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Capítulo 110

La suposición de Millen sobre Frey no había estado tan equivocada.

{—No te preocupes, no dirá nada. Ese tipo, tan podrido por la inferioridad que siente hacia Jack Hartzfeld, jamás iría por voluntad propia a confesar que fue utilizado por él.}

Tal como Millen había previsto, en la carta de Frey no había mención alguna de alguien que estuviera siguiendo los pasos de Jack.

Sin embargo, lo que nadie esperaba era que Frey delatara la visita de Adeline.

Carlyle y Millen solo temían que se descubriera que ambos habían investigado los antecedentes de Jack, así que jamás imaginaron que Adeline, por petición propia, asistiría al banquete de Sincere.

O, más precisamente, nunca pensaron que el hecho de que Adeline y Sincere se reunieran pudiera convertirse en un problema.

El verdadero inconveniente era que Frey tenía una sorprendente habilidad para malinterpretar las cosas.

[No sé cómo le hablaste a tu amante sobre Sincere, pero si Adeline Zeller empieza a verla como una rival, voy a estar en problemas.]

Frey creyó que el repentino acercamiento de Millen para preguntarle sobre Jack, seguido de su asistencia al banquete de Sincere junto con Adeline, estaban relacionados con un asunto amoroso entre Jack y Adeline.

Pensó que Jack, por casualidad, había mencionado a Sincere; que Adeline, entonces, la había confundido con una rival; y que Millen, movido por protegerla o recuperarla, se había acercado a él para sonsacarle información sobre Jack.

No podía revelar todos esos malentendidos, así que lo único que Frey pudo hacer fue escribir una carta.

[De ahora en adelante no te molestaré con mis asuntos amorosos, así que no metas los tuyos en esto. Soy el único que conoce tus verdaderas intenciones.]

Una advertencia velada para que mantuviera a Sincere fuera de todo, si no quería que su venganza se hiciera pública. Era una carta cargada de orgullo, como si entre ambos se hubieran intercambiado golpes dentro de un mismo terreno sentimental.

Irónicamente, el problema era que Jack recién la había abierto. Solo después de leerla comprendió el sentido de la conversación que había tenido con Adeline.

«Solo conozco a Sincere Roche de vista.»

No sabía cómo, pero de algún modo aquella historia había llegado hasta los oídos de Adeline.

Parecía que mientras él estaba en Pares, Adeline había conocido a Sincere en persona y, tras eso, había malinterpretado todo, creyendo que Jack la veía como un reemplazo.

{—…Maldita sea.}

En la mente de Jack se repetían sin cesar las últimas palabras que habían intercambiado dentro del carruaje.

{—¿Me amas?}

{—…Claro que no.}

En el instante en que lo dijo, supo que era mentira. Pero incluso si volviera a preguntárselo, la respuesta sería la misma. Falsa respuesta, pero sin amor verdadero: un dilema ambiguo.

La razón era sencilla. Todo el propósito de Jack había sido la venganza.

«Adeline no me ama.»

De forma tan predecible como trágica, su venganza acabaría el día que Adeline lo deseara. Cuando ella, y con ella su linaje, se sometieran a él, al hombre que su familia había humillado. Si él amaba o no a Adeline, eso sería algo que consideraría después.

Aun así, no podía evitar ese retorcido temblor en el pecho, esa sensación que confundía su respiración. Frunciendo el ceño, Jack arrugó la carta de Frey y la arrojó al cesto de basura justo cuando se oyó un golpe en la puerta.

Tal vez Warrick, que había salido hace un momento, regresaba con algo en las manos.

{—Adelante.}

{—Disculpe un momento.}

Jack, con fastidio en la voz, habló, y de inmediato se oyó el giro del picaporte.

Sin embargo, la voz que siguió no era la de Warrick.

Cuando Jack se dio cuenta de quién era, la puerta ya se había abierto, y la visitante se quedó petrificada ante la escena que tenía frente a ella.

«…!»

Si al menos hubiera sido de noche, la situación habría sido un poco mejor. Pero en Pares, el sol se pone bastante tarde.

Además, Jack tenía la costumbre de mantener las luces encendidas hasta quedarse dormido para revisar documentos, de modo que la habitación estaba absurdamente iluminada como si fuera pleno día.

Como resultado, Adeline se encontró de frente con Jack en una habitación llena de luz… medio desnudo.

Sin siquiera una bata, con el torso firme y musculoso completamente al descubierto, cubierto apenas de la cintura hacia abajo con una sola toalla.

Jack chasqueó la lengua al verla paralizada.

{—Vaya, no era Warrick.}

Se pasó con desgano una mano por el cabello húmedo, sin el más mínimo rastro de vergüenza. Eso solo hizo que el rostro de Adeline se encendiera en un instante. Antes de poder cerrar la puerta, exclamó nerviosa y atropelladamente:

{—¿Por qué… por qué está así? ¿Por qué no tiene ropa puesta…?}

{—Esta es mi habitación. Hago lo que quiero en ella.}

{—¡Aun así, si hay una visita, debería vestirse! Al menos ponerse una bata o…}

{—Si ya miró con tanta atención, ¿no fue una buena vista acaso?}

Dios mío.

Ni siquiera tuvo tiempo de aclarar que no lo había mirado por gusto, sino porque el susto la había dejado petrificada.

En el sentido común de Adeline no existía la idea de andar semidesnudo por una habitación después del baño.

¿No era normal ponerse una bata al salir de la bañera?   

Mientras ella seguía pensando eso, Jack, como si se apiadara de su desconcierto, se puso la bata y ató el cinturón a la cintura. Pero, aun así, la imagen de su cuerpo seguía repitiéndose en la mente de Adeline.

«Debo estar fuera de mí.»

Y ya de por sí tenía la cabeza llena desde aquella conversación en el carruaje.

Después de haber preguntado de pronto «¿me ama?» y escuchar un “no” como respuesta, era imposible que su rostro no ardiera de vergüenza.

Era una sensación cercana a reprocharse su propia arrogancia y descuido.

Jack no la amaba, ni tenía por qué hacerlo. Quizá había notado lo que ella pensaba de Sincere.

El pensamiento de Adeline se enredaba, y le parecía que había terminado revelando sus emociones torpes solo para no dejarse arrastrar por él.

Esa era la razón por la que le costaba tanto mirarlo a la cara… aunque también había otra: un extraño ardor interior que no sabía explicar.

Si no fuera porque surgió un asunto urgente, Adeline no habría ido a buscarlo a esa hora del crepúsculo. Y tampoco habría terminado frente a un Jack medio desnudo, con el rostro encendido de vergüenza.

Mientras intentaba enfriar sus mejillas ardientes, Jack, ya vestido con la bata, se acercó y preguntó:

{—Entonces, ¿a qué debo su visita a esta hora? Parecía muy ocupada últimamente.}

Finalmente, Adeline recobró la compostura.

{—Ya se lo dije. Vine por asuntos de trabajo.}

Tan pronto llegó a la casa de la ciudad, evitó mirarlo y se concentró en los pendientes que tenía planeados.

La razón por la que había viajado hasta Fares no era solo porque las cartas tardaban en llegar, sino porque había cosas que necesitaba confirmar con sus propios ojos.

La primera de ellas tenía que ver con la destilería administrada directamente por Russko.

{—Para atrapar al fabricante de licor ilegal, tenía que averiguar de dónde se estaba mezclando el producto, así que inspeccioné algunos barcos y fábricas.}

No fue un trabajo difícil. Pares siempre estaba llena de gente, y los obreros del puerto eran pobres y hambrientos. Si había un lugar donde los rumores podían comprarse con dinero, ese lugar era precisamente Pares.

Era algo que no se podía descubrir desde la lejana capital moviendo solo los dedos. Y así, por fin, Adeline confirmó la verdad.

{—El licor ilegal salía directamente de la fábrica.}



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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