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EXTRA 2

―Señor Jihan, se ve pálido. ¿Cuidar del bebé es tan agotador?  

Después de salir del centro de cuidados posparto y comenzar a criar al bebé en casa, Geonsik había perdido 3 kg adicionales en menos de tres meses, quedando incluso por debajo de su peso original. Con el rostro demacrado, los cuatro hombres se acercaron a él con miradas preocupadas.  

―Será mejor contratar a una niñera.  

Kang Hyuk, quien desde antes de dejar el centro había insistido en contratar ayuda, volvió a expresar su opinión. No soportaba ver sufrir a Geonsik.  

―Pero Yoon Jihan dijo que no le gusta que Dami esté en manos de otros. Pospondré la apertura de la panadería y me quedaré en casa por un tiempo.

Choi Min, quien había obtenido sus certificados de repostería y panadería y estaba planeando emprender, dejó sus planes de lado y anunció que se dedicaría al cuidado del bebé. En realidad, el dinero no era un problema, así que no habría mayores inconvenientes.  

―Jihan, ¿estás muy cansado?  

Soo-oh acarició la mejilla reseca de Geonsik con expresión afligida. 

«¿Cuánto habrá sufrido para que su rostro esté así?», pensó, alborotándose y prometiendo encargarse de todo de inmediato.  

―Haa….  

Geonsik dejó escapar un suspiro de exasperación.  

Estaba convencido de que no estaba criando a un solo bebé, sino a cinco. Los otros cuatro, aunque ya adultos, le estaban haciendo perder peso rápidamente estos días.  

– – – – – – – – – – – –

―¡Solo un bocado!  

Geonsik, sentado en la cama extrayendo leche con el sacaleches, estuvo a punto de lanzárselo a Soo-oh al oír sus palabras. Últimamente, cada vez que usaba el aparato, notaba que Soo-oh lo miraba con ojos extraños.  

―¡Oye, idiota sin vergüenza! ¿Quieres robarle la comida a un bebé?  

Al terminar, Geonsik le dio una fuerte palmada en la espalda.  

―¡Ay! ¡Duele!  

―Claro que duele, para eso te pego. ¿O acaso te pegaría para que no te duela?  

Soo-oh, con lágrimas en los ojos, puso cara de víctima.  

―Total, tienes mucha. Dame solo un poco.  

Como Soo-oh seguía insistiendo, Geonsik alzó la mano de nuevo, haciendo que este retrocediera. En realidad, sabía que los cuatro hombres le echaban miradas furtivas a su pecho, pero Soo-oh era el primero en decirlo abiertamente. 

«Con su mentalidad simple, no tiene filtro», pensó.  

―Eres cruel. Últimamente, eres muy frío conmigo.  

Soo-oh giró bruscamente y comenzó a quejarse. Para colmo, se acercó a la cuna donde dormía Dami y le susurró: Tu papá es muy egoísta con la comida.  

―Últimamente ni siquiera puedo comer bien y estoy sufriendo mucho….  

Ahora que lo mencionaba, parecía haber perdido algo de peso recientemente. Después de que los mareos matutinos de Geonsik terminaran y lograran alimentarlo bien para recuperar su masa corporal, todo había sido en vano.  

Soo-oh había comenzado una larga batalla legal contra su exagencia (es decir, su tío materno) y su madre. Geonsik conocía el contexto, pero como Soo-oh, en un intento de protegerlo, no entraba en detalles, se sentía frustrado. 

«Podría decírmelo directamente», pensó. Desde que nació Dami, Soo-oh actuaba como si hubiera madurado de repente.  

―Está bien, toma un bocado. No, mejor toma un biberón entero. Saca uno del refrigerador.  

Total, producía mucha leche. «¿Cómo es posible que salga tanta leche de este pecho pequeño?», se preguntó Geonsik. No le importaba compartir un poco.  

―No quiero del biberón… prefiero directo.  

«¿Debería golpearlo?». Geonsik apretó y soltó los puños.  

―Hasta Dami toma del biberón. Tómalo así o nada.  

―… Entonces no quiero―  

No era un niño haciendo berrinche por la comida, pero Geonsik, conteniendo su furia, respiró hondo y observó a Soo-oh salir del dormitorio con actitud resentida. 

«Ay, aunque quiera decirle que no coma si va a actuar así, no soporto verlo pasar hambre».  

Después de asegurarse de que Dami seguía profundamente dormida, Geonsik siguió a Soo-oh. Este estaba sentado en el sofá de la sala, abrazando sus rodillas con la cabeza gacha. Una pose perfecta para verse patético.  

―¡Bueno! Solo un bocado, ¿entendido? 

Geonsik se sentó a su lado y levantó su holgada camiseta. Debido a la extracción reciente, sus pechos estaban hinchados y los pezones, sensibles.  

―¡Buen provecho!  

Con una educada exclamación, Soo-oh tomó el pezón de Geonsik en su boca. La sensación del pezón, que había crecido después del parto, era evidente en su lengua. Comenzó a succionar con fuerza, haciendo que el pecho se contrajera y se relajara repetidamente.

—Uf…, demasiado fuerte… —La respiración de Geonsik se volvió agitada ante los feroces tirones en su pecho. Por alguna razón, Dami odiaba la lactancia directa. Tomaba sin problemas la leche materna extraída en biberón, pero cada vez que intentaban darle el pecho directamente, se ponía histérica. Desde el centro de maternidad, donde lo hicieron unas pocas veces, casi siempre recurrieron a la extracción, así que Geonsik se había acostumbrado a eso y le resultaba extraño sentir ahora una boca succionando su pezón.

—Ah, duele un poco… —La piel de sus pechos, sensible tras la extracción, ardía con un dolor punzante.

—Rico —Soo-oh, con los labios pegados al pecho, emitió un sonido infantil y sincero, como si su lengua fuera demasiado corta. Parecía disfrutarlo de verdad, pues abrazó el torso de Geonsik y succionó con más fuerza.

—¡Haaah! —Geonsik, sin querer, dejó escapar un sonido obsceno y rápidamente se mordió los labios para callarse. Los gemidos y el sonido de succión se sincronizaron, llenando la sala.

—Mmm, ya basta… —Aunque la manzana de Adán de Soo-oh subía y bajaba sin parar, como si gran cantidad de leche hubiera llegado a su estómago, él no parecía saber cuándo detenerse. Como si aún tuviera hambre, pasó de un pecho al otro, chupando con avidez.

—Tengo hambre.

—Solo un bocado más… ¡Ay! —Una mano grande se coló bajo su ropa y agarró el hueso saliente del hombro de Geonsik. Soo-oh lo sujetó con fuerza, como si no quisiera que le quitaran su preciado botín.

—Ah… Ufff… —La leche seguía fluyendo sin control, y la cabeza de Geonsik se nublaba. Era como estar parado en medio de un desierto sofocante.

—B-basta… Esto es raro… —Todo en esta situación era extraño: que le saliera leche de los pechos, que se la estuviera dando a un hombre adulto, y sobre todo, que le estuviera gustando tanto.

—¡Hup! —Cuando Soo-oh succionó fuerte el pezón derecho, la cabeza de Geonsik se inclinó ligeramente hacia atrás. En su mente seca como un desierto, floreció una sola flor.

Jadeando por el leve orgasmo, Geonsik se recostó lentamente en el sofá. Soo-oh, finalmente separándose de él, se acostó a su lado y, radiante, exclamó como si acabara de terminar una comida:

—¡Gracias por la comida! —Soo-oh no dejaba de reír mientras abrazaba con fuerza a Geonsik. Estaba demasiado feliz.

—Ay, ¿en serio te gustó? —Geonsik golpeó la espalda de Soo-oh con las palmas de las manos. El gesto ambiguo, entre una palmada cariñosa y un regaño, hizo reír de nuevo a Soo-oh.

—Esta vez es la última. No habrá una próxima. Así que asegúrate de comer bien y, si algo te molesta, dilo de inmediato.

Soo-oh estaba demasiado feliz. Que Geonsik lo regañara y se preocupara por él lo llenaba de alegría. El simple hecho de tener a su lado a alguien que nunca antes había tenido en su vida hacía que Soo-oh se sintiera saciado.

—Dios, ¿qué voy a hacer contigo? En fin, me preocupas, me preocupas. —Geonsik tomó el rostro de Soo-oh y lo obligó a mirarlo. Acarició su mejilla delgada. Sus manos, llenas de preocupación, eran cálidas y suaves.

—Ahora, en serio, debes comer bien y cuidar tu salud. ¿Entendido? Responde.

Soo-oh asintió con fuerza. Su suave cabello rozó la nuca y el pecho de Geonsik, haciéndole cosquillas. Ante esa sensación, Geonsik también sonrió levemente.

—Jihan, si algo te pesa, también debes decírmelo. ¿Entendido?

—Sí, serás el primero en saberlo.

—Prométemelo.

Soo-oh se incorporó y extendió su mano hacia Geonsik, con solo el meñique estirado. Geonsik hizo la misma forma con su mano y entrelazó su meñique con el de él.

Las manos se movieron arriba y abajo, pero los dedos entrelazados permanecieron firmes.

– – – – – – – – – – – –

—Dios… esto es exasperante.

Geonsik estaba sentado en el inodoro, frunciendo el ceño. Se quitó los pantalones por completo y luego la ropa interior empapada. Los calzoncillos, cubiertos de un líquido pegajoso, no parecían aptos para volver a usarse. Geonsik se puso los pantalones sin ropa interior y guardó los calzoncillos mojados en el bolsillo.

—Dami, mira aquí. Qué linda es la bebé.

Al salir del baño de la habitación, lo primero que vio fue a Jaeyoung pegado a la cuna de la bebé, extendiendo su teléfono hacia Dami.

—¿Sigues tomando fotos?

—Nuestra Dami es linda en cada momento, así que debo capturarlos todos.

Jaeyoung no dejaba de tomar fotos cada vez que estaba cerca de Dami. Como si no quisiera perderse ni un instante, se esforzaba por guardar cada recuerdo.

Geonsik, dejando a Jaeyoung absorto en las fotos de Dami, salió sigilosamente de la habitación y se dirigió al lavadero. Mientras arrojaba su ropa interior mojada al cesto de la ropa sucia y se apresuraba hacia el vestidor, Jaeyoung salió a la sala cargando a Dami.

—Señor Jihan, mire a Dami. Está parpadeando, es tan linda.

Jaeyoung, exagerando su entusiasmo, le mostró a Dami a Geonsik, como si parpadear fuera lo más adorable del mundo. Dami, como si supiera que su parpadeo emocionaba a Jaeyoung, volvió a abrir y cerrar rápidamente sus ojos. Sus largas pestañas curvadas se movían con la gracia de las alas de una mariposa.

—Oh, nuestra Dami es tan linda.

Geonsik, incapaz de resistir su lado de padre orgulloso, también se dejó llevar por los gestos adorables de Dami. Pero de repente, su expresión, que había estado sonriendo sin parar, se congeló.

—Señor Jihan, ¿qué pasa? ¿Le duele algo?

Jaeyoung, percibiendo al instante que algo andaba mal, le preguntó con preocupación.

—No, no. Eh, cuida a Dami un momento.

Evitando mostrarle su espalda a Jaeyoung, Geonsik caminó de lado como un cangrejo y entró rápidamente al vestidor. Una vez allí, se bajó los pantalones con desesperación y se agarró la cabeza al ver la humedad causada por sus fluidos.

Geonsik estaba profundamente avergonzado. Llevaba días experimentando esta situación incómoda, donde sus secreciones salían sin excitación alguna. No entendía qué le ocurría a su cuerpo y, entre el miedo y la vergüenza, no se atrevía a mencionárselo a nadie. 

«¿Acaso me excité sin darme cuenta?» El solo pensamiento lo hacía sentirse aún más avergonzado.

—¿Señor Jihan?

Mientras Geonsik intentaba quitarse los pantalones mojados, la voz de Jaeyoung lo dejó petrificado.

—¡Uf, me asustaste! Casi me da un infarto. ¿Y Dami?

—Bostezó, así que acabo de acostarla. ¿Y tú qué estabas haciendo… en ese estado?

Geonsik, agachado y tratando de cubrir su desnudez, se encogió lo más posible. Aunque Jaeyoung ya lo había visto todo, él seguía intentando esconderse.

—¿Hay algún problema?

Jaeyoung se acercó con voz dulce. Geonsik solo quería llorar al sentir su trasero aún húmedo. Bajó la cabeza y la movió de lado a lado, sintiéndose como un niño pillado después de dibujar en las sábanas.

—Está bien. Puedes decírmelo a mí.

Jaeyoung se arrodilló frente a él y le dio unas palmaditas en el hombro. El gesto de consuelo hizo que Geonsik murmurara algo.

—Yo, yo… me sale… líquido… de atrás.

Geonsik seguía sin levantar la vista.

—Ay, ¿y eso es todo? No pasa nada. En las clases para padres dijeron que a algunas personas les pasa.

—¿Ah…? ¿Lo dijeron?

Geonsik no recordaba nada de esa charla, demasiado abrumado por la presencia de los cuatro hombres que aparecieron de repente.

—El instructor dijo que en esos casos, la pareja debe cuidar especialmente al otro.

Jaeyoung lo abrazó con suavidad. Geonsik, relajándose poco a poco, apoyó su cabeza en el hombro de Jaeyoung.

—Mmh.

Cuando una mano tocó su trasero, Geonsik emitió un pequeño gemido, y Jaeyoung soltó una risita.

—Señor Jihan, está muy mojado. Si sigue así, tendrás que usar pañales en lugar de Dami.

Los dedos de Jaeyoung exploraron sin pudor el espacio entre sus nalgas, ya empapados por la humedad abundante.

—No digas tonterías.

—¿Por qué? Te quedarían bien.

Geonsik, sin poder aguantar más, mordió levemente el hombro de Jaeyoung, quien también soltó un gemido… aunque mucho más sensual.

—Ja… En la charla dijeron que es algo natural del cuerpo y que no hay que avergonzarse. Así que tú tampoco deberías hacerlo.

Un dedo largo de Jaeyoung se deslizó dentro de él. Aunque no estaba estirado, la entrada empapada permitió una penetración fácil.

Cuando el dedo comenzó a moverse en círculos, explorando las paredes internas, los fluidos brotaron en abundancia. Geonsik, con gesto de frustración, se aferró aún más a Jaeyoung mientras el torrente continuaba. 

«¡Es demasiado! ¿En serio mi cuerpo está así?». La vergüenza lo inundaba.

«Qué raro…….»

—No pasa nada. No es nada raro.

El líquido obsceno que se acumulaba en el suelo hizo que Geonsik sintiera su rostro arder. Mientras tanto, Jaeyoung, con total naturalidad, ensanchaba el agujero de Geonsik y sacaba el flujo de lubricación que seguía escapándose. Al parecer, un solo dedo no era suficiente, pues introdujo también el índice y, como unas tijeras, separó ambos dedos para abrir el agujero por completo. De inmediato, un torrente de líquido se derramó.

—Ughh…

—Shh, qué buen chico. Nuestro Jihan es un buen chico.

Con una mano acariciando la espalda de Geonsik y con la otra revolviendo su interior, Jaeyoung lo consoló con una voz dulce. Pero ese tono educado y correcto solo avergonzó más a Geonsik, haciendo que su agujero secretara aún más de ese líquido vergonzoso.

—A veces, en estos casos, los compañeros insultan a la madre —dijo Jaeyoung—. Dicen que es raro. Pero no lo es en absoluto. Esto es parte del proceso para que el cuerpo, que ha cambiado al dar a luz, vuelva a la normalidad. Así que no te avergüences ni pienses que es extraño.

Cuando el flujo se redujo a apenas unas gotas, Geonsik suspiró aliviado y se apoyó por completo en Jaeyoung.

—Tenía miedo…

—Jeje, ¿de qué, si estoy yo aquí?

Jaeyoung lo abrazó con fuerza.

—Es que no paraba de salir…

—Es normal que la cantidad disminuya —explicó Jaeyoung—. Y si lo hacemos así con frecuencia, volverá más rápido a la normalidad. Si te sientes incómodo, ¿quieres que usemos algo para taparlo?

—¿Eh?

—¿Qué tal un chupete como el de Dami?

Geonsik alzó la cabeza de golpe y miró a Jaeyoung con reproche. Era obvio que lo estaba burlándose. Después de todo lo que había sufrido por esto…

—El chupete de corazón rojo le quedaría bien —murmuró Jaeyoung con falsa seriedad, imaginando el chupete clavado en el trasero de Geonsik. La sola imagen lo hizo reír a carcajadas. Era demasiado gracioso.

—¡Ay, en serio! ¡Estaba muerto de miedo!

Al verlo enfadarse, Jaeyoung lo abrazó de nuevo.

—Yo no tengo miedo de nada mientras estés tú. Así que confía en mí y no temas.

Geonsik calló y se recostó en su hombro. La verdad era que, desde el momento en que le había confesado su preocupación, el miedo había empezado a desaparecer.

—Jihan. Si no te gusta el chupete rojo, ¿prefieres el azul?

—¡Otra vez tú!

Los dos hombres se enzarzaron en una pelea juguetona, olvidando por completo cualquier rastro de temor. Actuaban como si nada en el mundo pudiera asustarlos. Y tal vez era cierto. Después de todo, se tenían el uno al otro.



RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN



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