Capítulo 59
Mientras Geonsik estaba inconsciente, los cuatro hombres se miraban desafiantes en el pasillo del hospital, gruñéndose entre sí.
—Señor Choi Min, ¿no es cierto lo que dijo el señor Jihan sobre el dinero y la deuda de la última vez? ¿Qué diablos hizo?
—…Aunque tengo parte de culpa, también ellos tienen su parte. Pregúntele a ellos.
Choi Min lanzó una mirada de reojo a Kang Hyuk.
—Fue usted quien presentó al señor Yoon Jihan, así que su responsabilidad es mayor.
Kang Hyuk confrontó a Choi Min a gran voz, mientras el rostro de Jaeyoung se endurecía instantáneamente.
—¿Qué le hicieron al señor Jihan? ¿Extorsión? Espero que no sea lo que estoy pensando.
—¡Qué le hicieron a Jihan! ¿Qué le hicieron para que colapsara echando esjuma por la boca?
Soo-oh, arrastrado por el ambiente amenazante de Jaeyoung, gritó sin pensar.
—Sería espuma, y tú también debes haberle hecho algo. ¿No fuiste tú quien robó y exhibió su ropa interior?
—¡No fui yo!
—Qué ridículo. Aquí el único capaz de hacer eso eres tú. Claramente no pudiste hacer nada con Yoon Jihan, así que te dedicaste a coleccionar sus pertenencias. Eres patético.
—¿Qué? ¿Gato negro? ¿Insinúas que a Jihan le gustan los gatos? ¡Yo soy un gato sexy!
De repente, “patetico” se había transformado en un gato negro.
—Patético y además ignorante.
—¿Qué? ¿Ignorante? ¡Viniendo de un matón!
—¿Quieres morir?
—Ya basta los dos. No están en posición de alzar tanto la voz.
Jaeyoung silenció a los dos que estaban alborotando el pasillo de la habitación de Geonsik
—¿Y usted está en posición de decir eso?
Una voz gélida golpeó a Jaeyoung.
—Según lo que cuenta el señor Yoon Jihan, quedó un tipo que grabó videos extraños para chantajearlo. ¿No es usted? Además, el médico mencionó que las heridas en el tobillo de Jihan parecen causadas por estar atado. ¿Tampoco fue usted?
—¿Qué? ¿Atado? Este hijo de puta no recibió suficientes golpes antes.
—Señor de los lentes, pervertido. Está completamente loco.
Choi Min volvió a levantar el puño amenazadoramente, mientras Soo-oh miraba a Jaeyoung con desprecio.
—Señor Soo-oh, no debería hablar de pervertidos. A esto se le llama “igual que el otro”.
—¿Qué es eso de “igual que el otro”? Señor matón, golpee a ese señor de los lentes. No, golpéelo dos veces.
Soo-oh tiró de la manga de Choi Min, incitándolo a la violencia.
—Cuidado tú también. Como dice ese tipo, tú tampoco eres normal.
—¿Es normal tratar a alguien como un objeto por una deuda?
—¿Qué? ¡No murmulles! ¡Si tienes algo que decir, dilo alto!
—Dije que es vergonzoso que dos personas obligaran a Jihan a prostitución por una deuda.
La discusión circular parecía no tener fin. Todos estaban enojados. Era un enojo hacia los presentes, pero también hacia sí mismos. Todos sabían que no había diferencia entre ellos.
—Ya basta todos.
Fue Kang Hyuk quien puso punto final a la pelea que parecía interminable.
—No deberíamos estar peleando entre nosotros. Tampoco deberíamos estar enojados.
Los tres hombres entendieron inmediatamente las palabras de Kang Hyuk.
Cierto. No debían pelear entre ellos. No tenían derecho a estar enojados. La única persona con derecho a estar enojada era el hombre que ahora yacía en la habitación.
Si lo que les había hecho “encontrarse con todos ellos y hacerles pasar por tantas dificultades” era un castigo, estaban dispuestos a aceptarlo.
Si con esto pudieran aliviar un poco la ira de Geonsik, si pudieran obtener aunque sea un poco de perdón, ellos estarían dispuestos a hacerlo.
Porque ya se habían convertido completamente en la parte subordinada. El subordinado no podía hacer más que ceder ante el dominante.
* * *
—Tiene razón. Comparado con nuestros errores, los suyos son insignificantes. Si con esto puede perdonarnos un poco, lo aceptaremos.
Kang Hyuk nunca había pensado que diría algo así. Jamás había imaginado suplicar perdón a alguien. Y ahora estaba pidiendo perdón a alguien a quien consideraba insignificante. Sin embargo, no se sentía herido en su orgullo ni se sentía mal. Solo deseaba ser perdonado.
—Si tú quieres, puedo soportarlo. De verdad.
Soo-oh lo declaró como si estuviera tomando una gran decisión, apretando sus puños frente a su pecho. Estaba asombrado de ser un pez en el banco de Geonsik, pero aceptaba que Geonsik fuera el dueño de ese banco. Incluso estaba feliz por ello.
—Señor Jihan, si este es su castigo o su herida, lo aceptaré completamente.
Para Jaeyoung, el castigo de su salvador era casi como una recompensa. Pensándolo así, podía aceptarlo todo.
«¡Pero… ¿qué diablos es este giro de los acontecimientos!»
Geonsik gritaba mentalmente ante el radical desarrollo del libro. Ni siquiera pensaba que él fuera responsable de este giro.
«¿Puedo simplemente seguir este camino?»
La pregunta sin opciones solo daba vueltas vacíamente en su mente.
***
—¿Está todo listo?
Geonsik miró rápidamente la habitación donde acababa de mudarse. Era aproximadamente 1.5 veces más grande que su anterior habitación en sótano, pero seguía siendo pequeña como la palma de una mano. Aun así, con el nuevo suelo y el empapelado, parecía decente.
Terminó de ordenar sus pocas pertenencias y salió al patio. Un patio que no era más que un pequeño terreno cubierto de cemento gris.
Había muchos desperdicios de la mudanza apilados. Geonsik separó las cajas vacías y los plásticos, y los llevó al punto de reciclaje cerca de la casa. Aunque estaba cerca y era conveniente para botar la basura, el olor era un poco molesto. Afortunadamente, como era invierno, el olor era menos intenso.
—Uf, qué frío.
Había salido con ropa ligera y el frío invernal lo molestaba. Frotándose los brazos con las manos libres, corrió rápidamente a su nuevo refugio.
Aunque estaba en el mismo barrio, ya no estaba en un sótano, así que la calefacción funcionaba bien y la habitación estaba cálida.
Geonsik se metió en el futón ya preparado. Su cuerpo helado se derritió rápidamente con el calor.
Después de despertar en el hospital, Geonsik había estado un poco desconcertado por el desarrollo inesperado, pero volvió a repetirse como un mantra “por el bien de Dajeong” y decidió aceptar toda la situación.
Si hay que romper, se rompe, ¿qué más da? A menos que la situación fuera injusta, Geonsik estaba preparado para aceptar casi cualquier cosa.
Así, Geonsik se recompuso una vez más y al día siguiente por la mañana completó los trámites de alta hospitalaria.
Y pronto, el problema estalló.
—Jihan, vámonos a mi casa.
—Oye, ¿por qué va a ir a tu casa? Vendrá a la mía.
—Dejen de decir tonterías. Es obvio que ninguno está en condiciones de cuidar a un paciente.
—Está bien. Simplemente quédese en el hotel. Haremos los arreglos para que pueda hospedarse a largo plazo en la habitación donde se quedó la última vez.
El destino de Geonsik después del alta era un problema. Todos estaban peleando por llevárselo. Incluso con todos gritando con las venas del cuello hinchadas, Geonsik solo ladeaba la cabeza.
—¿Por qué diablos iría a sus casas? Es agobiante. Y además, ¿quiénes son ustedes para decidir eso?
Todos estaban sirviendo el caldo antes de que siquiera se hubiera ofrecido el pastel.
Geonsik no quería recibir tanta amabilidad de ellos. Le resultaba agobiante y no creía merecer tal consideración. Por supuesto, no sabía cuánta decepción les causaba su empecinamiento en vivir solo.
—Me encargaré yo mismo, así que dejen de meterse. Puedo cuidarme solo.
Con la declaración decidida de Geonsik, los cuatro hombres no pudieron hacer más que callarse. Si él lo quería, tenían que dejarlo hacer.
Nada más salir del hospital, Geonsik corrió solo a una inmobiliaria cerca del barrio donde vivía antes, buscando desesperadamente un apartamento en alquiler que se ajustara al dinero que le quedaba del premio de lotería. Con un cuerpo que le dificultaba trabajar, necesitaba ahorrar al máximo. El agente inmobiliario se quejaba de lo difícil que era encontrar alquiler hoy en día y le mostró algunos apartamentos en la cima del barrio.
Algunos estaban en sótanos como antes, otros en el ático del edificio. Después de mucho buscar, encontró este lugar donde ahora vive.
Era un lugar normal en superficie, suficientemente bueno para vivir solo. Estaba limpio con el papel tapiz y el suelo nuevos. El único problema era que costaba casi todo su presupuesto, pero como podía mudarse de inmediato, Geonsik procedió con el contrato.
Geonsik estaba orgulloso de haber conseguido un alquiler en Seúl, un lugar que los cuatro hombres seguramente criticarían.
TAN, TAN, TAN.
El ruido metálico hizo que Geonsik se incorporara de golpe en la cama. Girando la cabeza, notó la luz del sol entrando por la pequeña ventana. Parecía que había dormido hasta que el sol estaba en lo alto, probablemente agotado por la mudanza.
TAN, TAN, TAN.
Con su aspecto recién levantado, Geonsik salió a la entrada. El patio gris había amanecido blanco, quizás por la primera nevada nocturna.
—¿Quién es?
Su voz, aún somnolienta, preguntó por la identidad del visitante matutino.
—Soy yo.
—¿Choi Min?
Sin dudarlo ni un segundo por la voz familiar, Geonsik abrió de par en par la puerta azul. Fuera estaba Choi Min, vestido con un traje impecable y un abrigo largo.
—¿Cómo supiste dónde estoy…?
No era posible que ellos no supieran dónde estaba Geonsik Por mucho que él les dijera que lo dejaran en paz, ellos no podían hacerlo. Además, después de haberlo perdido una vez, era impensable que se quedaran quietos.
—Ven a comer conmigo.
Choi Min acarició la mejilla de Geonsik, quien aún parecía medio dormido. La punta de sus dedos era tan fría como la nieve en el suelo, lo que hizo que Geonsik despertara completamente.
Choi Min había venido corriendo esa mañana porque lo extrañaba tanto. Recordando que a Geonsik le gustaba la ropa arreglada, se había vestido elegantemente y se había peinado.
Con el corazón latiendo, se había detenido frente a su humilde casa. Detrás de esa puerta estaba él, ese hombre audaz que ya no huiría de él.
Aunque solo necesitaba abrir la puerta, por alguna razón le costaba tocar. ¿Qué diría? ¿Hola, buenos días? Qué vergonzoso. ¿Dormiste bien? Algo no estaba bien. Después de pensarlo un rato, Choi Min se sacudió las manos entumecidas por el frío y tocó la puerta.
Un momento después, Geonsik abrió. Con los párpados ligeramente hinchados, el cabello revuelto y la cara brillante, Choi Min estuvo a punto de decirle lo hermoso que se veía en lugar del saludo que había ensayado.
—¿Comida?
—Sí, ven a comer conmigo.
Cuando la mano que le acariciaba la mejilla le dio un golpecito en la mejilla, Geonsik se frotó los ojos pegajosos.
Un hombre vestido completamente de negro en un mundo blanco lo miraba sonriendo. Era una imagen extraña pero que no dejaba de atraer la mirada.
—Tengo hambre.
—¿Eh? Oh. Espera un momento. Me lavaré y cambiaré.
Sin preocuparse de cómo Choi Min había llegado hasta allí, Geonsik corrió rápidamente a su habitación.
—Hace frío afuera. Espera dentro.
Gritó a Choi Min mientras entraba en la habitación. Choi Min entró con cuidado.
La habitación era sencilla. No parecía muy diferente de su antiguo sótano, solo un poco más grande. A los ojos de Choi Min, seguía pareciéndose a aquella habitación de sótano. Pensar que Geonsik vivía en un lugar así le molestaba. Lo único bueno era que había una ventana por donde entraba algo de luz y una pequeña cocina.
—Me has sorprendido viniendo de repente. Pero, ¿realmente cómo supiste dónde estoy?
Geonsik, que se había lavado rápidamente y puesto un poco de champú, salió secándose el pelo con una toalla.
—Hay formas de saberlo.
Sabía que los demás también ya conocían su dirección. Esas bestias no permitirían que Geonsik saliera de su vista nuevamente.
«Ah, tal vez uno aún no lo sepa. Ese idiota.»
Choi Min se rió al pensar en Soo-oh.
—¿Por qué te ríes de repente?
—Nada. Termina de prepararte.
Geonsik le lanzó una mirada de reojo, tiró la toalla húmeda en una cesta de ropa rosa y comenzó a cambiarse. Mientras se quitaba la camiseta blanca y los pantalones cortos grises que usaba para dormir y se ponía un sudadera gris y pantalones de entrenamiento negros, Choi Min no dejaba de mirarlo.
—No mires.
—No estoy mirando.
A pesar de mirarlo de reojo, Choi Min apartó la mirada. Refunfuñó sobre cómo se cambiaba abiertamente y luego lo regañaba.
Choi Min, que aún estaba en la mañana y con mucha energía, y que estuvo a punto de tener un problema entre las piernas, cantó por lo bajo para calmarse.
—Vámonos.
—¿Y el pelo? ¿No lo vas a secar?
—No tengo secador. Se secará mientras caminamos.
Choi Min miró con ojos severos el cabello que aún goteaba.
—Te vas a resfriar.
Choi Min tomó la toalla del cesto de ropa y secó meticulosamente el húmedo cabello de Geonsik
Geonsik solía ser así. Preocupándose por los asuntos de los demás con una meticulosidad exagerada, pero descuidando los suyos propios. A Choi Min eso le molestaba. Primero uno debe cuidarse a sí mismo antes de cuidar a otros. Sus manos para secar el cabello parecían rudas, pero eran increíblemente cariñosas.
—Estoy bien. No me voy a morir.
Geonsik se sentía avergonzado como un niño pequeño dejando que otro le secara el pelo. Casi nunca lo había hecho, así que se sentía incómodo.
—Sí, te vas a morir. Si sales sin secarte, morirás conmigo.
Pensó que si tenía hambre, no debería perder el tiempo en esto. Pero como los movimientos de Choi Min no eran desagradables, Geonsik dejó que secara su cabello en silencio.
—Vaya barrio. Ni siquiera han limpiado la nieve.
Choi Min finalmente salió de la casa después de secar la mayor parte de la humedad del cabello de Geonsik Miró el camino descendente hacia el pueblo de abajo y se enfureció.
El camino descendente estaba casi cubierto de nieve. Como había nevado bastante, los quitanieves estaban ocupados limpiando las carreteras principales, y era obvio que a este tranquilo barrio le tocaría después. Algunos residentes diligentes habían limpiado la nieve frente a sus casas, pero la mayoría del camino descendente seguía blanco.
—Mano.
—¿Eh?
Choi Min, que ya estaba en la parte superior del camino descendente, extendió su mano. Cuando Geonsik dudó, Choi Min atrapó su mano de manera algo torpe.
Choi Min se preguntaba por qué, después de haber hecho cosas peores, caminar tomados de la mano le hacía sentir tan nervioso y le hacía latir el corazón. Quería decir algo, pero sentía que si abría la boca, su corazón saldría disparado por su garganta.
Geonsik también caminaba con la cabeza gacha, siguiendo con la mirada los pasos de Choi Min. Se decía a sí mismo que el rubor en su rostro era por la vergüenza de un hombre adulto caminando de la mano con otro hombre.
Sus manos entrelazadas estaban tan sudorosas que parecían arder, pero ninguno dijo una palabra. Al final del camino, subieron al auto que estaba estacionado.
Choi Min encendió el calefactor al máximo y activó el asiento térmico del pasajero.
Aunque debía conducir, el sudor en sus manos era tanto que no podía agarrar el volante.
Había encendido el calefactor para que Geonsik no tuviera frío, pero él mismo se sentía al borde de la locura por el calor.
¡TRRRR!
El repentino sonido de un teléfono en el bolsillo de su abrigo hizo que Choi Min metiera rápidamente la mano, casi dejando caer el móvil por el sudor.
—¿Diga? ¿Qué? Maldita sea, ya entendí, déjalo.
Después de una breve llamada, Choi Min se rascó incómodamente la nuca y mordisqueó su labio.
—¿Pasó algo?
Geonsik, que había estado observando su rostro todo el tiempo, preguntó. La expresión de Choi Min estaba tan arrugada que era evidente que algo malo había sucedido.
—Es que… surgió un problema en la empresa y tengo que ir de inmediato.
Choi Min bajó la mirada, avergonzado.
—Oh, ¿y la comida?
Lo primero que recordó Geonsik fue que Choi Min había dicho que tenía hambre.
—¿Quieres venir conmigo? En una hora termino, y podemos ir a comer sopa de morcilla en la oficina como habíamos planeado. No pudimos comerla antes.
Choi Min rescató un recuerdo de hacía mucho tiempo cuando Geonsik quería comer sopa de morcilla, aferrándose a él. Añadiendo palabra tras palabra, esperaba temeroso la respuesta de Geonsik
—¿Sopa de morcilla? Sí, me parece bien.
En cuanto Geonsik estuvo de acuerdo, las nubes oscuras que cubrían el rostro de Choi Min se disiparon y salió el sol. Si Geonsik hubiera dicho que no, habría sido como una tormenta en su rostro.
—Pero, ¿puedo acompañarte? ¿No te estaré estorbando?

RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN