Capítulo 58
La idea de que la sangre y la carne que formaron a la Reina Leana también habían dado forma a Lessas lo perturbaba aún más.
Ante él estaba Lessas, el hijo de la Reina, que había testificado con un rostro incomparablemente confiado que su madre estaba loca, y el hijo del Rey, que había aprobado la ejecución de su madre como si hubiera estado esperando la oportunidad.
Todo aquello que había creído que iba mejorando poco a poco se derrumbó en un instante. El resentimiento que había logrado abandonar solo después de enfrentar la muerte, resurgió como una brasa que crecía y se expandía dentro de él.
En realidad, Sayed había estado perdiendo gradualmente la fé en su madre después de presenciar su propia Fuga. Pensó que si él, su propio hijo, había causado muertes tan crueles, quizá era por un pecado transmitido por su madre.
Para su vergüenza, admitió que incluso él, el único que se suponía debía confiar en su madre, había estado a punto de abandonarla.
Aunque había sido una persona estricta, siempre fue buena. Aunque odiaba profundamente la condición de haber nacido como Titer, siempre fue fiel a su deber más que nadie. Temiendo que su propia naturaleza, que rara vez recibía purificaciones, se volviera venenosa, su madre respondió al llamado con más dedicación que nadie. Incluso cuando el precio infernal desgarraba su interior, nunca lo mostró y lo soportó en silencio. Trabajó muy duro mientras vivía.
Al menos vivió lo suficiente como para no morir dudando de sí misma, creyendo que estaba loca. No vivió en vano, permitiendo que aquellos que creían en una verdad fabricada la trataran de cualquier manera.
El odio que se había apagado, se transformó en un gran fuego que se apoderó del corazón de Sayed. Había vivido sin sentir nada porque el odio era demasiado pesado, pero ahora, este ingenuo príncipe había arañado su piel adormecida y lo había lastimado. Se sintió innecesariamente agitado al verlo acercarse y susurrar que le gustaba.
«¿Me quieres?»
«¿A mí?»
«¿Teniendo a tu lado al hijo del enemigo que mató a mi madre y a tantas otras personas sin remordimiento? En tu vida pasada, lo tocaste, lo abrazaste, lo protegiste y mantuviste a ese ser brillante a tu lado hasta el final, creyendo que era lo correcto.»
«Con ese hermoso rostro que una vez dijo que no había nada más importante que yo, mantuviste a aquellos que cambiaron mi vida por completo a tu lado y me odiaste.»
Aus: Esto estaba en 3a persona pero así se siente más real y crudo.
La imagen de Lessas de aquel día, atravesando su pecho y apuñalando su corazón, se superpuso con el presente. Recordó esos ojos fríos, aterradoramente vacíos de emoción.
Esos ojos.
El dorso de su mano, marcado por venas blancas. Todo eso se unió para matar a Sayed.
La gran conmoción que sintió al encontrarse con un Lessas adulto, se había convertido en resentimiento. Aunque nunca pensó que tendría tales sentimientos, desafortunadamente, el sentimiento de dolor e infelicidad también estaba presente dentro de Sayed.
—¿Por qué me llamaste? Si tienes algo que decir, dilo ahora.
Pero la razón, el hábito y la paciencia que lo habían fortalecido toda su vida, cubrieron sus vacilaciones. Sayed preguntó con frialdad, conteniendo a la fuerza las palabras que quería gritar mientras sujetaba a Lessas por el cuello.
Lessas dejó caer sus cejas con desolación y simplemente miró a Sayed con esos ojos color violeta profundos y apagados. El rostro que una vez fue blanco ahora estaba tan pálido como la piel de Sayed.
Sayed lo miró con los labios fuertemente cerrados. Lessas extendió su mano, pero la bajó lentamente al ver desprecio en los ojos de Sayed. En el dorso blanco de su mano se veían venas azules.
—No me atrevo a imaginar cómo debe sentirse tu corazón. Lo siento mucho, Archiduque… Haré cualquier cosa que esté en mi poder… —Lessas susurró con voz baja y contenida. Sayed soltó una risa cínica. Su mente estaba en blanco, pero una risa brotó de él. Las comisuras de su boca se torcieron, revelando colmillos blancos.
—¿Me seguiste hasta aquí porque quieres consolarme?
En ese instante, Lessas abrió mucho los ojos al ver a Sayed reír. Esos grandes ojos violetas, fijos en la sonrisa de Sayed, le recordaron de repente aquel almuerzo en el que Lessas había dicho: {—¿Qué debo hacer para que vuelvas a sonreír como antes?}
Sayed sintió una profunda desilusión. La época en la que podía sonreír ya había desaparecido con el rocío del amanecer en el lugar de la ejecución. No quería sentir nada y las emociones que podía sentir eran demasiado escasas.
—¿Dijiste que querías verme sonreír? Ahora que lo pienso, hay una manera. Sí, eso estaría bien. ¿Podrías traerme la cabeza de Zion Sildras? Ah, como la ejecución de un Títer es un privilegio de la realeza, Su Alteza podría decapitarlo personalmente si lo desea. —Sayed se rió a carcajadas.
Las palabras “Demonio de Solias” que Zion le había lanzado hacía algún tiempo cruzaron su mente. Al poner cosas tan bajas en su boca, pensó que no había mucha diferencia entre él y el Demonio.
En su mente, lo sabía. Probablemente Zion no estaba involucrado en nada de esto, y Lessas no era más que un extraño. Ellos solo eran hijos del enemigo, por lo que en realidad no le habían hecho nada malo a Sayed.
Pero el hecho de que estás personas pudieran sonreír era tan horrible. El hecho de que habiendo pisoteado la vida de alguien, habiendo arrebatado la existencia de otros, aún así, como hijos de esos padres, gobernaban el reino como los guardianes más justos y rectos.
—Lo que quiero es el cuerpo del anterior Duque de Sildras, pero como su carne ya ha vuelto a la tierra, parece que no hay manera. O tal vez, Su Alteza, ¿me permitiría incendiar el Sur?
Desafortunadamente, Lessas no tenía el poder para hacerlo. Era solo un príncipe que recién había recuperado su posición, y no tenía la capacidad de conceder lo que Sayed deseaba.
—Si no es así, le ruego que no intente consolarme de ninguna manera. Eso es lo único que Su Alteza puede hacer por mí.
Al terminar su sentida crítica, una sensación de agotamiento lo invadió. Se sintió desilusionado consigo mismo. No había necesidad de decirle estas palabras a Lessas. Habría sido más fácil ignorarlo como antes, pero en cambio, había hecho un escándalo innecesario.
Sayed, que había eliminado todo rastro de su sonrisa, dejó escapar un profundo suspiro en su interior. Sintió como si su cuerpo estuviera lleno de espinas. Ocultando su rostro cansado bajo su mano, lo acarició suavemente y luego, sin querer intercambiar más palabras, le dió la espalda. Estaba a punto de dejar a Lessas atrás.
—Si es lo que deseas… Si la muerte de Zion te trae paz… si eso es realmente lo que quieres… Entonces, sí, lo haré.
Una frase inesperada resonó detrás de él. Por un momento, Sayed se detuvo en seco, preguntándose si esto era algún tipo de broma.
—Si el alma del Archiduque puede encontrar consuelo en la destrucción de Sildras, haré lo que sea necesario para que eso suceda.
La voz de Lessas, que antes temblaba como una vela frente al viento, gradualmente se volvió más formal. Al final, Sayed no tuvo más remedio que mirar atrás. Quería ver con sus propios ojos que era Lessas Solias, y no otro, quien estaba diciendo esas palabras.
Cuando miró hacia atrás, vió a Lessas con lágrimas corriendo por sus mejillas pálidas. Su rostro estaba terriblemente triste, y sus ojos solo miraban a Sayed igual que antes. Aunque su expresión no había cambiado, las lágrimas transparentes que fluían añadían una nueva dimensión, y por un momento, Sayed se sintió conmocionado.
—Así que, por favor, no te aísles como antes. Si me encuentras tan repugnante, olvídate de mi consuelo y busca a las personas que son importantes para ti. Luego, enfadate, convéncelos y dí lo que realmente quieres como lo hiciste ahora.
No lo entendía. Sayed frunció el ceño grotescamente y apretó los dientes mientras miraba a Lessas. Cada palabra que decía le resultaba desagradable.
—Si esto es una broma, ha ido demasiado lejos, Su Alteza. —Sayed apretó los dientes y escupió.
Le resultaba ridículo escuchar a Lessas, de veintiún años, que nunca había matado a nadie con sus propias manos, decir esas cosas. Lessas siempre había luchado por salvar a las personas por cualquier medio posible, y que ahora estuviera dispuesto a matar a su amigo más cercano sólo por él, no tenía sentido. Eso iba en contra de las creencias y la fe que Lessas representaba.
—Todo lo que te digo viene desde lo más profundo de mi alma, Archiduque.
—Su Alteza, ¿cómo puede actuar con tanta facilidad basándose en un hecho no confirmado de que alguien, de identidad desconocida, dice haber leído con su propia habilidad? ¿No era que a Su Alteza no le importaban estas cosas? De lo contrario, cuando escuchó sobre mi madre, actuó como si no le importara en absoluto… —Sayed, que había estado diciendo eso, cerró la boca.
Sus recuerdos retrocedieron tanto que salieron cosas que no necesitaba decir. Hubiera preferido descartarlo como un sinsentido y seguir adelante, pero Lessas se dió cuenta rápidamente de la frase.
—¿Viniste a verme ese día…? —sus ojos morados, antes oscuros como la muerte, recuperaron un destello de color. Con una expresión de incredulidad, Lessas dió un paso hacia él. Parecía que estaba a punto de tocarlo, por lo que Sayed le advirtió en voz baja que se detuviera.
—No te acerques.
—¿Escuchaste lo que le dije a Zion? ¿Es por eso que me odiaste tanto? —Lessas ignoró la advertencia y se acercó.
La repentina aproximación de Lessas a la verdad dejó a Sayed sin palabras. Lessas frunció el ceño y cerró los ojos con fuerza, como si se estuviera volviendo loco por el dolor. Las lágrimas que fluían cayeron en gotas por su barbilla.
—Estúpidamente, hice sufrir a mi única Luna. Ya debía ser horrible para ti mirarme, y te di otra razón para hacerlo.
—Eso es cosa del pasado. Lo que quiero decir es que todo lo que Su Alteza dice son tonterías…
Las palabras de Sayed no pudieron continuar. Lessas le había abrazado con ambos brazos mientras Sayed apretaba los dientes tratando de contener la furia de sus emociones que hervían dentro de él. En un instante, Seyad quedó atrapado en el amplio abrazo de Lessas, y se puso rígido ante el aroma refrescante que flotaba desde cerca y el calor que lo invadió tan pronto como lo tocaron. En los brazos que lo sostenían, en la nuca donde su rostro tocaba, podía sentir el loco palpitar de un pulso acelerado.
—Lo siento mucho… Lo siento, Ed.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien lo abrazó que Sayed olvidó empujar a Lessas de inmediato. En ese momento de turbulencia, recordó cómo su madre solía abrazarlo así. Entonces, las emociones que hervían dentro de él se calmaban gradualmente, y los otros sentimientos falsos que lo confundían desaparecían, dejando solo una verdad. Cuando la tristeza lo inundaba, el calor corporal la derretía.
Y la sensación del calor humano, no de una purificación, sino de un momento, que sintió después de tanto tiempo, hizo que Sayed se detuviera por un instante. La bola de fuego que ardía ennegrecida dentro de él comenzó a reducir su tamaño poco a poco.
—Lo que dije en ese momento fue para convencer a Zion. De lo contrario, no habría habido otra forma de salvar al Archiduque. Le debía algo a Zion desde ese día. Convencí a su padre, el Duque, de que perdonara al menos a los dos hijos de la Archiduquesa de Axid…
Sayed volvió a la realidad debido a la mentira dicha por Lessas.
Aus: Yo no terminé este capítulo, el capítulo terminó conmigo.
saam: que sufrimiento.
Nona: bastaaaaaaa, ya no más por favor 😭
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RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM
REVISIÓN: NONA