Capítulo 91
—Han florecido los cerezos.
El invierno, que había sido tan frío que calaba hasta los huesos, parecía ya un recuerdo lejano. El clima se había vuelto cálido y las flores de vibrantes colores decoraban el mundo.
Geonsik se paró junto a la ventana del living y contempló los cerezos en flor en el parque. Las agrupaciones de flores rosadas en plena floración parecían nubes de un suave tono rosa.
Ahora ya había superado los cuatro meses de embarazo y se acercaba a los cinco.
Con el tiempo que llevaba cargando a su bebé en el vientre, la barriga de Geonsik era notablemente más prominente. No estaba exageradamente hinchada, pero como originalmente tenía un cuerpo delgado, su redondeada pancita se veía especialmente evidente.
—¿Después del chequeo médico vamos a ver los cerezos? Ahora tu feromona ya se ha calmado bastante.
Choi Min, quien hoy lo acompañaría al chequeo, se acercó a Geonsik llevando una chaqueta extra por si acaso tuviera frío.
—¿En serio? Sí, hagámoslo.
Al escuchar la propuesta de ver los cerezos, Geonsik sonrió radiante y tomó naturalmente el brazo que Choi Min le tendió. En realidad, ya no era una etapa en la que necesitara ayuda para caminar, pero ellos siempre lo asistían. Por eso, ahora Geonsik se sentía extrañamente incomodo si no tenía ese apoyo.
—¿Ya están listos, señor?
Jangwoo, que esperaba abajo con el coche encendido, al ver a Geonsik y a Choi Min, escupió el chicle de nicotina que masticaba en un papel y lo guardó en su bolsillo.
Últimamente, Jangwoo y Daeseop también estaban intentando dejar de fumar por culpa de Choi Min. Cuando Choi Min se enteró del embarazo de Geonsik, inmediatamente declaró que dejaría de fumar. Y esa decisión terminó afectando también a Jangwoo y a Daeseop.
—A partir de ahora, cualquier imbécil que huela a cigarrillo delante de mí, morirá.
No hacía falta decir lo irritable que se había vuelto un fumador empedernido que consumía más de una cajetilla al día al intentar dejarlo de golpe. Choi Min fruncía el ceño y lanzaba miradas asesinas si detectaba el más mínimo olor a tabaco en Jangwoo y Daeseop, obligándolos a unirse a su abstinencia forzada.
—Cuidado con el escalón.
Al ver a Choi Min cuidando con tanto esmero a Geonsik, Jangwoo a veces se preguntaba si realmente era la misma persona que conocía. ¿Dónde quedaba ese Choi Choi Min cuyo nombre resonaba en el mundo underground? Al lado de la persona que amaba, sonriendo tontamente y actuando como un tonto, parecía simplemente un idiota enamorado. Y ese él parecía mucho más feliz que antes. Jangwoo lo envidiaba.
—Hola, Jangwoo.
Geonsik, que ya se había acostumbrado a que lo llamaran “señora”, subió al coche que Jangwoo conducía. Gracias a que Jangwoo había hecho de chófer cada vez que iban al médico, Geonsik había desarrollado cierta amistad con él. Hace poco incluso se enteró de que Jangwoo había tenido una cita a ciegas con una chica presentada por una señora que conoció en la academia de repostería.
—Ya te dije que me hables sin formalidades. ¿Qué eso de Jang-woo-ssi?
Choi Min, que seguía siendo celoso, no solo se ponía así con los otros tres hombres, sino que incluso si Geonsik hablaba amablemente con alguien, siempre refunfuñaba.
Más tarde supo que Choi Min había sido quien recomendó con insistencia al médico actual, el de mayor edad y apariencia más ordinaria entre los candidatos para atender a Geonsik. Claro que su habilidad era importante, pero también parecía que Choi Min había considerado mucho su rostro.
—¿Tiene alguna molestia?
Al llegar al hospital y terminar los exámenes básicos, frente al médico de apariencia común, Geonsik titubeó antes de hablar, lanzando una mirada furtiva a Choi Min, que estaba a su lado observando al médico como si lo estuviera retando.
—Es que… verá…
Geonsik se cubrió la boca con ambas manos y susurró al médico.
—Me está saliendo leche…
Su voz se volvió cada vez más baja, como si temiera que Choi Min lo escuchara. Desde hacía unos días sentía cierta molestia en el pecho, y luego había notado que un líquido blanco goteaba poco a poco. Aunque se esforzaba por acostumbrarse a los cambios en su cuerpo, eso fue un gran shock para él.
—Mmm, ¿cuando dice que le sale leche, se refiere a que es leche materna o al desarrollo de las glándulas mamarias?
El médico, como si no notara lo incómodo que era Geonsik, habló en voz alta y dijo algo aún más embarazoso. Choi Min, que observaba la situación a un lado, tenía los ojos brillando con una luz extraña.
—No, es que… leche materna…
Geonsik añadió en voz baja, evitando la mirada de Choi Min.
—A veces hay futuras mamás así. A medida que se desarrollan los conductos lácteos, los senos crecen y sale leche. No es un problema grave, así que no se preocupe. Si siente dolor o tensión en el pecho, puede hacerse masajes.
El médico hablaba sin ningún reparo, quizás porque estaba acostumbrado a estos temas. En realidad, eran solo conversaciones sobre el estado físico de una embarazada, nada del otro mundo. Pero para Geonsik seguían siendo temas vergonzosos.
—Hmmm.
Llegaron a un parque donde los cerezos florecían exuberantes, pero Choi Min no miraba las flores, sino que clavaba la vista en otro lugar.
Concretamente, en el plano pecho de Geonsik.
—No está tan pronunciado como pensaba.
Choi Min se pasó el índice y el pulgar por la barbilla y chasqueó la lengua. Parecía algo insatisfecho.
—¿Quieres morir?
—Oye, una madre no debería decir esas groserías a su hijo.
—¿Quién dijo que soy la madre? Soy el padre.
Haber venido a ver los cerezos solo para que el ánimo se estropeara… Desde el embarazo, esto ocurría a menudo. El médico decía que eran las hormonas, pero era como una montaña rusa emocional.
Geonsik se acariciaba su barriga ligeramente abultada mientras caminaba despacio por el sendero bordeado de cerezos. Al ser una tarde entre semana, no había mucha gente.
El cálido sol que caía del cielo despejado, el suave aroma de las flores y la explosión de pétalos rosados volvieron a mejorar su humor.
Al inhalar profundamente el perfume de las flores, Choi Min siguió detrás, ajustando su paso al lento ritmo de Geonsik.
Si Geonsik daba dos pasos, Choi Min daba uno. Si Geonsik se detenía, Choi Min también lo hacía. Parecía que no le interesaba admirar las flores. Para él, era más divertido observar a alguien admirándolas que a las propias flores.
—Ay.
—¿Qué pasa? ¿Te duele algo?
Al oír el gemido de dolor y ver cómo Geonsik se encorvaba, Choi Min se acercó rápidamente para sostenerlo. Había pensado que, pasados los primeros meses, estaría bien salir a pasear, pero ahora dudaba. Geonsik, sintiendo su inquietud, le dio unas palmaditas en el brazo.
—Estoy bien, es solo… el pecho me duele un poco.
Últimamente le había molestado, pero ahora el dolor era punzante. Geonsik intentó respirar con calma.
—Vamos al coche.
«¿Ya tenemos que irnos?» Le costaba dar el paso, reacio a dejar atrás la belleza de los cerezos.
—Quiero quedarme un poco más.
—Los veremos luego. Primero, al coche.
«¿No vamos a casa?» Geonsik inclinó la cabeza, confundido por lo de “luego”.
Con la ayuda de Choi Min, llegaron al coche aparcado, donde Jangwoo se estaba haciendo un selfi con el vehículo de fondo. Al verlos, escondió rápidamente el teléfono tras la espalda, avergonzado.
—¿Ya regresan?
—Oye, ve a ver los cerezos un rato.
—¿Eh?
—Ve y admíralos. Vuelve en una hora. Si llegas un minuto antes, morirás.
La actitud amenazante de Choi Min hizo que Jangwoo saliera corriendo hacia el parque sin pensarlo dos veces.
—¿Qué pasa? ¿No íbamos a casa?
Sin entender la situación, Geonsik fue empujado al asiento trasero mientras Choi Min se acomodaba a su lado, mirando alrededor. El coche estaba estacionado en un rincón apartado, sin nadie cerca.
—Quítate la ropa.
—¿Qué?
—Te haré un masaje en el pecho.
Los movimientos de manos de Choi Min, que decía ser un masaje, parecían exagerados. Y algo… sugerentes.
—Este tipo está loco.
—¿Qué tiene de loco? ¿No oíste al médico? Dijo que si te duele, hay que masajearlo. Yo lo haré. Se me da bien tocar pechos.
—Qué gracioso. No juegues conmigo.
—Vaya, llamas “juego” a mi buena voluntad. Qué doloroso.
Aunque fingía estar ofendido, la comisura de sus labios se curvaba sutilmente. Geonsik, que lo notó, levantó los brazos, pero el dolor punzante en el pecho lo hizo encogerse de nuevo.
—¿Ves? Te duele. Yo me encargaré. Primero, quítate la ropa.
«No quiero caer en su trampa, pero el pecho me duele demasiado.» Los músculos, sin mucha grasa, estaban tensos y duros.
—…Hazlo con cuidado.
Apenas obtuvo el permiso, Choi Min desabotonó la camisa beige de Geonsik.
«¿Por qué estoy tan nervioso si solo es un masaje?» Geonsik sentía el cuello arder.
Tras desabrocharle toda la camisa, Geonsik dejó al descubierto solo su pecho, cerrando los ojos por vergüenza.
Choi Min estaba amasando con fuerza el pecho de Geonsik, llenando sus grandes manos por completo. No estaba seguro de si eso contaba como un masaje, pero sus manos trabajaban con entusiasmo, apretando la escasa carne de su pecho y estimulando alrededor de los pezones.
En la oscuridad de su visión, el tacto de esas manos sobre su pecho se sentía especialmente intenso, haciendo que el cuerpo de Geonsik se estremeciera una y otra vez.
—Así visto, parece que ha crecido un poquito.
Choi Min, que había estado juntando y amasando la plana superficie de su pecho, asintió levemente al notar el grosor de la carne bajo sus dedos.
—Ah, por favor, deja de hablar…
Geonsik, que aún mantenía los ojos cerrados por la vergüenza, finalmente los entreabrió y miró hacia abajo al sentir el aliento cerca de su pecho. Choi Min había acercado su cara tanto que su nariz casi lo tocaba. Aun así, no dejaba de masajear su pecho con ambas manos. Aunque la postura, con los brazos doblados al máximo para acercarse, parecía incómoda, a Choi Min no le importaba.
—Ay, ya basta…
Aunque se había dejado llevar por Choi Min, hacer esto en pleno día dentro del auto le resultaba extremadamente embarazoso.
Aunque los vidrios polarizados ocultaban bien el interior, si alguien se fijaba demasiado, podía ver lo que pasaba. La posibilidad de que alguien los descubriera lo aterraba.
—No. Todavía está duro. Mira.
Diciendo eso, Choi Min presionó con fuerza los pezones erectos de Geonsik con sus pulgares.
—¡Ay!
Un gemido involuntario escapó de sus labios. Era doloroso, pero una especie de corriente eléctrica recorrió su pecho, dejando una sensación punzante.
Cuando la espalda de Geonsik se arqueó y su cabeza se inclinó hacia atrás, Choi Min rápidamente apoyó una mano en su nuca para evitar que se golpeara.
—¿Ves? Se siente bien, ¿no?
No estaba seguro de si esto contaba como un masaje, pero definitivamente se sentía bien. No sabía si eran sus músculos tensos relajándose, pero asintió levemente.
Al ver su pequeña señal de aprobación, Choi Min, satisfecho, volvió a colocar sus manos sobre su pecho.
Después de amasar la escasa carne, acarició los pezones con los pulgares y luego juntó sus pechos hacia el centro, como si quisiera formar un pequeño surco.
Aunque había poca carne, la fuerza de sus manos creó una sombra entre ellos. Choi Min pasó su lengua por sus labios secos al verlo.
—Ah… Mmm…
El tacto de sus manos se volvió cada vez más atrevido, y los gemidos de Geonsik se hicieron más obscenos.
—Ah… no los rasques… aa…
Cuando Choi Min deslizó sus pulgares sobre los pezones, estos se movieron como pequeños muñecos. Parecía fascinado por cómo temblaban.
—Qué suerte tiene Haengbok. Cuando nazca, podrá disfrutar de esto todos los días.
«Este maldito… si Haengbok nace, tomará leche, no chupará los pezones».
Geonsik tragó las palabras que hervían dentro de él. No podía decirlas, por si Haengbok las escuchaba.
«¿Podrá escuchar incluso mis pensamientos?» La preocupación lo invadió, pero si ni siquiera podía pensar, terminaría enfermándose.
CHU, CHU, CHU.
Varios besos suaves cayeron sobre su pecho. Eran movimientos que nadie llamaría un masaje, y Geonsik empujó la cabeza de Choi Min.
—Ya basta.
Choi Min hizo un sonido de decepción al chasquear los labios.
SLURP, SLURP.
El sonido hizo que el pecho de Geonsik se sintiera extrañamente cosquilleante.
—¿Ya no te duele?
—Bueno… todavía un poco.
En realidad, ya no dolía tanto. Parecía que tocarle realmente había funcionado. Ahora solo sentía un poco de rigidez, pero Geonsik lo exageró.
—Entonces hay que seguir.
Esta vez, no fueron sus manos, sino sus labios los que tocaron su pecho. Sus finos labios mordisquearon, succionaron y lamieron.
El pecho, con un poco más de carne, era perfecto para morder. Choi Min lo mordisqueó con los dientes frontales, haciendo que el cuerpo de Geonsik se estremeciera.
—Haa… ah…
El aire caliente llenó el asiento trasero del auto. Geonsik sintió el calor del verano en plena primavera.
—Ay… no chupes…
El pezón fue succionado entre los labios de Choi Min, quien lo chupó con fuerza mientras lamía la areola. Aunque no salía nada, Choi Min continuó con entusiasmo.
Eran movimientos que ya no podían llamarse un masaje, y el cuerpo de Geonsik se retorció. Con una mano en la manija de la puerta y la otra en el techo del auto, intentó mantenerse estable. Su postura, con el vientre ligeramente expuesto, era incómoda.
—Me… me canso…
Al escuchar su queja, Choi Min inmediatamente se separó. Un hilo de saliva se extendió desde su boca hasta el pezón antes de romperse. Después de tanto chupar, el pezón estaba hinchado y rojo.

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TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN