Capítulo 36. El principio y el fin del primer amor.
Fue impulsivo por parte de Nuritas acariciar la herida. Su voz temblaba como su tacto.
—Por favor, no lo hagas la próxima vez.
Lucious sintió como si todo su cuerpo se calentara, como si tuviera fiebre, por la sensación de ver su pequeña mano sobre él por primera vez. La mano de la mujer no era una espada bien afilada, pero aun asi temia del breve contacto.
—…Esto no es nada.
Lucious apenas pudo responder, con la voz entrecortada por la vergüenza.
«¿Por qué dices que no es nada.»
Nuritas estaba sumida en sus pensamientos mientras tocaba su extensa herida.
Tal vez el Duque tenía tantas cicatrices como ella, tal vez había conocido peores desesperaciones…
Una joven brillante, noble y educada con amor sería la pareja perfecta para él. Sólo una mujer tan brillante como una rosa podría aliviar el dolor del Duque, y tal vez calmar la pena de sus pesadillas.
Nuritas era consciente de que estaba lejos de ser brillante. En comparación, ella era como la noche. Un ser creado por mentiras nacido en orígenes humildes, estaba aquí, meciéndose a la luz de la luna.
No deseaba arrojar más oscuridad sobre el Duque. La pena y el dolor serían más apropiados para ella.
Se inclinó ligeramente a modo de saludo. Sería correcto mantenerlo a distancia, como había planeado al principio.
—Yo entraré primero.
Lucious sonrió débilmente mientras veía a la mujer alejarse a paso ligero.
Al principio sólo era curiosidad. O eso creía él.
Lucious observó la espalda de Nuritas mientras se alejaba, con la muñeca aún enrojecida por el contacto de su mano.
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De vuelta en su habitación tras la cena, Iola se apartaba nerviosamente el pelo de la cara.
«Regresa.»
Iola no podía creer que lo había escuchado del mismísimo Duque.
«¿Cómo diablos es esa chica pelirroja mejor que yo?»
Una mujer estaba de pie frente al espejo, con el pecho voluminoso, la cintura como un puñado, el pelo rubio aún húmedo de un baño reciente y los labios rojos como si anhelaran algo. Sus ojos brillantes miraban al único hombre con el que había soñado durante tanto tiempo.
Arietty: Tanto equipaje y mira a un hombre casado. Consiguete otro macho mija XD
—No puedo perderlo por una flor sin fragancia.
En la sociedad aristocrática, no era raro que un hombre tuviera varias mujeres. También era común que las damas nobles buscarán el amor de innumerables caballeros.
Entonces, ¿por qué el Duque permanecía indiferente a sus constantes coqueteos?
Liliàn: Porque el duque no es norteño
—Tal vez esté esperando a que yo me acerque a él primero.
Iola hizo que una criada adornara su cabello con joyas. Luego se puso una camisola fina y se cubrió con un vestido blanco.
Si no se hubiera enamorado del Duque desde muy joven, Iola se habría casado con uno de los muchos pretendientes que la cortejaban.
Desde los quince años, sentía las miradas acaloradas de los hombres fuera donde fuera. Pero esos hombres tan sencillos no podían reemplazar al Duque.
Se maquilló la cara con polvo blanco y se coloreó las mejillas con flores rojas.
Había llegado el momento de poner fin a esta incómoda relación. No necesitaba ser Duquesa; le daba igual cómo la llamarán mientras pudiera permanecer a su lado. Iola se mordió el labio con fuerza, fortaleciendo su determinación.
Era tarde, cuando todos los seres vivos dormían. Lucious estaba en su despacho, lidiando con una pila de papeles que necesitaba revisar, cuando llamaron suavemente a la puerta y alguien se coló silenciosamente en la habitación. Lucious supuso que César, que se había acostado antes, había vuelto para ayudarle, y no levantó la vista de su trabajo.
Era una mujer, con la camisa blanca desabrochada hasta el pecho y las mangas remangadas, que parecía extasiada mientras observaba al apuesto hombre que revisaba los documentos.
Lucious levantó la cabeza al percibir un fuerte olor a perfume.
—…¿Qué haces aquí a estas horas de la noche y qué llevas puesto?
Lucious frunció el ceño al darse cuenta de que no era César quien había entrado, sino que se trataba de una Iola escasamente vestida. Iola se quedó sorprendida, no era la reacción que esperaba, pero sonrió alegremente y se acercó a él.
No podía echarse atrás.
—Duque Morciani, no, hermano Lucious».
Iola se lamió los labios húmedos y se acercó al escritorio de Lucious. Se quitó la bata y la dejó caer al suelo. Ahora sólo llevaba una fina camisola, dejando su cuerpo desnudo a la vista. Estaba de pie frente al fuego crepitante y su cuerpo desprendía un rico perfume.
Sus miradas se cruzaron durante un breve instante.
Lucious se levantó bruscamente de la silla, recogió la bata del suelo y la colocó sobre los hombros de Iola. El tacto no fue en absoluto suave, y había un atisbo de ira en su voz.
—Iola Calix, vete inmediatamente. Miraré la cara de la Baronesa y te lo dejaré pasar.
—… ¡Hermano!
Iola no podía aceptar esta situación.
¿Cuál puede ser la razón para rechazar a tan deseable mujer?
¿Por qué la mirada del Duque era tan fría y su voz tan helada?
Esto era una cuestión de honor y orgullo. Iola tiró de su vestido para cubrir su cuerpo manchado de vergüenza. Las manos le temblaban tanto que apenas podía atarse los cordones. Su vergüenza pronto se convirtió en ira.
—Duque, ¿el rumor de que eres sodomita es cierto?
Iola decidió ahora aceptar así su rechazo. ¿No sería conveniente pensar en él como un hombre que no puede ser seducido por ninguna mujer, no sólo ella?
Lucious ya había perdido interés en lo que Iola tuviera que decir, así que le dio la espalda y se apoyó en la ventana.
Podía ver los mismos árboles y el mismo lago donde había estado antes con Nuritas, y le pareció oír a Iola decir algunas palabras más detrás de él, pero siguió sin escuchar. Al cabo de un momento, oyó que la puerta se cerraba tras él.
Lucious se miró el brazo, donde la mano de Nuritas lo había tocado antes, y sólo de revivir el momento sintió escalofríos.
«Si pudiera sonreír por sí misma.»
De sólo pensarlo, Lucious se sintió mareado.
La ventana de cristal reflejaba la imagen borrosa de un hombre de hombros anchos, pelo oscuro y ojos que parecían el cielo nocturno.
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Nuritas dio vueltas en la cama durante la noche, se puso un vestido amarillo descolorido y se miró en el espejo. No parecía tan radiante como los demás. Intentó pellizcarse las pálidas mejillas con los dedos, pero se le cayó la mano.
«¿Para quién quiero estar guapa y por qué?»
Se puso delante del espejo y no le gustó su reflejo.
—Señora, ¿le traigo el collar?
—No. Estoy bien.
—Oh, dios mío. Tienes que teñirte el pelo.
Sophia chilló sorprendida al ver que unos mechones de plata resaltaban entre su pelo pelirrojo. Nuritas observó en silencio cómo Sophia se preparaba afanosamente para teñir su cabello.
Se preguntaba si algún día podría salir al mundo en su verdadera apariencia.
Conocía demasiado bien la respuesta, y su rostro pronto se tornó sombrío.
Al principio, su madre le había teñido el pelo para protegerla, y ahora era algo que tenía que hacer por ella.
Sophía aplicó meticulosamente el tinte a su pelo plateado, que se había dejado corto a la altura del cuero cabelludo.
—Sophía, ¿y si yo tuviera el pelo plateado?
La pregunta la pilló desprevenida y bajó la voz a un susurro.
—¿Qué va a hacer si alguien escucha eso?… Pero es extraño, dicen que durante generaciones, sólo los herederos de Romagnolo tenían el pelo plateado.
—Eso he oído.
En efecto, era algo extraño. Desde la fundación del país, sólo un niño nacido en la familia Romagnolo tenía el pelo plateado. Y esos niños de pelo plateado que habían nacido con un talento excepcional habían sido los herederos de la familia durante cientos de años.
«Qué ridículo. El cabello plateado, un presente único en cada generación, otorgado a una joven bastarda.»
Nuritas se miró en el espejo, desviando la mirada hacia la ya familiar cabellera pelirroja. Sophia deslizó con cuidado el collar de perlas sobre el rostro ensombrecido de Nuritas.
El joyero de la Duquesa estaba lleno de todo tipo de baratijas preciosas. Le dijeron que aquellas joyas antiguas y preciosas habían sido transmitidas de generación en generación a la Duquesa Morciani.
«La señora de la casa.»
Mientras Nuritas se ajustaba el collar de perlas alrededor de su cuello, luchó por deshacerse de las emociones negativas que surgieron y se puso de pie. Recogió su chal y se dispuso a salir. En una mañana como la de hoy, necesitaba pasear más que comer.
Pasó junto al lago donde se había quedado la noche anterior y bajó hasta la fuente. Un poco de sudor se acumuló en su frente mientras caminaba un poco más de lo habitual. Después de jugar a ser noble, sudar se convirtió en algo especial.
Por un momento, por su mente pasaron recuerdos de cuando estaba empapada en sudor.
«Por aquel entonces, cuando trabajaba hasta romperme la espalda, no podía permitirme darle ningún significado a cada día. Pero ahora es un recuerdo, y me pregunto si podré llamar recuerdo a este doloroso momento en el futuro. »
«Lo dudo… »
Nuritas negó con la cabeza.
Entonces se oyó un leve crujido.
Nuritas tuvo dos pensamientos a la vez: esperaba que fuera el Duque, y a la vez esperaba que no fuera él.
«Qué ridículo.»
No era el Duque, sino Iola, vestida con un vaporoso vestido azul y el pelo recogido con gracia.
—Ah….
—Duquesa, aquí estás, te he estado buscando desde que no apareciste para la cena».
—¿Qué pasa?
—Estoy a punto de volver al territorio Calix.
—Ya veo.
«¿Realmente quería tomarse la molestia de buscarme sólo para despedirse? »
Nuritas miró asombrada a la hermosa mujer que tenía delante. La amplia sonrisa de Iola parecía tener un filo espinoso.
—Sólo quería que supieras que no hace falta que te emociones demasiado por ser Duquesa.
—Sí, claro.
Iola miró a la Duquesa, que nunca parecía emocionarse por nada de lo que decía, y sintió una extraña sensación de irritación y derrota.
«Quiero arrancar todas las lágrimas de esa cara… »
Justo en ese momento el rostro de Iola se tornó muy fiero, y sus labios rojizos se entreabrieron.
—Te digo esto porque pienso en la Duquesa como una familia. En realidad, a Lucious le gustan los chicos.
—¿Qué?
Incluso Nuritas, que rara vez perdía la compostura, no pudo evitar reaccionar en ese momento.
«Pero eso no puede ser cierto. Definitivamente parecía nervioso cuando estábamos solos… »
Al notar la suspicacia en los ojos de la Duquesa, Iola añadió rápidamente.
—Anoche fui a visitarlo, y no necesito contarte los detalles, pero sabes que el Duque no me pondría un dedo encima, cosa imposible para un hombre normal.
Con eso, Iola se dio la vuelta rápidamente y se alejó, dejando a la Duquesa mirando incrédula, sin querer mostrarle la cara que revelaba su total derrota.
Las palabras de maldición fluían sin cesar de sus labios.
«Que toda la oscuridad caiga sobre el futuro del Duque y la Duquesa por haberme rechazado.»
Deseaba desesperadamente poder olvidar a Lucious Morciani lo antes posible. Una lluvia cálida y azul caía sobre el pálido rostro de la rubia. El terrible primer amor de Iola estaba llegando a su fin.
Liliàn: Dios plan

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: LILIAN