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Capítulo 95:
FIN

—…Es mi hija, pero ¿qué hago con eso? Matarla y revivirla.

Geonsik había estado observando fijamente a Dajung, quien, emocionada, describía con entusiasmo los rostros de los cuatro hombres.

—Pero no es solo por sus caras. Son basura absoluta. Basura que ni siquiera se puede reciclar.

Después de un rato hablando de sus rostros y cuerpos, Dajung puso serio el semblante y habló.

Basura absoluta…

—No son tan malos… —murmuró Geonsik en voz baja.

Dajung, que escuchó perfectamente su comentario, estalló nuevamente con pasión.

—¿Que no son tan malos? Son lo peor de lo peor en cuanto a personalidad.

En la novela original, no había ni una sola línea que explicara el porqué o el trasfondo de la personalidad retorcida de los cuatro protagonistas masculinos. Todo se debía a la extraña teoría de la autora de que los hombres malvados sin razón eran atractivos. Por eso, Dajung solo veía el lado despreciable y basura de esos hombres.

—Pero tienen su lado bueno…

—¿Buenos? ¿Acaso los buenos dejan que alguien sufra hasta el borde de la muerte sin arrepentirse ni una vez?

Dajung, con las manos en la cintura, estaba furiosa.

—No, esa autora no tiene idea. Quitó por completo el arrepentimiento de los protagonistas en una historia tan oscura. En serio, solo hicieron sufrir una y otra vez al protagonista. Si lo hicieron sufrir tanto, los protagonistas deberían haberse convertido en alfombras para sus pies, arrastrándose bajo él el resto de sus vidas. Pero ¿qué fue ese final? Un final triste donde él muere. Eso es peor que cortar una mierda a medias y dejarlo así.

Robin: KHE!!

«¿Qué estoy escuchando? ¿Alfombra para… qué?»

Geonsik observó a Dajung con una expresión de incomprensión mientras ella continuaba su discurso apasionado.

Como ya no tenía nada que ocultar, Dajung siguió despotricando sobre su filosofía BL. Cualquiera que la viera habría pensado que era una filósofa consumada.

—O al menos debería haber escrito una escena donde los protagonistas se arrepintieran desesperadamente después de su muerte. ¿Tiene sentido que él muera y ellos simplemente sigan con sus vidas como si nada? ¿En serio solo les importaba su cuerpo? Es ridículo.

«A mí también me parece ridículo. ¿Acaso no podían tener un final feliz donde todos vivieran juntos y felices para siempre?»

Geonsik, al descubrir el tipo de final que Dajung deseaba, no pudo decir nada. Nunca imaginó que habría pensado en un final así.

[—¿Ya resolvieron todas sus dudas?]

Sin previo aviso, una esfera de luz apareció entre Geonsik y Dajung. La voz de Dios sonaba alegre.

[—Entiendo que estén felices de reunirse, pero no hay tiempo. El camino de la reencarnación se abrirá pronto.]

Reencarnación. La razón por la que había llegado hasta aquí desesperadamente.

[—Primero nuestra hermosa princesa.]

Ante la voz de Dios, Dajung agarró fuertemente la mano de Geonsik. Su mirada ansiosa se dirigió hacia él.

—Está bien. Esto es un nuevo comienzo. No es el fin, sino el inicio. ¿Confías en tu papá, verdad?

Dajung asintió con fuerza. Si su papá decía que era un comienzo, entonces lo era. Con determinación, se levantó.

En cuanto Dajung tomó la decisión, apareció una puerta no muy lejos, rodeada por un remolino de luz multicolor.

—Papá, iré primero. Ven pronto.

—Sí, yo también iré enseguida.

Dajung abrazó a Geonsik una vez más y caminó con paso firme hacia la puerta de donde emanaba la luz. Al detenerse frente a ella, como si fuera a absorber su cuerpo y alma, se giró y gritó hacia Geonsik:

—¡Papá, te quiero! ¡Eres el mejor!

Con las mejillas rojas de vergüenza, Dajung agitó la mano y saltó al interior de la puerta. Sus palabras hicieron que Geonsik se emocionara nuevamente. No sabía cuánto había extrañado esa voz llena de vida.

Se secó las lágrimas que amenazaban con caer y, al levantar la cabeza, la puerta por la que había entrado Dajung había desaparecido sin dejar rastro.

Ahora sí, su hija había emprendido el camino de la reencarnación.

[—Honestamente, pensé que no lo lograrías. Eres increíble.]

Con un tono despreocupado que no encajaba con su título de Dios, la esfera de luz habló. Geonsik, sin importarle el dolor en sus ojos, la miró fijamente.

—¿De verdad esto es el final? ¿Que yo muera y ellos sufran es un final feliz?

[—Sí. Tus hombres están llorando, sufriendo, desesperados y arrepentidos por tu muerte. Tal como tu hija deseaba. ¿Quieres verlo?]

CHAS. 

Con un chasquido de dedos, una pantalla flotó en el aire blanco, como en una película.

En la imagen se veía una habitación de hospital, con una persona conectada a máquinas y rodeada por los cuatro hombres.

BIP, BIP, BIP, BIP.

Poco después, se escuchó el sonido de una máquina, como en los dramas, anunciando la muerte de alguien. Era el sonido de la tragedia.

—¿Yoon Jihan…?

El rostro de Choi Min palideció como la tierra mientras se lanzaba sobre el cuerpo de Geonsik, que yacía en la cama del hospital.

―¿Qué…? No, no puede ser. Tú no eres alguien tan débil. Despierta ya. Tengo que preguntarte si has comido. ¡Y regañarte por no hacerlo mientras andabas por ahí!

Choi Min lo sacudió, gritando, mientras Geonsik permanecía inmóvil. Toda su razón parecía haberse esfumado.

―Ji… Jihan.

Soo-oh, temblando como un álamo, se quedó plantado en el sitio, mirando fijamente a Geonsik. Un zumbido agudo resonó en sus oídos.

―Jihan… Creo que algo anda mal con mis oídos… Creo que estoy enfermo… Por favor, mírame… ¿Jihan?

Soo-oh se tapó los oídos con ambas manos. Pero ni eso pudo detener el zumbido ni el sonido que anunciaba el final de la vida. Se desplomó en el suelo, encogiéndose. Su cuerpo y su corazón estaban terriblemente fríos.

―Señor Jihan…

Jaeyoung dio unos pasos hacia Geonsik, pero se detuvo en seco. Tenía la sensación de que no debía tocarlo. Si alguien tan desafortunado y maldito como él lo hacía, esta situación se volvería real.

―Eh… Señor Jihan… Yo…

Jaeyoung se rascó desesperadamente su muñeca. Su corazón le dolía tanto que pensó que esto podría aliviar un poco el dolor. Pero el dolor solo empeoraba, como si fuera a morir.

―¡Yoon Jihan! ¡Yoon Jihan!

Kang Hyuk también se abalanzó sobre Geonsik, sacudiéndolo. Esperaba que se despertara y le gritara por molestarlo, diciendo que le dolía la cabeza.

―Por favor… reaccioné… ábranos los ojos… por favor…

El cuerpo de Kang Hyuk empezó a desmoronarse. Con manos temblorosas, agarró fuertemente la mano de Geonsik, como suplicando que no se fuera.

―¿Qué es todo eso…?

[―¿Qué crees? Es una escena del final feliz.]

Geonsik estaba confundido al ver las imágenes proyectadas en el aire. ¿En qué parte de eso había un final feliz?

[―¿No te preguntas qué están pensando? Sus voces interiores son el verdadero clímax del final feliz.]

Con esas palabras de Dios, los pensamientos de los cuatro fluyeron hacia la mente de Geonsik.

«Lo siento, lo siento, lo siento mucho… Todo es mi culpa… Por favor, no te mueras… Todo fue mi error. No debí codiciarte. No debí desear tenerte… Si no fuera por mí, no habrías sufrido así… Si solo yo no hubiera existido…»

«Jihan, no te mueras. Por favor, no te mueras… ¿Es porque me odias? Prometo no volver a hacer cosas que te molesten. No lloraré ni haré berrinches. Así que por favor, quédate a mi lado. No puedo vivir sin ti… Por favor…»

«Si tú mueres, yo te seguiré. Quizá no pueda ir al mismo lugar que alguien tan puro como tú, pero no soportaré quedarme sola en este mundo sin ti. Perdón por no cuidar mi cuerpo como me pediste. Te pediré perdón en el infierno. Tú, desde el cielo, vela por mí.»

«¿Es esto tu venganza? ¿Por qué te hice sufrir? Si es así, tu venganza ha sido un éxito. Nunca me había sentido tan destrozado. Duele tanto que siento que voy a morir. ¿Podrías perdonarme esta vez?»

Las voces cargadas de dolor y arrepentimiento le atravesaron el pecho a Geonsik. Sus emociones le llegaron con crudeza. Estaban sufriendo como si fueran a morir, y todo por su culpa.

―¡Esto no es ningún final feliz!

Geonsik se tiró al suelo, brazos y piernas abiertos, como una estrella.

[―¿Después de ver eso, quieres que reencarne? ¡No puedo hacerlo, ni loco!]

Robin: amistaaa no seas malo 

Cuando él sufrió, ellos estuvieron a su lado. ¿Y ahora debía irse cuando ellos más lo necesitaban? Jamás. Ni siquiera les había agradecido como se merecían. No podía irse así.

[―¡Vaya, qué rápido te haces ilusiones! ¿Quién dijo que te reencarnarías? Solo abriste el camino para que tus cuatro chicos puedan reencarnar.]

Dios habló como si le pareciera ridículo. Geonsik se sintió aún más confundido.

―¿Entonces voy al infierno? ¿Es en serio o es una broma?

[―Ahora sí que hablas sin filtros. Pero igual tendrás que reencarnar.]

¿Qué se suponía que debía hacer entonces?

[―¿Qué? Pues crear el final feliz que quieres antes de reencarnar.]

Una mano cálida tocó su frente mientras yacía en el suelo. Era un toque ligero, como si lo empujaran con un dedo, y de pronto sintió que su cuerpo flotaba.

El mundo se volvió blanco… y luego negro.

En la oscuridad, la voz alegre de Dios resonó:

[―Por ejemplo, un final como: Y vivieron felices para siempre.]

La voz se alejó como un eco hasta desaparecer por completo.

En el silencio oscuro, un sonido mecánico familiar comenzó a escucharse.

BIP, BIP, BIP…

Era el sonido de las máquinas en los dramas, pero esta vez no anunciaba el final de la vida, sino su continuación. Entre los pitidos, pequeñas voces comenzaron a mezclarse.

—…Han.

—…Ah.

—…Shi.

—…Han Shi.

Los párpados parecían pesar una tonelada, imposibles de abrir con facilidad.

—Aahh…

Al fin logró abrir los ojos, y cuatro rostros masculinos se enfocaron borrosamente frente a él. Parpadeo lentamente varias veces hasta distinguir a los cuatro hombres, todos con lágrimas en los ojos. Habían llorado tanto que sus hermosos rostros estaban irreconocibles.

—¡Yoon Jihan!

  

—¡Jihan-ah! 

 

—¡Señor Jihan! 

 

—¡Señor Yoon Jihan!  

«Ay, estos pesados…». Al verlos de nuevo, Geonsik soltó mentalmente un apodo cariñoso, aunque con cierto fastidio.

—Gra… cias… Y… cuídense… mien… tras vi… van.  

«Dajung, lo siento. Papá quizá se quede aquí un poco más, así que no podré seguirte de inmediato».

—No digas obviedades.  

—¡Claro! ¡No te preocupes! 

 

—Yo también cuídense, por favor. 

 

—Confíe en mí.  

A partir de ahora, ellos vivirían una vida larga y feliz.  

Porque ahora tenían a su señor Geonsik a su lado. El padre de Dajung, Kang Geonsik, haría todo lo posible para asegurar un final feliz, sin importar qué.

FIN  



RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN



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