Capítulo 92
Una esposa tan virtuosa y devota de su marido como Sincere jamás podría aceptar algo así.
Aunque las pruebas fueran falsas, bastaría con sembrar la semilla de la duda.
Por eso, mientras recibía los documentos de Jack y se dirigía a entregárselos a Sincere, Frey no podía ocultar la sonrisa de victoria que se dibujaba en sus labios.
Sin embargo
{—Frey, él no haría algo así… Yo confío en Jeremiah.}
Las expectativas de Frey se desmoronaron por completo.
{—Incluso si estos registros fueran reales, debe haber una razón. Y más que nada, yo confío en mi esposo más de lo que podría confiar en ti. Ya me trajiste algo parecido antes… ¿Por qué sigues haciendo esto?}
La verdad era que Frey ya había intentado en el pasado crear discordia entre Jeremiah y Sincere, y había fracasado.
Sincere, que antes lo trataba con cercanía como a un amigo de la infancia, empezó a evitarlo después de aquello, y cuando volvió a presentarse con nuevas “pruebas”, ella lo miró con una expresión cansada.
Incluso en sus momentos más serios, el rostro de Sincere solía mantener una ligera sonrisa, pero ahora lo miraba con una decepción sincera.
{—Frey, ya llevo más de cinco años casada con Jeremiah. Te lo he dicho muchas veces: lo amo. ¿No habías dicho tú también que habías cambiado?}
{—…Sincere, traje estas pruebas por ti. ¿Por qué me miras así? Te están engañando, te lo aseguro.}
{—Ah… No lo hiciste por mí, sino por ti. Vete, Frey. No quiero volver a verte.}
Aquel día, Sincere lo echó con una frialdad como nunca antes. Solo eso bastó para que el golpe en el orgullo de Frey fuera profundo.
Y el fuego terminó por encenderse unos días después, cuando Jack lo mandó llamar.
Normalmente, Jack habría aceptado encontrarse en el club Lambert, pero esa vez lo citó en su oficina.
Apenas lo vio entrar, arrojó algo sobre la mesa.
Era el mismo sobre que en su momento le había entregado a Frey con las “pruebas”.
La única diferencia era que, a diferencia del que recibió Frey, ese incluía el nombre de la señora Patricia y el motivo de sus reuniones con Jeremiah.
En resumen: Jack sabía quién era la señora Patricia.
Por lo tanto, también sabía que Frey lo había engañado deliberadamente.
No se sabía con certeza cuándo Jack había descubierto la verdad, pero a juzgar por el momento en que lo llamó, estaba claro que ya lo sabía todo.
Mientras Frey permanecía petrificado por el impacto, Jack, con gesto cansado, golpeó suavemente la mesa con el dedo índice.
{—Frey Roche, ¿ya olvidaste cuál era nuestro acuerdo? Apenas han pasado tres años.}
{—Y-yo… esto es…}
{—Tú lo sabes bien. No me importa lo que hagas, ni si te conviertes en un mentiroso por esa ridícula obsesión que llamas amor. No me incumbe.}
Jack se inclinó un poco hacia él.
{—Siempre y cuando tus mentiras no me alcancen a mí.}
Con esa última frase, se levantó con un aire de absoluta incomprensión y comenzó a caminar hacia Frey.
Paso a paso, el sonido de sus zapatos sobre el suelo hacía que su sombra pareciera expandirse, envolviendo a Frey con una presión sofocante. Aquella presencia, que normalmente no lo intimidaba tanto, ese día le resultó inmensamente pesada.
Jack se detuvo frente a él y, mirándolo con frialdad, habló en tono grave.
{—Frey, tengo mis propios asuntos de los que ocuparme. No quiero perder el tiempo contigo. ¿Entendido? Pero si sigues comportándote así, no tendré más remedio que hacerlo.}
{—Será mejor que te controles… antes de que realmente me vea obligado a intervenir.}
Después de haber sido descubierto, Jack ya no podía tratarlo como antes.
Entre ambos existían secretos compartidos que exigían confianza mutua, y Jack había señalado intencionalmente ese punto débil.
Era su forma de decirle: Si pierdes mi confianza, no sabes hasta dónde llegaré para silenciarte.
Jack, que nunca dudaba al tomar decisiones, le había mostrado una inusual indulgencia al darle una oportunidad. Pero para Frey, aquella advertencia sonó completamente distinta.
«¿Jack Hartzfeld se atreve a menospreciarme así por algo tan trivial?»
Desde su punto de vista, ocultarle la verdad sobre la señora Patricia no era más que una “omisión sin importancia”. ¿Y aun así se atrevía a humillarlo y despreciarlo de esa forma?
Sumado al rencor que ya sentía por la insistencia de Jack en que el asesinato era inaceptable, Frey salió de aquella reunión rechinando los dientes de rabia.
«Esto es una traición. ¿Quién se cree que es? ¿Olvida acaso gracias a quién llegó hasta aquí?»
¿Se atrevía a despreciarlo, ignorando todo lo que él había hecho por él?
Pero por más furioso que estuviera, la sola idea de enfrentarse a la abrumadora presencia de Jack lo dejaba sin valor para decir una palabra en su contra. Y además, Frey no era más que el segundo hijo de una familia menor, sin posición ni poder real.
Como no tenía a quién desahogarse, Frey llevaba días consumiéndose por dentro, sin poder soltar toda su rabia. Así que cuando Millen le preguntó al respecto, mezclando el alcohol con la ira acumulada, terminó desbordándose y revelando todo lo que sabía sobre Jack.
—¿Quieres saber qué clase de hombre era Jack Hartzfeld en el Ducado de Mathes? Eso lo sé muy bien yo.
Frey soltó una risa entrecortada, tambaleante por la borrachera, diciendo que solo ese hombre parecía tener tanto dinero que, aunque lo arrojara con un cucharón, su bolsillo jamás se vaciaría.
—Pero lo curioso es esto: tenía tanto dinero, y aun así nadie sabía realmente quién era Jack Hartzfeld. ¿Sabes por qué?
Escucha bien. No podrías oír esto de nadie más que de mí.
—¡Hace apenas diez años, Jack Hartzfeld no era más que un miserable mendigo! ¡Jajaja! Y con todo, ese desgraciado se atreve a despreciarme, ¿eh? Ese maldito bastardo…
—…¿Jack Hartzfeld no era un hombre rico hace diez años?
—¡Exacto! Lo escuché con mis propios oídos.
Ante la rara expresión seria de Millen, Frey se animó aún más y comenzó a soltar todo lo que sabía.
Una revelación francamente impactante.
—¿Sabes a qué se dedicaba antes? Era un simple cargador del puerto, uno de esos que mueven bultos a cambio de unas monedas. ¡Ese era él! Pero, no sé cómo demonios, en solo unos años juntó una fortuna.
—¿Y tú tampoco sabes cómo logró reunir ese dinero?
—No lo sé. Pero con el carácter que tiene, ¿no habrá matado a alguien acaso? Y luego viene a fingir que es tan limpio, maldito… Y para colmo, se mete con una señorita de una familia ducal, como si fuera alguien importante.
Borracho, Frey comenzó a balbucear insultos, diciendo que un obrero cualquiera se había puesto ropa fina y ahora se creía un noble de verdad.
Pero ya nada de lo que decía llegaba realmente a los oídos de Millen.
Permaneció inmóvil por un momento y, casi sin darse cuenta, se cubrió la boca dejando escapar una leve risa.
Así que esto era lo que habías estado ocultando, Jack Hartzfeld.
Quizás, después de todo…
Ese hombre al lado de Adeline resultaba ser mucho más peligroso de lo que había imaginado. Ya no tenía nada más que hacer con Frey. Millen ordenó a sus hombres que lo llevaran de vuelta a casa y enseguida informó a Carlyle de lo sucedido.
Le preocupó un poco que Adeline hubiera decidido, sin previo aviso, asistir al banquete de Sincere, pero no lo consideró un problema grave.
Después de acompañarla de regreso a la mansión Zeller, pensó:
«Solo queda advertirle a Adeline que se mantenga alejada de Jack.»
Sin embargo, el problema surgió al día siguiente.

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK