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Capítulo 20. Pintando labios mentirosos

Arietty: Pueden escuchar Rises the moon-Liana Flores, que creo queda bien para el cap.

Había poca gente cerca del almacén de la familia Romagnolo y sólo de vez en cuando el viento hacía un ligero ruido contra las ventanas de madera. La brisa hacía tiempo que se había calmado, pero Nuritas sintió un escalofrío recorrerle la espalda ante la presencia de Abio.

«Demostrar tu amor, ¿qué quieres decir? »

Nuritas no pudo hacer otra cosa que apartarse y mirar, insegura de sus intenciones. Abio, que se estremeció ligeramente, como si incluso esa expresión fuera adorable, abrió su boca maloliente y la miró expectante.

—Me aguanto ahora porque sé que sería una desgracia para la familia si se descubriera que no eres virgen. Por supuesto, es difícil que lo entiendas. Los nobles como nosotros valoramos el honor más que la vida misma.

«¿Honor? »

¿Era honorable emborracharse y llevarse a todas las criadas del castillo?

Nuritas frunció un poco el ceño, un tanto burlona.

—Ahora entiendo perfectamente tu posición, y no puedes evitarlo, así que ven aquí y bésame.

Lilián: QUE QUE

Abio abrió los brazos y acercó la cara, cerrando los ojos y anticipando los labios carnosos de Nuritas sobre los suyos.

Pero Nuritas quería darle una patada en la cara, recoger un cubo de mierda de alguna parte y ahogarlo en él.

«¿Qué demonios entiendes? ¿Por qué tengo que besarte cuando no puedo evitarlo? »

Nuritas miró a su alrededor, preguntándose si habría alguien más en este lúgubre almacén aparte de los dos. Pero lo único que veía eran montones de polvo e insectos con múltiples patas.

«Supongo que te refieres a mí. »

Unas cuantas bofetadas estarían mejor, pensó, y de ninguna manera iba a besarle los labios voluntariamente.

Después de un rato, Abio no vio el rostro de Nuritas acercándose, así que abrió los ojos y comprobó lo que había más adelante. Nuritas ahora había cerrado completamente los ojos y miraba hacia otro lado, pero Abio lo atribuyó más a la timidez que al desagrado.

—Sí, es tu primera vez y te da vergüenza, ¿verdad, eh? Puedo dar el primer paso.

Y con eso, Abio se dirigió a su lado con tanta prisa que casi se cae, con la mirada devorando el rostro de Nuritas.

Nuritas frunció los labios y volvió a cerrar los ojos.

Sus manos rodearon su cintura. Además, podía sentir el repugnante aliento de Abio, caliente por la expectación. Cuando sus labios tocaron los de ella, empezó a lamerle y chuparle la cara.

El pálido rostro de Nuritas no tardó en mancharse con su saliva.

Ella prefirió pensar que lo que él estaba haciendo no era más que una jodida pesadilla por el momento. Nunca antes había considerado el significado detrás del beso. Era sólo que su saliva asquerosa estaba pegajosa en su cara, y se sentía tan sucia.

—Eh, abre la boca.

Abio estaba tan absorto en el momento que se aferró a Nuritas, hasta que se dio cuenta de que estaba solo en su emoción.

Juró a los dioses que sus sentimientos por ella eran auténticos. No podía tenerla de inmediato, como le había ordenado su padre, pero quería estar seguro de los sentimientos de Nuritas. Tenía que estar seguro de que ella estaba tan enamorada de él como él de ella.

De lo contrario, sentía que no podría dormir bien por la noche después de enviar a esa chica al Ducado.

Nuritas se sintió acorralada y, en lugar de abrir la boca para aceptar sus palabras, optó por morder con fuerza la lengua que la contaminaba.

Abio dio un paso atrás, sorprendido por el repentino ataque.

La sangre roja manchaba la comisura de sus labios mientras se sujetaba con la mano. Al sentir la sangre caliente correr entre sus dedos, gritó horrorizado.

—Maldita zorra, te he tratado tan bonito. ¿Cómo te atreves a morderme?

Abio estaba furioso porque su afecto había sido rechazado, y el miedo a que la sangre no dejara de fluir le aterrorizaba. Se tapó la boca con una mano y fulminó a Nuritas con la mirada.

Una parte de él quería aplastar aquellos ojos azules.

Quería rodearle la nuca blanca con las manos mientras lloraba y eyaculaba sobre ella.

Una torrente de imágenes horribles se agolpó en su mente y empezó a recobrar la sobriedad poco a poco. Por un momento, creyó oír la voz prohibitiva de su padre en su oído, y su nublada razón se fue aclarando un poco.

—Sí. Es molesto.

Su sangre oscura se derramó por el suelo y Abio le dio una patada, ya que aun no lo miraba. La fuerte patada del hombre empujó a Nuritas hacia atrás y golpeó la pared de madera.

Abio escupió saliva roja al suelo mientras observaba a Nuritas cojeando e indefensa, agarrándose el estómago.

—Qué asco.

Lilián: Que hijo de la gran p*ta mano.

Dejando sola a Nuritas, Abio se tapó la boca con las manos y salió a toda prisa del almacén. La irritación se apoderó de él y el sabor de la sangre permaneció en la punta de su lengua. Si no la hubiera reconocido al último momento de su pataleo, esa chica habría visto hoy el fin del mundo.

Nuritas respiraba agitadamente ante el inmenso dolor que sentía en el abdomen. Quiso gritarle en la nuca a Abio mientras se marchaba, pero apenas pudo serenarse.

—¿Qué clase de amor es este?

Con cada palabra que soltaba, se le escapaba un gemido, como si todo su cuerpo estuviera gritando.

«Cuanto más practico, mejor se me da, pero ¿por qué nunca me sale bien? »

Intento estirar su rostro, que estaba distorsionado por el dolor, y sonreír. Luego movió la boca inaudiblemente contra el lugar donde se había ido.

«Hijo de puta… Sería más fácil besar a un cerdo. »

Con una mueca de dolor en el estómago, apoyó la espalda contra la pared y tensó las piernas. Pero sólo un fuerte gemido resonó en el almacén vacío.

«¿Podría haber un día peor que este? »

Como si lo peor estuviera aún por llegar a su vida, seguía con ese aspecto. Se le escapó una tos.

Aún así, estaba orgullosa de sí misma por no corresponder a su beso como él había deseado. Era mejor estar enferma que morir.

Levantó el brazo para limpiar su baba pegajosa con el dobladillo de la manga del vestido, pero su cuerpo no le hizo caso.

«Mierda. »

Su saliva goteó sobre la saliva de Abio en la comisura de su boca.

Nuritas finalmente se dio cuenta de que era imposible moverse de inmediato y apoyó la cabeza en el suelo polvoriento del almacén. Mientras se acostaba y miraba, la sangre de Abio estaba esparcida por el suelo.

—Su sangre también es roja.

Nuritas rió débilmente, como si se diera cuenta por primera vez de que Abio y ella sangraban la misma sangre roja. El atardecer que entraba por la pequeña ventana teñía su sombra mancillada de un rojo intenso.

──────⊹⊱✫⊰⊹──────

Lucious salió de la ducha, se puso una bata gruesa y se sentó frente a la chimenea bebiendo vino. Pensó nuevamente en aquellos que ya se habían convertido en cenizas en las llamas ardientes. Le rechinaban los dientes y sus puños cerrados temblaban ligeramente.

«Tu inspiración es fuerte, incluso en tu vejez. »

Cuando había oído hablar del resentimiento del conde Romagnolo por su llegada, de cómo se había convertido en un viejo en un rincón, no le había dado importancia. Para él, esas luchas de poder no tenían sentido.

De niño, lo único que Lucious podía hacer era llorar la muerte de su padre y sus hermanos. Incapaz de consolar a su madre enferma, tomó una espada tan grande como él e hizo un juramento.

«Protegeré el nombre de mi familia y pagaré sangre por sangre. »

Vivió su vida con determinación, sin importarle los rumores, concentrándose en acabar con los que se interponían en su camino. Apretó los dientes, decidido a derramar hasta la última gota de sangre de quienes le habían arrebatado a su familia.

Y cuando por fin llegó la victoria, no le hizo sentirse mejor. Pensó que sería feliz una vez que hubiera matado a los hombres que habían tomado la cabeza de su padre. Pensó que volvería a reír después de vengar la muerte de sus hermanos mayores, que tan amorosamente lo habían cuidado.

Pero no.

Lilián: Momento “Tu no tienes enemigos. Nadie tiene enemigos. No hay nadie a quien debas lastimar.” (Vean Vinland Saga para la referencia)

Desde el día en que manchó de sangre su inocente espada, no ha podido dormir bien. Por las noches parecía que las almas de los que morían a sus manos lloraban.

El reino lo llamó héroe, pero incluso en ese momento, la agonía de Lucious no terminó.

Se dio cuenta de que en la guerra, al final, nadie gana, y que los que empuñan la espada y ven sangre, los que pierden la vida en el campo de batalla, son todos perdedores.

La guerra había terminado, pero su alma rota no tenía adónde ir y sangraba.

—Pero, ¿qué voy a hacer en un día como hoy?

No les importaba ir a Romagnolo, pero incluso intentaban engañarlo. Se sorprendió tanto que al principio no podía creer lo que veía mientras leía el documento.

Pensar que el conde había planeado cambiar a su noble hija por una bastarda y casarla con él fue suficiente para que su irritación se convirtiera en ira.

«¿Cuánto tiempo he protegido a la familia Morciani? »

Recordó el pálido y hermoso rostro de su madre, con lágrimas cayendo por su cara. Su voz baja pareció persistir en sus oídos.

Si nunca la hubiera visto en persona en el Castillo Romagnolo, habría confesado al rey de inmediato, anulado el matrimonio y acabado con la familia del anciano. Pero fueron aquellos solitarios ojos azules los que le hicieron dudar.

«Esos ojos se parecían muchísimo a los míos. »

Era la primera vez que sentía algo por alguien del sexo opuesto.

Quería saber qué había más allá de esos sentimientos, qué pasaría después, una vez satisfecha su curiosidad.

Tenía curiosidad por saber que diría aquel rostro pálido, oír sus labios pronunciar su nombre, saber de qué color sería su pelo si recibiera la luz del sol.

—Es simplemente porque es una mujer increíble.

No podía dejar de recordarla con su modesto vestido, sus ojos desorbitados y maldiciendo en voz baja.

Se puso en pie, vertiendo todo el vino que tenía en la chimenea.

—El castigo puede ser lento.

Después de todo, ahora que lo sabía todo, el castigo podía llegar en cualquier momento. Tenía pruebas suficientes para demostrar el engaño del Conde. Si no fuera por el hecho de que él era el objetivo, podría incluso aplaudirlo por el plan brillante.

El Conde estaría disfrutando de su triunfo, así que no sería mala idea verle así. Estaría triunfante, y no le dolería ver al viejo payaso jugar ante sus ojos omniscientes.

—Aunque el final es tan predecible que aburre.

Qué aspecto tendría, qué dulce voz usaría para ganarse su afecto, qué acto de modestia pondría cuando sus maldiciones en voz baja aún resonaban en sus oídos.

—Lo estoy deseando.

Un estremecimiento de emoción recorre su cuerpo, creando una pequeña luz en sus ojos, tan oscuros como el cielo nocturno. Se pone la bata, se acerca a la ventana y mira hacia el cielo nublado.

Un momento después, las nubes se abrieron y dejaron ver la luna en todo su esplendor.

—El día de luna llena es el día de mi boda.

La novia de ojos azules, la imagen que ahora llenaba su mente, llegaría pronto.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: LILIAN


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