Capítulo 55
* * *
—UF…
Un gemido escapó de mis labios involuntariamente.
Hice un gran esfuerzo por mover mi cuerpo rígido y entumecido, y apenas logré levantar los párpados.
—¿Dónde… estoy?
Durante un buen rato, me quedé mirando sin comprender la escena que se desplegaba ante mis ojos.
El lugar donde desperté, después de haber perdido el conocimiento tras ser engullida por una misteriosa ráfaga negra, era un bosque tranquilo situado detrás de un majestuoso y espléndido castillo, tan grandioso que no tenía nada que envidiar al Gran Ducado de Haylian.
¿Qué demonios?
Parpadeé, contemplando la escena que tenía ante mí: un cielo tan azul como nunca había visto, atravesado por las afiladas agujas del imponente castillo.
Una bandada de pájaros blancos volaba por la tranquila extensión del cielo.
¿Por qué el interior de esta invitación, a la que fui arrastrada por una niebla negra tan ominosa, desprendía un ambiente tan pacífico y soleado?
PLOP…
—¿Oh, Dios mío?
¡¿Qué?!
En ese momento, oí el sonido de alguien acercándose y una voz amable exclamó con sorpresa.
Me sobresalté, y desde la posición desordenada en la que estaba tirada, me incorporé de golpe y giré hacia la dirección de donde provenía la voz.
—Una joven señorita que, a primera vista, parece de una nobleza extraordinaria… ¿cómo es que ha terminado sola en un lugar como este?
Una joven que, por su aspecto, parecía una sirvienta, me miraba con expresión sorprendida.
Era una persona viva, de carne y hueso.
«… ¿Qué está pasando aquí?»
Sin comprender la situación, la miré atónita.
—¿Es esta la joven que ha acompañado al huesped…? ¿Cómo se llama?
—…
¿Será seguro hablar con ella?
Por mi cabeza pasaron, como una ráfaga, todas las historias de fantasmas que había leído en mi vida anterior.
En esos relatos, responder sin cuidado o seguir a alguien que te invitaba solía terminar, nueve de cada diez veces, en una muerte horrible.
Pero… conteniendo las lágrimas, pensé:
«Permanecer en silencio tampoco me ofrecía ninguna solución.»
—Yo… estoy perdida.
Por ahora, intentaría continuar la conversación sin revelar demasiado sobre mi identidad.
—Oh, querida, ¿es así? ¿Podrías decirme a qué familia perteneces? Me encargaré de que te lleven de vuelta con tu familia.
—No… bueno, no lo recuerdo muy bien…
¿Cómo iba a mencionar el nombre de Haylian si no sabía dónde estaba, ni siquiera si esto era el mundo real…?
Lo mismo se aplicaba a Basteban.
Y había una regla fundamental en las historias de terror: nunca revelar tu verdadero nombre.
Especialmente a alguien que apareció de repente en este lugar extrañamente tranquilo.
—…
Ella se quedó en silencio por un momento ante mi respuesta, mirándome fijamente.
Luego, con una sonrisa amable, me tomó de la mano y me ayudó a levantarme.
—Primero, no nos quedemos aquí. Iremos a la residencia del Duque.
—¿La residencia del Duque?
Repetí de inmediato, sorprendida por la palabra que acababa de salir de los labios de la sirvienta.
Esta ladeó la cabeza, como desconcertada por mi reacción, y dijo:
—Este lugar es la residencia del Duque Candel. ¿No lo sabía?
—¿Qué……?
¿Pero qué demonios? ¿A dónde rayos he sido arrastrada?
El pánico se apoderó de mí y me paralizó mientras miraba a la sirvienta.
Después de haber sido absorbida por esa figura negra que salió de la invitación que abrió Oried, me encontré ante una mansión espléndida y majestuosa.
Y resulta que esta mansión… no era otra que la residencia del Duque Candel.
Pero esa familia… fue completamente aniquilada, tanto que la historia dice que fue “borrada” como castigo por haber cometido un tabú, mucho antes incluso de que yo naciera.
Entonces, ¿por qué ahora parece tan intacta, con incluso sirvientes trabajando aquí?
¿Dónde demonios estoy…?
—Vamos, vamos. Entremos primero. No sé qué historia hay detrás, pero…
La sirvienta, que me sostenía suavemente del brazo mientras yo permanecía aturdida, me miró con una expresión extraña y dijo:
—Si va a la residencia del Duque Candel, todo estará bien.
* * *
Atrapada en un torbellino de miedo y confusión, con la mente casi en blanco, entré en la residencia del Duque Candel.
—…
Era una imagen completamente opuesta a lo que, de forma inconsciente, había imaginado: un nido de maldad.
En lugar de eso, reinaba una atmósfera serena y cotidiana.
Los sirvientes realizaban sus tareas mientras conversaban entre sí de vez en cuando, y caballeros y damas elegantemente vestidos pasaban a mi lado con paso tranquilo.
¿Qué es esto…? ¿Por qué todo parece tan… pacífico?
Atónita, miré a mi alrededor sin saber dónde fijar la vista, mientras la doncella me guiaba de la mano por los pasillos de la residencia Candel durante un buen rato.
Hasta que, en un momento dado, ella se detuvo ante un enorme salón.
—Bien, entremos.
Me condujo al interior.
El salón era tan vasto como un océano, comparable incluso al gran salón del palacio imperial.
En el suelo se extendía un inmenso símbolo, tan grande que era imposible imaginar cuántas personas habían trabajado para dibujarlo.
Al pasar sobre el diseño, que representaba una serpiente enrollada en círculos superpuestos, no pude evitar quedarme asombrada por su magnitud.
—…Pero este símbolo… siento que lo he visto antes.
¿Dónde fue…?
«Ah.»
En ese instante, lo recordé.
La invitación que había llegado de la familia Candel.
El emblema grabado en el suelo bajo mis pies era el mismo que aparecía en la invitación, solo que multiplicados cientos de veces en tamaño.
Y justo al darme cuenta de ello, percibí que la doncella, con su mano suave y firme, me conducía hacia el centro de aquel inmenso diseño de color negro.
Entonces, aquello que antes había pasado por alto, impresionada por la escala del salón, empezó a entrar en mi campo de visión.
Cuanto más nos adentrábamos hacia el centro del símbolo, más clara se hacía la escena:
niños que parecían de mi edad, numerosos hombres y mujeres jóvenes, ancianos…
Había al menos varios cientos de personas, sentadas en grupos, orientadas en distintas direcciones.
Como si estuvieran estrictamente divididos por edades….
Algo no estaba bien.
La mano que sostenía comenzó a humedecerse con sudor.
Una sensación de mal presagio, tan intensa que me hizo preguntarme por qué no la había percibido antes, me invadió de repente. Justo cuando dudaba, a punto de recitar el hechizo de invocación.
¡BAM!
La criada soltó mi mano y me empujó bruscamente por la espalda.
—¿Eh?
La fuerza del empujón me hizo caer de espaldas y estrellarme contra el suelo.
—¿Qué demonios…?
Miré a la sirvienta consternada.
Ella me observaba desde arriba con la misma sonrisa dulce y amable de antes, sin el menor cambio en su expresión.
—Así es. No sé de dónde habrá salido una jovencita tan hermosa y de aspecto tan distinguido como usted… Pero cuantas más ofrendas haya, mejor. Por eso… por favor, conviértase también en un sacrificio para nuestro joven amo.
—… ¿Qué?
Después de que el impacto inicial me invadiera, lo que quedó fue una inquietante señal de alarma.
Sin duda, me había enredado en algo… y de la peor manera posible.
Miré a mi alrededor frenéticamente.
¿Todas esas personas estaban preparadas como ofrendas?
—… Tú, hijo de la vida eterna. ¡Responde a la llamada de aquel a quien bendijiste con un corazón inmortal, Oried!
No sabía si al ser arrastrada dentro de la invitación el vínculo de invocación con Oried se había roto o alterado de algún modo, pero en un momento como este necesitaba desesperadamente su ayuda.
Sin embargo.
—… ¿Por qué?
La invocación falló.
Atónita, recité el conjuro de invocación una vez más.
Sin embargo, el resultado siguió siendo el mismo.
La sirvienta que estaba frente a mí se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás.
Al verla alejarse, me di cuenta.
Quizás este lugar no era la realidad, sino el mundo dentro de la invitación.
No podía decir si se trataba de una recreación del pasado o si realmente había viajado en el tiempo hasta la antigua residencia del Duque Candel… Pero, como alguien que no pertenecía a este mundo, quizás carecía del derecho a invocar espíritus utilizando maná.
—¿Qué? ¿Entonces así… voy a ser sacrificada?
Murmuré aturdida, al darme cuenta.
¿Podría ser que el tabú que jamás debía ser cometido, el mismo pecado por el cual la familia Candel fue aniquilad, fuera en realidad…?
—¿Un sacrificio humano?
Mi corazón se hundió tardíamente.
No tenía idea de a qué clase de ser estaban ofreciendo tales sacrificios, ni tenía cabeza para pensarlo.
UGH…
Intenté levantarme de inmediato para huir de allí de cualquier modo, pero fuera lo que fuera que habían hecho con ese complicado círculo mágico grabado en el suelo negro, no importaba cuánto me esforzara: no podía moverme del sitio donde estaba sentada.
— No… no puede ser…
La desesperación se apoderó de mí mientras me mordía el labio.
¿Qué debía hacer?
¿Cómo podía escapar de esta pesadilla?
En ese instante, todas las personas que estaban de pie alrededor, excepto los que permanecían arrodillados como ofrendas, comenzaron a inclinarse al unísono, de rodillas.
Me estremecí y los observé con sorpresa.
En ese momento, ellos gritaron con voces cargadas de fervor y locura
—¡Ha llegado el joven maestro Mainhardt!
¡WAAAH!
¿Era así como aparecía el líder de una secta religiosa?
Ante aquella escena grotesca y sobrecogedora, me quedé completamente aturdida.
—… ¿Eh?
De pronto, me di cuenta del nombre que acababan de pronunciar.
Un nombre tan familiar que me dejó helada.
—…. ¿Mainhardt?
¿Por qué demonios aparece ese nombre aquí?
No, espera, sí. Podría ser otra persona con el mismo nombre… ¿no? Seguro que es eso, ¿no?
Justo cuando intentaba desesperadamente calmar mi agitación con un pensamiento tan ridículo, una pequeña figura comenzó a emerger de entre la multitud arrodillada.
Miré fijamente a la figura del “joven maestro” que finalmente se había revelado.
Era un niño.
Apenas uno o dos años mayor que yo, como mucho.
Un niño pequeño, aparentemente de la misma edad que Esimed.
Ojos negros azabache que contrastaban con un deslumbrante cabello dorado.
Ese rostro completamente inexpresivo me resultaba extrañamente familiar.
—Ah…
Miré, atónita, al muchacho que pasaba junto a mí, y entonces lo comprendí.
Ese niño era, sin lugar a dudas, Mainhardt.
Era él… en su infancia
Entonces, ¿esto significa que… este lugar es realmente la residencia del Duque Candel en el pasado?
Un nudo de ansiedad me oprimió el pecho mientras miraba a mi alrededor.
La familia que fue aniquilada por haber cometido un tabú tan grave que su nombre mismo fue borrado de la historia…
Una casa noble de antaño, cuna de la Gran Sacerdotisa Elementalista Judith Sephemia Candel, amiga íntima de mi abuelo y compañera de armas en el campo de batalla.
—…Santo cielo.
Y ahora, todas esas personas se arrodillaban ante aquel niño, llamándolo joven señor.
Cuando finalmente logré unir todas las piezas, la verdad me golpeó como un rayo.
Mainhardt era… un descendiente de Judith Sephemia Candel.

TRADUCCIÓN: DULCINEA
CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: DULCINEA
RAW HUNTER: ACOSB