Capítulo 19
«¿Por qué el príncipe está allí…?»
Lessas parecía tener los mismos pensamientos, y cuando volvió para comprobar el bienestar de la madre y la hija, encontró a Sayed y su expresión se endureció.
—Gra…, g-gracias… —la mujer miró a uno y luego a otro, apenas logrando expresar su gratitud. Lessas miró a la mujer que no podía levantarse mientras abrazaba con fuerza a su hija, luego desvió su atención de Sayed. Se acercó lentamente a la mujer y le tendió la mano.
—¿Está herida en alguna parte? —la mujer, que miraba directamente el rostro de Lessas iluminado bajo la brillante luz de luna, bajó el rostro por un momento como si estuviera sorprendida. La niña, que había estado llorando todo el tiempo, también pudo sentirse a salvo, porque miró a Lessas y se quedó callada.
—Sí, estamos bien, pero mi marido fue a ayudar a la gente del pueblo… no sé si él estará bien.
La mujer por fin recuperó la compostura, y explicó la situación. Al mirar su rostro ansioso, Lessas habló con amabilidad.
—Mis caballeros están ayudando a los demás, así que pronto se calmará. Cuando revisé de camino aquí, nadie resultó herido de gravedad.
—¡Ah! Muchas gracias. Gracias a usted hemos podido…
Sayed, que había estado escuchando la conversación en silencio, terminó de evaluar la situación. No sabía porque Lessas y sus caballeros estaban allí, pero no parecía haber algún daño inmediato.
Terminado el asunto, se dió la vuelta. Sabía que su ausencia les ayudaría a calmarse. La mirada de Lessas se cruzó levemente con la de Sayed, pero él no lo notó.
Estaba a punto de entrar en el pueblo cuando la niña lo llamó.
—Gracias, caballero.
Sayed, sin pensar que las palabras iban dirigidas a él, no miró atrás. Cuando estaba a punto de irse, escuchó unos pasos corriendo hacia él y el extremo de su capa de piel quedó atrapado en una pequeña mano.
—¿El caballero no está herido? —solo entonces Sayed miró hacia atrás. Una pequeña niña, a la que solo podía ver si bajaba la cabeza, lo miraba y le hablaba. Aunque las manchas de lágrimas permanecían oscuras en sus mejillas, la niña reía como si nunca hubiera llorado.
—¡Judy! ¡N-no puedes agarrar la ropa del señor tan descuidadamente…! —le gritó la mujer en voz baja. Debió de darse cuenta quien era Sayed cuando lo vio usar sus habilidades. La mujer, poniéndose de pie asustada, se tambaleó y tomó a la niña en brazos. Luego se disculpó con Sayed en su nombre.
—Le pido disculpas, mi señor. Mi humilde hija es pequeña y no sabe muchas cosas. ¡Por favor, perdóneme!
—No me molestes y vete. —Sayed le habló fríamente a la mujer que estaba a punto de arrodillarse. La mujer asintió con el rostro pálido de miedo. Instintivamente, retrocedió hacia donde estaba Lessas, quien le daba seguridad y tomó a la niña en brazos con fuerza. Mientras tanto, la niña luchaba y se quejaba.
—El caballero me salvó la vida, ¿no podemos invitarlo a casa?
—Judy, mi señor está ocupado. No tiene tiempo para eso. —Sayed miró la capa que la niña había sostenido. Como supuso, era solo la huella de una pequeña mano, e hizo contacto visual con Lessas, que solo lo estaba estudiando. Sus hermosos ojos violetas se entrecerraron en interrogación. Mientras se preguntaba qué decirle, Sayed recordó lo que había sucedido esa mañana. Su boca se cerró al recordar cómo él se había estremecido al verle acercarse.
—¡Su Alteza! ¡Las comprobaciones están hechas. ¡Todos los lobos están controlados…! —Dos caballeros salieron inesperadamente del interior del pueblo. Vinieron en dirección a Sayed, llamando alegremente a Lessas, y luego se quedaron congelados en seco al ver a Sayed en el centro del camino.
—¿Eh…? —soltó estupefacto uno de los caballeros que gritaba emocionado. Baine había exclamado, era el tipo que se ocupó del Niera en forma de oso con Lessas.
—Uh, eh, Archiduque… ¿Por qué está aquí…?
—¡Eh, idiota! ¡Tienes que saludar primero! —el caballero de cabello castaño que seguía a Baine, rápidamente presionó su nuca para inclinarlo.
—Saludos, Su Excelencia el Archiduque. Somos los caballeros escolta de su Alteza Lessas…
—¿Por qué no estaban los caballeros escolta? ¿No es ese su trabajo? —Baine pareció ofendido por la reprimenda de Sayed. El caballero de cabello castaño pareció haberlo notado, que fue más rápido que Baine y trató de resolver la situación apartándolo para calmarlo. En ese momento, Lessas se adelantó.
—Esas fueron mis órdenes. Lidiar con los lobos era una prioridad, y yo soy más que capaz de protegerme de los lobos. No reprendas a mis caballeros.
Los caballeros le miraron con incredulidad, ante la réplica brusca de Lessas. Un tenso silencio se apoderó de la situación. La mujer debió estar muy sorprendida por las repentinas palabras que escuchó, y mantenía la cabeza gacha, con el rostro pálido cuando escuchó el título “Su Alteza”. La persona que rompió el silencio fue el jefe del pueblo, que había terminado de solucionar la situación.
—Caballeros, están aquí, gracias a ustedes todos los lobos han sido derrotados. Aunque hay algunos edificios rotos…
El hombre de mediana edad que había llegado corriendo se detuvo tan pronto como vio a Sayed. Con los ojos muy abiertos, se inclinó rápidamente y saludó con voz asustada.
—¡Saludos a mi señor…!
Aunque tenue, era un rostro familiar en su memoria. Era una de las personas que iban cada año para informar sobre el estado del territorio. Sayed se preguntaba por qué recordaba a ese hombre, a pesar de que era una de tantas personas, y entonces le vino a la mente un recuerdo poderoso. Era uno de esos momentos devastadores que quedaron grabados en su alma, pero que había borrado deliberadamente.
{—¿Cómo puede un demonio como tú ser un señor? ¡Un señor que no protege está tierra!, ¡Si no fueras el señor, todos en este pueblo estarían vivos!}
Un hombre de mediana edad que iba al castillo todos los días, dijo que veía lobos a menudo y pidió que le enviaran al menos un caballero. Quizás el momento no era el adecuado. El frío invierno estaba en pleno apogeo, y Sayed estaba empleando a todos sus hombres para inspeccionar el bosque, dónde habían ocurrido una serie de extraños acontecimientos.
Una persona normal tardaba un día y medio en llegar a pie del pueblo al castillo. El hombre suplicaba que la fuerza de las personas del pueblo no era suficiente para lidiar con ello, pero Calluan siempre lo despedía con las manos vacías. Las súplicas del hombre eran tan frustrantes que Calluan le rogó varias veces a pesar de considerarse grosero, que accediera a la petición del hombre.
El incidente no tardó en producirse. Una tarde cuando el sol se había puesto, una manada de lobos atacó el pueblo tan pronto como el cielo se oscureció. La mayoría de los ancianos del pueblo murieron al intentar defenderse de las bestias inusualmente grandes y agresivas, los lobos se habían abalanzado sobre los cuerpos, matando a todos los que no pudieron resistir.
El hombre no tuvo tanta suerte y sobrevivió. Ese día, acababa de regresar de una visita al castillo para hacer una súplica que no sería escuchada, por lo que había abandonado el pueblo justo a tiempo cuando los lobos atacaron.
El lugar fue arrasado y el hombre enloqueció, bloqueando el camino de Sayed hacia el bosque. Comenzó a arrojarle piedras a su señor maldiciendolo y finalmente se lanzó a matarlo.
{—¡Devuélveme a mi familia!}
Esas fueron sus últimas palabras. Sayed había matado con su espada a aquel hombre que lo atacaba con todo su corazón. No hubo tiempo para que los caballeros reaccionaran. El pecho del hombre estaba atravesado, y parecía como si hubiera sido asesinado por el poder de Sayed. Los caballeros quedaron consternados ante la triste muerte. Dándole la espalda a los que se compadecían por el muerto, Sayed giró las riendas del caballo para matar a las Nieras.
El hombre fue enterrado en el pueblo por los caballeros. Pronto, la tierra quedó deshabitada, con solo las tumbas restantes marcando el lugar. Lugar donde se encontraba Sayed en ese momento.
Las yemas de sus dedos hormiguearon como si hubieran sido pinchadas por espinas. Sintió una impresión en el pecho y por un momento no pudo respirar. Sayed miró al hombre que inclinó la cabeza ante él con una mirada ansiosa, luego también miró a la mujer y a la niña a su lado.
Los muertos estaban a su alrededor. Las vidas que podría haber salvado, las vidas que Sayed había ignorado y abandonado, estaban por todas partes, dentro y fuera del castillo. Era un hecho tan cruel para soportarlo. Aunque ya lo sabía, cuando encontró la evidencia de ello cara a cara, le hizo sentir una oleada de arrepentimiento y le dió ganas de morir.
—¿Dijiste que te llamabas Gilliam? Recuerdo que solías ofrecer de forma anual vino de uva helada al castillo. —el hombre levantó la cabeza sorprendido ante las palabras de Sayed. Sus grandes ojos marrones eran tan irreconociblemente inocentes que no podían atribuírsele al hombre que había maldecido a Sayed.
—Vaya, lo siento mucho. Nunca pensé que me recordaría…
—¿Ha habido alguna baja?
—Afortunadamente ninguna, gracias a los caballeros que aparecieron justo a tiempo. Podría ser que… ¿Mi señor los envió?
—No. Sobrevivieron gracias a Su Alteza Lessas. —Lessas intentó dar un paso atrás, tal vez porque no quería revelar su identidad, pero Sayed fue más rápido.
Sabía que nada de lo que había ocurrido ese día merecía ser atribuido a sí mismo. Incluso si Sayed no hubiera estado, todos habrían sobrevivido.
—Yo, ¿Su Alteza…?
—Saludo a la Luz de Solias. —Gilliam se apresuró a inclinarse al escuchar las palabras de Sayed. La mujer, que había estado observando con la respiración contenida todo el tiempo, también se inclinó, llevando a la niña con ella. Lessas los detuvo con una mirada preocupada.
—Basta de saludos innecesarios. En lugar de eso, sería mejor comprender la situación en el pueblo.
—Muchas gracias, Su Alteza, si no hubiera venido, mucha gente habría muerto. —Gilliam expresó repetidamente su gratitud a Lessas una y otra vez, con voz llena de emoción. A pesar de su vergüenza, el rostro de Lessas era amable. Sonrió y tocó el hombro de Gilliam como si todo estuviera bien.
—No necesitas darme las gracias, es algo tan natural que cualquier persona lo hubiera hecho.
Una vez más, Lessas estuvo equivocado. Nadie salvaba a la gente solo porque sí. La prueba clara era el propio Sayed.

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM
REVISIÓN: NONA