Capítulo 75
―¡Qué emocionante! ―Alzó la mirada y observó al hombre que lo había satisfecho. En su mente, Geonsik albergaba un signo de interrogación que no desaparecía.
―¿Por qué lloras?
Choi Min estaba llorando. Lloraba con una expresión más dolorosa que la de cualquiera. Sus amplios hombros temblaban patéticamente mientras intentaba contener los jadeos entrecortados. Una lágrima redonda cayó sobre la mejilla de Geonsik con un sonido suave.
―No llores… Shh, sé buen chico.
¿Quién consolaba a quién en esta situación? Geonsik alzó su pequeña mano y acarició la mejilla de Choi Min.
Ante ese tierno gesto, Choi Min lloraba con los ojos pero sonreía con la boca.
―Mierda, Yoon Jihan… en serio…
Choi Min se inclinó y separó los labios de Geonsik con la lengua, adentrándose en su boca. Dos lenguas se enredaron como raíces de árbol, enredándose de manera compleja y caótica, dando paso a un beso apasionado.
La saliva de ambos fluía por sus barbillas, y la fuerza con la que mordían y succionaban hacía que sus labios se hincharan y sangraran, pero estaban absortos en el beso, con rostros embriagados de éxtasis.
Este dolor también les resultaba placentero.
―Mmm…
Mientras besaba, Choi Min empujó su miembro, aún dentro de Geonsik, hacia adentro, moviéndolo en pequeños golpes. Los fluidos y el semen burbujeaban y salían con cada movimiento.
Poco después, Choi Min separó sus labios y se apartó. El miembro que llenaba el interior salió con un sonido húmedo, y un torrente de líquidos calientes y licuados brotó de dentro.
El lento flujo del líquido que le hacía cosquillas en el perineo y los muslos hizo que Geonsik soltara una risita tonta.
―No te rías. Me vuelves loco…
Choi Min hizo un comentario quejumbroso y luego rozó levemente los labios curvados de Geonsik con los suyos.
Al pensar que ya habían pasado un momento intenso, Choi Min se acostó de lado junto a Geonsik y miró fijamente su perfil. Quería seguir viéndolo una y otra vez.
Un cobarde sin valor, incapaz incluso de disculparse o contactarlo, aprovechó esta oportunidad para guardar a Geonsik en sus ojos, en su pecho y en su corazón.
―¡Ah…!
―¿Yoon Jihan?
Choi Min, alarmado, se incorporó de golpe al ver a Geonsik retorciéndose con el rostro contraído. Geonsik gemía, enroscándose más que antes, con el cuerpo enrojecido. Le costaba respirar, y su mente estaba tan nublada que se volvía blanca.
―¡Recupera el sentido!
Choi Min lo agarró y se sobresaltó. Su cuerpo era una bola de fuego. El pene de Geonsik estaba erecto de nuevo, enrojecido y lloroso.
El efecto de la droga estaba circulando de nuevo. No, ahora estaba circulando como debía.
Aunque Choi Min estaba involucrado en el mundo underground, no sabía mucho sobre drogas. No estaba en posición de decir qué era más sucio, pero consideraba que las drogas eran solo para basura, así que ni siquiera las consideraba.
Por eso no sabía que la droga que afectaba a Geonsik era la más difícil de conseguir y la más potente en el underground actual.
Para un omega, esta droga puesta por Gold Tooth era como veneno en el Santo Grial.
Provocaba una excitación más allá del ciclo de celo durante largos períodos, y solo se calmaba tras empaparse en las feromonas de varios alfas.
Pero Choi Min no podía liberar feromonas para Geonsik.
Al vislumbrar vagamente una forma de calmar los efectos de la droga, Choi Min se sintió desesperado. Su incapacidad para resolver esto lo hacía sentirse miserable y patético.
―Y-Yoon Jihan…
―¡Duele, duele!
Geonsik gritó en la cama, sintiendo dolor en lugar de placer. Ante el llanto, similar al de una bestia, Choi Min abrazó a Geonsik con fuerza y lloró con él.
―Lo siento, lo siento mucho…
―Ugh, Choi Min-ah, me duele… Duele mucho… Yo…
Geonsik llamó a Choi Min entre el dolor, agarrándole los brazos con desesperación.
―Espera, aguanta un poco.
Choi Min lo acostó con cuidado y volvió a colocarse entre sus piernas. Aunque no podía ofrecerle las feromonas que aliviarían su dolor, haría todo lo posible para que sufriera menos.
—Ay, ay… —gemía Geonsik con voz desgarradora.
Choi Min, al escuchar su quejido, agarró inmediatamente su propia erección.
En ese momento, algo contundente golpeó el hombro de Choi Min.
—¡Maldito bastardo! ¿Qué diablos estás haciendo?
Kang Hyuk estaba de pie en la habitación del motel con una expresión que nunca antes se le había visto. Su rostro era pura furia.
– – – – – – – – – – – –
Kang Hyuk había tenido la mente en caos durante días después de que Geonsik se marchara tan abruptamente. No sabía por dónde empezar a desenredar aquel lío de situaciones incomprensibles.
Quería llamarlo de inmediato y decirle que todo era un malentendido, que no era nada grave, pero, al pensarlo bien, ni siquiera era un malentendido… y tampoco era algo sin importancia.
Cada día era largo y agotador para Kang Hyuk, quien incluso en el amor calculaba todo. Para matar el tiempo, trabajaba hasta tarde cada día, pero era inútil.
Hoy también, en la oficina a altas horas de la noche, sostenía documentos que ni siquiera veía mientras recordaba el rostro de la persona que añoraba.
Ya había llegado a su límite. Aún no sabía bien qué decirle, pero sentía que, si no lo veía mañana, no podría seguir viviendo.
DING. DING.
El sonido consecutivo de notificaciones del mensajero hizo que Kang Hyuk tomara su teléfono. Y al ver la foto que apareció en la pantalla, se incorporó de un salto.
En la foto estaba la persona a quien acababa de estar imaginando, cada uno de sus rasgos, ahora tirado en un lugar desconocido, con manos y pies atados.
Junto a la foto, solo había una dirección y un número de habitación: 405.
Kang Hyuk salió corriendo de la oficina. Encendió el coche y condujo de manera temeraria. Perdió la cuenta de cuánta gente le gritó insultos por su forma de manejar, pero no escuchó nada.
Aquel Kang Hyuk, siempre tan racional, ni siquiera consideró los peligros o trampas que podrían esperarlo en ese lugar. Solo avanzaba, decidido, hacia donde estaba Geonsik.
En ese momento, estaba más emocional que nunca.
Tras conducir por la noche, llegó a una dirección donde había un motel viejo y abandonado. La electricidad aún funcionaba, pues una luz sensor se encendió al entrar.
Kang Hyuk miró alrededor y luego subió corriendo las escaleras de emergencia al final del pasillo. Al llegar al cuarto piso y abrir la puerta al pasillo, frunció el ceño.
Un aroma dulce y floral, familiar, flotaba en el aire.
Como hipnotizado por las feromonas, dio un paso adelante.
Ni siquiera necesitaba mirar el número de habitación; sabía exactamente dónde estaba.
Con cada paso, el olor se hacía más intenso, erizando su piel.
Finalmente, abrió de golpe la puerta de la habitación 405, de donde emanaba aquel aroma floral. Al entrar, una oleada de feromonas lo golpeó, obligándolo a cubrirse nariz y boca con el brazo.
La concentración era tan densa que casi podía ver las feromonas en el aire, dificultando incluso su respiración. Pero su racionalidad se quebró por completo al ver la escena ante sus ojos.
Geonsik gimiendo de dolor y Choi Min sobre él. Ambos estaban completamente desnudos.
En ese instante, lo que lo impulsó a moverse fue una ira como nunca antes había sentido.
Pateó el hombro de Choi Min con su zapato y, cuando este cayó al suelo, se abalanzó sobre él. Golpeó a Choi Min con tanta fuerza que sus nudillos ardían, pero su mirada estaba perdida en algo más.
—Ugh, grhh… —gimió Choi Min, recibiendo los golpes sin resistir. No bloqueó los puñetazos, ni siquiera intentó esquivarlos.
Kang Hyuk agarró el cuello de Choi Min, que yacía inerte como si se hubiera rendido, y apretó como si realmente quisiera matarlo. Las venas de sus manos se hincharon de furia.
¡GH…!
—Escoria. Nunca debiste acercarte a Yoo Jihan.
«¿Alguna vez había sentido tanto odio hacia alguien? ¿Alguna vez había sido tan violento?» Kang Hyuk actuaba como nunca antes en su vida.
—Khh… déjame… vivir… —la voz de Choi Min se quebró, ahogándose.
—Solo muérete.
Kang Hyuk no aflojó su agarre, incluso cuando la respiración de Choi Min comenzó a fallar.
—Sálva.. Ugh, Yoon… Jihan, por favor… sálva…
Cuando las manos que estrangulaban su cuello perdieron un poco de fuerza, Choi Min inhaló con dificultad, tosiendo. Aun así, no soltó su agarre sobre Kang Hyuk.
—Ayúdalo. Yoon Jihan… por favor, sálvalo…
Fue entonces cuando Kang Hyuk se dio cuenta de que Choi Min no le había suplicado por su propia vida, sino por la de Geonsik.
La mirada de Kang Hyuk, cegada por la ira, se desplazó hacia la vieja cama. Allí estaba alguien retorciéndose de dolor, gritando mientras el colchón crujía bajo su peso. Todo su cuerpo estaba enrojecido, llorando de agonía, como si estuviera a punto de dejar de respirar.
—¿Qué le hiciste a Yoon Jihan?
Cada palabra salió cargada de furia, como si la masticara antes de pronunciarla.
—No lo sé… Cuando llegué, ya estaba así. Ese maldito Park, el jefe… Creo que le dio algo, algún inductor. Intenté ayudarlo, pero… no pude… —Choi Min se agarró la cabeza con ambas manos, murmurando como un loco—. Ayúdalo, yo no puedo. Tu feromona puede calmarlo. Por favor, sálvalo… salva a Yoon Jihan.
Choi Min suplicó a Kang Hyuk, el mismo hombre que siempre había despreciado. Incluso se arrodilló, inclinando la cabeza.
Tenía que salvar a Geonsik. Era lo único que importaba.
Robin: mi bebe Choi Min
—…Lárgate ahora. Yo me encargaré de Yoon Jihan.
Al ver que Kang Hyuk se incorporaba, Choi Min bajó la cabeza. Sabía que no podía hacer nada más allí.
Tambaleándose, recogió su ropa del suelo y, mientras Kang Hyuk se desvestía, hizo una reverencia y murmuró:
—Por favor… salva a Yoon Jihan.
—¿No escuchaste? ¡Lárgate! Yo me encargaré de él sin tu ayuda. ¡Vete!
Choi Min apretó los dientes y salió de la habitación.
CLICK.
La puerta se cerró, y Choi Min se desplomó frente a ella. Las lágrimas no dejaban de caer, y su pecho ardía como si lo estuvieran desgarrando.
«Todo esto es un infierno».
—¡Yoon Jihan! ¡Yoon Jihan!
Kang Hyuk, ahora completamente desnudo, subió a la cama y agarró los hombros de Geonsik, sacudiéndolo. Geonsik solo gemía de dolor, sin fuerzas para resistirse.
—Duele… duele mucho… Me voy a morir…
Aún abrumado por el dolor, apenas podía mover los dedos, retorciéndose en agonía.
Al verlo así, Kang Hyuk dudó.
«¿Cómo hacerle esto a alguien que sufre tanto?».
—Ah… Choi Min-ah, me duele…
Geonsik, cegado por el dolor, ni siquiera reconocía a la persona frente a él. Estiró un brazo tembloroso y agarró el brazo musculoso de Kang Hyuk.
—Choi Min-ah, Choi Min-ah… ayúdame…
¿Qué sentiría Kang Hyuk al escuchar el nombre de otro hombre en los labios de su amado?. Su mirada era indescifrable: ¿ira, tristeza, dolor? Una mano grande y cálida acarició la mejilla de Geonsik, quien, al sentir el tacto, relajó el ceño fruncido y esbozó una débil sonrisa.
—Tranquilo, soy yo.
La voz grave y resonante de Kang Hyuk sonó extrañamente triste. Sus labios se posaron sobre la frente sudorosa de Geonsik, dejando un sabor salado y dulce que hizo que la boca se le llenara de saliva.
—No te preocupes.
La voz era tierna, pero su miembro, enorme y despiadado, penetró sin piedad en Geonsik.
Desde que llegaron al motel y olió la feromona de Geonsik, ya había crecido hasta un tamaño intimidante.
—¡Ah…! Duele… Es demasiado… grande…!
Aunque Choi Min lo había preparado, el cuerpo de Geonsik no estaba listo para algo tan enorme. El dolor era tan intenso que, por un momento, olvidó la agonía anterior. Claro, ahora sentía otro tipo de tormento, pero comparado con lo de antes, esto era tolerable.
—Ah… ¿Moon Kang Hyuk?
Su visión nublada se aclaró un poco, y finalmente reconoció al hombre que lo miraba desde arriba, sereno como una estatua.
—Sí, soy yo.
Los labios de Kang Hyuk besaron sus párpados. Izquierda, derecha, izquierda otra vez… eran increíblemente suaves.

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TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN