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Capítulo 5

—¿Qué están mirando todos? ¡Deténganlo!

—¡Señor Miller, basta!

—¡Maldita sea! ¡Apártense!

—¿Qué está haciendo el equipo de apoyo? ¡Detengan al señor Miller!

El caos se desató de inmediato. Todos gritaban con el rostro desencajado.

Maldita sea.

Josh reprimió una maldición mientras corría a toda velocidad. Nada había cambiado desde la última vez. Cuando trabajaron protegiendo a ese lunático que disparaba una Desert Eagle con una sola mano, su tarea no era proteger a Chase Miller, sino proteger a los civiles de él.

Y esta vez no era diferente. El que tenían que salvar no era Chase Miller, sino ese maldito paparazzi.

¡BANG!

—¡Ah!

El sonido del disparo resonó de nuevo, y Josh no pudo evitar gritar. Afortunadamente, había logrado lanzarse hacia adelante y arrebatarle la pistola a Chase, pero en el proceso, la boca ardiente del cañón le quemó la mano.

Desde atrás, escuchó la voz alarmada de Isaac.

—¡Josh! ¡Dios mío, ¿estás bien?!

Josh agitó la mano adolorida, intentando aliviar el escozor. Cuando se volvió, vio que el equipo de seguridad rodeaba a Chase, forcejeando para inmovilizarlo. El aroma de sus feromonas estaba mezclándose con otros olores, lo cual era un alivio para Josh, ya que no lo afectaba directamente.

El paparazzi, que estaba tirado en el suelo, rompió a llorar. El charco bajo él dejaba claro que se había orinado del miedo. Tenía el cabello empapado en sangre por el roce de la bala y sus pantalones estaban completamente mojados. Parecía haber perdido la cordura, temblando como un niño asustado.

Con el dolor punzante en la muñeca, Josh apretó los dientes y miró al hombre con frustración.

—¿Qué demonios haces ahí tirado? ¡Vete ya!

La voz le salió más afilada de lo que pretendía. Cuanto más tiempo permaneciera allí, más se alteraría Chase, lo que pondría en peligro a todos. Aún se escuchaban los golpes del forcejeo detrás de él.

Ese paparazzi debía ser un novato o un idiota cegado por el dinero. No tenía ni idea de lo peligroso que era acercarse a la vida privada de Chase Miller.

Tiempo atrás, hubo un incidente donde un paparazzi especializado en fotos de celebridades desnudas intentó capturar a Chase en una situación comprometedora. El resultado fue que el hombre terminó en una cama de hospital para el resto de su vida. Desde entonces, Chase se convirtió en el objetivo número uno a evitar para cualquier paparazzi. Por supuesto, Chase nunca enfrentó consecuencias legales por aquello. En cambio, el incidente solo provocó un debate sobre el límite del derecho a la privacidad de las estrellas.

A pesar de estar al borde de la muerte, el hombre seguía paralizado por el miedo, incapaz de moverse. Frustrado, Josh lo tomó del cuello de la camisa y le gritó.

—¿No escuchas? ¡Lárgate de una vez!

El paparazzi, finalmente recuperando algo de sentido, comenzó a arrastrarse torpemente para alejarse, con la cara desencajada por el terror. Josh apretó los dientes con fuerza y lo observó marcharse. «Al menos ahora habrá aprendido algo de la realidad.»

Lo mínimo que habría entendido es que no debía meterse con Chase Miller.

A unos metros de distancia, los restos destrozados de la cámara yacían esparcidos por el suelo. Viendo el estado en que quedó el costoso equipo fotográfico, Josh pensó que perder el equipo era un precio bajo considerando que había salvado su vida.

Lentamente, con cierto temor, Josh se dio la vuelta para enfrentar lo que estaba ocurriendo.

El caos se estaba calmando. Al percatarse de que el paparazzi había escapado, los guardias se retiraron de Chase. Y por primera vez en mucho tiempo, Josh se encontró directamente con la mirada de aquel hombre.

«Mierda, esto es un problema.»

Inconscientemente, estuvo a punto de maldecir.

Chase Miller, incluso sin liberar feromonas de manera consciente, tenía una presencia que podía matar con solo estar allí de pie.

En el instante en que aquellos intensos ojos violetas se clavaron en él, el corazón de Josh comenzó a latir frenéticamente. No solo fue la presión abrumadora, sino la intensidad de esa mirada directa que lo desarmó por completo.

Por primera vez, esos ojos, que siempre pasaban de largo, lo estaban mirando directamente.

En ese momento, el corazón de Josh se agitó violentamente, mezclando el miedo con una intensa excitación. Aunque contuvo la respiración para no inhalar el aroma de Chase, la sola presencia de aquel hombre lo hacía sentirse en peligro.

Pero para Josh, todo aquello era una fuente interminable de estímulo y caos interno.

Y no terminó solo con el aroma.

—Tú.

Por primera vez, él habló. Al escuchar su voz, Josh se quedó paralizado, incapaz de reaccionar. Chase esbozó una sonrisa lenta, tan clara que parecía irreal.

—¿Quieres morir?

Nadie dijo nada. Todos permanecían en silencio, evaluando la situación, pero parecía que no había forma de escapar de aquello. Josh, aún con el sabor del caramelo en la boca, logró responder con dificultad.

—No.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Chase siguió sonriendo con esa pureza inusual, como si fuera un adolescente mostrando una sonrisa ligera y clara. Pero sus dedos, que jugueteaban con calma, daban una sensación completamente opuesta, como si en cualquier momento fuera a tomar el cuello de Josh. Incapaz de tragar el nudo en la garganta, Josh reprimió el impulso de temblar. Sabía que si decía una palabra equivocada, podía morir en ese instante.

Sin embargo, por absurda que fuera la situación, la posibilidad de que Chase Miller realmente le apretara el cuello era una tentación demasiado grande. Si no fuera por Pete, Josh habría ofrecido su cuello voluntariamente. A duras penas, reprimió el peligroso impulso, apretando los puños con fuerza.

(Klynn: Mi amigo el más migajero…)

Afortunadamente, la Desert Eagle estaba tirada a cierta distancia, abandonada en el suelo. «Al menos no moriré a tiros.» Pensando en cosas sin sentido para distraerse, Josh logró responder casi sin pensar.

—Para que no se ensucie.

—¿Qué?

Chase frunció el ceño ante la respuesta. Los otros guardias también lo miraron como si hubiera dicho una completa tontería. Sintiendo las miradas en ese silencio incómodo, Josh rápidamente intentó explicar.

—Si dispara tan cerca, la sangre podría salpicar su cara. También se ensuciaría el traje…

Chase lo miró en silencio, evaluándolo como si intentara discernir si hablaba en serio. Josh forzó una sonrisa y añadió:

—Pensé que no querría mancharse con la sangre de un simple paparazzi.

Pasaron unos segundos de silencio sofocante hasta que Chase finalmente habló.

—Tráela.

Por un momento, Josh no entendió a qué se refería. Parpadeó confundido hasta que Chase, visiblemente irritado, hizo un ligero gesto con la cabeza hacia el arma tirada en el suelo.

Al darse cuenta, Josh caminó rápidamente hacia la pistola, la recogió y se giró hacia Chase. Mientras regresaba, el silencio pesado continuaba envolviendo el ambiente.

—Ah.

Inconscientemente, dejó escapar un suspiro. Al mirar a Chase de frente, sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Como si estuviera hipnotizado, extendió el arma con expresión aturdida. Chase levantó la mano y tomó la Desert Eagle. En el instante en que el arma estuvo en su poder, Chase golpeó brutalmente la cabeza de Josh con ella.

—¡…!

—¡Josh!

—¡Josh!

Antes de que pudiera siquiera gritar, Josh cayó al suelo. Mark e Isaac corrieron hacia él, gritando su nombre. De repente, su visión comenzó a dar vueltas y todo se volvió oscuro. Luego sintió el dolor: algo cálido y espeso se deslizaba por el costado de su cabeza.

La sangre comenzó a empapar su sien, goteando al suelo mientras yacía en el piso. Chase lo miró con desdén, con una sonrisa torcida en sus labios.

—Maldito idiota, ¿de dónde sacas esas estupideces?

Y no terminó ahí. Chase lanzó el arma al aire, atrapándola con la otra mano, y rápidamente apuntó de nuevo a Josh. Mientras todos aún estaban atónitos, Chase habló con tono burlón.

—¿Lo probamos? A esta distancia, vamos a ver si tu sangre me salpica o no.

Sin dudarlo, apretó el gatillo. Josh se llevó las manos a la cabeza en un acto reflejo. La bala rozó su cabeza peligrosamente. De inmediato, los demás comenzaron a gritar, tratando de detener a Chase.

—¡Señor Miller, deténgase!

—¡Corre, Josh! ¡Rápido!

—¡Señor Miller, no puede hacer esto…!

A pesar de las súplicas desesperadas, Chase no mostró señales de detenerse y volvió a apretar el gatillo. Esta vez, Josh sintió que su cabeza realmente podría volar en cualquier momento. No había forma de escapar de una bala a esa distancia.

Al final, Josh miró fijamente a Chase. Por un instante, Chase frunció el ceño, pero ya era demasiado tarde para detenerse o quizás simplemente no tenía intención de hacerlo. Ya había apretado el gatillo.

CLICK.

El sonido seco y pesado golpeó los oídos de todos. El rostro de Chase se torció con irritación. Apretó el gatillo varias veces más, pero el único ruido que se escuchó fue el eco vacío de un cargador agotado.

—¡Maldita sea! —Chase maldijo y arrojó la Desert Eagle al suelo con fuerza.

De diferentes rincones se escucharon leves suspiros de alivio. Al menos ya no había riesgo de morir a tiros.

Con evidente frustración, Chase desordenó su brillante melena rubia de manera violenta. Nadie se atrevió a decir nada. Todos permanecían inmóviles, casi sin poder tragar saliva, observándolo en absoluto silencio.

Y, sin embargo, Josh se preguntaba por qué no podía apartar la vista de ese hombre loco. ¿Qué era lo que le hacía imposible dejar de mirarlo?

Finalmente, después de calmar un poco su respiración, Chase pasó una mano por su cabello despeinado. Su mirada feroz se clavó de repente en Josh, y antes de que este pudiera reaccionar, Chase se acercó y lo pateó con fuerza.

—¡Josh! —gritó Isaac, pálido de preocupación.

Josh se desplomó sin poder siquiera emitir un gemido, acurrucándose en el suelo. El ácido sabor del vómito subió por su garganta, y un dolor punzante se extendió por su cuerpo. Sus oídos zumbaban al ritmo de su pulso acelerado, y su visión pasó de tonos brillantes a un negro absoluto antes de regresar lentamente a la normalidad.

Recobrando el sentido poco a poco, lo último que Josh alcanzó a ver fue a Chase dándose la vuelta para marcharse.

—¡Cárguenla y déjenla en su lugar, malditos inútiles!

Se refería a la Desert Eagle que había arrojado antes. Sin prestarle la menor atención al caos que acababa de provocar, Chase lanzó una orden al guardia más cercano y regresó al coche.

El equipo de seguridad, que finalmente recobró el sentido, se apresuró a dispersarse para seguir las órdenes. Poco después, el sedán en el que iba Chase atravesó el jardín rumbo a la mansión.

—¿Estás bien?

Isaac se acercó corriendo y ayudó a Josh a levantarse. A pesar de querer tranquilizarlo, Josh no logró pronunciar las palabras. Se llevó una mano a la frente, pero enseguida notó cómo su palma se empapaba de algo húmedo.

—Primero vamos a curarte.

Mark tomó la iniciativa rápidamente y comenzó a avanzar hacia la casa. Sin decir nada más, el resto del equipo lo siguió en silencio.

♥♥♥

—¿Qué demonios le pasa a ese maldito perro?

Josh dejó escapar un largo suspiro mientras se desplomaba en el sofá, sosteniendo una bolsa de hielo contra su adolorida cabeza y sujetándose el abdomen. Isaac, que lo había estado ayudando a caminar, finalmente explotó de rabia. A su lado, Mark chasqueó la lengua con frustración, negando con la cabeza.

Al menos había sido un alivio que Chase solo lo golpeara en lugar de dispararle.

—¿Y tú por qué demonios tuviste que decirle esas estupideces al loco ese? Si solo hubieras dicho “lo siento”, al menos te habrías ahorrado un par de golpes.

Henry, que acababa de traer una toalla limpia para presionar la herida, no pudo evitar soltar una maldición mientras reprendía a Josh. Este último sonrió débilmente.

—No lo sé… ¿Por qué lo hice?

De inmediato, Henry le dio una palmada en la nuca.

—¿Por qué te ríes, idiota? ¡Me haces pensar cosas raras!

—¡Henry, no lo golpees!

Josh ni siquiera pudo gritar del dolor, solo se encogió sobre sí mismo. Isaac, alarmado, levantó la voz para detener a Henry. Incluso Mark, que normalmente no intervenía, también lo reprendió.

—Por ahora, no le golpees la cabeza.

—Ni el abdomen —añadió Isaac.

Y no era para menos: sentía como si su cerebro rebotara como gelatina contra las paredes de su cráneo. Dejó escapar un gemido lastimero, y entonces Seth preguntó con preocupación:

—¿Estás seguro de que no necesitas ir al hospital?

Josh negó con la cabeza en silencio. En su mente, solo podía pensar en Pete. Anhelaba besar esas mejillas suaves y abrazar su pequeño cuerpo. Sentía que cualquier dolor desaparecería si tan solo pudiera tenerlo cerca.

De pronto, un golpeteo en la puerta rompió el silencio. El líder del equipo de seguridad anterior entró con una expresión incómoda.

—¿Podemos continuar con la entrega? Ya es hora de nuestro relevo…

Evitando a propósito la mirada de Josh, se dirigió directamente a Mark con una sonrisa forzada. Todos permanecieron en silencio, conscientes de que no había forma de escapar de esa realidad.

♥♥♥

El comedor, que normalmente era ruidoso, estaba sorprendentemente silencioso en torno a su mesa. Aunque los platos estaban llenos de comida, nadie hablaba mientras masticaban lentamente.

—¿Dónde estarán ahora? —preguntó Seth con voz desanimada. Se refería al equipo de seguridad anterior, quienes habían partido con rostros aliviados después de transferir la responsabilidad. Aquel pequeño grupo que los acompañó al restaurante antes de regresar a la mansión seguro también había escapado apenas llegaron. Todos se habían marchado con una felicidad palpable.

Mark, mientras mordía un hot dog de ternera, respondió:

—Supongo que ya habrán cruzado la frontera.

—Qué envidia —murmuró Seth, y todos asintieron en silencio.

En sus pensamientos, cada uno planeaba cómo huir del país, donde fuera que no tuvieran que volver a ver a Chase. Especialmente Josh, que además cargaba con un motivo adicional para querer desaparecer.

«Maldita sea. Por más atractivo que sea, sigue siendo un desgraciado. Ya sabía lo podrido que estaba por dentro y, aun así, terminé embobado como un idiota.»

Josh dejó escapar un suspiro resignado. Era absurdo admitirlo, pero parecía que él también era uno de esos que caían por un rostro bonito. Se sintió como aquel adolescente torpe que había sufrido su primera decepción amorosa al descubrir que la chica del anuncio de chocolate en realidad era un chico.

—¿A dónde sería bueno ir? —murmuró Josh casi sin pensar, y Mark respondió con un brillo en los ojos:

—Siempre he querido visitar Cuba. Ah, los puros… Sería genial.

Mark ya estaba saboreando la idea, y entonces los demás comenzaron a compartir sus propios destinos soñados.

—El Amazonas suena bien. Podría ser divertido —comentó Seth en voz baja.

Henry, burlándose de inmediato, replicó:

—¿Divertido? Ahí ni hay agua caliente ni internet. Claro que va a ser genial.

«Pero al menos ese tipo no estará ahí.»

Josh pensó para sus adentros que no había nadie que encajara mejor con la ciudad que ese hombre. Resultaba imposible imaginar a Chase Miller con la ropa arrugada, sentado en el suelo y cubierto de polvo. Si estuviera solo, probablemente se marcharía a un lugar remoto como el Amazonas o cualquier otro rincón apartado del mundo. Sin embargo, tenía a Pete, y quería asegurarse de que el niño completara su educación formal.

—¿Y Alaska? —preguntó Josh de repente.

Seth lo miró como si preguntara qué sentido tenía esa idea, así que Josh se justificó.

—Es tranquilo, hay poca gente.   

—Si buscas un lugar en medio de la nada, entonces es perfecto —intervino Henry, con su habitual tono sarcástico.

Seth lo secundó.

—Si es por eso, Canadá también es tranquilo. ¿Para qué ir tan lejos hasta Alaska?

No sonaba como una mala idea. De pronto, Josh recordó algo que había olvidado.

—Oye, Isaac, ¿tú no eres de Canadá? ¿Qué tal se vive allá?

Isaac, que hasta ese momento no había hablado mucho, respondió con su habitual expresión indiferente.

—No sé, hace tanto que me fui que ya olvidé hasta el idioma canadiense.

Todos lo miraron con incredulidad. Isaac parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de su error.

—Ah, cierto… también se habla inglés.

—¿Para qué llevas la cabeza, entonces? —bufó Henry, señalándose la sien con desdén.

Josh estuvo a punto de aclarar que tal vez Isaac había vivido en la parte francófona* de Canadá, pero prefirió dejarlo pasar. Todos sabían que había crecido en una región angloparlante.

(*En la parte francófona de Canadá, que principalmente incluye la provincia de Quebec y algunas regiones de otras provincias, se habla francés.)

Justo entonces, alguien debió preguntar algo a Mark, porque él respondió:

—No podemos renunciar, la penalización es el triple.

UGH…

Josh dejó escapar un gruñido de frustración desde lo más profundo de su garganta.

—¿No deberían subirnos el sueldo? ¿Cómo se supone que trabajemos si nos golpean constantemente? —protestó Isaac con un tono agudo.

Para Josh, el problema no era tanto recibir golpes, sino la mera presencia de Chase. Si no fuera por el maldito dinero, nunca habría aceptado este trabajo.

Si no podía evitarlo, al menos que valiera la pena el dinero.

Todos escucharon con interés la sugerencia de Isaac, pero Mark negó con la cabeza.

—Olvídalo. ¿No sabes cuál es el negocio principal de los Miller? ¿Y quién es el hijo mayor? Nada menos que Nathaniel Miller.

Por supuesto, todos conocían ese nombre.

El demonio del ámbito legal. Un vampiro despiadado sin un atisbo de compasión. Un abogado que jamás había perdido un caso.

En resumen, si intentaban escapar, no había manera de librarse de las consecuencias.

—Solo intenten no recibir golpes. Cuiden sus movimientos lo mejor que puedan —advirtió Mark.

Nadie dijo una palabra más mientras terminaban la cena en silencio.

Todos regresaron a la mansión con el semblante sombrío. No solo era por el trabajo que estaba por comenzar, sino porque antes debían presentarse ante Chase para hacer el relevo oficial como nuevo equipo de seguridad. El anterior jefe de equipo se había quedado hasta el último momento solo para esa presentación. Una vez realizada, escaparía de ahí como si volara de pura alegría.

—Vamos.

El jefe de equipo, con una sonrisa radiante que contrastaba con la expresión abatida del resto, se dio la vuelta para guiar el camino. Mark, a la cabeza, comenzó a seguirlo, y el resto lo imitó. De repente, Isaac se detuvo y habló.

—¿Por qué no dejamos que Josh descanse? Ya se presentó antes, de alguna manera.

De inmediato, todas las miradas se centraron en Josh, quien, incómodo, intentó decir que estaba bien, pero Isaac se adelantó.

—Le dieron un golpe en la cabeza. Aunque no tiene síntomas graves, sería mejor que descanse. ¿Para qué presentarse de nuevo? De todas formas, ese tipo ni siquiera recordará nuestros nombres, ni cuántos somos.

Era cierto. La presencia de Josh para Chase no sería más que “el guardia que casi recibe un disparo”. Incluso, había posibilidades de que ya hubiese olvidado que había golpeado a alguien. Pensar en ello hizo que Josh sintiera un amargo desánimo.

—Es verdad —murmuró Mark, aparentemente de acuerdo con Isaac. Tras unos segundos de reflexión, finalmente asintió—. De acuerdo, Josh, vete a descansar. Si empiezas a sentirte mal, avísanos de inmediato. Es solo una presentación, nada del otro mundo.

—¿No sería suficiente que Mark se presentara solo? —murmuró Henry, revelando sus verdaderas intenciones con un comentario que, aunque pretendía ser para sí mismo, era lo bastante fuerte como para que todos lo escucharan.

Lamentablemente para él, su propuesta fue rechazada de inmediato.

—Solo Josh descansará. Los demás, vamos. Tenemos que hacer lo que nos toca.

Henry puso cara de fastidio, pero no dijo nada más. Gracias a eso, Josh pudo retirarse a su habitación para descansar.

Menos mal.

Una vez acostado en la cama, exhaló profundamente. Aunque la cabeza seguía palpitando, el dolor no era tan intenso como para ser insoportable. De hecho, en cierto modo habría preferido que el dolor fuera lo suficientemente fuerte como para no pensar en nada. Pero, paradójicamente, la herida no era tan grave.

Lo que realmente pesaba en su mente era el hecho de que apenas había pasado un día. Y que tendría que soportar esa situación durante un máximo de seis meses.

Seis meses bajo el mando de ese lunático, Chase Miller.



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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