EXTRA 5
—¿Dami ya se durmió?
—Sí. Nunca fue una niña llorona, ¿por qué habrá llorado tanto hoy? Será que al cumplir cien días ya está mostrando su carácter.
Geonsik le quitó el hanbok a Dami, que estaba acalorada de tanto llorar. Con solo ver el rostro agotado de la niña, a Geonsik le dolía el corazón.
—Pero incluso llorando, Dami es tan hermosa.
Jaeyoung acarició suavemente el moflete regordete de Dami y sonrió. Al sentir su tacto, la bebé movió los labios y sus mejillas se inflaron adorablemente.
—Nuestra Dami es linda en todo. ¿Qué tal si la hacemos Miss Corea cuando crezca?
—¡No! ¡Absolutamente no! ¡El mundo del espectáculo está prohibido!
Soo-oh se opuso rotundamente a las palabras de Geonsik, haciendo una gran X con los brazos mientras gritaba que jamás permitiría que fuera celebridad.
—Cállate. Vas a despertarla.
Choi Min tapó la boca de Soo-oh con la mano. Soo-oh murmuró mmph, mmph, pero seguía expresando su opinión con firmeza.
—Bueno, cuando Dami crezca, tendrá sus propios sueños. ¿Qué querrá ser de mayor?
Geonsik entró al dormitorio, acostó a Dami en su cuna y le dio palmaditas en el pequeño pecho. Al sentir su cuerpecito bajo sus dedos, una oleada de emoción lo invadió. Quería estar ahí para cada uno de sus días: los cien, los mil, los diez mil. Soñaba con verla crecer, ir a la universidad, trabajar, casarse y hasta tener sus propios hijos.
—Por cierto, ¿cuáles eran los sueños de ustedes?
Geonsik, que había salido a la sala después de acostar a Dami, hizo la pregunta de pronto. Le entró curiosidad por saber qué habrían soñado esos hombres en el pasado.
Ante su pregunta, los cuatro se sumergieron en sus recuerdos. La vida ajetreada y agotadora había desdibujado los sueños de su juventud.
—¡Ah! ¡Yo quería ser profesor!
Soo-oh, el más joven, fue el primero en recordar y alzar la mano entusiasmado.
—¿Tú? Qué bien hubieras enseñado.
—¿Qué? ¿Me subestimas, viejo gángster? Y tú, ¿qué soñabas?
—¿Yo? Yo era…
Choi Min vaciló, sin soltar la palabra fácilmente. Miró de reojo y finalmente murmuró:
—Policía…
Se burló de sí mismo al recordar ese sueño infantil, tan lejano a quien era ahora. Le parecía casi ridículo haber aspirado a algo así.
—Eso sí que no te queda.
—¿Qué?
—¿Otra vez pelean? Profesor y policía son buenos sueños. Les hubieran quedado bien.
Geonsik, exhausto de los preparativos para la fiesta de los cien días, se dejó caer en el sofá y les dio unas palmadas en el hombro. Al imaginar a Soo-oh como maestro y a Choi Min como policía, no pudo evitar reír. Le resultaba torpe pero entrañable.
—¿Y tú cuál era tu sueño?
Geonsik le preguntó a Jaeyoung, quien le masajeaba los hombros.
—Yo quería ser dueño de una cafetería.
—¿En serio? Lo lograste entonces.
—¿Cree? Creo que recién lo cumplí cuando conocí al señor Jihan.
Choi Min y Soo-oh hicieron una mueca de ugh, pero Jaeyoung los ignoró.
—¿Y tú? Seguro en una familia chaebol todo está planeado, ¿no tenías sueños?
Geonsik miró a Kang Hyuk, sentado en el sillón individual con expresión seria. Kang Hyuk frunció el ceño antes de responder:
—Pintor.
La respuesta inesperada dejó a los cuatro hombres mirándolo con asombro. Kang Hyuk, aún serio, añadió que de niño se había obsesionado con el arte clásico. Intentaron imaginarlo con un pincel… y desistieron.
—¿Y tú cuál era tu sueño?
Choi Min le preguntó a Geonsik.
—Ah, cierto. Jihan, ¿tú qué soñabas?
—Yo también tengo curiosidad.
—Cierto, me gustaría saberlo.
—Eh… yo…
Geonsik se esforzó por recordar un sueño suyo tan antiguo que apenas lograba evocarlo. Recientemente, su sueño era que Dajung se convirtiera en un adulto admirable, y antes de eso, era alimentar a su familia sin que pasaran hambre… pero ¿eso incluso cuenta como un sueño…?
—Huuuaaaah.
—¿Eh? ¡Dami!
La búsqueda del sueño de Geonsik se interrumpió por el llanto de Dami. Después de cambiarle el pañal a Dami, quien se había hecho un desastre mientras dormía, Geonsik no tuvo oportunidad de seguir reflexionando sobre sus sueños de la infancia, pues el caos de tener a cuatro hombres reunidos lo mantuvo ocupado hasta el final del día.
Aquella noche, tras dormirse como de costumbre, Geonsik tuvo un sueño muy peculiar.
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«Ah, ¿qué iba a hacer?»
Geonsik miró a su alrededor, confundido. El lugar le resultaba familiar: era la panadería de Dajung.
—Qué despistado estoy. Salí a exhibir el pan y me quedé distraído.
Comenzó a colocar uno por uno los panes empaquetados que llevaba en la bandeja sobre los estantes.
TILÍN.
A primera hora de la mañana, justo cuando Geonsik terminaba de exhibir los panes, entró a la panadería, quien se había convertido en el primer cliente habitual de Dajung Bread.
—Buenos días, señor.
—¡Ay, buenos días, profesor!
—Aún no soy profesor…
Un joven apuesto, de cabello negro corto, saludó tímidamente al entrar. Era Shin Soo-oh, un pasante de profesor que había llegado recientemente a la escuela secundaria donde estudiaba Dajung.
Cuando Soo-oh llegó por primera vez a la escuela, Dajung comentó que el lugar se había vuelto un caos. El pasante, con un rostro que rivalizaba con el de un ídolo, se convirtió en la sensación de la escuela, y Dajung, completamente enamorada de él, comenzó a llevarle montones de pan de la panadería para impresionarlo.
Geonsik le llamó la atención a su hija, advirtiéndole que así arruinarían el negocio, y Dajung, sacando un poco la lengua, prometió comportarse. A partir de entonces, dejó de repartir pan, pero en su lugar, Soo-oh comenzó a visitar la panadería.
Le confesó a Geonsik que el pan de ese lugar era el más delicioso que había probado en su vida, y desde entonces, cada mañana antes de ir a la escuela, pasaba por Dajung Bread a comprar algo.
—Hoy los panes de frijol rojo quedaron especialmente ricos.
—Ah, entonces me llevaré uno. ¿Puedo comerlo aquí?
Con el tiempo, Soo-oh comenzó a llegar mucho más temprano de lo necesario, solo para sentarse y disfrutar su pan en la panadería.
—Por supuesto. Siéntese, y le calentaré un poco de leche. De cortesía.
—¡Gracias!
Soo-oh sonrió ampliamente y se dirigió a la pequeña mesa que era la única en el local. Mientras mordisqueaba el pan, observaba disimuladamente a Geonsik, quien estaba ocupado preparando todo para el día. El pan estaba inusualmente dulce y delicioso.
Al principio, le sorprendía que un hombre como él pudiera hacer pan tan exquisito, pero ahora Soo-oh entendía bien que era precisamente por él que sabía tan bien.
TILÍN.
—Buenos días, señor Kang. Hoy hace un día precioso, ¿no?
Un hombre de semblante amable y sonrisa radiante como el sol entró a la panadería.
—El cliente de ayer dijo que el pan para sándwich estaba delicioso.
El hombre, que se movía con naturalidad cerca del área de preparación, era Seo Jaeyoung, dueño de una cafetería que había abierto en el vecindario hacía un mes.
En su cafetería, vendía brunch sencillo, y como usaba pan de la panadería de Geonsik para sus sándwiches y paninis, había comenzado a visitarlo con frecuencia.
—¿En serio? Me alegra oírlo.
—Me puse tan contento que le dije que lo compró aquí, y que todo el pan de este lugar es delicioso.
Geonsik soltó una risotada torpe, sin saber cómo reaccionar ante las palabras de Jaeyoung.
—Oh, señor, tiene una herida en la barbilla…
—Ah, fue al afeitarme esta mañana. Je, je.
—Cuídese. Si ese rostro tan guapo se lastima, me dolerá el corazón.
La mano de Jaeyoung pasó naturalmente por la barbilla de Geonsik, donde había una herida. La ligera barba que quedaba le produjo una sensación áspera en la mano. Jaeyoung estremeció ligeramente el cuerpo ante esa aspereza.
¡BANG!
Geonsik giró la cabeza al repentino sonido de la puerta rompiéndose y, al descubrir a Soo-oh golpeando la mesa con ambas manos, parpadeó sorprendido.
«¿En serio? ¿Por qué intenta destruir los muebles de otra persona?»
—¡Dame la leche! ¡Dijiste que me la darías!
Soo-oh gritó con enojo. Geonsik, recordando, entró a la cocina, mientras Jaeyoung miraba a Soo-oh con ojos fríos. Soo-oh también lo desafió, devolviéndole la mirada.
«Hmm, definitivamente en el pasado fue algo rebelde. Este chico no tiene filtro», pensó Geonsik, recordando una foto que Soo-oh le había mostrado hacía poco, donde aparecía con el cabello azul y usando una banda. Cada vez que Soo-oh hablaba de manera informal o actuaba como un niño, Geonsik asumía que en su juventud había sido un poco alborotador.
—Aquí está tu leche… Eh, ¿cuándo llegaste?
Geonsik estaba a punto de entregarle la leche caliente a Soo-oh cuando notó al hombre uniformado de policía sentado frente a él y lo saludó con alegría.
—Hace un rato.
El hombre con el uniforme de policía, sin ceremonias, le arrebató la leche caliente de las manos a Geonsik y se la bebió de un trago. Soo-oh lo miró con los ojos tan abiertos como platos.
—¡Era mía!
—¿Qué?
—¡Oiga, qué se cree!
—¿Yo? Un policía.
El hombre que le había robado la leche a Soo-oh era Choi Min, un oficial asignado al puesto de policía local. Choi Min había conocido a Geonsik semanas atrás, cuando un ladrón entró a la panadería Dajung, y desde entonces, Geonsik le había dicho que podía venir por pan cuando quisiera. Choi Min, sin embargo, siempre pagaba, lo que dejaba a Geonsik perplejo.
«Después de todo, me ayudó a atrapar al ladrón. Podría regalarle pan sin problema».
—Hermano, quiero un sándwich.
—Claro.
Geonsik colocó el sándwich en una bandeja y se lo entregó a Choi Min, mientras tanto, tanto Soo-oh como Jaeyoung lo miraban con ojos entrecerrados y llenos de reproche.
—Anoche tuve turno nocturno y estoy agotado.
—Ve a casa y duerme.
Choi Min esbozó una sonrisa burlona ante las palabras de Geonsik y respondió:
—No quiero.
—Como siempre, haciendo caso omiso.
Geonsik dejó dos tazas de leche caliente frente a Choi Min y Soo-oh, y luego regresó a la cocina.
En cuanto Geonsik desapareció por completo, Soo-oh se inclinó hacia adelante y cuestionó a Choi Min:
—Oiga, ¿qué quiere? ¿Por qué le dice “hermano” y actúa como si fueran cercanos?
—¿Qué clase de término es ese?
—Una persona más joven debería tener más modales —intervino Jaeyoung, acercándose.
—Y usted, señor, ¿por qué le tocaba la barbilla al dueño antes?
—¿Tocarle la barbilla? ¿Es acoso sexual? ¿Quiere que le ponga las esposas?
—Si es tocable, pues lo toco.
Los tres hombres mostraron los dientes desde su primer encuentro, gruñendo como animales. Parecía que se despreciaban mutuamente.
¡DING-DONG!
Mientras los tres estaban enfrascados en su lucha de miradas, el tintineo plateado de la campana de la panadería anunció la llegada de un nuevo cliente.
—Bienvenido.
Geonsik, que estaba en la cocina, salió rápidamente al escuchar el sonido. Al ver al hombre que había entrado, soltó un torpe:
—Wow.
En la entrada de la panadería se encontraba un hombre que parecía una escultura viviente. A pesar de su cabello negro despeinado y su ropa manchada de pintura, su aura era imposible de ignorar.
El hombre miró los panes exhibidos con ojos perdidos, pero al ver a Geonsik salir de la cocina, sus ojos comenzaron a brillar con un extraño fulgor.
Caminó decidido hacia Geonsik, quien, ante la presencia del hombre alto y robusto, tragó saliva nerviosamente y lo miró de reojo.
—Conviértase en mi modelo.
—¿Qué?
Geonsik quedó atónito ante la repentina propuesta.
«¿Modelo? ¿De qué habla?»
—Sea mi modelo, por favor.
—No, espere… ¿podría explicarse de manera que pueda entender…?
Ante las palabras de Geonsik, el hombre guardó silencio por un momento. Un instante después, se presentó de manera concisa.
—Nombre: Moon Kang Hyuk, pintor novato que está ganando atención últimamente. Actualmente busco un modelo para mi obra.
La explicación del hombre fue tan breve que Geonsik se sintió aún más confundido.
—Me enamoré a primera vista. Por favor, sé mi musa.
«¿Acaso todos los artistas son así de peculiares?» Geonsik parpadeó rápidamente, sin poder articular palabra. Y, como si sustituyera su silencio, los otros tres hombres comenzaron a alborotar.
—¿Y usted qué pretende, en serio?
—Aléjese.
—Pequeño estafador, morirás por tu propia mano.
Aunque los tres hombres no dejaban de vociferar, Kang Hyuk no apartaba su penetrante mirada de Geonsik. Bajo esa mirada ardiente, Geonsik sintió cómo su garganta se secaba por completo.
—Estoy seguro de que, si eres tú, podré pintar este desnudo a la perfección.
—¡¿Qué?!
—¿Ahora le estás diciendo, que se desnude?
—Ja, estás muerto.
—¿Quiénes son ustedes para entrometerse una y otra vez?
—¿Nosotros? Nosotros somos…
Con esas últimas palabras, cuyo dueño era incierto, la visión de Geonsik se nubló caóticamente. Ante la escena borrosa y desordenada, como humo de cigarrillo dispersándose en el aire, Geonsik cerró los ojos con fuerza.
—Jihan.
—Yoon Jihan.
—Señor Jihan.
—Señor Yoon Jihan.
Al escuchar las voces que lo llamaban, Geonsik abrió los ojos y reconoció los rostros de los cuatro hombres que lo despertaban. Le preguntaron si había dormido tan profundamente, si estaba cansado, y le pidieron que se levantara para desayunar juntos.
«Ah… era un sueño. Un sueño… Ahora que lo pienso, mi sueño era…».
Finalmente, Geonsik recordó el sueño de su infancia y sonrió ampliamente.
[—¿Cuál es tu sueño, Geonsik? ¿Te animarías a salir y compartirlo?.
¿Tenía siete u ocho años? Bajo la indicación de su maestro, Geonsik se paró frente al salón y declaró su sueño con orgullo.
—Mi sueño es vivir feliz con una familia muy numerosa.]
Ese niño, que anunció su sueño con voz clara y postura rígida, ahora lo había cumplido. Claro, la forma de su “gran familia” era bastante diferente a lo que había imaginado, pero, después de todo, vivía feliz con muchas personas, ¿no podía decirse que había logrado su sueño?
—Lo lograste, Kang Geonsik.
Geonsik se levantó con agilidad y caminó hacia su familia, que lo esperaba.
Habían sido días felices.
Robin: muchísimas gracias por llegar al final de esta novela, espero la hayan disfrutado tanto como yo, perdonen si a veces se me va una que otra falta de ortografía o coherencia. Trato siempre de mejorar. No saben como ame esta novela, espero algún día le saquen manwha.

RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN