Capítulo 93
Kang Hyuk tragó sus palabras interiores y se rió junto a los demás. Nunca había imaginado que llegaría el día en que se reiría por cosas tan triviales. Era una noche en la que había llegado a la conclusión de que, tal vez, esas pequeñas cosas tenían más significado que las grandes.
—Pero es que tú también eres bastante despistado.
Geonsik, que estaba sentado en el muslo de Kang Hyuk, movió las caderas al sentir la carne que le pinchaba el trasero. Con ese movimiento, la protuberancia volvió a levantarse con estruendo.
—Lo que pasa es que él es demasiado perspicaz.
Kang Hyuk bajó con cuidado a Geonsik sobre la cama y se incorporó lentamente. Por más que lo intentara, era imposible no notar la hinchazón en su entrepierna.
«¿Cómo hace para meter esa cosa enorme en los pantalones?», se preguntaba Geonsik a menudo.
—¿A dónde vas?
—Voy al baño.
—Eh… si necesitas ayuda, yo puedo… con la mano…
—No, no hace falta. Puedo hacérmelo yo solo.
—¡¿Eh?!
Los párpados de Geonsik se movieron rápidamente.
«¿Acaba de decir eso?».
—Lo aprendí de Yoon Jihan.
Kang Hyuk sonrió y se dirigió al baño.
«Nunca imaginé que el mismo hombre que me gritó que me masturbara solo acabaría así».
Mientras entraba al baño, Kang Hyuk recordó la primera noche que conoció a Geonsik en el hotel. Probablemente, solo con rememorar ese momento podría calmar su excitación.
«¿Masturbarme pensando en un hombre que me regaña?». Kang Hyuk no pudo evitar reír ante lo absurdo y ridículo de la situación. Pero era una risa de felicidad.
«Hmm, qué buen olor».
Poco después, Kang Hyuk regresó a la habitación, y un fresco aroma a menta lo seguía.
—Caramelos de menta. Quiero caramelos de menta. Cómpramelos mañana.
Al ver al hombre que le recordaba aquellos dulces de la infancia, Geonsik sintió antojo. Aquel caramelo fresco y dulce lo tentaba.
—Si los quieres, deberías comerlos ahora.
—Pero es casi medianoche… Mmph.
Kang Hyuk se subió de inmediato a la cama y metió su lengua en la boca de Geonsik. El suave, pero a veces firme músculo rosado sabía a caramelos de menta frescos y dulces. Geonsik chupó la lengua de Kang Hyuk como si fuera un caramelo, y cuanto más lo hacía, el intenso aroma a menta se extendía por todo su cuerpo. Era como comer un caramelo de menta con todo el cuerpo.
—¿Está rico?
Kang Hyuk retiró su lengua y preguntó brevemente.
—Sí.
Geonsik, con la boca vacía y entreabierta, respondió con una palabra.
Pronto, su boca se llenó de nuevo con esa dulce carne. Como un niño que llena su boca de caramelos con avidez, Geonsik chupó y saboreó lo que tenía dentro. La saliva brotaba y bajaba por su garganta con sonidos húmedos.
—Jaa, jaa…
Al separar sus labios, Geonsik dejó escapar un respiro agitado. Parecía que su barriga llena hacía difícil mantener un beso prolongado.
—Deja de trabajar y vámonos a dormir.
Ante las palabras de Geonsik, Kang Hyuk lo acostó con cuidado en la cama y se acomodó a su lado.
Geonsik, satisfecho por los caramelos de menta, miró a Kang Hyuk con una sonrisa tranquila. Kang Hyuk también sonreía.
Parecía que la felicidad en su vientre también disfrutaba del dulce aroma, pues no pateaba el vientre de su padre y se quedaba quieto.
«Por alguna razón, siento que Haengbok también está sonriendo dentro de mí».
Parecía que, por fin, esa noche podrían dormir profundamente.
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El grandioso y arduo proceso del embarazo no había sido tan difícil porque lo habían vivido juntos. Incluso había sido divertido y disfrutable. Y, finalmente, el próximo mes llegarían al final de este difícil pero maravilloso viaje.
—¿Tienen alguna duda antes de la cirugía?
El 15 del próximo mes estaba programada la cesárea de Geonsik. Él se sintió aliviado al saber que no sería el peor tipo de parto que había imaginado. Como su cuerpo era delicado y, además, era hombre, el médico le recomendó la cesárea, ya que el parto natural sería muy difícil. Geonsik aceptó de inmediato. Era la decisión obvia, especialmente después de casi desmayarse al escuchar los detalles de un parto normal.
—¿La cirugía es peligrosa?
—¿Duele mucho la operación?
—El equipo médico que realizará la cirugía será, por supuesto, el mejor del país, ¿verdad?
—Por si acaso, solo por si acaso… ¿Sabes lo que pasaría si algo sale mal, verdad?
Antes de que Geonsik pudiera preguntar nada, los hombres, abrumados por la preocupación, acosaron al médico de cabecera. Si alguien los viera, pensaría que eran ellos los que iban a dar a luz.
El médico, siempre afable y amable, frunció el ceño por primera vez ese día. Los cuatro hombres no habían abandonado el consultorio en más de una hora, preguntando cada detalle de la cirugía.
—Ay, de verdad, ustedes exageran demasiado. Me da vergüenza ajena.
Geonsik, al captar la mirada de auxilio del médico, logró sacar a los cuatro del consultorio y regresar a casa.
Una vez dentro, los hombres siguieron a Geonsik y se lanzaron a expresar sus pensamientos con vehemencia.
—Pero si hoy en día hay tantos casos de negligencia médica, es normal que preguntemos eso.
—Si es su cirugía, no deberían ser los mejores del país, sino del mundo. Y con el dinero que hemos invertido en ese hospital, no es un pedido excesivo.
—Jihan, ¿y si la cirugía duele? Tengo miedo.
—Como tutores, solo preguntamos lo que está dentro de nuestro derecho. No es para nada excesivo.
Geonsik guardó silencio ante sus discursos apasionados. Si fuera como siempre, él habría regañado con diez argumentos más, pero su quietud hizo que los cuatro se acercaran, preocupados.
—Oye… ¿No pasa nada malo, verdad?
Aunque no lo demostró frente al médico, Geonsik era, de los cinco, el que más nervios y preocupación cargaba.
Dar a luz siendo un hombre… algo que nunca imaginó, y ahora él mismo lo enfrentaría. Le daba miedo. Aunque fingió tranquilidad, con el parto acercándose, la ansiedad no lo dejaba dormir.
—Por supuesto que no pasará nada malo.
—¡Claro! ¡Todo saldrá bien!
—No te preocupes. No habrá problemas.
—Estará bien.
Los cuatro, que hasta hace un momento parecían cargar con las preocupaciones del mundo, ahora lo consolaban como si sus miedos fueran infundados. Su actitud firme y alentadora lo hizo abrirse.
—¿Podré hacerlo bien?
Geonsik había sentido esta misma inseguridad cuando Misook estaba embarazada. Habiendo conocido la figura de los padres solo en libros, ser uno le resultaba abrumador.
No estaba seguro de ser un buen padre. Y fue Misook quien lo tranquilizó. Ella le dijo que, aunque fueran torpes, apoyándose mutuamente, serían buenos padres.
Pero Misook, quien le prometió enfrentarlo juntos, lo dejó apenas nació Dajung.
Algunos días lloró extrañándola, otros la culpó. ¿Por qué los dejó solos a él y a Dajung? Quería preguntarle qué fue tan urgente.
—¿Qué tienes que preocuparte? No estás solo.
—¡Confía en nosotros!
—Estamos aquí contigo.
—No cargues todo tú solo.
Esas palabras, familiares como un déjà vu, le hicieron sentir un nudo en el estómago.
—…¿Se quedarán a mi lado?
—Qué pregunta más obvia.
—Por supuesto.
—Claro.
—Sí.
Tener a alguien con quien compartir las preocupaciones era un gran alivio. Ellos dividieron el peso de sus miedos. Con el corazón más ligero, Geonsik asintió levemente.
«¿Cómo habría soportado esto solo sin ellos?»
—Ay.
—¿Qué pasa?
—Jihan, ¿qué tienes?
—¿Qué ocurre?
—¿Se siente mal?
Cuatro voces respondieron a su queja de dolor. Aunque le dolía, eso lo hizo sonreír.
—Haengbok está pateando más fuerte hoy.
Geonsik se rio y acarició su vientre, abultado como el monte Nam.
—Haengbok, te van a regañar.
—Tío matón, Haengbok es solo un bebé. No le regañes.
—Señor Soo-oh, mimarlo demasiado tampoco es bueno para su educación. Haengbok parece tener algo de talento, pero aun así no está bien que le pegue a su padre.
—¿Talento? No diga tonterías.
Sí, siempre terminaba así.
Geonsik negó con la cabeza, exasperado, mientras los cuatro hombres discutían una vez más por cosas triviales.
Haengbok, ¿verdad que es ruidoso? Pero, sabes, papá ya no lo odia tanto.
Cuando Geonsik le confesó en secreto sus verdaderos sentimientos a Haengbok, este respondió dando una patada más fuerte en su vientre.
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«El baño, el baño…»
Con la fecha del parto acercándose, Geonsik no podía dormir. En parte porque Haengbok no dejaba de patear su abultado vientre, pero también porque la necesidad constante de orinar lo despertaba varias veces durante la noche.
Geonsik abrazó su vientre y bajó lentamente de la cama. Gimiendo, logró salir de la cama y, antes de dirigirse al baño, entreabrió la puerta de la habitación.
En la sala, Choi Min y Soo-oh estaban durmiendo. Choi Min estaba sobre una alfombra, cubierto apenas con una manta delgada, mientras Soo-oh dormía en el sofá en una postura recta. Además, Jaeyoung y Kang Hyuk también dormían en el vestidor y la habitación de invitados, respectivamente.
Aunque sus casas estaban cerca, llevaban varios días durmiendo en la casa de Geonsik. A pesar de lo incómodo que debía ser, ninguno se quejaba. Al verlos dormir así, Geonsik cerró la puerta en silencio. Con saber que estaban allí, era suficiente.
—Uf… hasta orinar se ha vuelto difícil.
Incluso algo tan simple como orinar era una tarea agotadora debido a su vientre hinchado. Geonsik terminó con esfuerzo y se giró para volver a la habitación. Pero, al hacerlo, un dolor agudo lo atravesó. No era comparable a las patadas de Haengbok; el dolor era tan intenso que su visión se nubló por un momento.
—Aah… duele… duele mucho…
Geonsik se aferró al marco de la puerta del baño para no caer. El dolor era tan fuerte que no podía dar un solo paso. Sus piernas temblaban, y finalmente, incapaz de soportarlo, se desplomó en el suelo.
Era un dolor diferente a cualquier cosa que hubiera sentido antes. Y lo supo de inmediato: eran contracciones.
—Alguien… alguien… aah…
El dolor era tan intenso que ni siquiera podía gritar. Todo su cuerpo se concentraba en soportarlo, y ni siquiera su voz respondía.
—Uuugh…
¡BANG! ¡BANG!
Geonsik golpeó la puerta del baño con los puños, pero dudaba que el sonido llegara más allá de la habitación. Justo cuando intentaba gritar de nuevo, la puerta se abrió de golpe.
—¿Qué pasa?
Era Choi Min, que había estado durmiendo en la sala y entró corriendo.
—Me duele… el vientre.
El rostro de Choi Min palideció al ver a Geonsik al borde del llanto por el dolor.
—¿Qué está pasando…?
Soo-oh, que acababa de despertarse, entró y se quedó paralizado al ver a Geonsik en el suelo.
—¿Q-qué? ¿Qué ocurre?
—¡Llama a una ambulancia, rápido! —gritó Choi Min, acercándose a Geonsik.
Soo-oh, nervioso, solo atinó a balbucear:
—¿Q-qué hago?
—¡Shin Soo-oh! ¡Despierta, maldita sea!
En el pánico, Soo-oh parecía haber olvidado hasta el número de emergencias, como en un chiste malo. Pero, tras el grito de Choi Min, corrió a la sala y gritó:
—¡Señores! ¡Salgan rápido! ¡Jihan se está muriendo!
—Maldito sea… qué imbécil.
Choi Min, que sostenía a Geonsik, masculló un insulto ante las palabras de Soo-oh. ¿Cómo podía decir algo tan inoportuno?
—¿Qué pasa? —preguntó Jaeyoung.
—¿Qué ocurre? —añadió Kang Hyuk.
Al entrar en la habitación y ver a Geonsik retorciéndose de dolor en brazos de Choi Min, también palidecieron.
—¡Alguien llamé a una ambulancia, ahora mismo! —gritó Choi Min.
De nuevo, ante los gritos furiosos de Choi Min, Jaeyoung rápidamente tomó su teléfono móvil.
—¿Estás bien?
Kang Hyuk se acercó a Geonsik y se arrodilló. El rostro de Geonsik, pálido como la cera, estaba cubierto de gruesas gotas de sudor, y no podía responder, solo gemía.
—Ji, Jihan.
—La ambulancia llegará pronto.
Soo-oh y Jaeyoung también se acercaron a Geonsik.
Geonsik levantó la cabeza con dificultad y miró a su alrededor. Vio los rostros de los cuatro hombres que lo rodeaban. Sintió algo de alivio, pero luego el dolor en su vientre estalló como una locura.
—¡Aaaaah, duele, me dueleee…!
—¡Ugh!
—Agh.
Con una fuerza inexplicable, Geonsik extendió los brazos y agarró dos mechones de cabello, uno en cada mano.
—Duele, me duele. Me estoy muriendoooo… Uuuuhhh…
Geonsik lloró desconsoladamente. Era la primera vez en su vida que sentía un dolor así. El dolor era tan intenso que no podía ver nada. No distinguía si el cabello que agarraba era negro, castaño o incluso azul, y tiraba de las cabelleras con desesperación.
—Uuuuhhh, duele.
Incluso mientras lo llevaban en la ambulancia, Geonsik solo podía repetir que le dolía. Este no era el dolor de un parto, sino el de alguien al borde de la muerte.
—Todo está bien. Todo está bien.
—Señor Jihan, no se preocupe.
—Estoy aquí contigo.
—Jihan aaaa…
Mientras se debatía en el dolor, sus voces lo sostuvieron. Cada una contenía emociones distintas, incluso contradictorias, pero Geonsik supo con certeza que todas eran voces que lo apoyaban. Hasta el momento en que entró al quirófano, esas voces seguían animándolo.
Geonsik fue llevado a cirugía de emergencia por el dolor. Era tres semanas antes de la fecha prevista.
No había habido problemas con el embarazo, ni señales de parto prematuro, por lo que los cuatro hombres estaban sorprendidos y confundidos por la repentina situación. Con miradas ansiosas y preocupadas, solo podían mirar fijamente la puerta del quirófano, rogando que no pasara nada malo.
Bajo anestesia local en la parte inferior del cuerpo, Geonsik no sentía nada, pero podía oír el ajetreo del equipo médico a su alrededor. Con esfuerzo, giró la cabeza hacia un lado.
«Ah, realmente estoy dando a luz a un bebé.»
Era un sentimiento abrumador y complejo, difícil de describir. ¿Un hombre dando a luz?
—Uuuhhh…

RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN