Capítulo 107
Millen estaba lejos de ser un hombre ambicioso.
Sin embargo, en ese momento, Kaiden le estaba ofreciendo la posibilidad de alcanzar una vez más el único objetivo que alguna vez había tenido.
Casarse con Adeline.
—…
Millen lo miró en silencio por un momento. El hombre, aún de espaldas al sol poniente, mantenía aquella sonrisa enigmática imposible de descifrar.
Su actitud era ambigua, como si tendiera una mano con genuina buena voluntad, pero al mismo tiempo diera a entender que conocía exactamente qué era lo que su interlocutor deseaba.
Quizá esa era la mayor habilidad de Kaiden.
Había escalado desde lo más bajo hasta competir por el trono mismo, el lugar más alto al que alguien podía aspirar.
Controlar los deseos de los demás mientras aparentaba ser un hombre virtuoso, y lograr que casi nadie descubriera su verdadera naturaleza, era algo que no cualquiera podía hacer.
De no haber conocido el mismo tipo de mundo, Millen jamás habría notado aquella diferencia tan sutil.
Solo había un punto en común entre ambos.
«Si alguna vez conociste el fondo.»
Si habías sobrevivido a él y sabías usar esa experiencia como tu máscara.
La mayoría de los nobles, que habían vivido sin tropiezos ni privaciones, no podían comprenderlo; por eso, todos terminaban cayendo bajo el encanto de Kaiden.
Incluso para alguien como Millen, la propuesta de Kaiden sonaba tentadora. Tras unos segundos de silencio, inclinó la cabeza en lugar de responder.
—Pensaré en su propuesta. Lo veré la próxima vez.
Antes de ser presionado por una respuesta, Millen se adelantó, diciendo que necesitaba reflexionar un poco más, y se retiró del lugar.
CLAC
Una vez que el joven de cabellos plateados desapareció completamente tras la puerta entreabierta, y los pasos al otro lado se desvanecieron, el hombre que permanecía de pie frente al atardecer dejó escapar una breve risa.
—……En fin, eres difícil de manejar, Millenberg.
Podría someterlo como hacía con su familia, mediante la presión y el control, pero una correa impuesta a la fuerza nunca dura demasiado.
Y cuando intentaba atraerlo con suavidad, él notaba la intención y se apartaba de inmediato, lo que resultaba aún más frustrante.
Por eso, hasta ahora, se había conformado con tener al hermano menor bajo su control.
—Bueno, de todas formas, ese ya está acabado.
Kaiden murmuró aquello con indiferencia antes de dirigirse a algún lugar.
Una pequeña mansión en las afueras, a la que llegó en carruaje.
Era un sitio tan apartado que, aunque alguien gritara con todas sus fuerzas, solo los pinos del bosque cercano escucharían los ecos. Aquel lugar, solitario y casi desolado, era donde un hombre llevaba viviendo los últimos dos días.
Kaiden abrió la puerta de la residencia con una sonrisa cordial.
—¿Cómo has estado, Huberg?
Pero no hubo respuesta.
Solo se escuchó un gemido ahogado, como si la voz estuviera reprimida por algo.
La mirada de Kaiden se dirigió hacia el origen del sonido.
Un joven estaba atado de pies y manos a una silla, con una mordaza apretándole la boca mientras se retorcía en vano.
Su cabello, plateado con un matiz ligeramente más azulado que el de Millen, dejaba claro quién era: Huberg.
Ante su hermano, Millen, Kaiden había fingido ignorar todo sobre la situación, pero en realidad Huberg nunca había salido de la capital.
Simplemente, Kaiden había mantenido ese hecho oculto.
—Huberg, hoy tu hermano vino a verme.
—Dice que irá hasta Pares para buscarte. Un tipo realmente recto, ¿no crees?
—¡Ugh! ¡Mmmph, mmm!
—Tranquilízate. Créeme, tampoco quería tratarte de esta manera… Cuando la familia se pone tan insoportable, encargarse de los problemas se vuelve un fastidio.
La razón por la que fingió no saber nada y le dio a Millen la dirección de Pales también formaba parte del mismo plan.
De cualquier modo, los marqueses de Bellof pronto volverían a viajar, lo que significaba que, si Millen estaba lejos, nadie prestaría atención a la ausencia de Huberg.
«Aunque no es que no haya otras razones…»
Kaiden desvió la mirada por un momento, como si meditara algo, y luego volvió a mirar a Huberg.
Aunque siempre conservaba su sonrisa cordial, en cuanto desapareció de su rostro, su voz adquirió un tono inquietantemente frío.
—Así que, Huberg… debiste moderarte con el negocio del licor ilegal. No era necesario que el informe llegara hasta mis oídos.
El zapato de Kaiden tocó lentamente el de Huberg. TOC TOC.
—¿De verdad crees que te dejé hacer dinero con el contrabando porque no lo sabía? ¿O es que pensaste que te consideraba un verdadero hombre de confianza, cuando lo único que planeabas era dar un gran golpe y huir?
—¡Ja, ja! — Kaiden soltó una breve carcajada.
Pero eso no hizo que el escalofrío que emanaba de él desapareciera.
—¿Lo recuerdas? Fui yo quien te insinuó que vendieras licor ilegal. Tal vez pensabas que todo el dinero terminaba en tu bolsillo… pero no era así. Después de todo, la gente de Russko trabaja para mí, ¿no te parece obvio?
El único que no lo sabía eras tú, Huberg.
Kaiden lo observó desde arriba con una mirada gélida mientras el joven se agitaba en vano, intentando liberarse de las ataduras.
—Aun así, en cierto modo tuviste suerte. Adeline me entregó las etiquetas falsificadas a tiempo, y gracias a eso pude actuar enseguida.
De haber sido descubierto, el escándalo por la venta de licor ilegal habría salpicado no solo a Huberg, sino también a Kaiden, quien era el responsable de Russko.
Por fortuna, Adeline le era favorable.
O, para ser más precisos, Adeline no tenía motivos para enfrentarse a Kaiden. Lo que necesitaba con urgencia era resolver el problema del licor.
Gracias a eso, Kaiden había podido capturar rápidamente a Huberg, quien llevaba a cabo la venta clandestina a gran escala.
Y así, ahora…
—Al principio pensé enviarte al casino y arreglarlo de forma discreta, pero contigo eso no servirá. Quédate quieto por un tiempo. Cuando se nombre a tu sucesor en Russko, entonces te ocuparé como corresponde.
—¡Mmmph! ¡Ughh, mmm!
Ante aquellas palabras, que dejaban entrever un final inminente, Huberg forcejeó con desesperación, sacudiendo la cabeza. Pero su voz se ahogaba bajo la mordaza; los sonidos que emitía ni siquiera alcanzaban a ser un grito, perdiéndose en el aire.
Kaiden lo miró con una expresión que casi podía parecer compasiva, y murmuró para sí:
—Aunque suene ridículo decirlo ahora, siento que tu hermano y yo somos del mismo tipo.
Desde su nacimiento hasta la manera en que crecieron, todo en ellos resultaba similar.
Incluso el modo en que deseaban cosas que no les correspondían.
La única diferencia era que el objeto de deseo de Kaiden era el trono, una cosa inanimada, mientras que el de Millen era Adeline, un ser vivo.
—Cuando aprecias a una persona, inevitablemente hay algo que debes renunciar. Pero si puedes renunciar a las personas, puedes obtener cualquier otra cosa.
¿Y qué es el ser humano, sino un recurso extraordinario?
De un mineral, por más que se refine, solo se obtiene oro.
Pero si lanzas a una persona al fuego, puedes obtener algo cuyo valor supera al del oro.
Así se construían los cimientos del príncipe que jamás perdía su sonrisa amable ni su aire afable.
Un fundamento edificado sobre los restos de quienes había devorado y derrumbado.
Y al mirar atrás, Kaiden se daba cuenta de que ya había ascendido bastante; solo le faltaba un paso para alcanzar el trono que tanto anhelaba.
Ese último paso requería una piedra angular que aún no poseía.
«Legitimidad.»
Por mucho que fuera hijo legítimo de la emperatriz, ¿qué legitimidad podía tener si su madre había sido una simple sirvienta de palacio antes de convertirse en emperatriz?
La falta de una familia noble de respaldo lo dejaba marcado con ese defecto: la carencia de legitimidad.
«Por supuesto, no es que nunca haya considerado casarme con una familia de renombre…»
Pero eso sería como colocar una mano artificial a quien ya ha perdido la suya. Si esa mano se rompe, el defecto quedará expuesto por completo.
Entonces, ¿cómo podía corregir esa imperfección?
La respuesta era sencilla.
«Bastará con que todos pierdan una mano.»

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK