubiera tenido un efecto más positivo.

Pero para Lucious los torneos de justas no eran más que una extensión de la riqueza de la familia, con costosas armaduras, caballos finos y espadas. También se convirtieron en un terreno de juego donde se apostaban grandes sumas de dinero para predecir el vencedor, y un lugar al que muchos nobles acudían para lanzar difamaciones.

Los ejercicios practicados en los torneos de justas eran en gran medida un mero baile en el campo de batalla, donde se derramaba sangre innumerables veces.

Los enemigos nunca avisaban con antelación de sus ataques y a menudo aparecían de la nada y se lanzaban a degüello.

Lo que le enfurecía aún más, era el hecho de que la gente a menudo perdía la vida durante estos ridículos eventos.

«Qué muerte tan inútil. »

Esto no era tan honorable como ir a la guerra y morir por tu familia y tu reino. Los muertos caían de sus caballos y yacían en el suelo, y la multitud aclamaba el nombre del vencedor.

Lucious apretó los puños al recordar una vez, hace mucho tiempo. Debido a que no quería permanecer en tales competencias por mucho tiempo, hizo todo lo posible para fallar en las preliminares cayéndose deliberadamente de su caballo o fingiendo ser apuñalado.

Pero esta vez…

Sus ojos se deslizaron por el costado del rostro de la mujer mientras miraba por la ventana. Una frente fina y unos ojos hundidos llamaron su atención. Tenía las manos entrelazadas con tanta elegancia que parecía como si pudiera estrecharlas entre las suyas.

De repente, Lucious sintió que todo su cuerpo se tensaba; tenía algo que proteger, algo que no había tenido desde la muerte de su madre.

«Mi esposa… »

Decir las palabras en silencio en su mente le dio un impulso competitivo. Si no iba a ser eliminado del torneo, iba a tener que ser lo mejor posible. Sería una cuestión de honor para la familia.

—En esta justa, pensaba ir por la victoria.

—¿Qué?

Por lo que había oído, la arena de las justas era un lugar con muchas variables. Los huesos rotos por caídas y las heridas de lanzas y espadas no eran infrecuentes. No dudaba de la habilidad del Duque, pero un leve sentimiento de aprensión surgió en su mente.

«¿Y si algo va mal con el Duque?»

—¿Vas a animarme?

Ante su insistencia, Nuritas juntó sus manos enguantadas y pensó un momento.

«¿Qué debería decir? »

Ya había dado su bordado al Duque, rezando fervientemente por su seguridad y su victoria. No se le ocurría nada que quisiera decir, pero sintió que se le calentaba la cara, así que se aclaró la garganta y soltó un deseo breve y silencioso.

—Espero que no te lastimes.

Un escalofrío le recorrió la espalda al preguntarse si el Duque había percibido lo que ella pensaba. Sintiéndose incómoda, Nuritas se quitó el guante y se abanicó con él.

Al ver el color melocotón de las mejillas de Nuritas, Lucious creyó sentir el mismo calor en las suyas.

Arietty: ¡Ay, ya besense o hagan algo mas! Que de tanta dulzura me va a dar diabetes.

Entonces su mirada se posó en las yemas de sus dedos. Sin dudarlo, Lucious le tomó la muñeca y empezó a examinarla.

Tenía cicatrices en la punta de los dedos.

—¿Qué te ha pasado en la mano?

Nuritas intentó apartar la mano, avergonzada por la reacción del Duque ante algo tan insignificante. A Lucious no le resultó difícil deducir que los pequeños cortes en las puntas de sus dedos habían sido causados por el proceso de hacer el pañuelo a mano.

—Esto es culpa mía.

Le acarició suavemente las yemas de los dedos con ojos melancólicos y sopló suavemente sobre ellas.

Recordaba a su madre y a sus hermanos haciendo esto por él cuando se había quejado de dolor en el pasado. No mejoraba la herida, pero en la memoria de Lucious, parecía ser muy reconfortante.

Nuritas, por su parte, sintió de pronto que se le ponía la piel de gallina cuando el sedoso cabello negro del Duque cayó sobre el dorso de su mano, y la brisa le hizo cosquillas en las yemas de los dedos como si las heridas en proceso de cicatrización fueran pétalos al viento.

Varias veces había sufrido congelaciones en pleno invierno.

Al principio, sentía un poco de frío en las manos y los pies, pero luego empezaban a hormiguear y arder. Hasta hace poco tiempo agonizaba con las ampollas, y no había probado medicamento alguno, mucho menos acudir  a un médico. Como mucho, recibía un té hecho con  raíces o se envolvia con un paño.

Era incómodo que la trataran así por primera vez, pero no odiaba el cuidado del Duque ni la mirada en sus ojos. Sabía que era ridículo, pero ahora quería disfrutarlo un poquito hasta que llegara el final.

—Según tus deseos, nunca me haré daño.

El Duque, sosteniendo la mano de Nuritas como si fuera algo muy preciado, habló como si se hiciera una promesa a sí mismo. El carruaje traqueteó sobre el camino empedrado, pero sus corazones entrelazados nunca vacilaron.

«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»

Heathfield, donde se celebraba el torneo de justas, estaba dividido en dos secciones: una zona de carpas con cientos de alojamientos provisionales, y el estadio principal y secundario donde se celebraba el torneo.

Varias banderas con escudos familiares ondeaban en las carpas, mientras que gritos y alaridos emanaban de las gradas del estadio, donde la emoción de las rondas preliminares iba en aumento. Con cada sonido, el suelo parecía temblar ligeramente.

—¿Qué es esto?

Nuritas estaba asombrada por el ambiente de la arena de justas, que podía ver a través del velo que casi ocultaba su rostro. Esto se debió a que rara vez había visto a otros nobles en el castillo del Conde, y su boda había sido un acontecimiento sencillo, por lo que nunca se había encontrado con una multitud tan numerosa.

No era inesperado, pero pensar en tanta gente, todos ellos nobles, bastaba para desanimarla. Como si supiera cómo se sentía, el Duque la tomó del brazo y le habló suavemente.

—Ya que no hay un partido, he pensado que primero deberíamos disfrutar de las vistas.

Cuando entraron en el estadio, todas las miradas se centraron en ellos.

Habían bajado de un carruaje con el escudo de armas del ducado Morciani.

Nadie ignoraba los extraños rumores sobre el Duque que se habían extendido por todo el reino, y las conversaciones fuera del estadio empezaron a bajar la voz hasta convertirse de nuevo en susurros, con los ojos llenos de asombro y admiración.

—¿Es ese hombre tan guapo el Duque de Morciani?

—Está lejos de ese rumor…

Los labios de los nobles se movieron en secreto. Este era un acontecimiento de gran importancia que ocurría una vez al año.

—¡El maldito Duque Morciani apareció en el torneo!

Las hordas de apostadores estaban enloquecidas. La presencia del Duque de Morciani, un héroe de guerra, tendría un enorme impacto en el resultado del torneo.

Los tres años anteriores sin el Duque se habían saldado con una victoria aplastante del Conde Michael. Así que la mayoría de la gente ya apostaba fuertemente por él. Pero con la llegada del Duque era difícil para cualquiera predecir el resultado del partido.

—Un poco de jaleo, ¿no te importa? —preguntó cariñosamente Lucious a Nuritas mientras le ponía la mano en el brazo.

Nuritas era completamente insensible al ruido de la gente y los caballos, pero no podía escapar a las miradas; cada uno de sus pasos era seguido por las penetrantes miradas de innumerables ojos.

Tenía la sensación de que no eran maliciosas, pero sí bastante insistentes. Así que, para no aumentar la reputación de la familia Morciani, se mantuvo erguida y caminó con elegancia al compás de los pasos del Duque.

La entrada a la arena circular estaba custodiada por soldados con lanzas, que se inclinaron rígidamente cuando el Duque se acercó, despejándole el camino. La arena estaba casi totalmente llena de espectadores, salvo un amplio espacio en el centro para el concurso. El público era una mezcla de nobles y plebeyos, y las gradas estaban divididas en secciones según su estatus.

—Es un honor servirle, Duque.

Un hombre apareció de la nada y los condujo a los asientos asignados a los Morciani. Les habían preparado un asiento acolchado con vistas a la arena y un toldo para protegerlos del sol.

Cuando Nuritas se acercó, sintió una extraña sensación de pavor, asco y algo parecido al miedo.

A ambos lados de la arena, caballeros cubiertos con armaduras esperaban a caballo la señal. Cuando ondeaban los estandartes, cargaban unos contra otros a toda velocidad, apuntando con sus largas lanzas.

La primera pelea terminó con el jinete más delgado de la izquierda cayéndose de su caballo y retirándose. En lo que presenció desde su asiento, un caballero fue atravesado por una lanza y cayó indefenso de su caballo, sangrando.

«Dios mío. Podría estar gravemente herido o incluso muerto.»

Se sintió ansiosa como si el herido fuera el Duque. ¿No es este un problema que bien podría pasarle a él? Y a continuación sucedió algo aún más impactante.

El caballero más fuerte agitó la mano en señal de triunfo, y la multitud comenzó a vitorear. Nadie prestó atención al perdedor, que podría colapsar y perderse en el olvido. Nuritas quedó disgustada por la justa, que fue mucho más brutal de lo que esperaba.

Luego, sin darse cuenta, agarró con fuerza el brazo del Duque y tembló. Lucious observó el partido con indiferencia y cuando se dio cuenta de que Nuritas tenía miedo, inmediatamente se puso de pie.

—Tienes miedo. Vamos a levantarnos.

Aunque no era un lugar muy agradable para él, pensó que era de buena educación venir una vez al puesto del Duque, que era designado directamente por el rey, pero no veía razón para quedarse más tiempo.

«Una visita es suficiente.»

Lucious apretó los dientes al recordar el rostro del rey que lo había metido en un asunto tan problemático. Si el conde Romagnolo era como un viejo mapache, el rey era como una astuta serpiente.

Él sujetó el brazo de Nuritas tan cuidadosamente como había llegado y salió a toda prisa de la sala. Mientras tanto, los vendedores de flores y aperitivos parloteaban con las manos llenas de mercancías.

Incluso después de haber abandonado completamente el estadio, los gritos de los espectadores y vendedores continuaron llenando HeathField. 

 



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: JOAN


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