Capítulo 29
La chica se mordió el labio con fuerza.
A diferencia de antes, se acercó sin decir nada, se dejó caer al suelo y, de repente, desabrochó el abrigo de Esimed.
—¿Qué estás haciendo? —Esimed le agarró la mano, tan delicada que parecía frágil.
¡ZAS!
La chica apartó la mano de Esimed con actitud desafiante antes de reanudar lo que estaba haciendo.
UF…
La herida, aún sin cicatrizar del todo, seguía doliendo con un pinchazo agudo.
Esimed dejó escapar un pequeño gemido y apretó los dientes.
Durante un rato, la pequeña mano aplicó en silencio lo que parecía ser un ungüento sobre las heridas del cuerpo de Esimed.
—Invocar a Ilipa te curaría al instante, pero ahora no puedo invocar espíritus. En su lugar, te pondré ungüento.
La chica, que había hablado de repente, terminó de aplicar el ungüento en silencio.
Esimed miró a la chica con un sentimiento indescriptible. La chica, con una expresión claramente agitada, miró con cautela a Esimed a los ojos.
—¿Qué está pasando?
La chica respiró hondo antes de hablar.
—¿Por qué, como si estar encarcelado no fuera suficiente… también tienes que sufrir abusos? —Y con lágrimas en los ojos, pronunció las palabras con dificultad, como si fuera algo que ella misma hubiera soportado—. ¿Cómo te llamas y cuál es tu verdadera condición?
Esimed miró fijamente a la chica.
«Mi nombre. Mi posición…»
{—¡Su Alteza Real!}
—Mi nombre es…
Después de que su primera infancia, que ahora parecía un recuerdo lejano, hubiera terminado, nadie pronunciaba su nombre en voz alta ni se dirigía a él por su estatus original.
Pero, en ese preciso momento, Esimed, sintió una inexplicable oleada de emoción más allá del tiempo fríamente congelado.
—Esimed —mirando a la pequeña niña que tenía delante, pronunció el nombre que solo él había atesorado durante tanto tiempo—. Esimed Has Ruairi. Segundo príncipe del Imperio Roshan y… hijo del actual emperador.
El momento en el que se enfrentó la verdad que había enterrado el Emperador, las pupilas carmesí, que habían brillado intensamente con una vitalidad intensa, ahora estaban manchadas por la conmoción.
* * *
Esimed Has Ruairi.
El niño, olvidado por el mundo y confinado en un palacio abandonado, nació como el Segundo Príncipe del Imperio Roshan.
{—¡Su Majestad la Emperatriz, por favor! Por favor, recupere el sentido…}
{—Mi hijo… mi hijo…}
La Emperatriz, que había concebido a su segundo hijo inmediatamente después de dar a luz al Primer Príncipe Valerian, se encontraba en peligro mortal.
El mismo día en que comenzaron los dolores de parto, finalmente se enfrentó a la crisis que todos temían.
{—La energía del feto es muy inusual.}
{—¿Qué pasa? ¡Respóndeme de inmediato!}
{—A mí también me cuesta creerlo, pero… percibo un frío extremadamente intenso. Una energía tan poderosa solo puede provenir del elemento primario. Lo que significa que…}
El Imperio Roshan fue una nación fundada bajo la bendición de Phoenix, el Rey Espíritu del Fuego.
Incluso si uno no recibía la bendición de Phoenix, era natural recibir la bendición de otros Espíritus de Fuego bajo su mando.
En toda la historia de la familia imperial, nunca hubo quien tuviera un espíritu de otro elemento como atributo principal.
Pero Esimed era diferente.
Esimed nació esparciendo un frío tan intenso en el mundo que congeló el cuerpo de su madre biológica.
{—Aunque casos como este no son comunes, probablemente sea uno en el que el atributo principal se manifiesta inmediatamente al nacer…}
{—¿Se trata del Rey Espiritu del Hielo, verdad?}
El Emperador consideró esta mutación como un asunto grave.
Aunque todos los que comprendían la intención del Emperador intentaron disuadir a la Emperatriz, ella se negó a ceder y procedió con el parto.
La Emperatriz dio a luz al niño, y su cuerpo se congeló mientras lo hacía. Sin importarle que el precio fuera no volver a levantarse nunca más de su cama.
{—Oswald, debo pedirte algo.}
{—No, Elijah. Por favor, no lo digas…}
La cálida luz verde de sus ojos, tan parecida a la de su primogénito, que aún no había sido destetado, se fue apagando poco a poco.
La Emperatriz sonrió levemente y le dejó sus últimas palabras a su esposo.
{—Por favor, ama a nuestros hijos. Para que no sientan la ausencia de su madre…}
{—¡No, Elijah, Elijah!}
La Emperatriz falleció a una edad temprana.
El Emperador quedó completamente devastado por la muerte de su primer amor, su compañera de armas en innumerables batallas.
{—No te preocupes, Elijah. Cumpliré tu promesa.}
Tenía a sus dos hijos, que la Emperatriz le había dejado.
Por lo tanto, tenía que aguantar.
Oswald decidió cumplir el deseo de la mujer a la que había amado más que a ninguna otra en su vida y a la que seguiría amando para siempre.
{—Tu nombre será… Esimed, creo.}
Bautizó a su segundo hijo, que le había arrebatado a su amada esposa, con la primera letra del nombre de ella.
Un mutante nacido bajo la bendición del Rey Espíritu del Hielo, en la casa imperial bendecida por el Rey Espíritu del Fuego.
Sin embargo, seguía siendo un niño que llevaba la sangre del Emperador y la Emperatriz. Y el Emperador hizo lo mejor que pudo por cuidar de Esimed.
{¿Qué demonios…?}
Pero Esimed no se parecía en nada a un niño normal.
{—¿Cómo demonios cuidaban a este niño, que nunca decía una palabra, nunca sonreía, ni siquiera lloraba?}
Esimed era un niño atrapado en su propio mundo. Aislado de todo, se limitaba a mirar al vacío con ojos inexpresivos.
No reía ni lloraba.
Aunque debería haber estado balbuceando, nunca abrió la boca.
Alrededor del niño, nunca dejaba de aparecer un frío tan intenso que hacía temblar y una escarcha blanca.
Por más que se sustituyera a las niñeras, las criadas y los caballeros, no se producía ningún cambio significativo en Esimed.
Poco a poco, el Emperador comenzó a sentir inquietud por Esimed.
Aunque se reprendía a sí mismo por ello, cada vez que se encontraba con esa mirada vacía, no podía evitar pensar lo mismo.
{—El segundo príncipe no se está desarrollando con normalidad; no debe mostrarse ante el pueblo.}
El Emperador decidió criar a Esimed de forma estricta dentro de los muros del palacio. No obstante, se esforzó por criarlo como a un niño normal.
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, no se produjo ningún cambio en el niño.
{—¡Padre!}
Por el contrario, el primogénito Valerian hablaba cada vez más con el paso de los días, expresaba sus emociones con creciente soltura, y corría hacia él con los brazos abiertos, rebosante de ternura…
Era, sin lugar a dudas, un niño encantador, perfectamente normal.
El emperador, de forma natural, se inclinó emocionalmente hacia su hijo mayor —que era el vivo retrato de su difunta esposa— más que hacia el segundo hijo, Esimed, nacido con un atributo principal mutado, como si fuera una anomalía, tras la muerte de ella.
Así, el Emperador fue dejando de prestar atención a Esimed.
Fue entonces cuando llegó el nuevo año.
Sucedió en el año en que Esimed cumplió cuatro años.
* * *
En el Imperio Roshan, los miembros de la familia imperial eran sometidos a una prueba elemental el año en que cumplían cuatro años.
Esta prueba se realizaba en el santuario del templo, un lugar al que solo los miembros de la realeza podían acceder. Allí, mediante el poder de una reliquia otorgada por el Rey Espíritu del Fuego, Phoenix, al Emperador Supremo Aryanlord, se confirmaba la bendición elemental con la que habían nacido.
A diferencia de los invocadores comunes, que manifestaban sus atributos entre los ocho y doce años, los hijos de la familia imperial podían confirmar su bendición mucho antes gracias a este método exclusivo. Era un privilegio reservado únicamente a los descendientes imperiales de Roshan.
La razón por la que se apresuraban a realizar esta prueba, incluso antes de que el atributo se manifestara de forma natural, era para identificar cuanto antes a los herederos bendecidos por Phoenix y designarlos como sucesores al trono.
{—Hubiera sido maravilloso si el Primer Príncipe hubiera recibido la bendición de Phoenix… pero lamentablemente no fue así. Esto no puede ser. ¿Cómo es posible que mi hijo…?}
Sin embargo, aquel propósito hacía ya mucho que se había convertido en una mera costumbre.
Por razones desconocidas, la fuerza de la bendición otorgada por Phoenix se había ido debilitando con cada generación entre los descendientes de Aryanlord, al punto de que se volvió común que muchos nacieran sin recibirla en absoluto.
Aunque esa verdad se mantenía cuidadosamente oculta para que no se filtrara al mundo exterior, lo cierto era que los miembros de la familia imperial que aún nacían con la bendición de Phoenix eran escasos y profundamente valorados.
Tanto era así, que si un niño recibía siquiera la bendición de un espíritu de fuego de rango medio o bajo, se le consideraba digno de ser nombrado príncipe heredero sin distinción alguna.
El padre de Oswald, el Emperador anterior, fue precisamente uno de esos casos.
Nacido con la bendición de Salamandra, un espíritu de fuego de rango inferior, terminó consumido por la envidia hacia su propio hijo, quien, tras varias generaciones, había nacido con la bendición del Rey Espíritu del Fuego, Phoenix.
Su complejo de inferioridad y los celos acabaron convirtiéndose en locura, al punto de que llegó a maltratar a su propio hijo.
Finalmente, su delirio lo llevó a acusar falsamente de traición al Gran Duque Haylian —quien había sido leal a la familia imperial Ruairi desde la fundación del imperio— y a ordenar su purga sin justificación alguna.
{—¿Cómo puede ser que mi hijo no sea más que un vulgar plebeyo sin ninguna bendición?}
El Emperador cayó en la desesperación al conocer el resultado de la prueba elemental del Primer Príncipe.
Los recuerdos de su infancia, tan parecidos al infierno, comenzaron a desbordarse una vez más, y al imaginar que el hijo que más amaba y valoraba viviría toda su vida atrapado en el mismo complejo de inferioridad que había consumido al Emperador anterior, aquel lunático, sentía que el alma se le desgarraba.
Pero no podía entregar el trono del Imperio Roshan a un Príncipe que no había recibido ninguna bendición espiritual.
Tras la muerte de la Emperatriz, había tomado una nueva consorte para que se encargara de la administración interna del palacio, y ella dio a luz al tercer príncipe. Sin embargo, ese niño no era hijo de Elijah.
El heredero que recibiría el título de Oswald debía ser, sin excepción, hijo de Elijah.
Por eso, el Emperador depositó toda su esperanza final en Esimed.
Aunque su atributo principal fuera una mutación, eso no importaba.
Después de todo, había nacido con el potencial de un poderoso invocador espiritual.
Por eso, el Emperador deseaba con desesperación que al menos uno de sus atributos secundarios estuviera vinculado a un espíritu de fuego.
No podía ignorar las antiguas tradiciones.
{—¡Majestad!}
Sin embargo, el año en que Esimed cumplió cuatro años, al final de la prueba elemental, se reveló su atributo.
{—El atributo del segundo príncipe es…}
El Rey Espíritu del Hielo, Frost.
{—¿Qué es… qué significa esto?}
Uno de sus atributos secundarios estaba vinculado al espíritu del miedo, Wheelkassel. El otro, al espíritu del odio, Tregard.
{—¡Ha recibido la bendición de los espíritus de la oscuridad!}
El Emperador, atrapado por el impacto, rompió en un grito desgarrador.
Podía aceptar al Rey Espíritu del Hielo. Pero aquellos dos espíritus que se encontraban por debajo de él eran absolutamente inaceptables.
¿Y quién era el Rey Espíritu de la Oscuridad?
Arcane.
Una entidad tan cruel y despiadada que parecía encarnar toda la oscuridad y el mal del universo.
Desde los inicios de la historia humana, los espíritus de la oscuridad —los siervos de Arcane, nacidos del significado mismo de todo lo negativo— habían sido considerados verdaderamente repugnantes, seres con los que jamás debía entablarse vínculo alguno.
La bendición que otorgaban aquellos espíritus era, en realidad, una maldición.
Los invocadores nacidos bajo el atributo de oscuridad, sin importar cuán noble fuera su naturaleza, acababan inevitablemente corrompidos, como si estuvieran atrapados en una cadena invisible de la que no podían escapar. Tarde o temprano, sucumbían a la locura y se convertían en seres que causaban daño a la humanidad.
Por ello, los invocadores de atributo oscuro habían sido, a lo largo de la historia, objeto de un rechazo constante e inmutable.
A causa de una bendición que no podían elegir, habían sido condenados a vivir toda su vida bajo el peso del desprecio y el odio. En medio de esa larga historia de represión, ¿acaso no era inevitable que terminaran perdiendo la cordura?
Décadas atrás, los invocadores de oscuridad se aliaron con los seguidores de Arcane y se alzaron en todo el continente, desatando una guerra indiscriminada y masacres sin fin.
{—Los Reyes Espíritu del mundo natural enviaron a los Grandes Elementalistas para que pudiéramos escapar de aquella terrible calamidad.}
{—Por eso, nuestros reinos aliados deben renovar su juramento.}
Tras el fin de aquella larga y devastadora calamidad, todos los monarcas del continente, con excepción del Reino de Nisha, se reunieron y juraron solemnemente:
“Todo elementalista que hubiera nacido con la bendición del Rey Espíritu de la Oscuridad, Arcane, o de cualquiera de los espíritus oscuros bajo su mando, debía ser ejecutado en el acto al ser descubierto.”
{—¡Eso… eso no es mi hijo! ¡No es más que una burla enviada por Arcane contra Roshan! ¡Saquen esa cosa de mi vista ahora mismo!}
Wheelkassel, el espíritu del miedo, y Tregard, el espíritu del odio, eran sin lugar a dudas siervos del Rey Espíritu de la Oscuridad, Arcane.
Y ahora, un elementalista de atributo oscuro, que por ley debía ser ejecutado en cuanto se revelara su naturaleza, resultaba ser su propio hijo, el Segundo Príncipe del Imperio Roshan.
Además, la Emperatriz, a quien tanto había amado, había muerto para dar a luz a “eso”.
El emperador no podía aceptar semejante verdad.
{—No… ¡yo mismo acabaré con esto ahora mismo…!}
Negó con todo su ser que Esimed fuera su hijo.
Y así, dominado por la furia, estuvo a punto de arrebatarle la vida con sus propias manos.
{—Por favor, ama a nuestros hijos… que no lleguen a sentir la ausencia de su madre…}
Aun así, el testamento de la Emperatriz, la última voluntad de su amada Elijah, lo retenía como si le sujetara los tobillos.
Ella había entregado su vida para dar a luz a ese niño.
Y a un hijo así… simplemente no podía matarlo.
{—Ese… ya no es el Segundo Príncipe.}
Los elementalistas nacidos con el atributo de oscuridad, sin importar cuán pura fuera su naturaleza, acababan inevitablemente convirtiéndose en una amenaza para la humanidad.
Miles de años de historia lo habían demostrado, y el Emperador concluyó que no podía permitir que Esimed siguiera ocupando el lugar de un Príncipe.
Pero tampoco podía matarlo, como dictaba el juramento que había hecho junto a las naciones aliadas.
Solo quedaba una conclusión posible.
{—Pero, Majestad… el pueblo ya sabe que existen tres Príncipes Imperiales…}
{—No importa. Se anunciará que el Segundo Príncipe ha muerto. Y borren de inmediato el nombre de Esimed Heine Ruairi del registro imperial.}
El emperador declaró públicamente que Esimed había muerto prematuramente.
Y para borrar por completo cualquier rastro de su existencia, nombró como nuevo Segundo Príncipe a Hendel Heine Rueiry, hijo de la consorte imperial, quien originalmente había sido el tercero en la línea sucesoria.
{—Como último acto de misericordia… no tomaré tu vida.}
Una vez que todo estuvo resuelto, el Emperador confinó a Esimed en un ala abandonada del palacio imperial, y le habló con una voz helada:
{—Vive en silencio. Piensa que tu existencia ha muerto. Desde hoy, jamás podrás salir de este lugar.}

TRADUCCIÓN: MIKUMKZUU.
CORRECCIÓN: MIKUMKZUU.
REVISIÓN: MIKUMKZUU.
RAW HUNTER: ACOSB