Capítulo 41. Hubo momentos en los que incluso llorar era pecado.
Nuritas estaba tumbada en el borde de la cama.
Sus piernas tocaban el suelo, pero no podía sentirlas, y su cabeza parecía estar en una niebla. Estiró las yemas de los dedos, insegura de qué hacer a continuación, y luego las retiró.
«¿Se pondrá bien mi madre?»
Dormir parecía imposible, pero Nuritas sabía que era el momento de ser fuerte. Pensar en las dificultades era sólo para nobles frágiles.
Lloró tanto que, con manos temblorosas, se quitó los adornos del pelo, uno a uno, y se apartó lentamente la cabellera pelirroja de la cara. Se frotó las mejillas acaloradas con las manos y trató de concentrarse.
Cerró los ojos un momento, esperando que su madre no la abandonara.
—…¿Me he dormido?
El sol impasible se alzaba en lo alto, vigilando todo como siempre. El destino de ella y de su madre pendía de un hilo, pero el día había comenzado como ayer. Sonrió con desgana.
«Sí, dicen que a los vivos les toca vivir.»
Cuando alguien le dijo que así era la vida, no pudo comprender el significado en ese entonces.
Tenía la boca tan seca que apenas podía tragar y, al levantar la pesada cabeza, algo le llamó la atención a través de las pupilas entreabiertas.
No estaba sola en la cama.
Nuritas ahogó un sollozo que amenazaba con escaparse de las manos y miró a su compañero dormido.
«¿Cuando volviste? No, ¿por qué viniste aquí?»
El Duque yacía acurrucado en una camisa arrugada. No lo habría esperado ya que ayer se separó de él delante de su habitación.
«Estar en la misma habitación con un ser que te ha engañado en algo tan grande como el matrimonio. ¿Es eso aceptable?»
Su respuesta a esta pregunta fue una negativa absoluta. En respuesta, Nuritas se puso en pie y se arrodilló. Juntó las manos en su regazo y rezó fervientemente para que aquel noble hombre la castigara por sus pecados, pero concediera a su madre un poco de bondad.
Después de orar, lo vio dormir por un rato. El perfil del Duque dando vueltas y vueltas parecía tan solitario que quiso extender la mano y apartar su cabello despeinado. En el pasado, había querido protegerlo de las pesadillas.
«Supongo que está bien simplemente mirarlo una vez…»
Nunca se había resentido de su estatus. Pero cuando lo conoció, una vocecita empezó a alzarse. Estaba resentida por ser una bastarda, una bastarda indigna, por haber arriesgado la vida de su madre y ser arrastrada hasta aquí.
Sus ojos, al mirar al Duque, parecían muy lastimeros.
«Si tan sólo hubiera podido conocerlo en igualdad de condiciones en otro mundo…»
Pero todo fue en vano.
Si algo le había enseñado el mundo a Nuritas era que no había mañana para los mundanos.
Mientras juntaba las rodillas con resignación y bajaba la cabeza, oyó la voz grave del Duque.
—¿Terminaste de mirar?
Lucious se volvió hacia ella, mirando a Nuritas con ojos lánguidos, y ella, avergonzada de establecer contacto visual con él, apartó rápidamente la mirada y dio una respuesta torpe.
—No he visto nada.
—¿Es así? Pensé que mi espalda estaba siendo cocinada por tu mirada caliente.
Lucious levantó la parte superior del cuerpo y señaló su espalda con los brazos, y la manta que lo cubría se deslizó a un lado para revelar su torso desnudo y endurecido por el ejercicio. Su cuerpo irradiaba calor a la luz del sol. Nuritas apartó los ojos de su desnudez, que no era nada nuevo para ella, e intentó cambiar de tema.
Ahora era el momento de la confesión y el castigo.
—Estoy preparada.
Lucious la miró, con su pelo rojo y fino cayéndole por la nuca, y tuvo la impresión de un general enemigo admitiendo su derrota.
Como si eso significara que podía degollarla.
—¿No te dije ayer que no me importa tu vida?
Nuritas estaba aún más confundida por sus palabras; no podía hacer nada con lo que tenía. No conocía otra forma de expiación.
—Lo único que sé es pagar con mi vida por haber engañado al Duque. Por favor, dime qué puedo hacer.
A Lucious le resultó difícil seguir mirándola tranquilamente.
¿Por qué esa mujer quiere responsabilizarse de todo lo que no es culpa suya?
No fue su culpa haber nacido fuera del matrimonio y haber sido traída aquí a instancias de su Señor.
El odio que sentía hacia el anciano de la familia Romagnolo se profundizó, pero no quería mostrarlo ahora. La respuesta de Lucious fue breve y directa.
—La guerra ha terminado, y no quiero ver más sangre.
Nuritas no entendía de qué hablaba. ¿No es este un momento en el que no bastaría con golpear y pisar a quien se atreve a engañar al Duque? ¿Cómo podía ella, que solía pastorear cerdos, poder sentarse en el lugar de la Duquesa?
—¿No crees que soy terrible?
La voz de Nuritas temblaba violentamente. Las palabras del Duque eran lo último que ella esperaba.
—Tenemos un grave problema, pero sé que tus principios son buenos.
—…
Nuritas finalmente rompió a llorar ante las palabras de Duque de que en su mirada ella era una buena persona. Su figura desapareció completamente de su vista a través de las crecientes lágrimas.
Lucious estaba distraído con su rostro lloroso.
Anoche, el Duque fingió disfrutar jugando a las cartas con el Conde y otros nobles. Al mismo tiempo, vigilaba al sucesor de la familia Romagnolo, que bebía mucho. Aunque fue sólo por un momento, había presenciado algo extraño durante la cena.
«Claramente ella evitó los ojos de Abio.»
Lucious estaba sentado en la mesa de juego, perdiendo dinero deliberadamente. El Conde, eufórico por su racha ganadora, bebió demasiado y se levantó primero.
Cuando el Conde se marchó, el Duque se puso al lado del borracho Abio y se escabulló con suerte. Todo fue bien después de aquello.
Abio tenía los ojos rojos e inyectados en sangre y hablaba sin sentido, pero durante toda la noche habló de una sola persona.
«Siempre fue mía. Si no fuera por mi maldito padre, no me lo habrían quitado así.»
No dio nombres, pero no fue difícil averiguar quién era el objeto de sus aullidos y anhelos. Cuando combinó la información que Borzoi había ido recopilando con la historia de boca del heredero del Conde, las piezas que faltaban parecieron encajar.
Entonces, con toda naturalidad, encontró la habitación donde dormía Nuritas y se durmió a su lado.
Nuritas se mordía la muñeca y hacía todo lo posible por contenerse, como si se sintiera culpable incluso por mostrarse llorando.
Arietty: Bb, si tu lloras yo lloro ;v
Verla llorar lastimosamente le recordó a Lucious el día que tuvo que dejar ir a su madre hace mucho tiempo.
Se había visto obligado a pasar la noche solo en el ducado Morciani, lejos de la voz tranquilizadora de su madre y de su generoso abrazo.
Lucious estiró el brazo y apartó la muñeca de Nuritas de su boca.
—Intenta cuidarte un poco más.
—….
—Oh querida, ya estás herida.
Lucious chasqueó la lengua al ver las marcas de mordiscos en su muñeca. Nuritas parecía avergonzada, incapaz de hacer nada con la mano que le habían agarrado de repente mientras lloraba.
—Por ahora, seguirás como hasta ahora.
La voz tranquila del Duque hizo que Nuritas dejara de llorar.
Ella no podía entender las intenciones del Duque, pero juró vivir su vida arrepentida, esperando poder devolverle algún día el favor que le había hecho.
—Sí, lo haré.
«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»
Abio estaba tumbado, el sol le cegaba y apenas abría los ojos. Le dolía la cabeza como si se fuera a romper y el estómago se le revolvía. Había bebido demasiado la noche anterior.
—Oh, estoy mareado.
Se tiró al suelo, agarrándose el estómago con ambas manos, sin atrever a levantarse. Cada vez que exhalaba, el olor a alcohol de su aliento amenazaba con marearle.
Recordaba el encuentro de ayer con el Duque, pero no recordaba de qué había hablado después. Era un ejemplo perfecto de cómo el alcohol es el enemigo.
«¿Por qué estaba con él si es tan feo como para matarlo a palos?»
Levantó la mano, se revolvió el cabello y dejó escapar un breve gemido. Si no hubiera estado borracho anoche, habría visitado a Nuritas, para poder decirle lo mucho que la echaba de menos. Qué angustiosas eran las noches en las que gemía anhelando lo que no podía tener.
Cuando recordó que Nuritas se marchaba esta tarde, se impacientó. No tendría sentido perder a un animal completamente capturado frente a tus ojos.
—Bueno, entonces.
Sintió que algo le retumbaba en la boca del estómago mientras intentaba ponerse en pie, aunque no le costó mucho esfuerzo. Se limpió el nauseabundo vómito de la boca con una mano y tiró bruscamente de la cuerda que invocaba al sirviente con la otra.
«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»
Nuritas sintió una punzada de resentimiento al notar la ausencia de Abio en la mesa del desayuno; un golpe de suerte tan pequeño no podía habérsele dado a ella.
Sabía que Abio la había estado vigilando durante la comida de ayer. Aunque no estaban cerca, Nuritas lo sentía como si estuviera a su lado. Se estremeció al recordar su tacto húmedo y su rostro maloliente.
Se sintió aliviada al darse cuenta de que, si lograba superar este bache, podría regresar a Morciani, y se sorprendió de sí misma al pensar tal cosa.
«Ese no es mi hogar.»
Nunca estuvo destinada a quedarse en ningún sitio, e intentó resistirse a la cálida sensación que la invadió al pensar en Morciani.
Además, Nuritas no podía controlar del todo su corazón, que empezaba a contener al Duque.
Él acudió a rescatarla en la cueva, la llamó su familia y la abrazó cariñosamente. Había salvado la vida de su madre. El Duque era todo lo que ella nunca había visto en un buen noble.
«¡Ojalá fuera un monstruo como dicen los rumores!»
Nuritas suspiró fuertemente sin darse cuenta. Luego Lucious cruzó las manos e hizo contacto visual como si estuviera muy preocupado.
—Querida, ¿está cansada?
Pocos en la mesa del Conde se alegraron de ver al Duque atendiendo tan afectuosamente a su esposa. El dedo meñique de la Condesa, que sujetaba el tenedor, se crispó ligeramente.
«¡Ay, nuestra Meirin! ¡Cómo es posible esto!»
Como Meirin también era su hija, el Conde ignoró completamente a la recién nacida. La Condesa había transferido todos sus sentimientos miserables y apenados a la niña que se parecía a ella. Y fue aquel hombre de cabello oscuro y apuesto quien estuvo a punto de convertirse en la pareja de la pobre chica.
«Pero, ¿quién está a su lado?»
Sentada con un fino vestido estaba la hija bastarda de una criada.
«¡Por qué no lo supe antes! ¿Cómo se atreve a sentarse a la mesa de los nobles? ¿Por qué está donde mi hija debe estar… ?»
La ira de la Condesa se encendió hasta la punta de sus cabellos. Pero el Conde, ajeno a su estado de ánimo, rió alegremente y ofreció un brindis al Duque.
—Por los Morcianis y los Romagnolos.
Lucious rió y le devolvió el favor.
—Por la Duquesa Morciani.
El Conde no pudo evitar burlarse al ver cómo el Duque abrazaba a su hija ilegítima. Al fin y al cabo, el joven no era más que un novato curtido en mil batallas con alguno que otro as bajo la manga.
Pero que así fuera.
Su venganza contra el insolente bribón que había desafiado su honor no había hecho más que empezar.
«¡Honor por honor, vida por vida!»
Ésa era la razón por la que vivían los nobles, la razón por la que el Conde Romagnolo respiraba ahora, eso era todo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: LILIAN