Capítulo 8
Robertick me extendió su mano. Apreté los dientes con repulsión, pero no tuve más remedio que tomarla.
Tenía que asegurar el bienestar de mi abuelo.
—¡…Edith!
—¡Abuelo! —ante mis ojos, apareció la figura de mi abuelo arrodillado entre caballeros que parecían ser las tropas del Gran Duque.
—Robertick Arne Haylian! ¡Incluso tú te atreves a arrebatarme a mi nieta! —una mirada de odio apareció en el rostro de mi abuelo.
Robertick tomó suavemente mi mano y, mientras caminábamos lentamente respondió. —Debería medir sus palabras.
Soltando mi mano, Robertick se acercó hacia mi abuelo.
Sin saber por qué lo hizo, corrí hacia mi abuelo y lo abracé con todas mis fuerzas.
—Soy su padre. Haría cualquier cosa para garantizar la seguridad y la felicidad de Edith.
—…Tú, mocoso. —abrazándome, mi abuelo gruñó, era un sonido gutural, casi animal.
Con el corazón acelerado abracé a mi abuelo, lentamente abrí mis ojos, los cuales había mantenido cerrados y miré a mi alrededor.
—¡…!
Y entonces lo vi de pie. Con la cabeza gacha entre los caballeros, se encontraba el posadero.
Aquel hombre fue, lo supe al instante. Quién había informado a Robertick sobre mi paradero.
Apreté los dientes. No tenía ninguna intención de seguirles el juego.
—¿Por qué haces esto?
—¡Edith!
Solté los brazos que rodeaban el cuello de mi abuelo y me di la vuelta.
De pie, con la espada clavada en el suelo, Robertick me miraba desde arriba.
—¿Qué? —preguntó con cariño.
Grité, apenas conteniendo las náuseas que me subían por la garganta. —Te dije que no tenía intención de seguirte. Entonces, ¿qué demonios es esto? ¿Por qué nos estás reteniendo a mi abuelo y a mí?
Lo sabía, sabía que la situación no iba a cambiar por mucho que hiciera esto. Pero me daba demasiada rabia como para obedecer sin pelear. Creía que solo así, gritando descontroladamente, podría soportar lo inevitable.
—…Siorn Arcaitz Basteban.
Sin embargo, la mirada y la voz de Robertick no iban dirigidas a mí, sino a mi abuelo.
Preguntó con calma. —¿Cómo diablos educaste a Edith?
«…¿Qué?»
Miré a Robertick confundida, como si me hubieran golpeado la cabeza.
—Deben haber puesto a la niña en contra mía, le han lavado el cerebro. Es obvio, basta con verlo.
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«Dicen que delirar, sacar conclusiones precipitadas y cuestionar a los demás es señal de locura. Así que Robertick estaba realmente loco.»
—¡No es cierto! ¡Nunca antes había escuchado hablar de mi padre, no hasta que usted vino a buscarme! —grité de frustración.
La mano de mi abuelo, la que me sujetaba del brazo, temblaba ligeramente.
—Edith. —Robertick me llamó.
No me detuve, lo miré fijamente a los ojos. —Pase lo que pase, no te seguiré. ¡Me quedaré con mi abuelo hasta la muerte!
—Edith… —mi abuelo me llamó débilmente.
Miré a Robertick enojada, intentando contener las lágrimas de ira y tristeza.
—…Ja. —Robertick soltó una carcajada y luego desenvainó su espada plateada.
—¡!
En ese momento, una brisa sopló, una que hizo ondear mi cabello.
—¡Abuelo! —la punta de la espada de Robertick pasó junto a mí y apuntó al cuello de mi abuelo.
—No solo te atreviste a ocultar la existencia de mi hija, sino que ahora incluso estás intentando robármela. —su cabello se había vuelto completamente blanco. Robertick retorció la hoja de la espada y murmuró a su vez—. ¿Cómo piensas pagar el precio por eso?
La expresión que apareció en el rostro de Robertick era una que nunca había visto antes.
{—¡Edith!}
{—¡Qué bueno, por fin te sientes con ánimo de hablar con tu padre!}
{—¡Edith… por favor! ¡¿Por qué actúas así…?!}
Siempre sonreía con dulzura o lloraba con tristeza.
Una persona con la cabeza llena de flores*, alguien que no estaba en su sano juicio.
Estoy segura de que así se veía…
*Es una metáfora para alguien ingenuo, soñador o fuera de la realidad.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
«¿De quién demonios, era ese rostro tan escalofriante?»
Se me puso la piel de gallina. No podía ni pestañear.
«¿Era su interior, despojado de todas las máscaras, realmente tan aterrador y frío?»
«A menos que su personalidad hubiera cambiado por completo, ¿cómo podría ser así?»
—…¿Qué es lo que quieres? —mi abuelo habló con voz débil.
…No, creer que estaba débil fue solo una ilusión mía.
—¿Qué más quieres de mí, tú que me has quitado mi honor, mi linaje, mi título y, finalmente, hasta a mi hija?
Mi abuelo estaba furioso en silencio.
—Ahora también voy a reclamar mis derechos de posesión. Y Edith no es la excepción. Esa niña no puede ser tuya. Yo la crie. Desde el mismo instante en que nació, envuelta en la membrana dentro del vientre de su madre, hasta este preciso momento. No pongas excusas hablando de paternidad o lazos de sangre. Para mí también, Edith es la única descendiente que Mariette dejó en este mundo. —la mano de mi abuelo me agarró con fuerza por el hombro.
—…¿Qué debería hacer? —Robertick habló como si las palabras de mi abuelo fueran absurdas—. Lo que deseo es precisamente a mi hija.
—…
—¿Y qué va a ofrecer a cambio de eso? No… ¿acaso le queda algo que pueda ofrecer?
Fue horrible. De verdad, horrible.
—Oh, me equivoqué. Tienes algo.
«¿Qué significaba la punta de la espada rozando descaradamente sobre el cuello de mi abuelo?»
Odiaba a Robertick. No era solo antipatía, era repulsión.
Verlo burlarse de su benefactor y mentor después de haberlo arruinado, realmente me helaba la sangre.
« Pero él poseía poder. El poder de actuar con tanta arrogancia y maldad sin pagar ningún precio. Y ese poder…»
—Basta.
«También tenía el potencial de ser mío algún día. Maldita sea.»
—Iré con usted, señor.
«Si yo fuera la hija de Robertick.»
—¡Edith!
El grito de mi abuelo resonó en mis oídos, y Robertick me miró.
—… Eso es… —Robertick murmuró entrecerrando ligeramente sus ojos.
Levanté la vista hacia sus ojos, unos ojos que siempre había evitado, que no quería reconocer, pero que tenían la misma luz que los míos.
—Iré a casa del Gran Duque. Tío, no… según la voluntad de mi padre.
Los ojos, que antes caían con una mirada feroz, se abrieron de par en par.
Yo lo miré en silencio, observando su agitación. Y entonces, pensé:
«El vínculo de sangre que nos une es tan claro e inquebrantable. Así que, en un futuro, el poder que has acumulado me pertenecerá por derecho. Cuando ese día llegue, yo, una mujer adulta y con poder, finalmente lo conseguiré, y tú, frágil y debilitado no podrás hacer nada.»
«Lograre restaurar la posición de mi abuelo»
—¡Edith…!
«Te daré el castigo por la arrogancia que has cometido hasta ahora.»
Una sonrisa hermosa y radiante floreció en el rostro de Robertick, como un pétalo que se posa sobre la superficie de un lago.
Pero para mí, que recordaba a la horrible máscara de un momento antes, era una sonrisa aún más escalofriante.
Se arrodilló frente a mis pies y me abrazó con fuerza.
—Gracias por aceptarme como tu padre, de verdad, gracias… Sea lo que sea que desees, haré todo lo posible por conseguirlo. Pase lo que pase, te protegeré… —su sincero susurro llegó a mis oídos.
No había ni una sola palabra que significara algo para mí en esa voz.
Mi mente estaba centrada únicamente en mi abuelo, cuya expresión no pude distinguir desde la distancia.
Probablemente se estaría culpando por mi decisión, y no sabía cómo consolarlo.
Cerré los ojos. La paz que había envuelto mi vida con calidez, ahora se detenía para despedirse de mí.
***
Perion, observando sus figuras desde lejos, apretó los dientes con fuerza.
No quería seguir por un camino salvaje, así que hizo todo lo posible para evitarlo. Sin embargo, ¿era así como iba a terminar todo?
Si le pidieran que nombrara a la persona que más despreciaba, Perion respondería sin dudarlo: Mariette.
Ahora que ella ya no estaba, las personas que Perion más detestaba eran el padre de Mariette, Siorn Arcaitz Basteban, y su hija.
Edith Ronen Basteban.
La hija de Mariette, era como una espina clavada en el costado.
La situación actual de Shastia y Alea parecía impecable a simple vista, pero eso se limitaba únicamente a la residencia del Gran Duque.
{—Gente de baja cuna…}
{—¿Tiene el Gran Duque Haylian la intención de cederle el título de Gran Duquesa a esa hijastra con la que no comparte sangre?}
{—Aunque la joven Duquesa Basteban era un poco celosa, no había nadie de un origen tan noble como ella…}
{—¿Qué mujer en el Imperio podría superar a la hija de un héroe?}
{—Es repugnante de verdad ver cómo esas personas, que no son más que plebeyas, se pasean como si fueran la Gran Duquesa y la Gran Duquesa heredera, sin conocer su lugar.}
{—¡Pensar que el noble linaje de Haylian será interrumpido así, solo por culpa de una viuda!}
Las palabras se podían oír incluso a unos pasos de distancia de la residencia del Duque.
El pueblo llano, ignorante, consideraba a la duquesa de Haylian una mujer virtuosa y bendita que había triunfado finalmente sobre la malvada villana, pero los nobles despreciaban abiertamente a Shastia y Alea.
En el instante en que Perion escuchó con sus propios oídos las palabras que recordaban a la cruel Mariette como una mujer incomparablemente más talentosa que Shastia, tuvo que reprimir a duras penas el impulso de desenvainar su espada de inmediato y cortar la garganta de quien profería semejante disparate.
Pero en esta situación, si apareciera la única hija biológica que llevaba la sangre de Robertick, la hija de la difunta Mariette…
Los nobles la acogerían con gran entusiasmo. Y apoyarían a esa niña como la próxima gran duquesa de Haylian.
—Eso… nunca.
Había que detenerlo por todos los medios. Era demasiado terrible de contemplar, pero si las cosas seguían así, ¿hasta dónde caería la difícil situación de Shastia y Alea?
Esa criatura, sin duda tan venenosa como su madre, nunca dejaría ilesas a Shastia y Alea.
{—Gracias, Perion.}
Ahora que por fin había encontrado la felicidad, la idea de que Shastia lo perdiera todo y fuera expulsada, hacía que Perion sintiera ganas de vomitar sangre.
—…
Perion fijó su mirada llena de odio en Edith. Aunque era la hija de la detestable Mariette, no deseaba manchar sus manos con su sangre.
Pero ahora, solo le quedaba este camino. El último recurso que usaría si Edith y Siorn, fueran atrapados por Robertick.
Perion decidió matar a Edith Ronen Basteban.

TRADUCCIÓN: VALK
CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: VALK
RAW HUNTER: ACOSB