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Capítulo 32

***

¡BOOM!

Esimed jadeó con fuerza mientras destruía el enorme bloque de hielo solidificado. Los fragmentos helados volaron como estrellas dispersas. El aire se enfrió rápidamente y, al final, se produjo otra congelación que expandió el hielo sin cesar.

{—Dicen que ya tienen elegida a la prometida de Su Alteza el Príncipe Heredero. }

{—¿Quién es? }

{—¿Lady Edith, no? Después de todo, heredó el talento de Su Alteza el Gran Duque Hailyan y es una elementalista increíble. Parece que quieren reforzar el linaje imperial. }

{—Ah… tú también escuchaste ese rumor. Dicen que Su Alteza el Príncipe Heredero en realidad no recibió la bendición de Phoenix, sino la de un espíritu muy insignificante, y por eso nunca ha invocado un espíritu en un acto oficial. }

{—Quizás ni siquiera recibió la bendición de un espíritu menor… quién sabe.}

Esimed exhaló con furia, respirando entrecortadamente. El Emperador había decidido el compromiso entre el Príncipe Heredero y Edith, y el Gran Duque Haylian lo había aceptado.

Al recibir la noticia, Esimed sintió una ira inexplicable. Su cuerpo se calentó al punto de que le faltaba el aire, con el rostro tan pálido que parecía a punto de estallar en llanto. Le vino a la mente la imagen de Valerian, incompetente y débil, lloriqueando asustado cada vez que él aparecía.

{—Creo que lo más importante no es la venganza, sino la felicidad de este momento.}

{—Aunque al final planeo vengarme, viviré persiguiendo la felicidad del presente todo lo posible. Que los sirvientes hayan sido un poco insolentes no me ha herido profundamente, así que no es importante. Con esto es suficiente. Ya es suficiente.}

Luego, recordó a la chica, sonriendo tan pura como una flor.

Era simplemente insoportable.

No, ni siquiera lograba entender por qué le resultaba insoportable.

Sentía una rabia que parecía inmanejable. Necesitaba despedazar a Valerian de inmediato, arruinar los planes del emperador; solo así podría calmarse.

—¿Debería mostrarme? —murmuró Esimed en voz baja. Siempre había existido una forma de hacerlo.

—Wheelkassel.

Sin comprender del todo la razón de sus actos, el joven, impulsado por sus emociones, procedió a actuar.

* * *

El poder de Wheelkassel, un espíritu de la oscuridad, consistía en distorsionar la percepción mediante el terror. Es decir, se trataba de una ilusión sin sustancia real. El camino que llevaba al castillo donde Esimed estaba confinado era, en realidad, un sendero estrecho y solitario, muy diferente a las ilusiones que veía Edith. Atrapada por el poder de Wheelkassel, esta avanzó obedientemente, guiada por el miedo que él le infundía.

En el camino, un repentino impulso juguetón lo llevó a mostrarle la ilusión de una enredadera con forma humana.

—¡AAAAH!

Recibió un grito desgarrador como respuesta.

—Pff…

Aunque sabía que no debía, Esimed no pudo evitar reírse, al punto de sentirse morir.

—Qué frío.

Y así, finalmente, Edith llegó justo frente a él.

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se enfrentaban físicamente?

Esimed, de espaldas a la puerta, no pudo evitar esbozar una sonrisa debido a una abrumadora emoción que no lograba comprender, y entonces habló:

—¿Podrías abrir la puerta?

Siguió un silencio, como si no hubiera esperado que su voz recibiera respuesta. Se escucharon pasos apresurados retrocediendo.

—¿Fuiste tú quien me hizo venir hasta aquí? —preguntó una voz cargada de sospecha y cautela.

Esimed respondió con naturalidad:

—Sí. Yo te llamé.

Solo hubo un silencio cargado de respiraciones entrecortadas y temblorosas.

—Y, por cierto, ¿olvidaste mi petición? —repitió Esimed con una amabilidad inusual en él—. Dije que abras esta puerta.

Ya había visto que el emperador le había entregado esa reliquia a Edith. Esperó su respuesta, pero ¿qué era esto?

—…

Se escuchó el sonido de Edith retrocediendo, como si intentara huir de nuevo.

Eso no puede ser.

—¿A dónde vas? —preguntó una vez más, pero Edith no respondió.

Ah, cierto.

—…Entonces, no hay más remedio.

Sin siquiera darse cuenta, Esimed, con un leve enfado, intensificó un poco más la ilusión.

TAP, TAP, TAP.

—¡Hm!

Con un sonido que parecía ahogar un grito, los pasos que se alejaban se acercaron rápidamente.

—¿Quieres que él te atrape? Si no es así, abre esta puerta.

—¡La abriré! ¡La abriré!

Junto con su grito desesperado, la puerta crujió y se movió ligeramente.

—¿Eh?

Por supuesto, no se abrió. Se escuchó un sonido de sorpresa.

—Esto no se abre —llegó una voz genuinamente desconcertada.

Si fuera tan fácil de abrir, él no habría estado encerrado allí todo ese tiempo. Esimed contuvo la risa y explicó:

—No se abre así nomás. Tienes un colgante, ¿verdad? El que te dio el Emperador.

—Lo tengo…pero, ¿cómo lo sabes?

Esimed ignoró la pregunta con naturalidad y dijo:

—Si miras detenidamente la puerta, encontrarás una ranura igual que la del fénix tallado en ese colgante. Colócalo allí y presiona hacia abajo.

Hubo un silencio, como si ella estuviera reflexionando.

—¿Estás dudando ahora?

Esimed, cada vez más irritado por la continua vacilación de Edith, manipuló la ilusión para que se moviera más rápido.

—¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH!.

Se oyó un grito aterrador.

—¡Eeeeeek!

Al siguiente instante, un extraño sonido de resonancia que estremeció los tímpanos. Era un sonido familiar, repulsivo y odioso como ningún otro. Pero ahora, mientras lo escuchaba, sintió como si algo estuviera llenando su corazón. No creía que fuera odio.

«¿Qué podría ser? ¿Este sentimiento?»

¡BRRRRRR!

Al abrirse la pesada puerta, apareció la figura familiar de la joven, con los ojos fuertemente cerrados. Incapaz de soportar su descontento, Esimed le dijo:

—Abre los ojos.

Y entonces, se sintió sorprendido. Se dio cuenta de que deseaba mirar a los ojos de esa joven.

«¿Por qué, si eran iguales a los del Gran Duque Haylian, a quien tanto odiaba?»

Mientras se cuestionaba a sí mismo, la joven obedeció su palabra sin rechistar. En el instante en que sus párpados se alzaron con cuidado, él contempló sus pupilas rojas, perdidas en la confusión.

«Ah, ya veo.»

—Cuánto tiempo.

El hecho de que se pareciera al Gran Duque Haylian no era importante. Él solo quería encontrarse con sus ojos una vez más. Esimed esbozó una sonrisa tranquila y saludó a Edith.

***

Y así, al final, había llegado hasta allí. Esimed contempló a la joven que lo miraba con expresión tensa. Ahora sabía el nombre de su sentimiento.

Al principio fue interés, surgido de la malicia; luego, una inesperada sensación de identificación. Con el paso de los días observándola como un ser espiritual, nació el anhelo de encontrarse con ella en un cuerpo tangible. La idea de que Valerian le arrebatara a esa joven lo hizo perder la razón, hasta el punto de atraerla hasta ese castillo.

—No puede ser.

En el momento en que escuchó esa voz temblorosa, llena de conmoción, Esimed contuvo la respiración, comprendiendo tarde el contragolpe que traería haber revelado toda su historia.

Hasta ahora, nunca le había contado su historia a nadie. Porque no había nadie junto a Esimed.

Abandonado en las ruinas heladas, el niño pequeño desató su creciente ira con violencia, sin haber recibido la enseñanza de que no debía dañar a otros seres vivos. Descargaba su furia a través de la violencia, pero esta solo traía más sufrimiento. Esimed, sin entender qué estaba mal, sufría sin fin, atrapado en un ciclo interminable, sin siquiera ser consciente de su propio dolor.

—¿Solo por nacer con el atributo de la oscuridad… encerró a su propio hijo en un lugar como este?

Si la joven frente a él no hubiera aparecido, ese ciclo probablemente habría continuado para siempre. 

—Esto está mal. 

Desde que comenzaron sus recuerdos, el emperador había reprendido sin cesar a Esimed. Le decía que era la semilla de la calamidad que Arcane había enviado al Imperio Roshan, que por su culpa su madre había muerto. Vertía su odio, diciendo que ella había muerto solo para dar a luz a alguien como él. 

Pero Edith refutó completamente todas esas palabras que el Emperador había lanzado contra Esimed. Una cálida temperatura llegó a las manos de Esimed, congeladas por el frío. Él miró fijamente a la joven sentada frente a él. Edith, con una mirada firme como si hubiera tomado una decisión, le agarró la mano con fuerza y le susurró al oído:

—Te ayudaré.

«Te ayudaré.»

Dos ojos rojos y duros, con un brillo resplandeciente, miraron fijamente a Esimed. Él pensó que no podría aguantar más. No, no quería aguantar más. Esimed humedeció sus labios secos por la sangre. Estaba caliente, como si algo se derramara por su garganta.

Así, el Príncipe que había sido abandonado y encarcelado por sus padres debido a su nacimiento, guiado por la mano de la joven que había tomado ese nombre para entregarle odio, regresó al mundo. Finalmente, había encontrado la salvación.

 

  1. El príncipe confinado

Trató a su propio hijo, perfectamente sano, como si estuviera muerto, solo porque había recibido la bendición de un espíritu de oscuridad. Lo encerró en un castillo abandonado cuando apenas tenía cuatro años. Y cuando ese niño, sin haber recibido educación alguna, cometía errores, en lugar de corregirlo, vertía sobre él niveles atroces de violencia y palabras crueles.

—Si eres padre, no deberías actuar así.

No importaba qué maldad hubieran cometido los espíritus de oscuridad décadas atrás, ¿qué tenía que ver Esimed con eso? Ellos eran solo sombras del pasado, y Esimed era un niño que no tenía relación alguna con eso, que simplemente había nacido en este mundo.

Quien lo había hundido hasta ese punto era el emperador, quien, basándose solo en el atributo innato del niño, determinó su futuro y lo abandonó con frialdad.

Ahora todo tenía sentido. La primera vez que se encontraron, por qué Esimed intentó matar al Príncipe Heredero y al Segundo Príncipe… y por qué, mientras miraba los murales del castillo desolado, se refería a ese lugar como su tumba. Era un ambiente que habría vuelto loca a cualquier persona normal. Pero ese niño…

—Esimed.

Al pronunciar el nombre que finalmente había conocido, no pudo evitar torcer el rostro.

¿Confinado cuando apenas tenía cuatro años? ¿Cómo podría haber crecido de manera normal?

Aunque nunca me había agradado el Emperador Oswald, ahora me resultaba repulsivo.

Y el Príncipe Heredero… mi percepción sobre él, a quien antes consideraba un niño inocente hasta el punto de parecer algo ingenuo, comenzó a cambiar. Temblando ante el poder de Esimed, se sentó al margen con indiferencia ante el abuso que sufría su propio hermano. Aunque su padre era todo su mundo y cerraba los ojos por miedo y culpa hacia un hermano que lo amenazaba, en una situación donde ahora comprendía completamente el sufrimiento de la víctima, le resultaba difícil entender sus elecciones. 

Pateé una piedra que tenía a mis pies y distorsioné mis labios.

«Tengo que salvarte.»

Aunque había entrado al palacio imperial para obtener el poder de la familia real y restaurar el honor de mi abuelo, no podía dejar a ese niño así. Por ética humana, no podía simplemente ignorarlo y desviar la mirada. 

Pero existía un juramento que dictaba que cualquier usuario de espíritus de oscuridad debía ser ejecutado al ser descubierto. No tenía idea de cómo rescatar a Esimed. Si revelaba su existencia al mundo, él moriría. Pero si lo dejaba así, continuaría una vida peor que la muerte. 

—Ah…

«¿Qué debo hacer entonces? ¿Qué rencor albergaba ese tal Rey de los Espíritus de la Oscuridad para cometer tales actos…?»

—…Oh. 

En ese momento, un pensamiento brilló como un relámpago en mi mente. 

«El Rey de los Espíritus.» 

En este mundo, los Reyes de los Espíritus eran venerados como dioses. Y yo tenía a tres Reyes de los Espíritus que habían prometido estar completamente de mi lado. 

Sonreí llena de alegría. Había encontrado una manera. Una forma perfecta de salvar a Esimed, condenado a muerte por haber nacido con el atributo de la oscuridad y al mismo tiempo obtener el poder de la familia imperial. 

Me apresuré a regresar por el camino del que había salido. Solo quedaba una semana para la ceremonia de compromiso. Tenía que completar el plan con Esimed antes de eso.

***

Amaneció el día de la ceremonia de concesión del título de Gran Duquesa a Edith Ronen Haylian, hija de Robertick Arne Haylian. 

—Dicen que se parece mucho a la señorita Mariette Idin Basteban… 

—Bueno, viendo su talento innato, ¿no crees que se parece más a Su Alteza el Gran Duque Haylian? 

—Que se comprometa con el Príncipe Heredero nada más aparecer… Parece que Su Majestad el Emperador no quería perderla a cualquier costo. 

La sala del trono del palacio imperial estaba repleta de nobles de la capital. Todos hablaban al unísono sobre la protagonista del día: Edith Ronen Haylian. 

La prohibición de invocar espíritus había sido levantada temporalmente, incluso en un día tan festivo como este, por temor a que pudiera dar la impresión de que el Emperador y el Príncipe Heredero, bendecidos por el gran Phoenix, temían excesivamente las amenazas de un desconocido. Gracias a esto, el palacio imperial estaba lleno de diversos espíritus por primera vez en mucho tiempo, y sus coloridos poderes adornaban suntuosamente el castillo rojo. 

—… 

La Gran Duquesa, sentada al lado del Gran Duque Haylian, mantenía la cabeza gacha, con el rostro pálido. A su lado, su hija, Lady Alea, consolaba a su madre mientras hablaba en voz baja con sus damas de compañía. 

—¡Que brillen con la llama eterna! ¡Presentamos ante Su Majestad el Emperador del Imperio Roshan y Su Alteza el Príncipe Heredero!

Las puertas de la sala del trono se abrieron, revelando las figuras del Emperador y el Príncipe Heredero. 

—Que todos se pongan de pie. 

El Emperador, con gesto despreocupado, hizo una seña con la mano y caminó con paso firme hacia el trono imperial. Sacerdotes con tocados rojos se acercaron, trayendo los objetos que se usarían en la ceremonia de compromiso. El Emperador se situó frente al trono, mientras el Príncipe Heredero ocupó una plataforma ligeramente más baja. 

—Procederemos con la ceremonia de concesión del título de Gran Duquesa a Edith Ronen Haylian y el compromiso con el Príncipe Heredero Valerian Haine Rueiry. 

En el momento en que el Emperador hizo la declaración… 

CRRRIIIK

La entrada de la sala del trono se abrió, y todas las miradas se concentraron en la joven que entraba caminando, con la brillante luz a su espalda. 

La próxima Gran Duquesa, de quien tanto se hablaba, lucía un vestido blanco de encaje hasta los tobillos y llevaba su cabello lavanda, exactamente igual al de su madre, recogido, adornado con pequeños diamantes en forma de gotas de agua. Su hermosa apariencia, similar a la de un pequeño espíritu primaveral, provocó exclamaciones de admiración por toda la sala.

La protagonista del día, Edith Ronen Haylian, alzó la cabeza.



TRADUCCIÓN: KASU
CORRECCIÓN: KASU
REVISIÓN: MIRCEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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