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Capítulo 118

Kaiden era negligente al revisar los registros. Eso era algo que Adeline había aprendido gracias a su experiencia en su vida anterior.

Durante el tiempo en que ella administraba el negocio de bebidas, hubo una ocasión en la que los ingresos no coincidían con los libros contables, y Kaiden no se dio cuenta en absoluto.

En aquel entonces, Adeline pensó que quizá Kaiden estaba demasiado ocupado con asuntos internos y externos, y que por eso se había retrasado en revisar los registros.

«Ahora que lo pienso, probablemente el negocio de las bebidas era solo una pieza desechable en su juego.»

En realidad, parecía que lo había utilizado desde el principio para lavar dinero. Tanto Huberg como Adeline habían sido elegidos con la intención de desecharlos tarde o temprano; por eso, Kaiden no veía necesidad alguna de tomarse la molestia de revisar. Y si Adeline lo había notado, no cabía duda de que Huberg, quien había trabajado mucho más tiempo bajo las órdenes de Kaiden, también lo sabía.

De hecho, las transacciones registradas en los libros daban la impresión de haber sido hechas con mala intención.

«Huberg debía saber que mientras más licor ilegal produjera, más altas serían las probabilidades de ser descubierto.»

Así que, desde su perspectiva, había contratado un seguro. Y Adeline fue quien supo aprovecharlo.
Tal vez, si hubiera pasado más tiempo, no habría podido usar este método. Kaiden habría notado los ingresos sospechosos y luego habría ocultado las pruebas.

«Así que el hecho de que los registros del licor ilegal estuvieran aún en el estudio significaba que él ni siquiera se había dado cuenta todavía.»

Por eso, Adeline llevó aquellos documentos al primer príncipe, Fabian, y le encomendó que se encargara de Kaiden. Desde la posición de Fabian, un día en medio de la disputa por el trono, una llave mortal había caído en sus manos. A cambio, Adeline pidió dos cosas.

—Su Alteza, le ruego que se convierta en el protector del ducado Zeller. Y si alguna vez llegara a presentarse una nueva amenaza contra nuestra casa, le pido que recuerde este día.

Y la segunda:

—Quisiera ser yo quien administre Russko de ahora en adelante.

Como en la mayoría de las historias, el punto más importante se encuentra al final.

La petición de Adeline no fue diferente: desde el principio, su verdadero objetivo era Russko.La razón era sencilla.

«Era algo que ya había hecho en mi vida pasada.»

Si lo retomaba, sabía que podría hacerlo mejor que antes, que sería rentable y, sobre todo, que era lo que más se adecuaba a sus habilidades. Además, para mantener vivo el ducado Zeller y devolverle su prosperidad, necesitaban una empresa de escala familiar. Y dado que esas condiciones eran insignificantes comparadas con el mérito de Adeline, el príncipe Fabian aceptó ambas sin vacilar.

El cambio en el ducado Zeller no fue tan grande, pero quien ganó un cambio mucho más significativo fue la familia Bellof, a la que pertenecía Millen.

«Huberg ya no podrá heredar el título de marqués.»

Incluso si Kaiden no lo hubiera encarcelado, tras la revelación de los registros de Russko, Huberg ya era digno de prisión. Aunque su familia pagara una fortuna en fianza para evitar la cárcel, heredar el título sería imposible. Camino al encuentro con Kaiden, Adeline le preguntó a Millen sobre ello.

—Si Huberg no puede heredar el marquesado, te lo entregarán a ti. ¿Estás de acuerdo con eso?

—¿Ah, sí? A mi madre no le hará mucha gracia.

Esa fue toda la respuesta de Millen. Por el contenido, cualquiera pensaría que hablaba con incomodidad, pero Adeline vio su sonrisa. No era la sonrisa habitual, cortés y mesurada, sino una más ligera, casi liberada. Más clara que cualquier palabra: era una afirmación.

El marquesado Bellof ahora pertenecía a Millen, y con ello, el destino de sus padres, Phillip y Katia, también quedaba en sus manos. Ahora solo quedaba una cosa.

—¿Y tú, la hija de un asesino, te atreves a comportarte como si valieras algo…?

Adeline alzó la vista y observó la figura frente a ella, un hombre de cabellos rojos que ardía como fuego. Aquel que durante años había gozado de fama por su carisma y cercanía, consolidando su influencia entre la nobleza, mostraba ahora con crudeza la naturaleza que había heredado de su linaje.

Una naturaleza feroz, autoritaria y destructiva. Las venas marcadas en su frente revelaban la intensidad de la ira de Kaiden. Soltó una breve risa cargada de amargura, y enseguida su rostro se endureció con fiereza.

—¿De verdad crees que lo que está escrito en esos registros es todo? Ridículo. Adeline Zeller, ¡mira qué ironía! Hablas de respetar a tu padre sin tener idea del tipo de hombre que era.
Entre dientes apretados, su voz salió rasgada, casi triturada por la furia.

—Eras demasiado joven para saberlo, pero hubo una familia llamada Somaire. El ducado Zeller les encargó un trabajo, luego no les pagó, y terminaron en bancarrota. El patriarca se pegó un tiro junto a su hijo.

Sí, el que apretó el gatillo fue el cabeza de familia de los Somaire. Pero, dime, ¿quién crees que puso su mano sobre ese gatillo?
Ahora que has visto los registros, deberías entenderlo.

—Fue Diego Zeller, ese hombre al que llamas tu padre.

¡Ja, ja, ja! La risa de Kaiden estalló con fuerza, una risa que presagiaba la desesperación de Adeline.

Tanto había hablado de la admiración y el respeto hacia su padre… ¿qué rostro pondría ahora, al conocer la verdad?

«Pero no será como tú quieres… no esta vez…»

Los dientes de Kaiden rechinaron con un sonido seco. No podía soportar la idea de que Adeline, quien había pisoteado su sueño y su meta de alcanzar el trono, siguiera caminando con la cabeza en alto. Sentía que solo se aliviaría si destrozaba su orgullo hasta hundirlo en el fango.
Necesitaba mostrarle la verdad sobre Diego, aquel hombre que ella tanto veneraba, y ver cómo se deformaba su rostro al saberlo. Quería que comprendiera que no era diferente de él, que también era una persona vil y repugnante.

Sin embargo…

—Qué despreciable. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
El tono bajo de Adeline se quebró tal como Kaiden esperaba, pero la expresión que acompañó esas palabras no era la que él deseaba ver.

Su bello rostro solo se contrajo un poco, con una mueca de desprecio.
La mujer frunció el ceño como si mirara algo inmundo, y habló con frialdad.

—El asunto de la familia Somaire… ya lo sabía. Quizá mi padre no era una persona digna de admiración.

Pero eso no cambiaba nada. Amar al ducado Zeller y a Diego no significaba justificar sus pecados.

—Tendré que expiar los crímenes de mi padre con el resto de mi vida. Que pensaras usar eso como un arma contra mí… es absurdo.

—¿…Por qué?

Al escuchar su respuesta, el rostro de Kaiden se quebró por primera vez. Pensó que había hallado la oportunidad perfecta para clavarle el golpe final, pero su golpe no fue ni una aguja.

Según sabía, Diego adoraba a su hija. Por miedo a decepcionarla, ocultó siempre las atrocidades que cometía para mantener en pie la casa Zeller. Gracias a esos esfuerzos, Adeline había crecido en un invernadero de ignorancia y protección. Por eso, debía desconocer lo ocurrido con los Somaire. ¿Cómo… cómo podía reaccionar con tanta calma?

—¿Cómo puedes… estar tan tranquila después de saberlo?
Adeline lo miró, y con el tono con que uno se dirige a un mendigo, o como quien sacude el polvo de su ropa, le respondió:

—Porque ya he vivido algo mucho peor que esto.
Enfrentar los pecados propios siempre es aterrador. Pero comparado con haberlo perdido todo y no haber podido hacer nada…

Adeline ya había encarado su culpa. Y también había encontrado la manera de redimirse.

«A Kaiden, en el fondo, debería darle las gracias.»

Gracias a él, había confirmado toda la verdad… y la había resuelto.
Mientras se daba la vuelta para marcharse, recordó aquel momento, el día en que, tras hablar con Millen en la mansión de Pares, regresó y se encontró de nuevo con Jack.
El instante en que se vio frente a la ignorancia misma.



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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