Capítulo 5
[Tras más de una década sin contacto, de repente solicitas asilo. Eres realmente extraordinario. Creía que el tipo que conocía había desaparecido hacía mucho tiempo, ya que te habías metido en política, algo que no creo que sea lo tuyo.]
—…Vaya.
Siorn soltó una risita mientras leía la carta de su amigo, que había llegado en el Rey Espíritu del Viento.
Honestamente, él también sentía que le faltaba vergüenza.
[Todavía recuerdo a tu hija. Era una niña inolvidable. No me gusta mucho ponerme sentimental, pero si no hubiera sido la Duquesa del Imperio Roshan, habría querido convertirla en mi sucesora. Pero que sea la hija de esa niña, me da curiosidad.]
«Ya empezó de nuevo.»
Siorn chasqueó la lengua.
Pensó que los extraños gustos de su amigo habían comenzado otra vez.
[Obviamente será una maga de espíritus, ¿verdad? ¿Ya despertó? No, pensándolo bien, tal vez no. Ojalá lo hubiera evitado. De todos modos, anota el nombre de tu nieta en la próxima carta que envíes. Ah, he dicho suficiente, incluso un cabeza de chorlito lo habrá entendido, ¿verdad? El asilo está concedido. ¡Date prisa y ven!]
Era la respuesta esperada.
Siorn se sintió aliviado y acarició lentamente la frente de la niña dormida.
—Hmm…
—…De verdad te pareces a Mariette.
Cuando la niña cerraba los ojos y se dormía, Siorn sentía una vaga sensación de incertidumbre, sin saber si estaba en el presente o en décadas pasadas.
Fue en la época en que solo su pequeña y adorable hija le quedó después de perder a su esposa.
Cuando caía la noche, la tristeza que había reprimido a la fuerza durante el día lo invadía como un demonio hambriento, y el único lugar donde Siorn, que no podía dormir, encontraba paz era junto a su hija profundamente dormida.
«Mariette…»
Edith era el único pariente de sangre que su amada hija había dejado al morir.
{—…Padre. Aunque me vaya de esta manera…}
{—La protegeré.}
Robin: no se ustedes pero debe haber venganza, no creo a Mariette tan mala y el otro es un kks.
La voz seca que surgía en sus recuerdos le causaba un dolor como si le estuviera partiendo el corazón vivo.
Al mismo tiempo, la extrañaba terriblemente, y por eso, esta noche…
Siorn le juró a su hija muerta una vez más.
—Pase lo que pase, protegeré a tu hija.
El susurro firme llenó la habitación silenciosa y resonó con tenaz soledad.
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La noche anterior, Siorn Arcaitz Basteban había huido con su nieta, tal como lo habían planeado.
—Señor Haldebart.
Perion miró de reojo a su subordinado, que se acercó mientras él contemplaba el pueblo sumido en la oscuridad después de que se fueran.
—¿Ejecutó la orden ahora?
Hubo una ligera duda en sus labios, pero…
—Sí.
La decisión ya estaba tomada.
Al recibir el permiso de su amo, el subordinado hizo una profunda reverencia y desapareció.
¡CRACK!
El rugido de las llamas, burlándose del silencio, golpeó a continuación. Los gritos de quienes no pudieron escapar, los edificios ardiendo y derrumbándose, los gritos desesperados de quienes no pudieron huir.
—Era inevitable.
Perion se susurró a sí mismo, como para consolarse, mientras miraba en silencio la catástrofe.
Aunque en el pasado su fama había sido inmensa, en el presente no era más que un anciano y una niña que huían.
Para asegurar que Robertick no se diera cuenta de ese plan tan chapucero, era necesario causar un desastre de esta magnitud.
Esperando que Robertick creyera que su única hija biológica también había muerto en el incendio.
Perion cerró los ojos.
Su largo cabello verde claro, que brillaba extrañamente bajo la luz roja, ondeaba tras él.
—¿Eh?
En medio de las cenizas que se habían carbonizado por completo, un hombre, la única existencia blanca en el lugar, abrió los labios, desconcertado.
Una voz que no se atrevió a pronunciar escapó de sus labios.
—…Mis disculpas, Su Excelencia. El gran incendio que ocurrió anoche incineró todo el pueblo. Aunque es horrible de reportar, la residencia del ex Duque Basteban también fue completamente consumida por las llamas. A excepción de aquellos que se encontraban fuera del pueblo, no hay sobrevivientes, y el subordinado que se encargaba de la vigilancia fue encontrado muerto. A partir de esto, se puede inferir que fue un incendio provocado con una intención clara.
Perion recitó el informe que había preparado a Robertick.
—…
Pero Robertick estaba actuando de forma extraña.
—¿Su Excelencia?
No hubo respuesta.
Sin darle tiempo a Perion a examinar su estado, Robertick comenzó a caminar.
—¡Su Excelencia!
Se apresuró a seguir a Robertick, pero los pasos de este no tenían rumbo fijo.
¿Qué demonios…?
Perion se mordió el labio ante una suposición que le vino a la mente.
¿La pérdida de esa niña le había impactado tanto?
Al fijarse bien en los pasos de Robertick, que Perion había pensado que vagaban sin rumbo, se dirigían constantemente hacia un solo lugar.
…La dirección donde se encontraba la casa en la que vivía Siorn Arcaitz Basteban.
Robertick simplemente caminaba, sin pensar ni siquiera considerar la expresión que Perion ponía a sus espaldas.
En su mente confusa, la imagen de la niña que había conocido hacía poco se repetía constantemente, floreciendo y desvaneciéndose
¿Cuánto tiempo había pasado desde que había recuperado a un pariente de sangre?
{—¡Robertick, no salgas! ¡Solo tú debes sobrevivir! ¡Prométeme! ¡Prométeme que no harás nada!}
{—¡Padre, padre!}
Había perdido a su padre por las crueles garras del anterior Emperador.
Su madre, que recibió la noticia en su hogar y regresaba apresuradamente a la residencia del Gran Duque, había muerto prematuramente en un inexplicable accidente.
El corazón de Robertick, que había perdido a ambos padres a la edad de diez años, siempre estuvo teñido de un vacío insaciable. Siorn y Mariette se convirtieron en su familia, pero no eran su verdadera sangre.
Algo de lo que Robertick se había arrepentido después de abandonar a Mariette y elegir a Shastia, a quien amaba de verdad, era el hecho de que Shastia ya no podía tener más hijos.
Al elegir a Shastia en lugar de Mariette, Robertick había perdido la posibilidad de tener otro pariente de sangre.
Aun así, Robertick intentaba fingir que estaba bien.
Había amor por Shastia, y se había consolado con el afecto hacia Alea, quien, aunque no compartía su sangre, se había convertido en su hija.
Sin embargo, en el momento en que se reencontró con su verdadera pariente, la alegría y el inmenso cariño que sintió tuvieron un peso incomparable al que había sentido por Alea y Shastia.
En ese breve tiempo, Robertick se había enamorado de Edith.
Pero la pequeña niña no hacía más que rechazarlo sin cesar.
Lo rechazaba fríamente, recordándole a Robertick a la mujer que ya se había desvanecido en lo más profundo de su memoria.
—Todavía…
No había podido hacer nada por ella.
«Quería hacer cosas por ti como padre, como miembro de la familia.»
No he logrado nada de lo que realmente soñaba.
—¿Así es como me dejas?
Hasta hace una semana, soñaba y se emocionaba al visitar la pequeña casa, pensando si hoy por fin lo escucharía, si abriría su corazón.
Ahora, esa casa era un montón de cenizas irreconocible.
Sangre roja goteaba de la mano de Robertick.
Los enormes árboles del bosque, inmunes a las llamas, rugían.
—¡Su Excelencia!
La voz de Perion resonó a lo lejos, pero a Robertick no le importaba.
Un viento cortante y violento se arremolinó alrededor de Robertick, como si estuviera a punto de cortar la garganta y las extremidades de cualquiera que se acercara.
[—Robertick…]
[—Solo nos tienes a nosotros. Confía en nosotros.]
[—¡Matémoslos a todos, hagamos como si nunca hubieran existido!]
Las voces de incontables espíritus nublaron la cordura de Robertick.
—¡No, Su Excelencia!
Perion, observando la escena desde lejos, gritó horrorizado.
«Dios mío, jamás pensé que Robertick perdería la razón de esta manera…»
Perion se mordió el labio, impotente ante el inesperado giro de los acontecimientos.
[—Cálmate.]
Ese fue el momento.
A diferencia de las incontables voces teñidas de pura malicia, una voz clara y pura, llena de razón, despertó a Robertick.
—…¿Ariel?
Robertick pronunció el nombre como si despertara de una pesadilla.
¡WHIRRRRR!
Como respuesta a su llamada, todos los vientos feroces se reunieron en un solo punto.
La pequeña esfera explotó y se arremolinó en un torbellino que cegó sus ojos por un instante.
En cuanto la tormenta amainó, Robertick abrió lentamente los ojos.
[—Ha pasado mucho tiempo.]
Su largo cabello, teñido del color del cielo, estaba trenzado en un grueso mechón y adornado con brillantes decoraciones doradas, meciéndose como si flotara en el aire detrás de su cuerpo.
Unos pendientes de plumas blancas adornaban sus orejas, ondeando suavemente como alas con cada brisa.
Sus ojos penetrantes, fijos en la mirada de Robertick, brillaban como joyas del mismo azul celeste que su cabello.
Un joven apuesto, delgado y de rasgos afilados y refrescantes, flotaba en el aire en una postura lánguida, mirando a Robertick.
Era Ariel, el Rey Espíritu del Viento.
—Tú, por qué…
Robertick se presionó la frente palpitante y alzó la vista hacia Ariel.
En ese instante, un pensamiento repentino lo golpeó, obligándolo a mirar a su alrededor.
Había estado tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta.
Los restos de la casa de Edith habían sido derribados y esparcidos por el viento hacía mucho tiempo.
—¡No, no…!
«¡Qué estúpido! ¿Cómo puedo perder el control de esa manera?»
Robertick contempló las cenizas desmoronándose con los ojos temblando violentamente, odiándose a sí mismo.
Aunque su mente fue manipulada por los Espíritus del Viento a causa de la pérdida de la bendición de dos atributos, esto no debería haber sucedido.
—¡Debería haber restos…!
[—Qué decepción, Robertick.]
La voz del Rey espíritu de la Vida, tras recibir su bendición y marcharse, pareció resonar en los oídos de Robertick.
—¡No, Ilipa!
Robertick gritó como un loco.
—¡Ariel, ayúdame! ¡Hija mía, debo encontrar los restos de mi hija!
Si usaba el poder del Rey Espíritu de la Vida, podría revivir a Edith.
Entonces, si Ariel tan solo le encontraba los restos, él invocaría a Ilipa y la reviviría.
Aunque el Rey Espíritu del Viento que ya lo había abandonado, jamás respondería a esa llamada.
Robertick no estaba lo suficientemente cuerdo como para pensar en eso.
[—Qué patético, ya no puedo seguir mirando.]
El pensamiento de Robertick se detuvo ante una voz mezclada con burla.
Robertick levantó la cabeza, aturdido.
Toda la confusión que inundaba su mente cesó. Si no era una alucinación, Ariel parecía estarse burlando de Robertick.
—¿Ariel…?
Ariel le habló a Robertick, quien murmuraba su nombre distraídamente, como si le hiciera un favor.
[—Tu hija no está muerta.]
Le zumbaban los oídos.
—¿Qué?
Murmuró Robertick, sin comprender las palabras de Ariel.
Como para atormentarlo, Ariel se inclinó, lo miró a los ojos y habló.
[—Escapó de ti antes de eso. Junto con su abuelo materno.]

TRADUCCIÓN: LAI
CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB