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Capítulo 132

Mathieu estaba más ocupado que nunca mientras se preparaba para ascender al trono como el próximo Emperador.

Después de escuchar la noticia del servicio conmemorativo, no pasó el tiempo divirtiéndose, pero los años de vacío que pasó sumido en la desesperación fueron muy dolorosos. Había mucho que estudiar y muchas personas a las que tenía que ver.

Había conocimientos que había olvidado porque no los había utilizado, palabras que se habían oxidado, relaciones que se habían vuelto incómodas.

Tras años de letargo, también necesitaba aprender sobre el ruidoso mundo que no le había estado esperando.

Para llenar ese vacío, incluso dos cuerpos no habrían sido suficientes. Aunque un ojo, sobrecargado, le gritaba de dolor, no había más remedio.

{─Ya no puedo mostrarme avergonzado.}

El Duque y la Duquesa de Killiet fueron quienes resolvieron los problemas del imperio.

Mathieu ya no tenía intención de permitir que una familia se hiciera cargo de los asuntos importantes de la nación.

{─Por ellos y por mí.}

Mientras estaba tan ocupado, Mathieu recibió una llamada inesperada.

Se trataba de una petición para reunirse con nadie menos que la Princesa Catalina.

{─¿Qué estás pensando?}

Su primera reacción fue de desconcierto más que de placer.

Si aceptaba la hora del té, su ya escaso sueño se reduciría aún más, pero no podía ignorarlo.

Necesitaba saber qué estaba pensando en ese momento. Catalina era la hija más cercana de Olivier mientras Mathieu estaba fuera.

Aparte del Duque de Dangpierre, era la persona con más probabilidades de conocer los secretos y las acciones del Emperador.

Entonces Mathieu aceptó tomar el té con la princesa Catalina.

─No sabía que padre haría algo así. Lo siento, hermano.

Y cuando volvió a encontrarse con Catalina, ella lo trató con tanta cortesía que él se preguntó si era alguien a quien conocía.

Desde un tono despectivo hasta dirigirse a él como “hermano mayor”, una serie de cambios sorprendentes.

Pero.

Habían pasado demasiadas cosas para que él se alegrara de que ella hubiera madurado.

─Hermano, ¿no vas a saludarme?

A pesar del sorprendente cambio, Mathieu preguntó con indiferencia.

─¿A qué te refieres específicamente con “ese tipo de cosas”?

─…No sé qué decir.

Catalina evitó responder.

Los ojos de Mathieu se entrecerraron ante esa vista, pero Catalina dejó escapar un breve suspiro y dijo.

─Para ser sincera, mi padre tiene más de un error, es solo que, como su hija, me resulta difícil ser específica.

Aunque hablaba con viveza, se notaban ciertos momentos de torpeza. Pero, precisamente por eso, en lugar de parecer un saludo cariñoso y artificial como los de “hermano mayor”, transmitía sinceridad.

─Claro, había muchas cosas que desconocía. Como el asunto de la familia Killiet, que esta vez estaba causando un gran problema.

─¿Tú tampoco lo sabías?

─¿Crees que padre me diría eso?

Recibió una respuesta cortante. No era la respuesta que él quería oír.

En el pasado, Mathieu le había preguntado a Catalina: “¿Alguna vez tu padre te ha preguntado sobre algo importante?” y ella no pudo responder.

─Solo creía en lo que decía padre. Pero, al mirar atrás, me pregunto si interpreté bien el papel de Princesa. No es que pueda culpar a mi edad, ya que mi hermano protegió la capital en su adolescencia… Me pregunto si simplemente no tenía ganas de pensar por mí misma.

─…

─Siento cierta responsabilidad, aunque no estoy directamente involucrada en el asunto. Si me lo permites, me gustaría ir a un convento y vivir tranquilamente una temporada.

 

Era sorprendente que una niña orgullosa dijera algo así.

Tal vez Catalina había venido aquí porque estaba realmente arrepentida.

Las cejas de Mathieu se levantaron.

«Justo ahora también estaba preocupado por la situación de Catalina.»

Aunque no cometió ningún delito directamente, era cierto que escuchó las palabras del Emperador.

Sin embargo, Catalina era también la hermana de Mathieu, quien iba a convertirse en Emperador.

─…Tú también debiste haberlo pasado mal.

La voz de Mathieu se suavizó.

Desde la perspectiva de Catalina, era su hermano quien estaba derrocando a su padre.

De niña, la guerra; y ya algo mayor, la abdicación de su padre.

«Debió de ser confuso e inquietante.»

Hacía años que no veía a Mathieu, si es que alguna vez lo había visto.

Teniendo en cuenta el tiempo que pasó escuchando fielmente las palabras del Emperador, Mathieu debió haber sido como un enemigo para ella (había estado actuando con tanta saña hasta hacía poco), por lo que no habría sido fácil para ella venir y reflexionar sobre sí misma primero.

─Supongo que es más difícil para ti que para mí.

Sorprendentemente, regresó con unas palabras bastante adultas.

No había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron en el Ducado de Killiet.

Cuánto se había rebajado para poder decir eso ahora.

─Tú también estás creciendo. Yo también.

─Duele un poco, dolores de crecimiento.

Catalina sonrió amargamente y asintió.

En lugar de simplemente decir que estaba bien, la sinceridad que surgió gradualmente le hizo sentir que ella no estaba siendo pretenciosa.

─Cuando era niña, mi hermano solía frotarme las rodillas.

A pesar del largo intervalo, la hora del té con Catalina no fue incómoda.

Esto se debía a que las historias del pasado fluyeron naturalmente.

─Creo que lo hacía.

─¿Cómo es posible que no lo recuerdes?

─Es broma, la verdad es que sí lo recuerdo. Fue cuando… estabas así.

Pero Catalina, quien dijo esto, en realidad no tenía tal recuerdo.

Fue cuando ella era una niña, y muchas cosas habían sucedido desde entonces, incluyendo la guerra.

Para ella, los recuerdos de personas que había ignorado y menospreciado eran inútiles. El motivo por el que Catalina dijo tales cosas hoy fue todo por su propio plan.

Ni hablar de conversar animadamente… Incluso evitar encontrarse con Mathieu era demasiado. Todo. Absolutamente todo.

─No creo que hayas cambiado mucho, hermano.

─¿En serio?

─Lo mismo ocurre con el té negro.

Catalina señaló el té negro que tenía delante.

El gusto constante de Mathieu era beber té fuerte.

─Solías, y sigues haciéndolo, beberlo fuerte.

─Eras una niña, ¿y te acuerdas de eso?

─¿No se lo derramé una vez a mi hermano cuando le estaba preparando una taza de té?

Catalina respondió con un tono burlón y tímido.

Mathieu la miró así y sonrió tiernamente. La pequeña dama de su infancia hizo que su corazón se agitara.

«Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, pero ¿los hermanos siguen siendo hermanos?»

A diferencia de Catalina, que se limitó a memorizar recuerdos para ese día, Mathieu recordó con mucho cariño los acontecimientos con su hermana.

No estaban tan borroso porque él es mayor que Catalina.

Había estado prácticamente encarcelado durante los últimos años, interactuando solo con unas pocas personas y recordando el pasado.

En la vida de un muchacho adolescente, la familia era una parte importante de su vida.

Por eso las cosas que pasaron con su hermana menor fueron especiales.

Ella era diferente de su madre, que murió después de dar a luz a Catalina, que estaba constantemente enferma, o de su padre, que lo elogiaba cuando estudiaba mucho, pero cuyos ojos estaban extrañamente hundidos.

Un ser que sólo necesita ser amado.

Una niña que no necesitaba hacer nada por sí misma.

Lo recordaba todo.

La forma en que solía tejer tréboles en pulseras, o el hoyuelo en un lado de su cara cuando sonreía….

Catalina había crecido mucho desde que él no la había visto, pero para Mathieu ella todavía era solo una hermana menor.

─Cuando era más joven, sólo lo bebía, pero me encantaría probarlo.

Catalina tomó con indiferencia la taza de té de la que Mathieu estaba bebiendo.

Pero tan pronto como tomó un sorbo, fruncí el ceño.

─Uf, todavía no es de mi gusto.

─No hace falta que te fuerces. Soy un bicho raro.

─Aun así, es el favorito de mi hermano, así que tengo curiosidad por saber a qué sabe.

Los ojos de Catalina escudriñaron el aire, como si estuvieran perdidos en el recuerdo.

─¿Recuerdas cuando era pequeña y no podía beber té negro, así que me preparaste té con leche?

─Tuve que echarle leche y azúcar para que tú, una niña, pudieras beberlo.

─¿Podrías… hacerlo por mí ahora mismo?

Los ojos de Catalina brillaron más intensamente que nunca hoy.

Como si hubiera venido a verlo solo para este momento.

─Tengo muchas ganas de beber el té con leche que me preparaste.

Moka: 10 pesos a que finge que la envenenan



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MOKA 
CORRECCIÓN: ROBIN


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