Capítulo 1
AH, HAAH, AH, NGH
Una serie de gemidos cortos y entrecortados escaparon de su boca. Su cuerpo se sacudía sin piedad, y hasta su cerebro temblaba, incapaz de formar un solo pensamiento. Sin fuerzas, con el cuerpo rendido, Josh levantó las piernas instintivamente y las enganchó alrededor de la cintura del hombre. Juntando lo último de su energía, las apretó con fuerza, haciendo que el pene que lo empalaba se deslizara más adentro, provocando un dolor agudo.
HNG…
Encima de Josh, el hombre soltó un gemido profundo entre respiraciones ásperas. Apoyándose en sus brazos, continuó embistiendo hacia abajo antes de deslizar las manos bajo sus rodillas y levantarlo con fuerza. Doblándolo por la mitad, el hombre alzó sus caderas y enterró su miembro con brutalidad.
AAHAK…
Un grito largo surgió desde lo más profundo de su garganta. El hombre no mostraba ninguna consideración. Aplastó su cuerpo grueso sobre el de Josh, empujando sin control. Su miembro, hinchado y ardiente, se estrellaba salvajemente dentro de él, atrapado entre el colchón y el peso del hombre.
No sentía dolor alguno. Esto era apareamiento. Ni él ni Josh tenían un ápice de racionalidad, así que no podía llamarse “relación sexual”. Lo único perceptible era el miembro viril del hombre moviéndose caóticamente dentro de él y la dulzura de su interior absorbiéndolo con voracidad.
AH, HNG, UH, AHN…
Josh gemía sin cesar mientras atraía la cabeza del hombre hacia sí. Entre la bruma de su conciencia, supo que su cuerpo estaba listo. Como si lo hubiera percibido, los embates del hombre se volvieron más violentos, hurgando en sus entrañas. Cada vez que se retiraba para después clavar, la penetración alcanzaba mayor profundidad.
—Más… más adentro. Embísteme con más fuerza. Dentro de mí… dentro.
—Ah, lléname por completo.
Sin darse cuenta, Josh suplicaba en voz alta.
Finalmente, el hombre enterró su miembro hasta el fondo y lo hizo inflar dentro de Josh. Un dolor punzante y ardiente surgió en lo más hondo mientras sus paredes internas, calientes y húmedas, se cerraban con fuerza alrededor de la erección.
HNNGH…
Con un estremecimiento, el hombre llegó al clímax encima de Josh. Eyaculó a chorros, llenando su vientre con el líquido ardiente. La cantidad era tan excesiva que podía sentir el peso del semen acumulándose dentro, pero su apertura, sellada herméticamente alrededor del miembro, apenas dejaba escapar nada. Todo lo que el hombre derramó quedó atrapado, almacenado por completo en el interior de Josh. Había recibido hasta la última gota de su simiente.
Como una droga, el semen se esparció por todo su cuerpo, mientras sus dulces feromonas inundaban hasta sus fosas nasales. Josh, completamente intoxicado por las feromonas, dejó caer su cuerpo adormecido. Justo cuando su conciencia se nublaba y su visión se tornaba borrosa, el hombre mordió repentinamente su oreja.
—¡Ah!
Un escalofriante sonido crujió directamente dentro de su oído. Un grito escapó de su garganta y, por un breve instante, su conciencia desvanecida regresó.
El hombre, manteniendo su pene firmemente enterrado dentro de Josh, chupó con avidez la oreja que acababa de morder, produciendo un sonido húmedo y obsceno. Entre el dolor y el shock, la voz del hombre resonó junto al tembloroso oído de Josh:
—Eres completamente mío.
El susurro grave lo hizo estremecer, haciendo que instintivamente apretara los músculos internos. El hombre respondió con un gruñido gutural y clavó su miembro con aún más fuerza.
NGH. UGH…
Aunque gemidos débiles escaparon de los labios de Josh, el hombre los ignoró por completo. Después de morder, chupar y lamer la ensangrentada oreja durante lo que pareció una eternidad, finalmente exhaló un suspiro profundo y se durmió.
No fue hasta horas después, cuando su conciencia por fin regresó por completo de aquel oscuro abismo, que Josh comprendió: el hombre le había dejado una “marca”.
Capítulo 1
—¡Esperen un momento, cálmense todos! No, no salgan de ahí. ¡Oye, oye! ¡Mira bien allí!
Los guardias de seguridad estaban esforzándose al máximo para contener a la multitud que se aglomeraba. Aunque estaban acostumbrados a manejar a los fanáticos en eventos como este, hoy era diferente a cualquier otro día. Por supuesto, sabían la razón y ya lo habían previsto. Todo se debía a que estaba a punto de llegar una superestrella.
Durante su debut, causó tal impacto que no sería exagerado decir que sacudió por completo a toda América del Norte. Desde entonces, cada año ha seguido acumulando una sólida base de seguidores y, en los últimos años, incluso ha sido reconocido por su talento actoral, alcanzando un punto álgido* en su carrera que muchos describen como su época dorada.
(*Crítico o culminante.)
Era común escuchar a personas decir que harían cualquier cosa por verlo aunque fuera una sola vez. De hecho, en una ocasión, alguien publicó en redes sociales que estaba dispuesto a robar un banco solo para captar su atención, lo que terminó siendo una situación tan absurda que no quedó más remedio que reírse. Por eso, la noticia de su asistencia al evento fue suficiente para sumir la zona en el caos.
Pero esto superó todas las expectativas.
Los guardias de seguridad, que ya tenían la voz ronca de tanto gritar, comenzaron a emitir sonidos metálicos e incluso a toser sin poder evitarlo. A pesar de todo el esfuerzo, no faltaban personas que, en cuanto veían una oportunidad, intentaban colarse entre la seguridad para acercarse al frente. Era un caos completo, tratando de bloquear a los que empujaban desde adelante mientras vigilaban a los oportunistas que se deslizaban por los costados como hienas al acecho.
Ojalá todo esto termine pronto.
Los guardias de seguridad compartían el mismo pensamiento en silencio. Poco a poco, los invitados que habían sido convocados comenzaban a llegar, pero la persona más importante aún no había aparecido. En cierto modo, deseaban que llegara cuanto antes, tomara unas fotos rápidas y se adentrara en el interior. Tal vez entonces las cosas se calmarían un poco.
Sin embargo, más y más personas seguían aglomerándose, aumentando la presión y el caos alrededor.
♥♥♥
—El tiempo de permanencia será de unas dos horas aproximadamente —continuó Laura, la secretaria, hablando con calma a su lado—. Me pidieron que mostrara este reloj. Creo que con un gesto ligero, como pasar la mano por el cabello, sería suficiente.
Laura miró de reojo, intentando captar su reacción. El hombre, que hasta ese momento no se había movido en absoluto, bajó la mirada por primera vez para observar la joya en su muñeca.
El reloj, inspirado en la noche del desierto, no solo destacaba por el característico trabajo artesanal de la marca, sino también por su elegante diseño. A la hora en punto, el diamante que giraba sobre la esfera brillaba con un resplandor que atrapaba la mirada. El hombre habló lentamente.
—No está mal.
Eso fue todo. Laura esbozó una sonrisa incómoda. El hombre volvió a fijar la vista en la ventana. A pesar de que el cristal tintado hacía que su reflejo fuera más visible que el paisaje exterior, él siempre mantenía la mirada fija hacia afuera.
«Ver su propio rostro debe ser mucho más entretenido que mirar el entorno.», pensó Laura.
Aunque reconocía su actitud narcisista, no podía evitar justificarlo. Después de tantos años trabajando como su secretaria, aún había momentos en los que, al verlo, se sentía paralizada como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Lamentablemente, eso solo ocurría mientras él mantenía la calma.
Laura estaba agradecida de que él hablara poco, ya que en ocasiones pasaba el día entero sin decir una sola palabra. Si no fuera así, seguramente ella ya habría huido, incapaz de soportar su temperamento.
Chase, apoyado contra la puerta con una mano en la barbilla, cerró los ojos lentamente. Gracias a eso, Laura pudo contemplar su perfil con libertad. Su rostro, pálido y ligeramente agotado, proyectaba sombras claras que acentuaban sus elegantes rasgos.
Antes de trabajar para él, Laura había sido asistente de otros actores famosos y había conocido a muchas estrellas, pero nunca había visto a alguien tan hermoso como este hombre. A pesar de que llevaba la camisa abotonada hasta el cuello, su apariencia ordenada contrastaba con una cierta aura desaliñada.
Sus manos, descansando descuidadamente sobre los muslos, mostraban dedos largos y bien cuidados, con uñas pulcramente recortadas. La primera vez que los vio, Laura imaginó esos dedos delicados apretando su cuello. Por suerte, nunca había sucedido.
Era un hombre sin un solo rasgo que no fuera atractivo. Laura dudaba en utilizar la palabra “hermoso”, pero no encontraba un término más adecuado.
Tras un leve suspiro, él abrió los ojos. Al mismo tiempo, Laura volvió a la realidad. El conductor informó que estaban a punto de llegar al destino. Laura, al igual que el guardaespaldas que viajaba con ellos, se puso en alerta de inmediato. Pronto tendrían que proteger a ese hombre de la multitud que los aguardaba afuera. Un movimiento en falso podría poner en riesgo su vida, pero no había otra opción.
El automóvil comenzó a reducir la velocidad. De repente, el hombre habló.
—…
Laura no entendió el murmullo bajo y supuso que era solo un comentario para sí mismo. Como siempre, decidió fingir que no había escuchado nada. Chase tampoco volvió a decir una palabra.
El automóvil, que iba reduciendo la velocidad gradualmente, finalmente se detuvo por completo. Los gritos de la multitud eran inquietantes. Laura respiró hondo y esperó a que la puerta del coche se abriera.
El guardaespaldas bajó primero, inspeccionando rápidamente los alrededores, y luego abrió la puerta del lado donde estaba sentada Laura. Al salir, ella se hizo a un lado de inmediato. La gente ya sabía quién estaba a punto de aparecer.
Entre la multitud se coló un aroma dulce, casi imposible de percibir en medio de tanto bullicio. Al mismo tiempo, los gritos se hicieron mucho más fuertes.
—¡Chase…!
Por fin él apareció.
Bajo el deslumbrante sol de California, su cabello rubio brillaba intensamente. Al enderezarse completamente, su imponente altura de casi 6 pies y 5 pulgadas* se hacía notar, y su esbelta figura vestida con un elegante frac negro parecía estar hecha a su medida.
(*1.98m)
Chase bajó al alfombrado rojo y echó un vistazo rápido a su alrededor. Aunque parecía un poco cansado, no dijo nada y simplemente levantó la mano. Sus largos dedos se enredaron suavemente en su cabello rubio, mostrando la muñeca adornada con el reloj. Por todas partes se escucharon los clics de las cámaras, que parecían tan caóticos como los mismos gritos de la multitud.
Apenas había dado cinco pasos sobre la alfombra roja cuando uno de los guardias, que luchaba por contener a la gente, fue empujado. La frágil barrera humana que había logrado mantenerse unida hasta ese momento colapsó en un instante.
[Accidente grave en el evento de joyería V&A.]
El empleado, que hojeaba el periódico que estaba junto a la caja registradora, soltó un resoplido molesto. El artículo en la parte inferior era tan predecible como siempre. La televisión ya había hablado bastante del asunto y el internet estaba saturado de comentarios al respecto. Incluso los transeúntes parecían no hablar de otra cosa. El empleado no estaba nada contento con eso.
En ese momento, un cliente colocó sus compras sobre el mostrador: chicles, una botella de agua y una revista para hombres. El empleado los escaneó mientras sacaba el tema como si lo hubiera estado esperando.
—Vaya revuelo con Chase Miller, ¿no?
—Sí, parece que sí —respondió el hombre con indiferencia, sin mostrar mucho interés.
Mientras escaneaba el código de barras, el empleado no perdió la oportunidad de expresar su opinión.
—Dicen que hubo muchos heridos. La verdad, no deberían invitar a este tipo de personas a los eventos. Era obvio que algo así podía pasar. Y para colmo, Chase Miller ni siquiera se disculpó. ¿No le parece que parece disfrutar viendo el caos que provoca?
—No sé, no estoy al tanto de los famosos.
El hombre mintió con destreza. No era completamente falso; lo de que no sabía mucho sobre celebridades era cierto. Más que nada, solo quería terminar rápido la compra y regresar a casa. Justo en ese momento, otro cliente se colocó detrás de él y lanzó una mirada molesta al empleado. El trabajador apresuró el proceso de pago y levantó la cabeza.
El hombre era más alto de lo que había imaginado. Además, aunque el pecho estaba oculto bajo la camisa, sus músculos firmes se marcaban claramente. Cuando el empleado finalmente encontró el rostro en una posición más alta de lo esperado, se quedó inmóvil.
Con los ojos muy abiertos y parpadeando, el empleado observó al hombre, quien metió los productos en la bolsa por sí mismo, hizo un gesto de despedida y salió rápidamente. Mientras el empleado, aún aturdido, observaba la espalda del hombre que se alejaba, el cliente que estaba detrás se quejó.
—¿Por qué tarda tanto en cobrar?
—¿Viste el rostro del tipo que acaba de salir?
El cliente lo miró con incredulidad. Pero el empleado seguía mirando en la dirección en que el hombre había desaparecido, murmurando para sí mismo.
—Seguro que es un Alfa, ¿verdad?
El empleado volvió a expresar su asombro, mientras el cliente, con el ceño fruncido, miraba hacia el mismo lado.
—No percibí ningún olor a feromonas.
—Con una cara tan atractiva, claro que tiene que ser un Alfa. Y además, con ese cuerpo tan trabajado.
—¿En serio? Aunque debo admitir que su espalda era realmente impresionante.
Aunque el cliente empezó a mostrar interés, el hombre ya se había perdido de vista. El empleado finalmente salió de su trance, escaneó el código de barras y suspiró. «Ojalá vuelva otra vez», pensó para sus adentros.
♥♥♥
—No volveré a ir a esa tienda.
Josh cambiaba de carril como un loco mientras rechinaba los dientes. Las bocinas resonaban por todos lados y los insultos llovían, pero él los ignoraba y pisaba aún más el acelerador.
Ya llevaba 30 minutos de retraso. ¿Por qué demonios se había demorado tanto? Era algo que podía haber terminado en diez minutos, pero el empleado se había puesto a decir cosas innecesarias. Además, el tema que sacó fue justo lo que Josh no quería escuchar: llevaba días escuchando tanto sobre Chase Miller que ya le dolía la cabeza.
Por mucho que intentara evitarlo, era imposible escapar. Dondequiera que hubiera gente, todos hablaban de él. Si apretaba un botón de la máquina expendedora, la lata de refresco tenía el rostro de Chase estampado. Al encender la televisión, aparecían noticias sobre él. Si conducía por la carretera, se encontraba con su perfume en enormes carteles publicitarios.
Era imposible vivir en ese país sin encontrarse con Chase Miller en cada rincón.
Josh estaba tan irritado que estuvo a punto de soltar una palabrota, pero logró contenerse al recordar el incidente anterior. Un día, Pete había escuchado una mala palabra que él dijo sin querer y luego la repetía como si nada. Desde entonces, Josh había sido extremadamente cuidadoso para no dejar escapar expresiones fuertes, incluso por accidente. Sin embargo, en días como hoy, era difícil reprimir las ganas de maldecir.
Finalmente, al llegar a casa después de contenerse tanto pensando en la cara de Pete, Josh casi soltó un grito de júbilo.
—¡Pete!
Subió las escaleras de tres en tres y llegó rápidamente al piso donde vivían. Apenas abrió la puerta, llamó el nombre del niño. Pete, que estaba en la sala jugando con el asistente de medio tiempo, giró la cabeza y enseguida gritó.
—¡Daddy!
—¡Pete!
Josh levantó al niño de inmediato y llenó su carita de besos. La alegría que lo inundó era tan grande que casi le faltaba el aire. Toda la fatiga acumulada durante el día se desvaneció en un instante.
Tras el emotivo reencuentro, que se sintió como si hubieran pasado cinco horas, Josh, con Pete en brazos, finalmente se dirigió al asistente.
—Gracias por cuidarlo hoy.
—No es nada. Pete es un niño muy tranquilo, cuidarlo es muy fácil.
El joven, que estaba en la universidad y trabajaba a medio tiempo cuidando de Pete, sonrió con modestia. Josh, que lo miraba desde arriba (pues el chico era una cabeza más bajo que él), también sonrió.
—Siempre me ayudas mucho. ¿Tienes exámenes pronto? Si hay algún día en que no puedas venir, avísame con tiempo.
—Claro, Josh. Haré lo posible por no faltar. Nos vemos, Pete.
El asistente tomó la mano de Pete para despedirse y, después de entregarle el pago del día, Josh se quedó a solas con el niño. A Pete le encantaba treparse sobre los hombros de su papá, así que, como siempre, lo subió para llevarlo a caballito mientras se dirigían a la cocina a preparar la cena.
¡OUAA, AAH, BAAAH!
El niño movía las caderas mientras emitía sonidos ininteligibles. Probablemente era la canción de apertura de su caricatura favorita. Solo era una suposición, claro.
Josh besó la pierna regordeta de Pete y se movió con destreza por la pequeña cocina. Preparó rápidamente un bistec, hizo una ensalada de papas y, al final, añadió algunos frijoles.
—No me gustan los frijoles.
Sentado en la silla infantil, Pete se quejó apenas vio el color verde. Mientras cortaba la carne en trozos pequeños para que el niño pudiera comerla fácilmente, Josh le habló con voz tranquila.
—Los frijoles son amigos de las papas. Si no entran juntos en la pancita de Pete, se pondrán tristes. Son amigos, ¿verdad? A Pete tampoco le gusta separarse de Jason, ¿verdad?
Jason era el peluche de perro que Pete adoraba. Aunque el argumento sonaba razonable, esta vez Pete no estaba dispuesto a ceder.
—No me gustan los frijoles.
Con el ceño fruncido y los labios apretados, el niño mantenía su postura. De repente, Josh recordó a alguien. Una cara fría y seria que, aunque similar, pertenecía a un hombre mucho más grande. Se quedó inmóvil un instante.
Sin embargo, frente a él no estaba ese hombre, sino Pete. Ese sujeto nunca sería tan adorable ni encantador como su hijo. Además, la expresión de Pete, que miraba con decepción los frijoles, era tan linda que resultaba imposible no ceder.
Al final, Josh besó la coronilla de Pete y puso los frijoles en la licuadora para triturarlos hasta que no quedara rastro alguno. Luego, levantó el plato vacío con orgullo y exclamó.
—¡Hemos derrotado al enemigo!
¡WAAA, WAAA, WAAA!
Pete, emocionado, comenzó a mover las piernas mientras estaba sentado en la silla. Josh le dio un sonoro beso en la mejilla antes de comenzar a darle de comer. Pronto, la comisura de los labios del niño estaba sucia de comida. Josh, como siempre, sacó el pañuelo que llevaba consigo y limpió el rostro del pequeño mientras lo observaba. El esfuerzo de Pete al usar el tenedor con sus pequeñas manos hacía que el corazón de Josh latiera con fuerza.
Después de la cena, Josh caminó por la sala con Pete en brazos hasta que el niño se quedó dormido. Lo acostó con cuidado en la cama, hizo una limpieza rápida del departamento, se dio una ducha y finalmente sacó una cerveza de la nevera.
HUU.
Dejó escapar un suspiro de satisfacción. Aunque su vida no era especialmente acomodada, no tenía ninguna queja. Solo de pensar en el día en que Pete creciera y se fuera de casa para ir a la universidad, ya sentía que las lágrimas querían salir, pero todavía faltaba mucho para eso.
Después de terminar la lata, se fue a la cama con una sonrisa tranquila.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN